¿«Unidad en la diversidad»? La reconfiguración del panhispanismo en la era de la inteligencia artificial

María Florencia Rizzo y Agostina Iglesias Sánchez

En las últimas décadas, la expansión de tecnologías basadas en inteligencia artificial ha transformado profundamente las prácticas comunicativas, tanto digitales como offline, modificando no solo las formas lingüísticas, sino también las condiciones sociales de su uso. La integración masiva de estos desarrollos tecnológicos en la vida cotidiana plantea preguntas fundamentales desde la mirada glotopolítica acerca de las implicancias que la regulación en el campo de la inteligencia artificial tiene para las lenguas y, en particular, para el español, sus variedades y su vinculación con otras lenguas. Estas cuestiones resultan especialmente relevantes en relación con procesos de homogeneización lingüística y desplazamiento de variedades no hegemónicas.

El avance tecnológico se concentra en un conjunto acotado de empresas localizadas por lo general en países de habla inglesa con posiciones de poder a escala global. Los equipos a cargo de estas producciones comparten valores y visiones de mundo similares, que se plasman en el diseño y en los datos de los productos que generan (UNESCO 2023). A la vez, dentro del ecosistema digital, el inglés constituye el modelo de referencia para la mayoría de los desarrollos de inteligencia artificial, que son entrenados con corpus o datasets principalmente en esta lengua. Cuando estos modelos se trasladan a otras lenguas, los resultados suelen ser menos precisos y más artificiales, lo que profundiza asimetrías lingüísticas existentes.

En consonancia con ideales de eficacia comunicativa y reducción de costos propios de la lógica empresarial, se observa una tendencia general hacia la búsqueda de uniformización y simplificación de los modos de decir en distintos ámbitos sociales (Arnoux 2020), entre ellos, en el campo de las tecnologías digitales del lenguaje. Así, por ejemplo, los grandes modelos de lenguaje refuerzan la construcción de lenguas como sistemas monolíticos, monolingües y sintácticamente estandarizados (Schneider 2024). En este contexto, la regulación discursiva orientada a la expansión del español como lengua global ha sido, en los últimos años, un área de especial interés para los agentes que llevan adelante la política lingüística panhispánica (Iglesias Sánchez 2025, Lauria y Rizzo en prensa). En el ámbito de la inteligencia artificial, la iniciativa más importante hasta el momento es el proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA), presentado por la Real Academia Española (RAE) en el año 2019, con el propósito de «enseñar a las máquinas a hablar un correcto español».

Teniendo en cuenta este panorama esbozado brevemente y considerando la condición pluricéntrica del español, una lengua hablada a lo largo de un extenso territorio y en contacto con otras lenguas cuya regulación histórica a nivel área idiomática ha estado a cargo de una institución normativa centenaria, planteamos las siguientes preguntas: ¿qué lugar ocupa la diversidad lingüística en el proyecto académico sobre inteligencia artificial?, ¿cómo se articula la política panhispánica, que supone la gestión compartida del español en toda la comunidad hispanohablante, con la agenda actual que lidera este proyecto?

Acerca de LEIA

En los últimos años, la RAE ha intensificado su intervención en el ámbito de las tecnologías del lenguaje y la inteligencia artificial. Su direccionamiento hacia este campo de acción alcanzó su apogeo en 2019, al lanzar el proyecto LEIA. En su programa, LEIA declara como objetivos «la defensa, proyección y buen uso de la lengua española en el universo digital y, especialmente, en el ámbito de la inteligencia artificial y las tecnologías actuales» (RAE 2019). Al mismo tiempo, supone aprovechar las «bondades» de la inteligencia artificial para promover un «uso correcto» del español en las personas. Para alcanzar tales fines, la institución ha precisado establecer relaciones estratégicas con nuevos actores de regulación de la lengua que faciliten su acceso al mundo digital.

En una primera instancia, se realizó una apuesta troncal en la nueva etapa de proyección institucional al establecer alianzas con algunas de las principales empresas tecnológicas a nivel mundial. En esta dirección, la Academia formalizó acuerdos de colaboración con Amazon, Google, Facebook (Meta), Microsoft, Telefónica y X (exTwitter). Tal orientación se consolidó en los años siguientes mediante la integración progresiva de los instrumentos lingüísticos académicos en desarrollos tecnológicos, a través de acuerdos bilaterales con empresas del sector. Así, se formalizaron colaboraciones con Telefónica (2020), Microsoft (2021), Amazon Web Services (2022) y Google (2023), marcando un nuevo rumbo en su labor normativa hacia el entorno digital en español y evidenciando una estrategia sostenida de inserción de la autoridad lingüística académica en infraestructuras tecnológicas de alcance masivo y global.

La segunda fase consistió en la creación de sus propias herramientas lingüísticas basadas en inteligencia artificial. Para ello, se incorporó en 2022 a Asunción Gómez Pérez, especialista en IA, como miembro de número de la institución y líder del desarrollo institucional en este campo. Además, la RAE contó con el apoyo de un actor crucial para su propósito: el Estado español. Así, LEIA quedó incorporado a la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), una de las propuestas fundamentales de la Agenda España Digital 2025. En ese marco, adquirió un carácter estratégico para el desarrollo nacional y se vinculó también a otros programas de digitalización clave para el posicionamiento internacional como el denominado «Nueva Economía de la Lengua», perteneciente a los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE). Esta iniciativa, descrita como de «alto valor estratégico», propone movilizar inversiones públicas y privadas a fin de «maximizar el valor del español y las lenguas cooficiales» en la escena internacional y favorecer la transición de la población española hacia una economía digital. Para lograrlo, cuenta con el financiamiento de la Unión Europea, por medio de los fondos NextGenerationEU, y del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública del Gobierno de España, a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (elemento principal de NextGenerationEU).

Es en ese contexto que en julio de 2022, a través del Real Decreto 632/2022, se asignó a la Academia la concesión de una subvención directa de 5.000.000 de euros para el desarrollo de LEIA. De acuerdo al documento oficial:

Las sinergias entre la Real Academia Española (RAE) y la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial (SEDIA) […] convierten a este proyecto en el más idóneo para desarrollar las herramientas, tecnologías y aplicaciones para la proyección y uso de la lengua española en los ámbitos de aplicación de la IA, por lo que se justifica la concesión de una subvención directa para permitir que pueda conseguir dichos fines (Real Decreto 632/2022).

Tales acciones ponen en evidencia la vinculación de la RAE con otros actores cuyas motivaciones exceden el plano lingüístico y refuerzan, tanto institucional como financieramente, el papel de la Academia no solo en el desarrollo de tecnologías lingüísticas que regulan el uso de la lengua sino también en la articulación de una política pública del español para todo el entorno digital.

Unidad sobre diversidad: dialectos digitales, amenaza de fragmentación y posicionamiento institucional

El afianzamiento del tópico de la inteligencia artificial en los discursos institucionales de la RAE, y en particular de su director Santiago Muñoz Machado, se ha consolidado al punto de volverse un objeto discursivo protagonista en su enunciación. Los contextos en que emerge la necesidad de regulación de la inteligencia artificial por parte de la Academia son múltiples y variados; no obstante, las estrategias discursivas empleadas redundan en dos argumentos: el peligro que suscita el avance de la inteligencia artificial para la unidad del español y la necesidad de garantizar la diversidad en su representación.

«Unidad en la diversidad» se ha establecido como el ideologema central en la matriz discursiva del panhispanismo y numerosos trabajos han señalado sus limitaciones (entre otros, Lauria y López García 2009, del Valle 2014, Rizzo 2014, Arnoux 2020, Lagares 2021). Sin embargo, esta construcción asume una configuración diferente en la que Muñoz Machado define como una «nueva era» para el trabajo de la RAE. En primer lugar, el dominio del componente «unidad» por sobre el segundo elemento se exterioriza de manera explícita y como factor innegociable ante el devenir lingüístico y discursivo del español en la inteligencia artificial. Por su parte, la diversidad, anteriormente priorizada en el discurso, se construye ya no como una característica ineludible de la lengua en uso, sino como un valor en extinción en el plano digital, cuya permanencia solo puede ser garantizada a través del empleo de los materiales de la RAE en la configuración de las tecnologías de procesamiento de lenguaje natural.

Ahora bien, ¿qué amenaza supondría para la unidad del español una tecnología que se fundamenta en la expansión masiva y globalizada de formas simplificadas y estandarizadas del lenguaje? De acuerdo al discurso institucional, esta característica reproductiva de la inteligencia artificial puede ser un factor de progreso y proyección para el español, y en particular para los mercados lingüísticos globales, solo si está bajo el dominio de la que el Gobierno español define como «única entidad con capacidad y competencia suficientes» (Real Decreto 632/2022, BOE, 2022) para tal objeto. De lo contrario, la presunta unidad de la lengua se vería amenazada y la labor realizada por la institución en sus más de 300 años de ejercicio para procurar una «comunidad discursiva panhispánica» sería anulada. En palabras de Muñoz Machado:

El impacto de la inteligencia artificial sobre el lenguaje se ha convertido necesariamente en uno de los argumentos más recurrentes en todos los foros. En las Academias de la Lengua hemos abordado la recepción de esta tecnología de dos maneras: por una parte, utilizándola para mejorar nuestros trabajos y servicios, y por otra, preocupándonos de evitar que la inteligencia artificial dañe la unidad de la lengua o genere dialectos digitales impuestos por cada una de las corporaciones globales que la emplean. (Muñoz Machado 2025)1

Como el fragmento pone en evidencia, la indeseada fragmentación de la unidad del español está directamente vinculada con la emergencia de «dialectos digitales». Esta expresión, presente en diversos discursos referidos a la inteligencia artificial en español, ha sido definida por la institución como un tipo de «sesgo lingüístico» que posibilita el empleo de ciertas «jergas o particularismos lingüísticos» desconocidos o incorrectos resultantes de las normas establecidas por los programadores, percibidos como «nuevos reguladores lingüísticos». Tales normas pueden prevalecer por sobre las fijadas por la RAE, autodefinida como «regulador general», y concluir en lo que la institución considera como una «mala utilización gramatical o léxica de nuestro idioma» o incluso, lo que se expone como un riesgo mayor, en «lenguajes derivados» (Muñoz Machado 2023a: 545) que los humanos no sean capaces de comprender y requieran de una traducción por parte de las máquinas.

Dada la condición pluricéntrica del español, resulta llamativo el hincapié en las formas de incorrección que se propone, lo que despierta, necesariamente, inquietudes acerca de la definición de ese «uso correcto» y los actores que se establecen como sus legítimos poseedores. Este interrogante cobra aún más relevancia considerando el segundo argumento que prevalece en los discursos sobre regulación del español en la inteligencia artificial: la necesidad de garantizar la diversidad. En los mismos discursos de la Academia que sostienen la corrección, se cuestiona la priorización tecnológica de formas estandarizadas de un territorio sobre otras, lo cual se traduce en la falta de representación de todas las variedades del español en el plano digital:

Entre las diferentes causas de la aparición de sesgos en la Inteligencia artificial es más probable que procedan de los Big Data. Los grandes Corpus ya existentes en cualquier lengua han sido compendiados en la mayor parte de los casos mediante procedimientos automatizados en los que no se incluyen instrumentos capaces de detectarlos. Puede haber discriminaciones geográficas debido a que las bases de datos hayan atendido al lenguaje común de una parte del mundo, hispanohablante en nuestro caso, olvidándose aquellas se han preparado en España, el léxico y las expresiones americanas. Para luchar contra ello la fórmula más adecuada es la utilización de corpus lingüísticos bien marcados en los que se haya depurado cualquier sesgo […]. (Muñoz Machado 2023a: 546)

En vistas a la uniformización lingüística, la RAE propone sus corpus como respuesta, describiéndolos como «bien marcados» y libres de sesgos. No obstante, esta declaración merece algunas críticas. Por un lado, como se ha señalado en numerosos estudios previos (entre otros, Lauria y López García 2009, Del Valle y Villa 2012, Arnoux 2014, Moskowitz y Rodríguez Barcia 2017, Iglesias Sánchez 2025), la representatividad de las variedades del español en los instrumentos lingüísticos de la Academia, si bien ha mejorado en proporciones, todavía hoy se mantiene marginal en relación con el número de hablantes, valor que la institución exalta al afirmar su legitimidad. Por el otro, las herramientas de inteligencia artificial desarrolladas dentro de LEIA para garantizar esa diversidad son, al menos hasta la actualidad, bastante precarias en relación con los otros acuerdos y aplicativos que propone el proyecto.

En la presentación de las herramientas realizada el 6 de noviembre de 2025 (RAE Informa 2025), se mencionaron dos dispositivos destinados a componer una «radiografía de la diversidad de nuestra lengua»: un observatorio de palabras dedicado a detectar automáticamente y a diario «neologismos, derivados, tecnicismos, regionalismos y extranjerismos, así como nuevos usos de palabras» que no estén registrados en el DLE (Diccionario de la Lengua Española) y una sección interactiva en la que los ciudadanos aporten información lingüística sobre las diferentes variedades de la lengua.

En el observatorio, se establece que las fuentes de las cuales se obtendrán estas palabras y expresiones serán escritas y prefijadas por la RAE. Este aplicativo busca detectar la novedad léxica que, según declaran sus creadores, estará supeditada al criterio de los lingüistas de la Academia. Así, si consideran de interés una palabra, podrán publicarla. Por otro lado, en relación al sistema interactivo de recopilación de «material basado en la diversidad», se propone una aplicación de juegos y retos que pretende el aporte voluntario de información lingüística, tanto escrita como oral, por parte de los hablantes del español en distintas áreas geográficas. Este experimento, cuyo posterior mecanismo de tratamiento de los datos recopilados no ha sido transparentado aún, propone preguntas al usuario del estilo «¿Cómo se llama un determinado objeto? ¿Cómo se pronuncia una palabra? ¿Cómo la escribirían?». Para su configuración, la RAE ha organizado distintas «maratones de datos»: la primera, con objeto de facilitar el mecanismo de aprendizaje automático y afinar las respuestas del sistema, solicitaba a expertos en la lengua (284 estudiantes y profesores de filología hispánica de universidades españolas y latinoamericanas) que clasifiquen consultas lingüísticas de forma voluntaria, proponiendo como incentivo el sorteo de dos ejemplares del DLE; luego, se realizó otra con el objetivo de «recopilar las variedades del español», que convocó a escolares pertenecientes únicamente a la península ibérica, pese a que la actividad también contó con una modalidad virtual.

La propuesta de esta última herramienta de LEIA, que recurre a la participación ciudadana para la recolección masiva de corpus lingüístico y el testeo de las aplicaciones del proyecto, invita a hacer algunas observaciones. Para comenzar, la recopilación de datos sobre el español de distintas áreas geográficas queda supeditada a la voluntad de los hispanohablantes para realizar tareas de reflexión metalingüística, con el propósito de alcanzar una representatividad que la Academia promete ya estar garantizando. Pero dado el tipo de participación propuesto, la recolección de datos no alcanzaría sistematicidad sino que sería aleatoria, lo que pone en cuestión dicha representatividad geográfica. Además, al menos en el período de prueba de la aplicación diseñada, una de las dos tareas de recopilación se limitó a la contribución de estudiantes de distintas ciudades de España. En este punto, cabe preguntarse cuáles serán las etapas siguientes para escalar la herramienta y así ampliarla a un público masivo distribuido a lo largo del territorio hispanohablante, si es que ese es efectivamente el alcance que se pretende. Todo lo anterior pone en evidencia la persistencia de una visión sesgada de la diversidad lingüística en la institución y un uso estratégico de este tópico en el discurso panhispánico, que se va ajustando y resignificando en función de la coyuntura y de las motivaciones de cada etapa.

Como vemos, la apelación a la participación ciudadana se vuelve un elemento importante en el discurso académico sobre la inteligencia artificial. Este tipo de gestos que invitan a la acción generan un efecto de empoderamiento en los hablantes al concederles la oportunidad de colaborar en proyectos académicos y realizar aportes concretos. Sin embargo, no sabemos qué parte de esa colaboración finalmente la RAE tomará en cuenta ni tampoco quiénes efectivamente la harán. La participación ciudadana se articula, a la vez, con los tópicos de lenguaje claro y accesibilidad, que también han impregnado el discurso del español en la tecnología (Rizzo y Salerno 2025):

De la claridad del lenguaje de la inteligencia artificial, la adaptación a las variedades léxicas y fonéticas del español de América depende que millones de personas puedan acceder a los sistemas que usan las modernas tecnologías. La comprensión de la información es el primero de los derechos fundamentales porque constituye la puerta de entrada del ejercicio de cualquiera de los demás y resulta que uno de los más graves problemas que está acarreando la revolución tecnológica que conlleva la Inteligencia artificial es el riesgo de que se ahonde en la brecha que separa y separa a los mejor formados o a los que disponen de capacidades intelectuales más desarrolladas de las ingentes cantidades de ciudadanos que necesitan un lenguaje más accesible. (Muñoz Machado 2023b)

La necesidad de un lenguaje claro se argumenta en línea con el derecho al acceso a la información y, con él, a la participación ciudadana en distintos ámbitos sociales. En la segunda parte del fragmento citado se construye una representación deficitaria del Otro, caracterizado por capacidades lingüísticas inferiores, tal como ocurre en los discursos sobre el lenguaje claro (Becker 2023). En esta misma dirección se sostiene la necesidad de que la Academia regule las variedades de español —en particular, la presencia de variedades americanas— en los desarrollos de inteligencia artificial. Estas acciones se presentan, tomando la expresión de Lidia Becker, como «regulaciones democratizadoras de la discursividad pública», pero en la práctica creemos que refuerzan el rol dominante de la RAE en el mundo hispanohablante.

Política estatal, agenda europea y panhispanismo

Como señalamos anteriormente, las acciones que está llevando adelante la RAE orientadas a equipar al español para su impulso en el ámbito de la inteligencia artificial se enmarcan en programas del Estado que cuentan, a la vez, con apoyo institucional y económico de la Unión Europea. El propósito es, por un lado, posicionar a España como líder en el desarrollo de inteligencia artificial en español y aprovechar el potencial de esta tecnología para el crecimiento y la modernización nacional; por otro, fortalecer la posición de Europa en el escenario mundial, donde Estados Unidos y China llevan una enorme ventaja en la disputa geopolítica por el dominio de la economía digital, en particular, por el control del procesamiento de datos de las personas tomados de internet, que luego se comercializan como explicaciones algorítmicas de la conducta humana (Scasserra y Martínez Elbi 2021).

En esta dirección, a partir de 2020 se crearon en España organismos específicos: por ejemplo, en enero de ese año se estableció la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial (SEDIA), responsable del diseño de ENIA. Los nuevos organismos acompañaron el desarrollo de una agenda sobre inteligencia artificial y de proyectos destinados a generar corpus y modelos informáticos en las distintas lenguas de España: entre ellos, LEIA para el español y el plan ILENIA (Impulso de las Lenguas en Inteligencia Artificial), que incluye los proyectos AINA para el catalán, GAITU para el euskera, NÓS para el gallego y VIVES para el valenciano. Si bien el PERTE «Nueva economía de la lengua» en el que se inscriben estos programas propone, como se anticipó en apartados anteriores, aprovechar el desarrollo económico, de innovación y de investigación que se genera a partir de la intersección entre la digitalización y la inteligencia artificial, considerando tanto el español como las lenguas cooficiales de España, el foco de interés se encuentra en el español. En consecuencia, la asignación de recursos resulta marcadamente desigual: bajo el argumento cuantitativo de la cantidad de hablantes de español en el mundo y la legitimidad autoadjudicada de la RAE como entidad normativa por excelencia, el proyecto LEIA —y con él, el español— es el principal beneficiario del PERTE (más del 90 % del presupuesto total está asignado a iniciativas que priorizan esta lengua).

Al mismo tiempo, con el fin de asumir un rol más activo como agente de la llamada «economía del futuro», la Unión Europea ha impulsado en los últimos años negociaciones para alcanzar acuerdos de economía digital tendientes a desarrollar servicios tecnológicos que absorban datos del sur global. En palabras de Scasserra y Martínez Elbi (2021: 9), esto implica un «extractivismo digital que acumule una masa crítica de datos que haga que la UE pueda entrar en la contienda global por el poder tecnológico a partir del desarrollo de nuevas tecnologías», lo cual profundiza la desventaja de los países periféricos para el desarrollo soberano de estrategias de industrialización digital. En este marco, el proyecto LEIA que, como vimos, en su etapa actual busca capitalizar datos sobre distintas variedades de español —en especial, americanas—, podría estar contribuyendo a esta línea de acción de la Unión Europea.

Por otro lado, como sabemos, desde hace dos décadas existe una política lingüística panhispánica destinada al conjunto del espacio hispanohablante, que propone una gestión compartida del español por parte de una red conformada por todas las academias de la lengua bajo el liderazgo de la RAE. En este punto, cabe preguntarse qué lugar ocupa el proyecto panhispánico en el discurso sobre el español en la inteligencia artificial, a la luz de las acciones que se vienen llevando adelante en el PERTE que alberga el proyecto LEIA. Por lo pronto, resulta claro que se trata de una política explícita del Estado español respaldada por la Unión Europea, y no panhispánica en los términos planteados más arriba. Esto se evidencia, por ejemplo, en el nivel discursivo: en las presentaciones de Muñoz Machado sobre el tema prácticamente no aparece mencionada la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Sin embargo, al menos en el plano declarativo, el programa «Nueva economía de la lengua» presenta al panhispanismo como uno de los seis principios que lo estructuran. Y es que, desde una perspectiva geoestratégica, al parecer no resulta conveniente prescindir del todo del manto del panhispanismo para el fortalecimiento del español como lengua global y, en este rumbo, de España como puente entre Europa y América Latina. De este modo, el panhispanismo —al que se recurre, por ejemplo, cuando se argumenta la necesidad de recolectar datos de las variedades americanas o cuando se invoca la cantidad de hablantes del español en el mundo para justificar mayor atención presupuestaria— opera como un recurso funcional a una estrategia estatal (y regional) orientada a la proyección del español en el campo de la inteligencia artificial.

A modo de cierre

En este recorrido, intuimos que lo que está en juego para la Academia no es tanto la fragmentación de la unidad del idioma, la emergencia de dialectos que imposibiliten el entendimiento o el acceso a la información que se promulga defender, sino —en articulación con un claro direccionamiento estatal de alcance local, regional e internacional—, su perpetuación como autoridad reguladora ante un cambiante escenario de intervención que tiene a la inteligencia artificial como nuevo espacio de disputa.

La RAE apela al argumento de la representatividad de las variedades del español como bandera para el resguardo de la diversidad; sin embargo, en la práctica lo emplea para la demanda de recursos que le posibiliten sostener su injerencia. Podemos concluir entonces que la política lingüística panhispánica ha adquirido, una vez más, una orientación funcional a los intereses geopolíticos de España, de la Unión Europea en general y de la RAE en particular, movilizando al español como activo crucial en la batalla tecnológica de la contienda global. No obstante, en el «nuevo horizonte» que se perfila para esta política, ya no basta con la renovación de las tradicionales estrategias discursivas sino que se requiere de asociaciones, nuevas incorporaciones y proyecciones que actúen como muro de contención ante una posible erosión de la legitimidad institucional.

Fuentes citadas

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1 En esta cita y en las siguientes los resaltados son propios.