A principios del siglo XVII, un grupo de poetas nacidos en la península Ibérica o en territorio americano, residentes en el remoto y extendido virreinato del Perú, formaron la Academia Antártica. No sabemos si sus miembros llegaron, en efecto, a reunirse a la usanza renacentista en casa de algún señor notable o si acaso fueron solamente una asociación virtual. Lo cierto es que se reconocían por el uso de un lenguaje poético común italianizante y por su pertenencia al hemisferio sur del mundo. Además, los escritores «antárticos» ostentaban el valor de su experiencia local y sus saberes de baquianos. En última instancia, escribían con la conciencia de hacerlo desde un nuevo lugar de enunciación, producto de la expansión imperial española, y de ser poseedores de un capital simbólico y económico que los diferenciaba de sus pares en Europa.
El fragmento glotopolítico que editamos pertenece a la pluma de uno de los miembros de ese grupo antártico: Diego Dávalos y Figueroa, andaluz, nacido en Écija hacia 1552 y residente en el Perú desde la década de 1570. Se estableció como minero en la zona de Charcas (actual Bolivia), fue señor de una encomienda, beneficiario del tributo laboral de los indios y autor de la Miscelánea austral, cuya primera parte se imprimió en Lima en 1602. Se trata de un extenso libro de coloquios filosóficos y un arte de amar que combina la prosa humanista con la poesía petrarquista y la emblemática, estructurado en 44 largas sesiones de conversación entre los esposos Delio y Cilena. Alicia Colombí-Monguió (1985) ha sabido notar que la poética amorosa de Dávalos se aplicaba solo a los europeos, a diferencia del poema La Araucana de Alonso de Ercilla, publicado un par de décadas antes, famoso por sus episodios amorosos entre indígenas. Dávalos no ocultó su disgusto por la intromisión en la poesía culta de mujeres indias, que él veía como sujetos coloniales, ajenos a su lenguaje poético. Sin embargo, reconoce que en su lengua cotidiana se habían ya instalado numerosos vocablos indígenas, «como si fueran naturales nuestros», según podemos leer en el fragmento aquí editado.
Aunque los aspectos literarios de esta Miscelánea han merecido ya varios estudios, pocas páginas se han dedicado a las ideas lingüísticas de Dávalos (Cisneros 1952). Mención aparte merece el estudio de Rodolfo Cerrón Palomino, incluido en su libro Castellano andino: aspectos sociolingüísticos, pedagógicos y gramaticales (2003: 121-133), en el cual comenta en extenso este fragmento de la Miscelánea desde la perspectiva de la actual lingüística andina. Cerrón Palomino destaca tres áreas de reflexión en Dávalos: las etimologías, la lexicalización y los préstamos lingüísticos; y evalúa sus aseveraciones, de acuerdo con el conocimiento científico actual. En el camino, el estudio deja algunas consideraciones sobre los tópicos de «naturaleza ideolingüística», como «el viejo prejuicio glotocéntrico de la supuesta pobreza léxica y gramatical de los idiomas amerindios» (130).
Dávalos registra varios quechuismos en castellano, así como hispanismos en la lengua quechua (quichua, en el texto). Estos «préstamos», por supuesto, no se hacen dentro de una economía lingüística equitativa. Dávalos enumera múltiples palabras del quechua que estaban plenamente integradas en el habla de los españoles radicados o nacidos en América (el «nosotros» del texto). La mayoría de ese léxico, excepto chácara, huaico y pampa, perdió su uso en castellano durante los procesos de modernización y urbanización del siglo XIX. Por el contrario, los castellanismos integrados al quechua recogidos por Dávalos siguen vigentes hasta el día de hoy, según explica Cerrón Palomino (131-132).
El carácter glotopolítico de este texto, como sucede en muchos otros del período, no se expone explícitamente. Aparece implicado en las jerarquías sociales y morales del orden colonial y en el mismo poder del castellano como metalengua, utilizada para explicar el funcionamiento diferenciado de las lenguas europeas frente a las amerindias, insuficientes e infantiles, comparadas con la madurez (y virilidad) del castellano. Sin embargo, el texto muestra las contradicciones o limitaciones de su propia metalengua, porque, por un lado, el latín también tenía, como las lenguas americanas, etimologías onomatopéyicas «de poca curiosidad y artificio»; y por otro lado, el quechua empleaba operaciones sofisticadas, de tipo poético, para acomodar su léxico a los conceptos y objetos nuevos traídos por los españoles, como el vocablo quispi, «cosa transparente o resplandeciente» para nombrar al vidrio «usando de metáfora», según nos explica Delio.
[Fragmento del] Coloquio XXVIII en que continuando las etimologías de reinos, ciudades y otros nombres, se dan las denominaciones de los elementos y planetas, con algunas que de los indios se hallan de alguna consideración1
[fol. 124r]
Cilena: […] mas decidme (volviendo al primero y no acabado intento), en los nombres que estos indios ponen, ¿tienen alguna etimología o razón?2
Delio: En algunas las tienen, aunque de poca curiosidad y artificio, como en todo lo muestran sus obscuros y limitados ingenios, y aun a los animales y aves no les dan más nombre3 que de aquél a que asimila el sonido de su canto, gemidos, gritos o aullidos, en esta manera: a los pájaros pequeños, por su delicado canto los llaman piscos4; a las perdices yutos5; a la tórtola, cucuri en unas provincias, y en otras corocuto; al martinete llaman guacana6; y a la bandurria (ave grande), así llamada en España, la llaman caquingora; a las ansares, guallatas; a los patos, ñuñumas7; a las palomas llaman en esta provincia urpis8, a otras aves que parescen aves frías9 (a lo menos en el canto) les llaman lequeleques. A los animales llamados guanacos, que son sin duda silvestres carneros, les dieron este nombre por un cierto relincho que tienen que paresce que dice su nombre; y lo mesmo a las vicuñas, ligerísimo animal. Y en la vizcacha es donde esto más se prueba, por el chillido que tiene, que paresce que se nombra a sí mesma. Y así van todos los demás animales, aunque esto no es muestra entera de su barbaridad, pues vemos tales derivaciones en la lengua latina, como del estrépito que hacen los edificios cuando [fol. 124v] se caen, llamar a las caídas ruinas; del retintín de la campana llamarla tintinábulum, y así otros muchos. A los pueblos10 dan los nombres conformes la calidad o señales del sitio que tienen, como sitio de fortaleza, tierra de sal, provincia de piedras, de agua, de oro, de plata, de corales, tierra cenegosa o anegadiza, sitio de quebradas, lugar riscoso, lugar nuevo, lugar viejo, sitio ahumado, y así por este modo van todos los más sin etimología que denote más ingenio.11 Mas, con todo, he notado que en una de las dos lenguas generales que corren por este reino (llamada aymará) llaman marca12 al sitio, provincia o pueblo, nombre que en lengua francesa y en otras significa lo mismo; y no es digno de menos advertencia lo que en la provincia de los Chachapoyas se ve: y es que al caudillo o curaca suyo llaman protho, que en lengua griega quiere decir el primero.
C: También he notado yo otra cosa semejante en la lengua quichua, que es la más general, y es que los niños (y aun los grandes) llaman a su madre mama,13 siendo, como es, pronunciación nuestra en la infancia. Y aún creo, según he oído decir, que es general nombre en las antiguas lenguas en tal edad.
D: Eso tengo yo por cierto, y lo que a eso puedo decir será de mi motivo14; y es no ser otra la causa sino la fácil pronunciación de ese nombre, que no sé si se hallaría otra dicción más apacible y fácil, pues si bien se mira veremos que no ha menester otro artificio o diligencia más que abrir la boca, por lo cual se aplican los niños a tal nombre sin dificultad. Y como estos indios se están en la inocencia de la infancia, quédanse con el mesmo estilo.
C: Razón es esa que no me desagrada, antes me satisface tanto como la interpretación o aplicación que esta gente hace a un verbo nuestro, llamando a lo que está lejos, caro;15 pues, bien mirado, no hay cosa más cara que lo lejos ni más apartada que lo que en caro precio se estima.16 Y lo más de considerar es verles llamar a la ganancia misa,17 que si ellos tuvieran discurso, tuvieran bien que ponderar.18 En todo lo demás son faltos de lenguaje y términos en todas sus lenguas, que son infinitas, aunque una dellas, que es la quichua, tiene sobra de términos en lo que toca a advocarse los hermanos, pues el hermano a otro hermano varón le dice guauqui;19 el varón a la hermana, pana;20 la hermana al hermano, tora;21 y una hermana a otra, ñaña. Y aun los mayores a los menores y los menores a los mayores tienen diferente modo de advocarse, y lo mesmo pasa y se usa en la lengua aymará. De las demás no puedo dar razón, porque, como digo, son muchas, pues no hay provincia por pequeña que sea que no tenga la suya, según afirman los que más desto saben. [fol. 125r]
D: Así es muy cierto, y no menos es lo que dijistes acerca de su cortedad, y sin que esto lo impida, es tan codiciosa la española de abrazar las estrañas22 o nosotros de valernos dellas, que tenemos ya por inseparables algunos vocablos de estas bárbaras, y los usamos como si en la nuestra faltasen mejores términos para aquello mesmo; porque en lugar de charco, laguna, estanque y alberca, decimos cocha,23 y este sirve a todos estos nombres referidos, y en algunos es impropio. Decimos también guasca,24 en lo cual se incluyen soga, cordel o cualquiera otra cuerda; y en lugar de un cestillo o cesto mal formado decimos ysanga,25 chica o grande; y a cualquiera envuelto de ropa o de otra cosa, decimos mayto;26 cualquiera medicamento decimos hámbi;27 y a cualquiera heredad, agora sea de guerta, agora tierra de pan, viñas o otra cualquiera la llamamos chácara. Y a cualquiera quebrada de sierra, cerro o otra alguna, decimos guayco; y al campo llano, pampa, sin otros muchos verbos y nombres de que siempre usamos, como si fueran naturales nuestros.
C: ¿Y cuáles son los que ellos han tomado de nosotros que no me acuerdo de ninguno?
D: Esos son muy pocos, uno de los cuales es perdón y perdonar, porque, aunque tenían vocablo que servía en su lugar, era por rodeo que dice olvida esta culpa, pero ninguno propiamente significaba perdón, de donde se infiere lo poco que ellos usaban de esta virtud y parte divina. También usan por nuestro estilo pedir paga, que también es muestra de que entre ellos no la había, porque ni tenían moneda ni hacían cosa fuera de ser forzados, y a causa de no haberla no tenían vocablo que dijese comprar ni vender, porque todo lo incluyen en randi,28 que quiere decir trocar, cambiar y feriar; porque las ventas que entre ellos había eran ferias de una cosa por otra, como el que tenía maíz lo trocaba por carne y con él compraba las demás cosas que había menester. Lo mesmo hacían los que tenían lana, ropa, ganado y otras cosas semejantes y necesarias para el uso de la vida. Y verifícase así mismo que randi significa trueco en que para trocarse los indios en cualquiera trabajo o oficio que se haya de hacer entre dos no tienen otro término en el trocarse, y en que sirve al que compra como al que vende sin diferencia alguna. Fuera de estos vocablos dicen también yo he menester, aunque rebozado con la suya. Dicen casar y amancebar, y algunos otros en poco número, y así mesmo es a nuestro modo el nombrar todos los nombres propios de las cosas nuestras de que ellos carescían, por lo cual no las saben nombrar en su lengua, si no es alguna usando de metáfora, como a la carta llamándola quilca,29 que quiere decir «pintura» [fol. 125v] o «cosa rayada o señalada»; al vidrio llaman quispi,30 que quiere decir «cosa transparente o resplandesciente», y así otros algunos, por lo cual cuando queremos saber —los que no somos antiguos en este reino— si alguna yerba, planta o otra cosa es natural de esta tierra o traída de España, preguntamos el nombre della y por aquí sacamos lo cierto de nuestra duda. Y porque no la hay en mí de que estaréis cansada, será bien que cese esta materia.
C: Bien me paresce, aunque no sea esa la causa. [Fin del Coloquio XXVIII]
Fuentes citadas
Cerrón Palomino, Rodolfo (2003). Castellano andino. Aspectos sociolingüísticos, pedagógicos y gramaticales. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú y Cooperación Técnica Alemana.
Cisneros, Luis Jaime (1952). «Notas sobre la Miscelánea Austral de Diego Dávalos y Figueroa». Revista Histórica, XIX, 286-327.
Colombí-Monguió, Alicia (1985). Petrarquismo peruano: Diego Dávalos y Figueroa y la poesía de la Miscelánea austral. Londres: Támesis.
Dávalos y Figueroa, Diego (1602). Primera parte de la Miscelánea austral. Lima: Antonio Ricardo.
Diccionario de Autoridades (1734). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: RAE.
Domingo de Santo Tomás (1560). Lexicón o vocabulario de la lengua general del Perú. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.
1 Criterios de esta transcripción: regularizo la escritura según las normas modernas, excepto en las voces americanas y en todo aquello que podría revelar alguna particularidad en el uso de la lengua castellana de la época y región, más allá de las inconsistencias de la tipografía, por ejemplo, en el grupo consonántico «sc», que respeto. Modernizo la puntuación y el uso de las mayúsculas. Todo agregado del editor va entre corchetes. Para la presente transcripción he trabajado con ejemplares de la Biblioteca del Museo Británico y John Carter Brown Library.
2 Nota impresa en el margen derecho: «Etimologías de los indios».
3 Nota impresa en el margen derecho: «De aves».
4 pisco: «paxaro generalmente» (Lexicón).
5 yuto: «codorniz, ave», «perdiz, ave conoscida» (Lexicón).
6 Nota impresa en el margen derecho: «Etimologías de animales».
7 ñuñuma: «pato, ansare doméstica» (Lexicón).
8 urpay o urpi: «paloma o tortola» (Lexicón).
9 aves frías: «Especie de paloma campesina y casi de su tamaño, blanco el pecho y las alas y espaldas verdinegras, y en los encuentros unas manchas que tiran a rojo: en la cabeza un copete de plumas, y el pico ancho. Anda siempre en parajes sombríos y en valles muy húmedos y aguanosos» (Diccionario de Autoridades).
10 Nota impresa en el margen izquierdo: «Etimología de pueblos».
11 Nota impresa en margen izquierdo: «Similitud de la lengua de este reino a otras el mundo».
12 marca: «comarca o pueblo» (Lexicón).
13 mama: «madre generalmente, o señora» (Lexicón).
14 La frase adverbial de su motivo significa «con resolución o intención libre y voluntaria». Aquí parece significar «de su volunta» o «por su propio dictamen» (Diccionario de Autoridades, ver también voluntad).
15 caro: «lexos» (Lexicón).
16 Nota impresa en margen izquierdo: «Caro lejos».
17 En el Lexicón aparece la entrada «missani.gui o attini.gui», «ganar en juego».
18 Nota impresa en el margen izquierdo: «Misa ganancia».
19 Parece errata por guaqui: «hermano».
20 pana o pani: «hermana como quiera» o «prima hija de hermano o hermana de padre» (Lexicón).
21 tora o tori: «hermano dice la mujer» (Lexicón).
22 Nota impresa en el margen derecho: «Vocablos de los indios rescibidos en la lengua española».
23 cocha: «mar o estanque de agua generalmente» (Lexicón).
24 guasca o guacora: «soga o cordel generalmente» (Lexicón).
25 ysanga: «espuerta o cesta generalmente» (Lexicón).
26 maytosca: «manojo o hato de cosas menudas» (Lexicón).
27 hambi: «emplasto o medicina generalmente» (Lexicón).
28 randini.gui o ranani.gui: «compar o vender algo» (Lexicón).
29 quillca: «letra, o carta mensajera», «libro o papel generalmente» (Lexicón).
30 quispiçapa: «cosa transparente» (Lexicón).
