Reseñas

Ruiz Vásquez, Néstor Fabián. Léxico de la muerte en el español hablado en Colombia, según el ALEC. Estudio dialectológico y lexicológico. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo. Imprenta Patriótica. 2014. 302 páginas.

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El libro publicado por el Instituto Caro y Cuervo objeto de reseña se inscribe en la línea de la filología colombiana e hispanoamericana que viene impulsando el estudio de diferentes aspectos del español hablado por los colombianos con los datos recogidos y mapeados en el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia (ALEC). Estamos ante una monografía rigurosa y a la vez amena. Nos atrevemos a aplicar este último calificativo pese a que el tema elegido para el estudio dialectal y lexicográfico sea “la muerte”. En la elección de este aspecto concreto, el lingüista colombiano autor del estudio, Néstor Fabián Ruiz Vásquez, deja ver su preocupación por dar a conocer la realidad de la lengua española en un país que, como él mismo afirma, mantiene una relación especial con el concepto de ‘muerte’ por distintos condicionamientos de tipo histórico; en sus propias palabras: “Se eligió el concepto de la muerte no solo por su carga emocional y existencial sino también por su presencia constante en la historia de Colombia, en coherencia con una conocida y larga cadena de conflictos internos, armados y desarmados (…)” (14).

Para la elección de ese ámbito, además de las motivaciones relacionadas con la identidad colombiana, cabe añadir el argumento de que la geografía lingüística, metodología de amplísima tradición en el estudio de la dialectología románica en la que se incardina metodológicamente este estudio, incorpora, como parte de los cuestionarios aplicados a las diferentes regiones o países, una serie de preguntas relacionadas con la ‘muerte’. Y el cuestionario del ALEC, que ulteriormente se trasladaría a los mapas, no es distinto en ese aspecto concreto. A propósito de la elaboración del cuestionario del ALEC, una de las tareas más delicadas en el estudio dialectal mediante el instrumento de los atlas, hablaba Alvar (1993: 115), era las muchas preguntas que se dedicaban al maíz (I, 81-99) o al cultivo del café (I, 100-121), aspectos únicamente con un alcance regional dentro del conjunto de la nación colombiana, pero es fácil observar que la cantidad de cuestiones dedicadas a la “Muerte” es numéricamente superior: desde el número 2078 hasta el número 2131, incorporadas en el apartado “f” del ámbito VI destinado a preguntar sobre “La familia. Ciclo de la vida” (Buesa Oliver y Flórez 1954: 210).

La incorporación en distintas partes de este volumen de los distintos mapas del ALEC con las variables y variantes del concepto ‘muerte’ que Núñez Vásquez maneja en su estudio hace el volumen muy atractivo. El autor rebate la opinión manifestada por algunos dialectólogos y lingüistas sobre la desactualización que a día de hoy afecta a los datos del ALEC, por el hecho de que los materiales se recopilaron hace ya más de treinta años (45 47). La base de su argumentación la centra en los amplios márgenes temporales que se miden en siglos otorgados por diferentes escuelas de lingüística histórica a la evolución y la culminación del cambio lingüístico. Hay que añadir, además, que lo que sí ha avanzado desde mediados del siglo XX hasta la actualidad gracias, precisamente de forma decisiva a los datos del proyecto del ALEC cartografiados y no cartografiados, si bien publicados muchos de ellos en forma de glosario (Montes Giraldo et al 1986), son los conocimientos sobre la fragmentación dialectal en Colombia. En los años cincuenta del siglo XX, una nota para estudiar de forma sistemática los términos que expresan el concepto de ‘estupidez’ en el español colombiano, Montes Giraldo (1957: 224) reconoce: “carezco de instrumentos adecuados para ello (aún no existe un Atlas lingüístico de Colombia)”, mientras que varias décadas después el propio Montes Giraldo (1985) propone una distribución dialectal de Colombia muy sólida (superdialectos costeño y andino, dialectos dentro de cada uno de ellos, subdialectos y hablas regionales), la cual, salvo algunas precisiones ulteriores que se han hecho en la asignación de subdialectos dentro de los dialectos (Mora Monroy et al 2004), conforma el fundamento de la variación dialectal sobre la que distribuir las variables y variantes analizadas por Núñez Vásquez en su trabajo.

El marco teórico adoptado para el análisis interno de los datos es de tipo estructural europeo, al que se añade la sociolingüística variacional en la consideración del conjunto de normas de las diferentes regiones socioculturales y lingüísticas en las que se considera dividida Colombia (41). Según el autor del trabajo, los cambios enormes (migración del campo a la ciudad, alfabetización, medios de comunicación, conflicto armado, etc.) producidos en la sociedad colombiana a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado y en el tiempo que va del siglo actual, en lo que se refiere a la evolución del español en ese país, no implica que se haya producido un desconocimiento de las normas regionales o locales, sino que lo que ha sucedido es que estas se han trasladado con la población rural a las ciudades (45-47).

La muestra de datos elegidos está compuesta por 737 vocablos, sintagmas y frases que el autor organiza en torno a diez conceptos: moribundo, murió / se murió, cadáver, ataúd, cementerio, enterrar, sepulturero, el pésame, fórmulas de pésame, matar, o variables y sus correspondientes variantes (48). El trabajo de recogida e interpretación de variantes es exhaustivo por parte del autor de este trabajo. Los procesos de análisis a los que se someten las formas son de índole cualitativa (fonética, morfología, sintaxis y semántica), con alusión a las variantes etimológicas populares, tales como las variantes de moribundo, morimundo y marimundo registradas en el Valle de Upar (61), y cuantitativa (fijación de las frecuencias de uso). Este último criterio distribuye las variantes en “frecuente” (F) o “poco frecuente” (PF), a la vez que permite descubrir variantes con alto grado de dispersión frente a variantes reducidas a un único subdialecto y variantes propias de alguno de los superdialectos.

En lo cualitativo, el aspecto de la variación fonética ofrece algunas variantes interesantes, pese a que, tal como se recoge precisamente en el tomo VI del ALEC, se renunció a hacer transcripción fonética de los datos. Para la variable cadáver, por ejemplo, se apuntan dos variables formales más cal’aver, caráve(r) (153). En casos como estos, la variante caráver conduce al autor a proponer su cáracter de africanismo, porque se localiza en dos zonas ligadas etnolingüísticamente a lo afrocolombiano: el Pacífico norte y el subdialecto cartagenero (San Basilio de Palenque) (155).

En gran parte, lo cuantitativo y lo cualitativo se encuentra en relación inversa. Muchas variantes detectadas poseen un grado de tratamiento metafórico muy elevado de los conceptos que expresan, pero curiosamente coincide con aquellas variantes que presentan porcentajes menos frecuentes de aparición. El autor de esta monografía se encuentra con dos planteamientos complementarios: los porcentajes más altos se corresponden siempre con los usos más próximos al español general, mientras que las variantes cuantitativamente menos frecuentes son las más representativas de las normas regionales e incluso locales. Si tomamos como ejemplo la variable ‘cementerio’, cuyo listado de variantes son cuarenta y dos, de todas ellas dos, cementerio y camposanto, representan el 44% del porcentaje de aparición; ambas son plenamente estándares. Otras variantes con índice de frecuencia elevaso implican un traslado de significado en español de América; por ejemplo, panteón como sinónimo de ‘cementerio’, acepción recogida en el DRAE, cosa que no sucede con mausoleo, variante sin reconocimiento de esa sinonimia y que supone una aportación del ALEC al cambio semántico. Por el contrario, la tercera variante con mayor porcentaje de aparición (27%) es barrio de los acostados y destaca ya por su carácter de expresión específica de Colombia, con un alto grado de representación y de dispersión, ya que aparece en el superdialecto andino, Tolima, Caldas, Cundinamarca y, en el superdialecto costeño, en partes del Atlántico y del Magdalena (180-181).

El apartado sobre la “Motivación y creación léxica” de cada una de las variantes de las diez variables es una de las partes más cuidadas. Pese a que, en las páginas de conclusiones, Néstor Fabián Ruiz afirma que no es un objetivo de la monografía tomar en cuenta los factores pragmáticos, contextuales y situacionales (273-274), no nos cabe ninguna duda de que las explicaciones léxico-semánticas que incorpora para cada variante o grupos de variantes es lo más próximo a la inclusión de una perspectiva de pragmática-semántica para ver las razones que guiaron a los informantes del ALEC a la hora de asociar en su mente algunos significados secundarios más o menos próximos al significado nuclear. Se indican los sentidos figurados, los traslados de significados, adjudicados en cada variante presente en cada una de las variedades regionales colombianas, cada una de ellas resultado de numerosos usos metafóricos y metonímicos. Las figuras entre las que distribuyen las variantes de las distintas variables son las metáforas globales (acción / movimiento imaginario) (Se cansó de cargar el junco; Se le apagó la vela), las metáforas parciales (similitud de procesos) (Se destiñó; se quedó serio), la metáfora por carácter intrínseco (rasgo distintivo) (Se le paró la péndola; se le atajó el resuello). En este tipo de explicaciones se podría matizar aspectos tales como que la tercera variante por orden de frecuencia del concepto ‘murió’, con diferencia el más abundante en variantes —42 cartografiadas más alrededor de 276 no cartografiadas (108-118)— detrás de murió y se murió, sea estiró la pata, con un carácter supradialectal tanto en el andino como en el costeño, y la cuarta, colgó la gorra, que, en cambio, es propia del dialecto andino oriental, por delante en frecuencia de uso de falleció, si bien este vocablo es también superdialectal andino y costeño. Y, así mismo, desde esa persectiva pragmático-semántica se podría señalar cómo operó en los hablantes el proceso psicológico y contextual que se contiene en otras respuestas menos comprensibles sin el contexto situacional preciso, tales como el traslado para murió / se murió de términos como cafetiar, está comiendo arena cerrera, dejó de comer mazamorra.

En el capítulo correspondiente a las “Conclusiones” (271- 284), se sitúan las tablas de variantes con las frecuencias de uso más elevadas con el siguiente orden: moribundo, cadáver, cementerio, enterrar, sepulturero y el pésame. Estos resultados provocan la sensación de que los totales del análisis que tienden al uso de variantes normativas así como que la energía desplegada en el estudio y clasificación de las variantes desde el punto de vista sintáctico no parece compensarse en este caso. Me refiero a aquellas tablas de clasificación morfosintáctica, con rasgos como la clase (verbo), la conjugación, el tipo de régimen y el tipo de agente, de las variantes de murió, se murió, tanto las cartografiadas desde murió hasta la última se tostó (107-108), como otras respuestas comenzando con agonizó y terminando con se jodió (109-118). Pese a lo dicho, la complejidad del análisis de la parte morfológica y sintáctica, además de los datos distribucionales de las variantes dialectales, en conexión más estrecha con usos específicos de las distintas zonas regionales, supone una aportación per se al conocimiento de las estrategias gramaticales más propicias para expresar cada uno de los contenidos pragmáticos. Formas distintas sin duda tienen funciones distintas: la expresión activa Voltear los pies encierra una función más agentiva que la voz media incoativa de Se dejó engarrotar. Se trata de resaltar los valores pragmáticos de las formas gramaticales.

Nos complace mucho haber leído un trabajo tan interesante, con un orden de contenidos riguroso y en el que se maneja tan ingente cantidad de material de innegable utilidad para avanzar parcela a parcela en aquellos rasgos que unen y especifican un español tan rico en matices como el de Colombia.

Micaela Carrera de la Red
Universidad de Valladolid (España)

 

Referencias bibliográficas

Alvar, Manuel
1993
“Comentarios metodológicos al Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia”. En Homenaje a José Pérez Vidal. Ed., Carmen Díaz Alayón. La Laguna (Tenerife): Cabildo Insular Tenerife / Secretariado Universidad de La Laguna, 111-128.

Buesa Oliver, Tomás, Luis Flórez
1954
“El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia. Cuestionario Preliminar”. Thesaurus, X/1-3, 147-315.

Montes Giraldo, José Joaquín
1957
“Algunos términos que designan el concepto de ‘estupidez’ en el español colombiano”. Thesaurus, XII/1-3, 224-228.

Montes Giraldo, José Joaquín
1985
Estudios sobre el español de Colombia. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Montes Giraldo, José Joaquín, Jennie Figueroa L., Siervo Mora Monroy y Mariano Lozano R.
1986
Glosario lexicográfico del Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC). Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Mora Monroy, Siervo, Mariano Lozano Ramírez, Olga Ramírez Caro, María Bernarda Espejo Olaya, Gloria Duarte Huertas
2004
Caracterización léxica de los dialectos del español de Colombia según el “Atlas”. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Fecha de recepción: 25 de octubre, 2015
Fecha de aceptación: 12 de noviembre, 2015

 

 

 

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