Reseñas. Klaus Bochmann (2023). Lenguaje, poder y política. Quiénes, cómo y para qué fabrican y regulan las lenguas. Traducido por Roberto Bein. Buenos Aires: Cabiria (Colección Lengua, Pensamiento y Sociedad), 191 pp.

Reseñado por Juan Antonio Ennis

Quizás aparezca como un lugar común a esta altura mentar la complejidad histórica que supone todo acto de lectura. Abrir un libro, leerlo, desde un espacio, un tiempo, una subjetividad precisas, implica conectar ese espacio, tiempo y subjetividades precisas no solo —como podría suponerse con cierta inocencia— con las opiniones y decisiones emanadas de coordenadas más o menos análogas, sino con todas las decisiones que dan lugar al hecho o a la serie de hechos editoriales que depositan el libro en nuestras manos. Lenguaje, poder y política. Quiénes, cómo y para qué fabrican y regulan las lenguas nos ofrece, a las lectoras y lectores de este lado del mundo, desde un sello editorial independiente, situado en Buenos Aires, con sólidas referencias en el proyecto de la glotopolítica latinoamericana, un recorrido por una extensa y madurada producción científica y una mirada desde el presente, construida justamente sobre esos fundamentos. La sólida trayectoria que nos permite desandar el volumen, al menos en sus últimos 35 años, es la de Klaus Bochmann, referente de los estudios sobre lenguaje, sociedad y política, catedrático de la Universidad de Leipzig entre los últimos lustros de la República Democrática Alemana y los primeros de la Alemania unificada, que ha sabido desandar a través de ella andariveles diversos, pero no ajenos a lo que puede identificarse a grandes rasgos como el mainstream lingüístico. No porque se incorpore cómodamente a esa corriente, sino porque sabe interpelarla desde una posición crítica y erudita, firme, rigurosa y reflexiva a la vez. Los caminos que recorre y que permite entrever este volumen son en buena medida conocidos para quienes se interesan por las inflexiones de las preguntas por la lengua y la política en nuestras sociedades, pero no son los habituales. La consistencia de este aporte, la lectura, y la apertura de su posibilidad, desde aquí, es un gesto glotopolítico, uno de la glotopolítica latinoamericana como propuesta. Y como es habitual en sus gestos, las lógicas del tránsito de las teorías desde ciertos nortes a algunos sures no se ignoran, pero tampoco se dan por supuestas, ni mucho menos quedan como venían dadas.

El volumen posee una cuidada arquitectura, con un cuerpo central de siete capítulos en los que se traducen contribuciones publicadas en diversos volúmenes colectivos y revistas de la especialidad, en un período que va desde 1990 hasta 2019, precedido por una despedida que oficia de umbral de entrada, «Pour conclure. La lingüística como encargo histórico», texto de la Abschiedsvorlesung del catedrático de Leipzig —publicada originalmente en 2004—, que señala más que un punto de cierre una recapitulación en vistas de la apertura de un nuevo ciclo de trabajo intelectual, uno de cuyos frutos es este mismo volumen. Hablando a la comunidad académica en la que se había formado y en la cual había desarrollado la mayor parte de su actividad profesional, no se detiene a enumerar lo hecho, sino que plantea los desafíos de la disciplina hacia adelante, deteniéndose en dos constantes que atraviesan su investigación: el carácter políticamente construido, y mayormente en función de las lógicas de la dominación, de las lenguas, y la función política de la filología y la lingüística, como especialidades abocadas al examen de los discursos públicos. «Una ética de la opinión pública —dirá—, de la palabra pública y de la cultura de la disputa política les incumbe también a los lingüistas, incluso si se ocupan de filologías en lenguas extranjeras» (17).

Luego de la lección de cierre que abre el libro, se suceden los capítulos de su cuerpo central, comenzando con «Derechos lingüísticos para minorías: un análisis de sus condiciones sociolingüísticas» (23-33), trabajo publicado originalmente en 1991 como resultado de un congreso sobre minorías lingüísticas realizado en la Universidad de Essen en 1990. La vigencia de la intervención de Bochmann, en este caso, se ve reforzada por su contexto de enunciación original, en una Europa a la salida de la guerra fría, desde la cual el rigor de la tentativa del ordenamiento conceptual se ve necesariamente sostenido sobre un minucioso y lúcido recorrido histórico.

El siguiente capítulo es el más extenso del libro (35-95), «Teoría y métodos de la política lingüística y de su análisis». Originalmente integrado en un volumen fundamental para pensar la relación entre lengua, política y lingüística hacia el siglo XXI desde la perspectiva de las filologías románicas, Sprachpolitik in der Romania. Zur Geschichte sprachpolitischen Denkens und Handelns von der Französischen Revolution bis zur Gegenwart [Política lingüística en la Romania. Acerca de la historia del pensamiento y accionar político-lingüístico desde la Revolución francesa hasta el presente], editado por el propio Klaus Bochmann y publicado por de Gruyter en 1993, el ensayo ofrece una propuesta teórico-metodológica que integra líneas y tradiciones diversas (desde Haugen y Fishman hasta Gramsci y la escuela glotopolítica de Rouen, entre otras) en una mirada crítica, superadora de falsas antinomias como la de la lingüística interna y la lingüística externa, que verá en el análisis del discurso su herramienta primaria y privilegiada.

El siguiente capítulo, «Mi lengua, tu patois, su jerigonza: estereotipos y representaciones de las lenguas» (97-109, publicado originalmente como «Stéréotypes dans les relations nord-sud» en Hermes, en 2001, y en español ya en la segunda entrega de este Anuario en 2018), logra condensar en pocas páginas la reflexión y la interpelación en torno al lugar público de la palabra de lxs especialistas en materia de lenguaje, la dimensión políticamente más intensa y controversial de la sociolingüística, y las ventajas que para este tipo de reflexiones conlleva el amplio espectro de la formación de un romanista alemán del siglo XX, ofreciendo en su síntesis final una renovada versión de la productiva dialéctica de lo estático y lo dinámico que permite definir con claridad el par conceptual (etnoestereotipos/glotoestereotipos) en torno al cual trabaja esta contribución, y que bien merece ser subrayado en una cita extensa:

Las comunidades étnicas, sus culturas y sus lenguas son entidades dinámicas sujetas a transformaciones continuas, que comportan diferenciaciones e interferencias con otras. En cambio, los etnoestereotipos y los glotoestereotipos son estáticos; tienden a fijar una representación, algunos de cuyos elementos pueden haber sido una realidad pasada, pero que ya no lo son hoy. La brecha entre la representación y la realidad que caracteriza los estereotipos se vuelve especialmente manifiesta cuando se tienen en cuenta las transformaciones capitales de modos de vida, maneras de pensar y costumbres que los pueblos europeos han sufrido en esta segunda mitad de siglo: sin embargo, los etnoestereotipos y los glotoestereotipos siguen suministrando imágenes y representaciones aparentemente inmutables. El sur siempre está allí donde hace falta encontrar un chivo expiatorio, incluso un enemigo, llámese sajón, judío, moldavo o negro. (108)

«Cómo se hacen las lenguas. La formación de nuevas lenguas románicas en el siglo XX» (111-130) pertenece ya a los trabajos posteriores a aquel que abre el volumen, publicado en los informes de la Academia Sajona de las Ciencias en 2005. Allí, promediando el volumen, se inserta en la apertura del texto una afirmación que no puede menos que resultar cara a perspectivas como la de la glotopolítica latinoamericana, a la vez que dialoga críticamente tanto con aportes precisos de la lingüística (es clara la alusión al difundido volumen de Rudi Keller) como con discursos de época de más amplio alcance, al devolver la lengua a la historia y sus agentes: las lenguas —afirmará— son «hechas» y son «el resultado de una acción intencional». No hay «mano invisible» ni naturaleza o trascendencia que explique una existencia más allá de sus hablantes (111).

Hecha la pregunta por el origen, prosigue la del devenir, que como tal se formula en el siguiente capítulo. «¿Se modifican las lenguas?» (131-140) fue publicado en 2013 en el homenaje a Rudolf Růžička al cumplir 90 años, por parte de la Academia de Leipzig, y allí Bochmann ahonda en esta misma línea señalando en el perdurable concepto saussureano de langue el necesario complemento de la norma como herramienta de dominación, como ejemplo paradigmático del maridaje entre lengua e ideología, con una función precisa: «hacer creer que la lengua, como la sociedad, es algo dado, independiente de la voluntad de los sujetos, lo cual implicaría que el sujeto no debe siquiera intentar cambiar algo ni introducir sus propias expresiones, porque, dada la independencia del sistema de la voluntad del ser humano, de todas maneras no tendría efecto alguno sobre la lengua como tampoco podría mejorar las relaciones sociales» (137). Así, al retomar la remanida pregunta por el cambio lingüístico, por la lógica sociolingüística de la innovación, la aceptación y la difusión, interpela la lógica política de teorías que, aparentemente ya fuera del inmanentismo estructuralista, participan de un borramiento de la agencia en la lengua como en otros planos de la vida de las sociedades:

La cuestión principal no es tanto cómo se imponen las innovaciones, es decir, cómo las innovaciones individuales se convierten en colectivas, sino de quién son las innovaciones de las que se trata. Hoy día se vuelve a hablar de la acción de la «mano invisible» que le impondría una dirección evolutiva a la lengua no deseada por los sujetos que hablan y escriben. En verdad es con frecuencia —sobre todo en el dominio léxico— el uso lingüístico de los poderosos, de aquellos que «llevan la voz cantante», de los que mandan, los que están en el lugar adecuado en el momento adecuado y con ello determinan el discurso con sus secreciones lingüísticas. En la «lucha por el control de los significados» hay mucho en juego: incluso en fenómenos aparentemente más bien inofensivos, como la pronunciación o fenómenos sintácticos, está en juego el reconocimiento de los dueños del discurso público y su prestigio. (138)

«Lexicología política, historia conceptual y análisis del discurso. Relectura de la tesis de doctorado de Jürgen Erfurt» (141-150) fue originalmente el aporte de Bochmann al volumen en homenaje a este autor publicado en 2019 por L’Harmattan. Allí actualiza —al volver la mirada sobre un paisaje quizás poco habitual para un público lector contemporáneo, sobre todo en estas latitudes, como el de los estudios sobre el léxico político del rumano, y su tránsito en la tesis objeto de indagación, de 1981, hacia el análisis del discurso y la historia conceptual— la línea de intervención señalada en los trabajos previos, esta vez al centrarse en el examen de la historia como construcción discursiva, y la sociedad moderna como «un producto de la acción consciente, que se realiza como acción lingüística, o mejor dicho discursiva» (143). «Glotopolítica y (teorías de las) estructuras sociales», por su parte, es la versión publicada y ahora traducida de su contribución al Congreso de Romanistas realizado en Kassel en el mismo año (151-161), que en su brevedad condensa un aporte teórico-metodológico preciso y complejo, proponiendo la integración de un par conceptual de la sociología compuesto por la noción de habitus de Pierre Bourdieu y el medio social de los sociólogos de Hannover (entre los cuales destaca la referencia a Michael Vester). La conclusión del trabajo, nuevamente, sugiere un programa de trabajo y una consigna de acción: «Así, la investigación en glotopolítica, si toma en serio su elemento constitutivo «política», de puro análisis podría transformarse en práctica política que roza lo subversivo» (160).

La felicidad del carácter prospectivo del ensayo de cierre situado en la apertura se ve ratificada en la parte final del volumen, que inicia con un capítulo original escrito especialmente para esta edición, dedicado justamente al estudio del panorama relativo a su ámbito de trabajo en el período que se cerraba en el momento de la publicación del más temprano de los escritos aquí reunidos. «Praxis político-lingüística e investigación glotopolítica en Alemania Oriental de 1945 a 1990» aparece así como una concisa historia política de la lengua en la breve pero intensa vida de la República Democrática Alemana. En el umbral de esta historia, significativamente, Klaus Bochmann, nacido en Dresden en 1939, catedrático en Leipzig de Filología Románica durante décadas, sitúa los nombres de Viktor Klemperer y Werner Krauß, nombres cuya resonancia en la intersección entre lengua y política en el siglo XX, desde Dresden y Leipzig, llega a todo el mundo, y nos permite aún hoy seguir interrogando a nuestro presente, en el que las (no tan) nuevas derechas emergentes vuelven a operar sobre el lenguaje nuestro de cada día.

Una mención aparte merece el cuidado y reflexivo trabajo de la traducción que hace posible que este volumen se vuelva legible aquí, entre nosotrxs. Ese trabajo ha estado a cargo de Roberto Bein, y permite abrir un diálogo profundo, productivo, entre la trayectoria que permiten recorrer estos textos y la propia del proyecto de la glotopolítica latinoamericana. Este hecho se ve reforzado en el cierre del volumen, ocupado por una entrevista a cargo de la catedrática de la Universidad de Hannover, Lidia Becker, quien lleva adelante un diálogo con el autor y su traductor bajo el título de «Una visión alemana de la glotopolítica y su traducción al castellano». Es en esa conversación que Bochmann ofrece una conexión entre tradiciones caras a la glotopolítica, y su expresión en el presente, especialmente en el ámbito de circulación que ahora se abre a este libro (173).

El hecho de que heredemos la mayor parte de nuestro repertorio de recursos lingüísticos de nuestros ancestros o de nuestro entorno social genera la impresión de que se trata de algo existente desde siempre y, en cierto modo, surgido de manera natural. Ese puede haber sido ciertamente el caso en el paso de la comunicación animal a la humana. Pero de la observación de innovaciones lingüísticas que ocurren ante nuestros ojos y de otras que tuvieron lugar en espacios de tiempo históricamente delimitables podemos inferir la formación y el cambio de lenguas como sistemas complejos de signos. (126-127)

Poder leer a Bochmann, aquí, en español, en este tiempo que nos toca, constituye así un hecho afortunado pero no fortuito. Debemos la posibilidad de este acto de lectura, en toda su complejidad histórica, a quienes lo han propiciado a través del intercambio académico, el diálogo, la circulación, la traducción y la edición. Una serie de acciones que permite no solamente el acceso a la obra de un notable lingüista alemán, el conocimiento de temas y problemas de circulación poco habitual en lengua española, sino sobre todo la incorporación de miradas y herramientas conceptuales enriquecedoras para entender nuestro presente.