En Europa occidental, la compleja e histórica cuestión de las lenguas minorizadas es un objeto de estudio potente a partir, sobre todo, de la década del setenta del siglo pasado. Concretamente en Francia, hay dos importantes e influyentes centros desde donde se viene analizando la situación de las lenguas dominadas y la dinámica sociolingüística y glotopolítica (de contacto y, sobre todo, de conflicto) entre estas y las lenguas mayoritarias, dominantes o hegemónicas. Uno de esos centros de investigación reside en la ciudad de Montpellier en la región de Occitania alrededor del tema del occitano (o lenga d’òc) y de los trabajos señeros de Robert Lafont (1923-2009). Este foco tiene, desde hace mucho tiempo, estrechos vínculos políticos y teóricos con las investigaciones que llevan adelante las escuelas sociolingüísticas catalana y valenciana desde el último período de la dictadura franquista en España1. El otro centro se encuentra ubicado al norte del país, en la región de Normandía, específicamente en torno a la Universidad de Rouen y tuvo a Jean-Baptiste Marcellesi como un faro intelectual hasta su fallecimiento en el año 2019. La colaboración de Marcellesi con Louis Guespin (en torno al concepto de glotopolítica) y con Bernard Gardin así como también con los romanistas Klaus Bochmann y Georg Kremnitz ha sido muy estrecha y los resultados son muy significativos para el campo. En la actualidad, Philippe Blanchet continúa, de algún modo, esas líneas de indagación con el énfasis puesto en dos dimensiones: la ampliación de los derechos lingüísticos, por un lado, y el concepto de glotofobia para dar cuenta de la discriminación lingüística que sufren los hablantes de ciertas variedades no estandarizadas o de lenguas minorizadas, por el otro.
En este escenario académico, se destaca la labor del reconocido sociolingüista Henri Boyer, profesor emérito de la Université Paul-Valéry Montpellier III2, quien publicó recientemente un libro de gran relevancia teórica, metodológica y empírica en el que reúne una serie de trabajos realizados desde 1990 hasta la actualidad en torno a la cuestión de las representaciones sociolingüísticas y de las ideologías lingüísticas. Sus exploraciones pioneras sobre las categorías de «representación social», «estereotipo» e «imaginario», y específicamente acerca de su pertinencia para la descripción, el análisis y la interpretación del funcionamiento de las lenguas (y del lenguaje) en sociedad constituyeron, y siguen constituyendo, un aporte crucial para los estudios glotopolíticos. En particular, Boyer se detiene en captar la complejidad de las relaciones entre representaciones sociales (discursos), prácticas, políticas e ideología entendiendo que las representaciones son formas sociocognitivas que actúan como principios que subyacen y, a la vez, guían y orientan los fenómenos de categorización y acción.
El volumen Pour un traitement interdisciplinaire des représentations et idéologies sociolinguistiques, compuesto por un apartado de notas y precisiones conceptuales preliminares, once capítulos y una extensa sección de bibliografía, fue editado en el marco de la Colección Sociolingüística, dirigida por el propio Henri Boyer, de la prestigiosa casa editorial parisina L’Harmattan en 2024. Por la innegable autoridad de Boyer en esta área de estudio, estamos sin duda frente a un material de referencia y consulta clave para comprender qué son, cómo operan, y cómo y dónde se producen, reproducen y transforman las ideologías (etno-socio)lingüísticas; su relación (de jerarquía o de simetría) con las representaciones y los estereotipos; y su peso, influencia y gravitación tanto en el ámbito de la investigación científica como así también en el campo de la elaboración de diagnósticos sociolingüísticos (por ejemplo, en espacios monolingües en el que los usos lingüísticos de distintas variedades sociales y geográficas adquieren distinta valoración en, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu, el mercado de lenguas; en situaciones de multilingüismo con conflicto diglósico entre lenguas mayoritarias y lenguas minoritarias / minorizadas / regionales; en contextos de cooficialidad de lenguas; o en lugares donde se pone en práctica un plan de normalización lingüística); de la discusión y de la toma de decisiones de política lingüística y de su ejecución o implementación en distintas esferas de la vida social (enseñanza en todos los niveles del sistema educativo, medios de comunicación masiva, justicia, salud, administración pública, religión, entorno gráfico urbano, traducciones, industria editorial, cultural y del entretenimiento como cine, música, teatro, videojuegos, paisaje audiovisual y dispositivos digitales)3.
Los diferentes capítulos abordan el impacto de las representaciones y de las ideologías sociolingüísticas en las situaciones de minorización de lenguas en casos como los de Cataluña, Galicia y Paraguay. Otros ejes exploran las representaciones compartidas y el tratamiento (en términos de estereotipos) de la competencia cultural en la enseñanza de francés como lengua extranjera. Asimismo, se examina detalladamente la imposición del monolingüismo en Francia, poniendo el foco en las políticas lingüísticas promovidas y ejecutadas, con especial atención a la definición de una norma idiomática a partir de la ideología del purismo frente al avance de los extranjerismos crudos o adaptados (préstamos, calcos) y neologismos. Finalmente, otro eje de estudio radica en la siempre compleja relación lengua-nación.
El libro comienza con un apartado introductorio de carácter teórico, en el que se presentan nociones desarrolladas originalmente en De l’autre côté du discours. Recherches sur le fonctionnement des représentations communautaires, obra publicada por el autor en 2003, que este nuevo libro retoma y extiende. A lo largo de las dos notas que conforman estos preliminares, Boyer define algunos conceptos clave (representaciones, ideologías lingüísticas, imaginarios, estereotipos) que serán desplegados en los capítulos siguientes. Con una gran claridad y un sólido sustento teórico, Boyer sienta las bases de lo que denomina el «edificio representacional» de una comunidad lingüística: un esquema que permite comprender cómo se articulan los imaginarios etnosociolingüísticos con las ideologías lingüísticas, las representaciones y los estereotipos hasta configurar, finalmente, las actitudes que se traducen en comportamientos (verbales y no verbales).
El carácter teórico y conceptual de las notas preliminares se mantiene en el primer capítulo, en el que el autor se dedica específicamente a explorar la noción de estereotipo, retomando los aportes de Ruth Amossy y Christian Plantin, entre otros especialistas, y a analizar el papel central de los medios de comunicación en los procesos de stéréotypage.
En el segundo capítulo, Boyer articula su andamiaje teórico con el análisis de tres configuraciones lingüísticas concretas en contextos de conflicto diglósico: los casos de Cataluña, Galicia y Paraguay. En este sentido, cabe señalar que Boyer relativiza el peso de los datos demolingüísticos en el análisis de la dinámica de las situaciones diglósicas: aunque no desdeña su importancia para la observación de la expansión de usos lingüísticos, señala que estos resultan insuficientes si no se tiene en cuenta la incidencia del imaginario colectivo que se traduce en actitudes (fetichización, idealización, estigmatización, folklorización, etc.), así como también el impacto (positivo, negativo o nulo) de las políticas lingüísticas y educativas.
Al analizar los casos españoles, Boyer compara Cataluña y Galicia, dos comunidades históricas con una lengua propia cooficial con el castellano. El autor señala que, en el primer caso, el catalán es percibido como una marca de identidad, lo que ha favorecido tanto la legitimación social de la normalización lingüística como la puesta en marcha de dispositivos institucionales y la asignación de recursos presupuestarios. Esto explicaría, en gran medida, el éxito de la normalización y el hecho de que el catalán sea reconocido como lengua prioritaria en ese territorio. En cambio, en Galicia la lengua no ocupa un lugar tan fuerte en la construcción de la identidad colectiva. Boyer señala allí un déficit de intervención glotopolítica que, además, no encuentra un apoyo masivo en la opinión pública. En el marco de una sociedad tradicionalmente rural que ha experimentado un acelerado proceso de urbanización, el castellano pasó a asociarse con la modernidad y la movilidad social ascendente, mientras que el gallego quedó ligado al imaginario de la ruralidad y la incultura, reforzando actitudes de autodenigración lingüística. Así, Boyer identifica la coexistencia de tres ideologías lingüísticas en relación con el caso del gallego: una ideología bilingüe, mayoritaria, que concibe el bilingüismo castellano-gallego como armónico y funcional; una ideología claramente diglósica, favorable al castellano como lengua del Estado-nación y estigmatizadora del gallego; y una ideología identitaria, claramente minoritaria, que reivindica el gallego y lo vincula con la noción de identidad nacional.
Por otro lado, el autor analiza el caso paraguayo, en el que, a partir de la Constitución de 1992, el Estado se proclamó como pluricultural y bilingüe, lo que tuvo su correlato en una reforma educativa orientada a promover la educación bilingüe (castellano y guaraní) y, más tarde, en la implementación de políticas lingüísticas como la Ley de Lenguas (2010) y la consiguiente creación de la Academia de la Lengua Guaraní. Según el autor, aunque ello supuso una ruptura con un largo período de minorización del guaraní, aún persisten actitudes ambivalentes hacia esa lengua. En este sentido, Boyer cita investigaciones que muestran cómo el guaraní ocupa simultáneamente un lugar central en el discurso nacionalista que celebra la oficialización de una lengua indígena mientras que, al mismo tiempo, existe una marginalización del guaraní, sobre todo a partir de las tensiones entre el guaraní normativo-escolar y el guaraní hablado, el jopará.
En el tercer capítulo, Boyer continúa con el análisis de conflictos diglósicos y, en particular, analiza la dualidad estereotípica asociada a esas situaciones. Para ello, el autor retoma su definición de estereotipo y se detiene en la ideologización de la diglosia, mostrando que, frente a una representación abierta y, en general, positiva de la lengua dominante, la lengua dominada tiende a fijarse en dos estereotipos complementarios (uno positivo y otro negativo), cuya coexistencia constituye para él el principal indicador del carácter conflictivo en una configuración diglósica. Boyer ilustra esta tesis con diversos ejemplos, entre ellos el de Paraguay, donde nuevamente se pregunta si el estereotipo ambivalente hacia el guaraní, considerado símbolo identitario y, a la vez, lengua marginalizada, ha desaparecido o aún persiste.
El cuarto capítulo propone un relativo cambio temático con respecto a los capítulos precedentes y siguientes, ya que es el único dedicado al FLE (Francés Lengua Extranjera). En él, Boyer analiza la competencia cultural, entendida como conjunto de representaciones compartidas que configuran imaginarios, en tanto resulta un componente clave del enfoque comunicativo. El autor destaca que, desde los años ochenta, la articulación entre el enfoque comunicativo y el enfoque intercultural ha resultado sumamente fructífera, ya que permitió reflexionar sobre las representaciones y los estereotipos desde la didáctica de las lenguas.
El quinto capítulo se dedica a la lengua francesa y reconstruye lo que Boyer denomina «la historia de una dominación lingüística», es decir, la formación histórica del imaginario monolingüe francés. En este capítulo, Boyer muestra cómo la progresiva centralización política en Francia implicó el pasaje de un estado inicialmente plurilingüe a un estado actual prácticamente monolingüe. Este proceso de unificación lingüística se inicia en el Antiguo Régimen pero se consolida a partir de la Revolución. Boyer señala la singularidad de la normativización en Francia: en lugar de caracterizarse por la instalación de normas gramaticales, ortográficas y léxicas, se ha optado por la idealización e institucionalización de un uso purista, al que se denominó el bon usage, y por el surgimiento de la noción estigmatizante de patois. Esta visión esencialista del francés, concebido como lengua dotada de «genio» y de vocación universal, se proyectó tanto en políticas internas de «defensa del francés» (particularmente, la creación de neologismos frente al uso de préstamos, en especial del inglés, y la lucha por la unificación lingüística en todo el territorio) como en políticas exteriores de promoción de la francofonía. Boyer sostiene que este imaginario monolingüista continúa organizando los debates contemporáneos sobre las lenguas regionales de Francia.
Esa ideología monolingüista del francés es ilustrada en el sexto capítulo, en el que Boyer exhibe un caso particularmente revelador de intervención glotopolítica escolar: la instauración de un dispositivo de sustitución de las lenguas dominadas por la lengua dominante, conocido como le signal, le signe o le symbole. Este método, empleado en Francia desde finales del siglo XIX y vigente hasta épocas más recientes en algunos países africanos francófonos, consistía en señalar con un objeto (de cuya variedad Boyer transcribe un inventario minucioso) a los niños que hablaban patois en la escuela. El estudiante, para no recibir un castigo al final de la jornada, debía transmitir el objeto a otro alumno que utilizara las lenguas prohibidas, de modo que los propios estudiantes se convertían en censores lingüísticos de sus compañeros. Boyer reconstruye el funcionamiento de este mecanismo disciplinario a partir de numerosos testimonios, tanto de Francia como de países del África francófona (en particular Mali y Gabón) y muestra cómo el dispositivo operaba a la vez como sanción, estigmatización y aprendizaje forzado de la lengua dominante.
En el séptimo capítulo, Boyer profundiza en estos mecanismos de estigmatización lingüística, analizando otro caso: la glotofobia en torno a l’accent du Midi o acento meridional. El autor nos muestra cómo, pese al reconocimiento oficial de la diversidad, los acentos regionales siguen sin ser legitimados en los mercados lingüísticos dominantes, particularmente en el ámbito político y mediático. Boyer atribuye esta persistente estigmatización a la ideología monolingüe y a la propia lógica de la comunicación mediática.
En los capítulos octavo y noveno, Boyer aborda el concepto de identidad nacional y el nacionalismo lingüístico, subrayando el carácter fuertemente polémico que adquiere hoy la noción de identidad. El autor cuestiona las oposiciones entre identidad y heterogeneidad e identidad y unidad y discute con la analogía propuesta por Hobsbawm entre la pureza racial defendida por ideologías racistas y la purificación lingüística promovida por los nacionalismos. Frente a esta lectura, Boyer sostiene que, para una comunidad lingüística en situación de minorización, la normalización de la lengua no debe interpretarse como una purificación, sino como una restauración sociolingüística legítima e incluso indispensable. Para ilustrar esta posición, recurre nuevamente a los casos del catalán, el gallego y el guaraní.
Los últimos dos capítulos del libro continúan explorando los nacionalismos lingüísticos. Mientras el décimo se enfoca en el desarrollo del nacionalismo lingüístico catalán, el undécimo aborda principalmente la noción de identidad lingüística, así como los llamados «gestos de identidad», término con el que Boyer se refiere al actual uso y revalorización de las lenguas regionales en Francia, especialmente en la denominación de comercios y productos. Boyer se detiene en el caso del occitano y vislumbra allí la emergencia de una contra-ideología diglósica, que se manifiesta a partir de pequeñas intervenciones glotopolíticas que buscan reivindicar (y al mismo tiempo normativizan y normalizan) los usos regionales. El autor reconoce en esos gestos una representación patrimonial de la lengua, que no necesariamente está ligada a una folklorización, sino a una mercantilización, ya que se trata de gestos glotopolíticos de orden simbólico, pero que también están motivados por intereses comerciales.
Finalmente, el libro se cierra con un extenso apartado bibliográfico, de más de veinte páginas, compuesto, sobre todo, por obras en lengua francesa y catalana, aunque se incluyen también algunos artículos en español. Abarcando una amplia cobertura temática, esta bibliografía constituye una valiosa herramienta para quienes deseen profundizar en los contenidos desarrollados a lo largo del volumen, así como para quienes busquen revisar la producción académica previa de Boyer.
En conjunto, este volumen ofrece a sus lectores un recorrido amplio por las diversas temáticas que han orientado la labor investigativa de Boyer durante décadas, todas ellas atravesadas por el eje común del estudio de las representaciones y las ideologías lingüísticas. Uno de los aportes más relevantes del libro consiste en la comparación de escenarios lingüísticos heterogéneos (el francés y las lenguas regionales en Francia, el catalán y el gallego en España, el guaraní en Paraguay), lo que permite observar cómo el marco teórico y conceptual de Boyer permite explicar casos lingüísticos concretos y diversos.
La claridad en el análisis, la rigurosidad y exhaustividad en la citación y discusión de fuentes, la incorporación de algunos testimonios que enriquecen el desarrollo, así como la inclusión de tablas y esquemas que sintetizan los principales planteos, hacen de este libro una obra especialmente recomendable para quienes busquen profundizar en el estudio de los conflictos diglósicos, así como en la incidencia de las representaciones e ideologías en las actitudes y comportamientos lingüísticos tanto como en la implementación de políticas de lenguas.
1 En algunos trabajos historiográficos, se emplean las denominaciones «Sociolingüística periférica» o «Sociolingüística nativa» para referirse a estas escuelas.
2 V. la página web https://dipralang.www.univ-montp3.fr/fr/annuaire_recherche/henri-boyer para obtener más información sobre el currículum vitae del autor, sus principales publicaciones y los proyectos de investigación y de doctorado que dirigió en la universidad.
3 Mientras escribimos esta reseña (octubre de 2025) nos enteramos del fallecimiento de Louis-Jean Calvet, otro gran sociolingüista tunecino pero radicado en Francia, que reflexionó críticamente acerca de la tensa relación entre las lenguas dominantes y las dominadas. En particular, en su libro Lingüística y colonialismo. Breve tratado de glotofagia (1974) aborda esta cuestión con numerosos casos, lo que también lo convierte en un pionero y antecedente fundamental en el tema.
