Presentación

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Podemos sentirnos felices: AGlo llega a su número cuatro. Esta nueva edición se fue generando en meses complejos y angustiantes. Con idas y vueltas, tomó forma en un momento en que la situación mundial generada por lo que se fue instalando discursivamente —en un mismo gesto— como «pandemia» y como «crisis», y, con idas y vueltas, asume ya los rasgos de algo parecido a un estado, sino permanente, al menos sí sostenido.

Esa asociación entre «pandemia» y «crisis» se muestra, ya, como un vínculo automatizado, como una relación no pensada. La pandemia se fue construyendo como una crisis general, que afectó todos los planos de acción y que parece golpear con especial fuerza a los países occidentales, europeos y americanos. Se trató de una crisis al mismo tiempo sanitaria y económica, al mismo tiempo política y cultural, mostrando así hasta qué punto esas instancias diferentes nunca aparecen del todo escindidas sino absolutamente entrelazadas; donde la idea de determinación más o menos unívoca no parece otorgar respuestas eficaces y aparenta incluso hundirse en un riguroso pasado.

Sobre todo en los meses inmediatamente posteriores al estallido mundial de la crisis sanitaria, en el que parece ser un ya lejano 2020, fueron aflorando una serie de discursos que, con diferente fortuna, intentaron otorgar algún sentido a los interrogantes, las inseguridades y las angustias que la pandemia no hizo sino poner en evidencia. Eran discursos que a menudo evidenciaban las operaciones de archivo de los que surgen y que los constituyen.

Y es que el archivo, siempre, regresa como espacio de lo ya dicho y como condición de posibilidad de nuevas discursividades. Muchas veces, esos discursos optaron por aplicar a la pandemia un instrumental teórico elaborado durante años que, si eficaz y riguroso para pensar algunas situaciones históricas, no siempre muestran la misma riqueza y la misma flexibilidad para dar cuenta de las complejidades de los procesos contemporáneos. Y que, sobre todo, muestran sus limitaciones para pensar los procesos en América Latina, donde la pandemia ha golpeado con rigor, como lo muestran las cifras de personas fallecidas en Brasil, en México, en Colombia, en Ecuador, en Perú, en Chile o en la Argentina.

Nos interesan esos discursos, comprenderlos y discutirlos, no por supuesto para entender que algunos de ellos se encuentran en condiciones de proveer una respuesta absoluta frente a fenómenos complejos, sino en la medida en que instalan una serie de núcleos problemáticos. Nos interesan, como Anuario de Glotopolítica, en la medida en que convocan, de una manera o de otra, la cuestión del lenguaje. De lo que se trata es, más que de encontrar algún plano que permite una explicación plena y satisfactoria de los procesos que la pandemia (en cuya raíz griega, «demos», pueblo, se escucha el mismo eco etimológico que en «democracia») potencia, de repensar los modos en que se van replanteando las articulaciones entre vida, gestión gubernamental, políticas del cuerpo y espacio del lenguaje, en que se van replanteando estas articulaciones en tanto complejos glotopolíticos.

No hay respuestas que se presenten como absolutamente satisfactorias. Hay, sí, en cambio, muchas preguntas que se instalan en esos lugares problemáticos en los que el lenguaje se roza con la vida, con la subjetividad y, en consecuencia, con lo político.

En algún momento, el escritor norteamericano William Burroughs afirmó que el lenguaje es un virus. Es una frase que ha vuelto de manera recurrente en los debates de estos últimos meses y que, entendemos, encierra una potencia de verdad discursiva pasmosa. El virus es lenguaje en la medida en que, en gran parte, es en ese plano, el plano del lenguaje como hecho complejo y heteróclito, donde la pandemia se pone en juego: en el lenguaje como hecho que escapa siempre de las demarcaciones teóricas absolutas que no pueden sino empobrecerlo, delimitaciones contra las que la glotopolítica opera de manera explícita.

La pandemia y la crisis son acontecimientos discursivos que implican siempre algo del orden de la interrogación, donde se pone en juego aquello que entendemos como pandemia, como crisis. En ese sentido, la pandemia en su dimensión glotopolítica es también un problema epistémico, un problema de políticas del saber.

Desde AGlo, pensamos la crisis como una crisis del lenguaje, como una crisis de las representaciones asociadas con los términos, como una crisis de los discursos, como una crisis que puede ser pensada, en algunos de sus rasgos esenciales, como una crisis glotopolítica. A menudo, las políticas continentales y regionales se redefinen como políticas de control sanitario y como políticas de producción, de distribución y de aplicación de productos sanitarios. Como políticas mundiales, regionales, nacionales, provinciales de la vacunación y de la inoculación, que muestran hasta qué punto hay un meollo profundo, que involucra a los cuerpos y que involucra a la vida, que sostiene los dispositivos políticos, no necesariamente asociados con un Estado, como políticas mundiales que, como ya sosteníamos en la presentación de AGlo#3, hacen más visibles las desigualdades políticas, económicas y sanitarias.

La crisis del virus, que es al mismo tiempo crisis del lenguaje, nos obliga a replantear cuestiones que atraviesan la agenda políticocultural de los últimos años y nos insta a repensar las formas de colonialidad del poder, las relaciones complejas entre centros y periferias, las formas de gestión gubernamental como gestión política de la vida, como formas de lidiar con la desigualdad pero también de reproducirla y como espacio que se toca con las potencialidades de la revuelta. Con la pandemia, hay una agenda que se transformó, pero que de ninguna manera se desecha. Por ello, nos pareció importante que el «Dossier» de este número estuviera dedicado a pensar, desde posiciones discursivas diferentes, con herramientas teóricas y metodológicas variadas, y con posicionamientos políticos no siempre coincidentes, las formas múltiples de la insurgencia que atraviesan el espacio latinoamericano de los últimos años, como se explica con mayor detalle en la introducción a la sección.

La sección «Glotopolítica y teoría del lenguaje» está integrada, en AGlo#4, por dos artículos. En el primero, Jacqueline Urla aboga por un compromiso con la crítica generativa alineada tanto al interés del proyecto intelectual de la glotopolítica como con el llamado a movilizar la investigación lingüística para «fomentar imaginarios políticos de esperanza radical». Para esto, Urla profundiza en los objetos de la crítica —a partir de los posicionamientos teóricos de M. Foucault— y pone el foco en la crítica generativa como operación especialmente provechosa, centrándose en una de las formas más comunes en que se articulan los cuestionamientos en el estudio de la revitalización de las lenguas minorizadas. Se trata, según la autora, de modos de reproducción de la ideología lingüística dominante y de lógicas «monoglósicas, estratificadas y delimitadas, y normas lingüísticas que son, en el mejor de los casos, problemáticas». También, desde su propia práctica en la etnográfía del euskera, plantea herramientas analíticas que puedan brindar una crítica enfocada a hallar alternativas a los modos hegemónicos de imaginar y vivir el lenguaje. En el segundo artículo, Paula Pérez-Rodríguez y María Salgado parten desde el interrogante sobre si puede una «epistemología de la sospecha» dialogar con una «epistemología de la posibilidad». Y parten también de una respuesta afirmativa de ese interrogante y de la idea de que el lugar donde acontece ese encuentro es la «poesía» o lo que llaman, de manera más expandida, «artes verbales». Las autoras proponen a la poesía (las artes verbales) como aquella porción de la lengua que sobra del esfuerzo productivo, lo considerado contingente desde el posicionamiento de un régimen de normatividad dado.

En la sección «Pensamiento glotopolítico», Freddy Santamaría Velasco analiza la influencia de L. Wittgenstein en las filosofías de la acción y en la misma filosofía política. Para esto, retoma las ideas centrales de comunidad lingüística, asociación, formas de vida, seguimiento de reglas y discurso. Sobre la base de esta teorización acerca de lo político en Wittgenstein, sus desarrollos y posibles alcances, el autor analiza los trabajos desarrollados por Robert Brandom, en Hacerlo explícito, y por Chantal Mouffe, fundamentalmente en La paradoja democrática, En torno a lo político y Agonística: pensar el mundo políticamente.

En la sección «Diálogos», como en cada número de AGlo, se presenta una conversación profunda sobre aspectos biográficos, profesionales y teóricos de reconocidas personalidades del área. En este número, el espacio está dedicado a Marcos Bagno, lingüista y profesor brasileño de la Universidad de Brasilia, a partir de la entrevista mantenida con el catedrático galaico-brasileño Xoán Lagares. Este diálogo se llevó adelante, según el contexto signado por el distanciamiento social, de manera virtual durante los primeros días de 2021. En sus propias palabras, Bagno hace un racconto de los años de su formación política y lingüística —también de traductor, poeta y divulgador—, sus reflexiones glotopolíticas desde sus estudios sobre la lengua portuguesa y los modos de intervención, a partir de esto, en el debate público.

En «Escenas y escenarios glotopolíticos», Victoria Furtado aborda la problemática político-discursiva del feminismo uruguayo. Para esto, expone sus investigaciones sobre el rol del discurso en el proceso de subjetivación política de las militantes feministas en el Uruguay actual sobre un análisis preciso de las proclamas que se enarbolaron en marchas realizadas en la ciudad de Montevideo en los últimos años. A partir de esta mirada glotopolítica, la autora propone un ejercicio situado en el que, de manera explícita, se enuncia desde una superposición de roles: el ser una investigadora feminista y, a la vez, una feminista que también investiga.

En la sección «Semblanzas», José del Valle recorre, también desde una clave personal, la figura titánica de Ramón Menéndez Pidal. Esta aproximación la organiza a través de tres escenas: la primera, de 1896, en la que Menéndez Pidal ingresa a la esfera pública española a partir de la convocatoria que se le hace a brindar una conferencia en el marco de la Escuela de Estudios Superiores, rodeado de disertantes consagrados como Ramón y Cajal, Menéndez Pelayo y Emilia Pardo Bazán; la segunda, que se remonta al 30 de mayo de 1944, en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, donde se realiza la Asamblea del Libro Español, es la que configura lo que Del Valle infiere como la representación pidaliana de la periferia del centro del poder de la España franquista; la escena 3, la del filólogo en el ágora, es la del 14 de noviembre de 1968: por su fallecimiento, se producen múltiples homenajes públicos, de los que el autor destaca el de humoristas gráficos que ligan a Menéndez Pidal con los héroes de la España a cuya pontificación él mismo contribuyó.

En la sección «Los rincones del archivo», Mauro Fernández visibiliza un texto poco conocido del multifacético (literato, periodista, político español) y romántico liberal Patricio de la Escosura, la Memoria sobre la enseñanza del castellano, enviada desde Manila al Ministro de Ultramar el 5 de julio de 1863. En el marco de la motivación histórica de la preservación de la colonia, la pretensión de lengua única se consideraba una necesidad ineludible de la nación. Escosura se ocupará primordialmente de esto y de las estrategias de enseñanza a los indios, como modo de alcanzar el objetivo de que las Filipinas se transformen en verdaderas provincias españolas.

En la sección «En traducción», Lidia Becker y Sebastià Moranta traducen del ruso una serie de apartados de Lenguaje y sociedad, el primer libro de Rozalija Osipovna Šor, publicado originalmente en 1926. Aunque la autora había definido el objetivo de su trabajo como un mero intento didáctico de recopilar el pensamiento lingüístico de Europa Occidental de la época, en realidad constituye la primera síntesis de sociología del lenguaje concebida desde la teoría materialista (incluso previo a Marxismo y filosofía del lenguaje de Voloshinov). Las fuentes principales de estudio de Šor son autores de la talla de Saussure, Sapir o Jespersen. La autora propone diversas ideas originales para la investigación glotopolítica: la conciencia lingüística ingenua, el carácter histórico-cultural y social del lenguaje, cambios sociales y purismo, entre otros.

Por último, como cada edición, se presentan reseñas de relevantes y recientes publicaciones sobre el campo: Diego Bentivegna reseña Tra linguistica e stilistica. Percorsi d’autore: Auerbach, Spitzer, Terracini, de Guido Lucchini; Juan R. Valdez trabaja con el libro de Rafael Mondragón Vásquez, Un arte radical de la lectura: constelaciones de la filología latinoamericana; M. Florencia Rizzo aborda críticamente Ideologías sobre la lengua y medios de comunicación escritos. El caso del español, de Carmen Marimón Llorca y M. Isabel Santamaría Pérez (eds.); y Gonzalo Blanco, Ideologías lingüísticas en transformación. La migración boliviana a Buenos Aires y la transmisión intergeneracional de los idiomas indígenas, de Bettina Seidl.