I
Además de ser una industria y una tecnología, la inteligencia artificial (IA) también debe ser vista como un discurso: un conjunto de signos que se despliegan para construir su objeto, la manera de conocerlo y la manera de hablar de él. En su forma discursiva, la IA se ha transformado en uno de los más importantes procesos de resignificación en la actualidad en diversos campos de la actividad humana en diferentes escalas1. En este breve ensayo me concentraré en la manera en que la IA se ha apropiado del aparataje terminológico del lenguaje común y, sobre todo, de disciplinas como la sociolingüística para sus propósitos. Para Sadin (2020: 34), esta apropiación de términos precisamente como «inteligencia», por ejemplo, no se trataría de ejercicios de búsqueda de expresiones de referencia o de usos metafóricos para nombrar y, así, comprender la IA y lo que esta realiza. Se trataría, argumenta, de un «golpe de estado retórico» (Sadin 2020: 34), de «un abuso del lenguaje» (37) para hacernos creer, en este caso, que dicha inteligencia puede sustituir la nuestra. Estaríamos, así, frente a una toma violenta y no consensuada de la lengua cuyo objetivo parece ser producir un sentido común hegemónico acerca de estas realidades2 tecnológicas en beneficio de los intereses económicos de los gigantes tecnológicos que las desarrollan3, a los que nunca hay que perder de vista.
II
Un ejemplo de lo anterior es el caso de los así llamados bots «conversacionales», en los cuales me enfocaré en esta discusión. En la descripción de estos bots uno puede leer, entre otras cosas, que pueden simular comunicarse/conversar/hablar de manera muy similar a un humano. Como sociolingüista, y en el entendido de que «todo signo presenta un grado de inestabilidad» (del Valle 2024: 43), inmediatamente surgen preguntas. ¿Qué significan estos términos en el contexto de la IA? Por mucho que se hable de simulación, aquello a simular debe ser definido, por ejemplo, ¿qué es comunicarse según los desarrolladores/promotores de estos bots? ¿qué es hablar como un humano? Al hablar de chatbot «conversacional», está implícito un ente que conversa/habla, a saber, los bots. La manera en que conceptualizamos «hablante» en nuestra disciplina ¿permite acomodar a un bot en dicha categoría? ¿Qué implicancias tiene esto para la definición en la IA de comunicación/conversación? ¿Es esta definición aproximada a la conversación humana? Y, finalmente ¿a qué tipo humano la IA simula? Si la simulación depende de una explicitación de aquello a simular (establecer sus contornos, determinar su extensión) ¿qué simulan efectivamente estos bots?
III
A diferencia de la IA, en este ensayo explicito mi lugar de enunciación. Entro a esta discusión desde una sociolingüística crítica que pone el foco en la manera en que lo social y lo lingüístico se interconectan en condiciones de relaciones de poder y de desigualdad (Niño-Murcia et al. 2020). Una sociolingüística que, además de ver el lenguaje como práctica social, se centra en los sujetos hablantes-oyentes como punto de partida y que, por lo mismo, busca una comprensión fenomenológica de las dimensiones reflexivas y experienciales de vivir el lenguaje (Busch 2017, Purkarthofer y Flubacher 2022). Además, adopto una perspectiva lingüístico-política que parte del supuesto que la lengua es un constante campo de batalla —en busca de la hegemonía— y que en todo despliegue de signos hay operaciones ideológicas. Finalmente, y a diferencia de miradas post y transhumanistas recientes (e.g. Demuro y Gurney 2023, Pennycook 2018, Wee 2025), asumo de manera específica para esta discusión la (tal vez controversial y problemática) afirmación de que el «lenguaje es fundamentalmente un fenómeno experiencial humano inalienable» (Pablé 2025: 19, cursivas agregadas).
IV
Si bien las respuestas a las preguntas que he planteado anteriormente pueden parecer obvias, creo que es importante darse la vuelta larga para llegar a ellas con el propósito de, por un lado, contraponer a los significantes y (no)significados de la IA la complejidad conceptual/referencial de los términos utilizados y de la realidad asociada y, por otro, reafirmar la plural condición humana de sujeto hablante-oyente4 y la complejidad de los procesos intersubjetivos de creación de significado (conversar, comunicarse) y, así, cuestionar la facilidad con que se presenta esta supuesta simulación a partir de un uso terminológico restringido e irresponsable por parte de la IA que da cuenta, además, de una imaginación sociolingüística estrecha y excluyente.
V
Sujeto hablante-oyente (sujeto HO) —o sujetos comunicadores humanos— y bots significan cosas diferentes, lo que ya nos permite adelantar lo que viene: un programa informático no se asemeja a un ser humano. Pero veamos, ¿podría la noción de hablante contener a los bots? Los bots son entidades descuerpadas. Por esto, no están atravesados por las marcas culturales, étnicas/«raciales», de clase, de proveniencia, de estatus legal, de género que caracterizan a los sujetos HO concretos, y que hacen a estos vivir la experiencia del lenguaje de maneras diversas, en contextos de poder asimétricos, y con consecuencias tales como la ubicación diferenciada en las jerarquías sociales, desde el privilegio hasta la racialización y la marginalización. Los bots tampoco son situados, no están anclados a ningún contexto, a ninguno de los espacios policéntricos por los que efectivamente se mueven los sujetos HO y que determinan el despliegue de los recursos lingüísticos —o la imposibilidad de hacerlo; no experimentan las consecuencias cotidianas de los órdenes de indexicalidad. Los bots no están vivos (claramente); «no tengo una biografía en el sentido humano» (¿en qué otro sentido se puede tener una biografía?) se lee en un texto de salida de ChatGPT. Al no poseer una biografía no han desarrollado lo que hemos dado en llamar repertorio lingüístico, el cual no es una sumatoria de datos lingüísticos, sino que de experiencias atravesadas por el lenguaje y que actúa, precisamente, como una biografía comunicativa, como un índice vital: encontramos en él la más clara relación entre lenguaje y vida, lenguaje e historia, lenguaje y procesos políticos, socioculturales y económicos mayores. Cada signo es un índice para los sujetos HO de su «biografía comunicativa» (Pablé 2026: 17). ¿Qué es cada signo en el contexto de ChatGPT? Al no desarrollar un repertorio lingüístico no poseen la capacidad metapragmática que se forma de manera reflexiva a través de la experiencia personal de comunicarse en el tiempo y en el espacio (e.g., ideologías lingüísticas). No saben qué son ni que son, como lo sabe/experiencia un sujeto HO. No hay un «yo». Sus datos lingüísticos son el resultado de un entrenamiento con un corpus de palabras que han sido apropiadas, no responden a una vida sujeta a procesos de socialización en la diversidad de espacios que albergan la experiencia humana, en los que el lenguaje es una práctica intersubjetiva de construcción de sentido, pero también de identidades, y cargada de emociones. Al no poseer recursos semióticos propios que puedan desplegar agentivamente (o no), tampoco pueden articular una voz —i.e., reclamar su existencia en relación con otros. ChatGPT «reconoce» que, al momento de hablar y comunicarse, hay «diferencias clave» con los humanos: no tiene emociones reales, posee un conocimiento limitado a «datos» y no lenguaje, no tiene experiencias propias. Todo aquello que, precisamente, constituye al sujeto HO humano. Muy bien, los bots no pueden ser definidos como sujetos hablantes-oyentes, lo sabemos, pero dada la complejidad de estos, ¿se puede decir tan fácilmente que los bots simulan a los sujetos HO?, ¿qué parte de dicha complejidad simulan del sujeto HO? ChatGPT produce un texto en el que se lee: «Puede simular ser un hablante porque entiende texto y responde de forma coherente». Un sujeto HO reducido a su mínima expresión: receptor y productor de texto —que no existe en la realidad (olvidando, además, que la coherencia es una propiedad de la interpretación). Y el lenguaje reducido a combinaciones de palabras, desacuerpado, neutral, inocente, apolítico, más que como práctica social.
VI
La creación de secuencias de palabras sobre una base de probabilidad estadística de ocurrencia (Schneider 2024) sin ningún tipo de anclaje en un contexto específico ni intención no puede ser considerada un acto comunicativo. El lenguaje performativo es una práctica social, «algo que hacemos con otros para lograr cosas en el mundo» (Zavala, en Tallata y Romero 2026: 6). ¿Qué «hacen» los bots? ¿qué «sienten» al hacerlo? ¿qué «esperan» al hacerlo? ¿«comprenden» las consecuencias y responsabilidades que conlleva la enunciación? Comunicarse/conversar es una práctica intersubjetiva de sociabilidad emergente, de despliegue colaborativo de recursos semióticos para la construcción de un significado conjunto. Agencia y voz se manifiestan en la comunicación/conversación entre humanos, con lo que se da cuenta, por un lado, de nuestra capacidad para incidir en el mundo a través del lenguaje y, por otro, de la propia existencia y la del otro y sus complejidades, así como de las relaciones de poder que enmarcan toda interacción. Al no (tener la conciencia de) ser hablantes ni comprender que están involucrados en un evento comunicativo, los bots, como ya indiqué, no pueden poseer ni agencia ni voz, y tampoco ser despojados de estas, una experiencia humana extendida. La comunicación/conversación, además, también es riesgo e indeterminación (conocemos la indeterminación del significado), es impredecibilidad. «Language itself is a gamble. A roll of dice. The way you formulate your sentence, the words you pick and make that sentence, is the roll of the dice» (RAMM:ΣLL:ZΣΣ)5. Las prácticas comunicativas, la selección del momento, de recursos, de estilos y de registros pueden abrir o cerrar puertas. Las palabras que el bot «elige» para crear una oración solo responden a un sentido común estadístico programado para complacer más que para la impredecibilidad de la comunicación humana; no existen indeterminación del significado ni ambigüedad; por el contrario, todo esto es visto como problemas a corregir por los desarrolladores (ver también von Stecher 2025). Los bots no producen texto para construir un significado conjunto, porque no conocen el significado de las palabras, ni las intenciones, no saben que las palabras representan cosas y no comprenden lo que están haciendo con ellas, porque los datos con los que fueron entrenados no se los permite (Bender et al. 2021: 616). Se han llamado loros estocásticos (Bender et al. 2021)6. Solo codifican y descodifican (el hablante saussureano) y la comunicación/conversación no es eso. No entienden lo que significa ser posicionado de diferentes maneras en diferentes espacios debido al lenguaje y lo que esto implica para su capacidad de comunicarse/conversar (de hecho, lo que buscan los promotores es posicionarlos como interlocutores válidos para que así lo hagan también sus usuarios). Los procesos de alineamiento y de acomodación comunicativa que muchas veces ocurren en el output de los bots parecen responder más bien a un diseño para tal propósito y al trabajo del humano que utiliza estos bots y no a una genuina toma de posición que podría estar en antagonismo con el humano. ¿Qué simulan?, un texto de salida de ChatGPT: simula «la idea básica de comunicación: transmitir y recibir información». La «comunicación» saussureana. No la idea básica de comunicación, sino que la comunicación en la jerga de los programadores, lo que hacen los programas computacionales.
VII
Ahora bien, en última instancia, si aceptamos que los bots han de «conversar» como sujetos HO, debemos entender que esto ocurre a través de mecanismos de antropomorfización por parte de sujetos HO humanos y que involucran procesos tales como la indexicalización (funciones de los bots que apuntarían a características esencialmente humanas como, precisamente, producir lenguaje) y el enregistramiento (asociar signos lingüísticos a tipos de personas que la parte humana puede crear para interactuar —un tipo de hombre particular, por ejemplo) (ver Rocha 2025 quien da cuenta que a través de programas como Replika lxs humnxs pueden construir un tipo de interlocutor; también Wee 2025). La simulación, se podría argumentar, no estaría en los bots, sino que más bien en aquello que lxs humanxs traen al evento mismo. Estos son, sin duda, contextos que deben ser estudiados (por ejemplo, Rocha 2025; tal vez hablar de una sociolingüística etnográfica de la IA, como algunos han planteado).
VIII
Estos bots se promocionan refiriendo a su capacidad para hablar como un humano, para simular cómo conversa y se comunica un humano, lo que acá entendemos como sujeto HO. Pero, dado que no existe «un(a) humano(a)» en abstracto, ¿a qué tipo de humanx se refieren, sociolingüísticamente hablando? Interesantemente, el término «humanx» no está definido explícitamente por la IA aunque dice simularlo. Si seguimos la crítica que se ha hecho al lenguaje que la IA (re)produce y al corpus con el que ha sido entrenada y sus consecuencias lingüístico-ideológicas y de representación (Erdocia et al. 2024, Schneider 2024, entre otros), es posible comenzar a dar forma a este tipo de hablante humanx que se pretende simular. Como ya mencioné, sería desacuerpado. Sería también monolingüe, o multilingüe en un sentido monoglósico (no de translenguaje). Hablaría (escribiría) la variedad estándar (no marcada) de su lengua —una lengua mayoritaria—, pues está alimentado con un corpus donde esta predomina. Interactuaría en contextos principalmente occidentales (por ejemplo, entrevista de trabajo, correo electrónico). Sería un tipo humano sin ninguna de las marcas a las que hice referencia más arriba —y cómo podría si no tiene cuerpo—, no comprendería, por ejemplo, procesos de racialización ni podría experienciar corporalmente el lenguaje; además no tiene historia. Se nos dice que este tipo humano hablaría de manera natural y fluida, conversaría sin problema (principalmente de manera cortés) y no sonaría «robótico», características que apuntarían a una supuesta competencia comunicativa humana típica/normal/universal/ideal que se busca simular. Como sostienen Payne et al. (2024), todo esto contribuiría a «perpetuate and maintain harmful raciolinguistic ideologies that result in language discrimination» al no representar a hablantes minorizados, reforzar un tipo de hablante y lenguas hegemónicas y, podríamos agregar, imponer un modelo capacitista (incluso «saludable») de la comunicación.
Mientras la IA busca cerrar la extensión del humano comunicador al que buscan simular y de la competencia que este debería poseer, los tipos de comunicadores humanos reales y sus prácticas comunicativas son más ricas, sutiles y complejas y están lejos de agotarse con el tipo plano que promueve la IA. Acá pongo ejemplos radicalmente diferentes para mostrar el tipo de humanidad que la IA deja fuera (pues en sociolingüística, para ilustrar la exclusión, solemos concentrarnos en hablantes de variedades deslegitimadas o no estándar): pacientes con laringe artificial que suenan robóticos, niños con «trastornos» del habla; hablantes bilingües que despliegan diferentes formas de hibridez lingüística que desafían la mirada monoglósica y que no caben en una visión fraccionaria del bilingüismo (no se trata de que en algún momento la IA pueda translenguar, se trata de si comprenderá lo que eso significa); sujetos sordociegos quienes crean un modo de comunicación sobre la base del tacto (protáctil), tocando las manos del otro, con el cuerpo como medio de comunicación (Edwards 2024); los señantes de las lenguas de señas (pues no existe una sola) en la que las manos y el propio cuerpo se despliegan para producir la comunicación por un medio visual (y acá aprovechemos de recordar que toda comunicación es multimodal); hasta los sujetos alinguales con discapacidades congénitas sin capacidad verbal que dependen de otro para producir significado, donde destacan la ética y responsabilidad en la comunicación de las y los otros (Kulick 2022). Estos son solo algunos pocos ejemplos que nos permiten afirmar que hay más realidades sociolingüísticas, tipos de sujetos humanos comunicadores y, por lo tanto, formas de sociabilidad a través del lenguaje que la tecnología de la IA puede imaginar7. En tiempos en que la sociolingüística ha logrado desmontar la idea de competencia lingüística para demostrar su carácter colonial, homogeneizante, capacitista, racializante, que sobrerrepresenta a un tipo de humano particular y que no permite legitimar a otros tipos y prácticas comunicativas (e.g., Flores y Rosa 2023), la IA viene a reponer, precisamente, aquella noción de competencia ya superada.
IX
Descriptions of new technology, including metaphorical ones, guide …
the public’s understanding of new technology;
they also inform applications of this new technology.
They tell us what the technology is for and
what it can be expected to do.
En este breve ensayo he tratado de dar cuenta de la manera en que las descripciones que la IA hace de sus llamados bots conversacionales y de lo que estos hacen ponen en tensión la referencia de, entre otros, términos tales como hablante, hablar, conversar/comunicarse, y humano, parte del acervo del lenguaje común y también de disciplinas como la sociolingüística. He partido de la premisa de que el uso de estos términos por parte de la IA no es inocente y que, de hecho, nos enfrentamos a un momento de disputa por el significado. He descrito lo que para muchos puede parecer obvio, a saber, que los bots no pueden ser considerados sujetos hablantes-oyentes; son entidades ontológicamente diferentes, son inconmensurables. También he tratado de mostrar que, por esto, los bots no pueden conversar/comunicarse, pues no tienen conciencia de estar participando de un evento comunicativo, como la tiene un sujeto hablante-oyente, y solo producen series de palabras más que ancladas a un contexto, dependientes de una probabilidad estadística de ocurrencia. Finalmente, me he referido al tipo humano no definido explícitamente pero que es posible inferir al cual los bots pretenden simular: extremadamente simplificado, un tipo de hablante hegemónico mediante lo cual se borra la diversidad de sujetos hablantes-oyentes y, por lo tanto, de prácticas comunicativas; esta falta de reconocimiento (re)crea desigualdades sociales. También he mostrado cómo las significaciones de la IA son extremadamente simplistas en cada caso o, como en el caso de humano, simplemente, no se explicitan.
El uso de los términos que he discutido no es inocente, pues detrás de todo esto están los gigantes tecnológicos y sus intereses, i.e. son términos que buscan ser privatizados, bajo control corporativo, con el fin de enmarcar el discurso (qué es la IA) y generar, en última instancia, ganancia y control. Mediante la apropiación de estos términos, la IA busca imponer su propia «ideología de la comunicación» (Spitzmüller 2022) —una serie de valores y creencias en torno a la comunicación humana y las y los hablantes insertas en las prácticas de los bots y reproducidas por ellas y que, a su vez, enmarcan la percepción de los textos producidos por los bots. Los bots (sus desarrolladores), igualmente, mediante el despliegue de esta terminología, materializan ontologías de la lengua —qué es, cómo funciona, qué son las y los hablantes— convirtiéndose así en creadores de un conocimiento lingüístico (Deumert et al. 2022) funcional a sus intereses. A través de la apropiación de estos términos, la IA busca construir un orden de visibilidad sociolingüístico particular (Kerfoot y Hyltensatm 2017) a su servicio donde su uso del lenguaje se presenta como representativo e ideal, borrando la pluralidad de órdenes sociolingüísticos humanos existentes. Todo este despliegue de la IA, creo, no está muy lejos de constituir un disciplinamiento semiótico, de control de la producción de sentido.
No quiero pretender con este ensayo que la propiedad absoluta de los términos y sus significados la tiene la sociolingüística (la que, además, a través de su historia, también ha contribuido a la creación de injusticias). Más bien, como indiqué al inicio, hablo desde esa posición profesional, sin duda con sus sesgos, pero también con sus aportes para la discusión pública. Personalmente, creo que debemos sentirnos interpelados por la IA, forzados a tomar un lugar, como sociolingüistas críticos. En este sentido, parte de nuestra labor consiste en resistir frente a mecanismos que «trabajan para imponer … un orden unilateral e infundado de las cosas» (Sadin 2020: 124) mediante el uso de una lengua privatizada resignificada. Nos corresponde recuperar los signos, nuestra(s) lengua(s), contraponer a las pobres simulaciones ofertadas con propósitos comerciales la rica y variada experiencia vivida del lenguaje de la que, como sociolingüistas, podemos dar cuenta, aquella «experiencia lingüística personal» (Pablé 2025: 1) y colectiva anclada a contextos específicos «donde lo humano [en toda su variedad] no solo se expresa, sino que se constituye» (Herrera 2026: s.p.) en la creación conjunta de significado.
Fuentes citadas
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1 Pensemos en la expresión «La IA redefine (el empleo, la educación, el trabajo, etc.)». Pensemos también en el lenguaje del neoliberalismo y sus redefiniciones (e.g., los trabajadores son «colaboradores»).
2 Al observar esta lengua del imperio tecnológico, tal vez podríamos también volver a la LTI, la lengua del tercer reich descrita por Klemperer (2021).
3 «… el enunciado se construye en […] función de los efectos que espera producir» (del Valle 2024: 41).
4 El término sujeto hablante-oyente lo tomo de del Valle (2024) y complementa/completa la aproximación centrada en el «sujeto hablante».
5 Underground Inner Thinking: A RAMM:∑LL:Z∑∑ reader. «Culture is the Most Fertilized Substance», Edit DeAk, Artforum, mayo de 1983.
6 El término «loro» para describir la práctica de emitir palabras sin entenderlas no es nuevo en el caso humano. Paul Johann Anselm von Feuerbach decía de la forma de comunicarse del joven Kaspar Hauser que «Con estas frases formulares, vale decir «ser jinete», etc., no relacionaba él, como se supo más tarde, ningún sentido en especial; no eran más que sonidos memorizados como un loro …» (2021: 22). Pero tal vez debamos buscar mejores metáforas para expresar la idea de que los chatbots solo producen palabras —sin entender, por ejemplo, la función pragmática de ellas—, pues los loritos son más complejos que la caricatura que hemos creado de ellos (ver, por ejemplo, «De lo que hablan los loros» de Vinciane Despret).
7 A la discusión también debemos traer a colación el hecho de que mientras la IA busca simular humanos, su propio desarrollo pone en peligro las condiciones ambientales para la existencia de los humanos reales a los que pretende imitar.
