Desertar no es una opción. Para Olave y Rodríguez la confrontación en clave agonal no solo es una dimensión ineludible sino necesaria en toda democracia. Su propuesta de entender las dinámicas del debate público bajo una erística del combate dialogado busca desplazar la tradicional centralidad del logos racional y deliberativo hacia el plano agonístico y competitivo del eros en los análisis de la discursividad política contemporánea. Ello implica que lejos de ver las disputas y alegatos como deformaciones o desviaciones de un supuesto diálogo razonado, o síntoma de una polarización que erosiona la intercomprensión entre personas, y por extensión a la democracia misma, su propuesta nos invita a asumirlas como parte constitutiva de la vida política contemporánea y nos abre la posibilidad de estudiar el uso de la palabra pública desde el ángulo analítico novedoso y muy original del combate verbal.
En esta ocasión, las interacciones en redes socio-digitales como Facebook, Youtube, así como la antigua Twitter, resultan un terreno prolífico para poner a prueba su noción de erística la cual, además de asumir el placer de lo contencioso como propio de lo político, también busca abrirse paso como una forma de entender las dinámicas discursivas de los usuarios fuera de los marcos cooperativistas de la pragma-dialéctica y de la retórica argumentativa en los ecosistemas participativos socio-digitales. En un principio, los autores parten por realizar un estado del arte que releva ampliamente los estudios que abordan disputas y controversias en entornos digitales. En dicha pesquisa, presente en el primer capítulo, encuentran una marcada presencia de estudios sobre la (des)cortesía verbal los cuales ponen en primer plano nociones como violencia verbal, agresión y ciberacoso.
Estos abordajes se caracterizan por una pretensión regulativa de los marcos teóricos que analizan intercambios socio-discursivos en debates políticos, así como una búsqueda por marcas que permitan anticipar formas de violencia en el discurso en tanto dichos marcos operan a partir de un horizonte fundamentalmente consensualista. La idea que subyace a estos estudios sobre el discurso es que las interacciones humanas a nivel comunicativo son esencialmente cooperativas. Por otra parte, los autores traen a colación estudios clásicos del análisis del discurso basados en teorías de la argumentación en clave polémica los cuales, si bien suelen coincidir en la reivindicación del disenso, mantienen una preeminencia de lo argumentativo ligada a nociones normativas de la elocuencia y la destreza oratoria que determinan un aparente y efectivo saber hablar.
En este intersticio la destreza erística, en tanto habilidad polémica no argumentativa o técnica verbal y combativa, busca mantener los desacuerdos más que deshacerlos, sin por ello quebrar el vínculo social que los posibilita, por ejemplo al recurrir a la acción violenta de la eliminación del adversario. En otras palabras, esta mirada admite la presencia en la esfera pública de sujetos que no buscan necesariamente resolver sus desacuerdos mediante la palabra sino mantenerlos, e incluso profundizarlos para así poder imponer una ventaja moral valorativa frente a otros miembros de la sociedad.
En el segundo capítulo, los autores enmarcan este proyecto reflexivo en la recuperación del pensamiento clásico que veía, tanto en palabras de Platón en el Eutidemo como de Aristóteles en sus Refutaciones sofísticas, a la erística como un arte de la refutación que no pretendía la búsqueda de la verdad o la construcción de conocimiento, sino el placer en el ejercicio de lo contencioso en la vida pública y la búsqueda de la victoria en la lucha verbal. La erística como manera de llevar adelante las discusiones era parte de una técnica sofística no merecedora de crédito. Cabe agregar que esta fundamentación genealógica se trata con mayor profundidad en obras previas del mismo autor como Retórica de la victoria. Oposición política y paz con las FARC-Ep; o Análisis del discurso en disputas públicas, el retorno a la erística, en donde este mismo marco teórico reflexivo se analiza con otro tipo de corpora.
En esta ocasión y para poder llevar esta reflexión al campo del análisis de los intercambios en espacios socio-digitales, el tercer capítulo actualiza esta propuesta articulando la techné clásica con la idea de juego de lenguaje del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein. Este principio permite pensar a la erística como un juego de lenguaje que se constituye a partir de un despliegue de habilidades que desarrollan los usuarios para llevar adelante acciones verbales de fuerza, sin por ello infringir las normas de uso y participación que regulan los intercambios en este tipo de plataformas. La disputa en este sentido es un juego que implica mantener el antagonismo sin desbordar el carácter dialogal del intercambio y evitando los castigos impuestos por las regulaciones del entorno digital en que se lleva adelante la contienda. En este punto Olave y Rodríguez señalan un punto sumamente importante, y es que si bien el debate argumentado aunque pueda pensarse como la mejor forma de gestionar los desacuerdos en dichas plataformas, no es la forma obligatoria, ni la única manera en la que los usuarios interactúan (juegan), ni mucho menos la más recurrente.
En los capítulos siguientes (cuatro y cinco) se nos presentan los mecanismos del juego erístico o, en otras palabras, las categorías de análisis que luego de un tratamiento abductivo de los datos y las reflexiones teóricas, emergen como herramientas explicativas de los fenómenos estudiados. Nociones como arena, acciones, recursos y modalidades van a construir una grilla interpretativa a partir de la cual abordar distintas prácticas socio discursivas como la burla, el vituperio, el imperativo, el desafío y la regulación dialéctica. A su vez, estas acciones se configuran dentro de un vocabulario lúdico-bélico que permiten comprender la naturaleza de dichos enunciados bien sea como armas, arsenales o maniobras desplegadas mediante modalidades verbales, icónicas o hipertextuales durante la interacción, lo cual en su conjunto les permitirá construir un índice de destreza agonística. El propósito declarado de este índice es no tanto responder a la inquietud sobre el ganador o perdedor de determinada discusión, sino dejar claro quién y cómo se resulta impugnando una ventaja agonal en el intercambio.
Los capítulos restantes se dedican sistemáticamente a proporcionar ejemplos de disputas en cada una de las plataformas socio-digitales mencionadas, identificar las categorías mencionadas y aplicar el índice para generar resultados prospectivos. Además, cada uno de estos capítulos explora debidamente, y por separado, las disposiciones técnicas o affordances que condicionan la manera en que se desarrollan las disputas en cada una de las plataformas. De igual manera los autores revisan críticamente, los términos y condiciones de participación y uso de estos espacios digitales a través de una mirada glotopolítica preocupada por estudiar aquellos mecanismos que aspiran a regular la discursividad, principalmente en entornos públicos. Los aportes de esta sección sin duda van más allá del simple análisis del contenido, llegando a condensar prácticas propias en cada plataforma como las estructuras arborescentes en los foros de Youtube; las maneras de mostrar sin demostrar que se presentan principalmente en los muros y chats de Facebook; y la manera de incentivar los juegos de lenguaje competitivos en la antigua Twitter, analizando cómo su repertorio de opciones temáticas como los hashtags y retweets influyen en la contienda. Resulta sumamente interesante la lectura contenciosa de recursos semióticos variados como los memes, las imágenes, las pegatinas o stickers, las reacciones, hashtags, los hipervínculos y todo tipo de material no verbal que los usuarios incorporan dentro de sus acciones de fuerza en las discusiones analizadas.
A pesar de que todas estas contiendas verbales tengan como hilo conductor a la política colombiana contemporánea, su intervención permite considerar hasta qué punto las plataformas inciden y condicionan los intercambios entre usuarios, así como realizar una lectura del presente que nos sacuda de la eterna búsqueda por los acuerdos armónicos y nos deja abierta la puerta para realizar una serie de preguntas que desbordan lo meramente coyuntural y contingente de los casos elegidos. Desde intentar establecer las tensiones o similitudes entre erística, retórica y dialéctica hasta llevarnos a reflexionar no solo si la pregunta por quién gana o pierde una discusión en la dinámica política actual es relevante, sino además si puede llegar a responderse.
