LA HABANA. El multipremiado novelista y periodista cubano Leonardo Padura añadirá la próxima semana otro merecido galardón a su prolífica carrera al ingresar en la Academia Cubana de la Lengua convencido de que “el idioma(…) es un organismo vivo” y “un arma para caracterizar a un personaje y, a la vez, a una cultura”.
Padura (La Habana, 1955), uno de los autores de Cuba de mayor trascendencia en el movimiento literario y editorial de su país y a nivel internacional, es Miembro Honorario de las Academias nacionales de la Lengua Española de Puerto Rico, Panamá y Costa Rica.
Premio Nacional de Literatura 2012 y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, realizará su acto formal de ingreso a esa institución el próximo 26 de noviembre en una ceremonia pública en el Aula Magna de la Universidad San Jerónimo del centro histórico de esta capital, a las 3 de la tarde.
Padura, que publicó este año en lengua española su novela “La transparencia del tiempo” (Tusquets Editores) y recién acaba de recibir en España el Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, concedido por la Consejería de Cultura de Barcelona, leerá en el acto de ingreso su ensayo inédito “Para qué se escribe una novela”.
Este será uno de los pocos actos públicos en que participará en su país durante este año 2018, en el que ha hecho presentaciones y dictado conferencias en países como España, México, Grecia, Estado Unidos, Colombia, Argentina, Chile, República Dominicana y Suiza.
Padura, actualmente el autor cubano de mayor proyección internacional, aunque para los cubanos es difícil conseguir sus obras en las librerías estatales, se caracteriza por una visión crítica de la realidad social reflejada en sus novelas, ensayos y crónicas periodísticas.
El autor de la saga policial del detective Mario Conde y de la novela “El hombre que amaba a los perros”, compartió con Progreso Semanal sus opiniones acerca del papel de la literatura, el uso del idioma y las contribuciones del “habla cubana” a la riqueza lingüística.
¿Para Ud. el idioma se hace de abajo, la calle, hacia arriba (literatura) o a la inversa?
—El idioma es un tablero de ajedrez en el que todas las piezas tienen su valor, todas deciden. Y se hace con el uso, o sea, con el juego sobre ese tablero que es una realidad, una sociedad, una época. Como su principal función es la comunicación, pues en el uso cotidiano el idioma encuentra su sostén, su vitalidad y una vía de crecimiento, pues siempre el tiempo nos enfrenta a circunstancias diferentes que deben bautizarse de alguna manera y, según la validez de ese bautizo, pues se crea otra joya que enriquece al idioma o la lengua.
“Pero en la literatura, o, mejor dicho, en las literaturas, también el idioma encuentra unas formas de enriquecimiento que le dan vida y amplían sus horizontes. La literatura científica, por ejemplo, ha incorporado al idioma decenas de palabras del mundo de la informática en las dos últimas décadas. Mientras, la literatura artística, siempre ha tenido la capacidad de utilizar y validar lo que circula desde otros ámbitos sociales, en especial esa realidad en la que se hace la literatura, y la habilidad para lograr expresar incluso con palabras creadas por el artista las más diversas situaciones o sentimientos. En fin, que el idioma, la lengua, es un organismo vivo y, como tal, precisa de diversas fuentes de alimentación para sostenerse y crecer”.
¿Cómo valoraría su aporte a nuestro idioma a través de su literatura y, especialmente por el de algunos de sus personajes del patio?
“Creo que como en mi literatura hay muchos personajes cubanos que hablan en ‘cubano’, pues si no un aporte —no aspiro a tanto— sí he trabajado en la conciencia de que allá afuera, entre mis contemporáneos de diferentes niveles educacionales y modos de ver y entender la vida, hay una riqueza lingüística sin la cual no es posible expresar esa habla ‘cubana’.
“Creo que somos muchos los escritores que tenemos esa conciencia de que el idioma es un arma para caracterizar a un personaje y, a la vez, a una cultura, y que no hay lengua “baja” o “alta”, sino expresiones altas o bajas. Con las palabras más rebuscadas se puede expresar lo más grosero. Con palabras llanas, lo más elevado. Y tanto a unas como a las otras palabras debe acudir el escritor según sus intenciones de cada momento. Discriminar palabras no es nuestro papel. Saber usarlas es saber escribir”.
Entre las obras de Padura (nacido en el barrio de Mantilla, provincia de Habana) y considerado un maestro de la “novela negra”, destacan “Vientos de cuaresma”, “Pasado perfecto”, “Máscaras”, “Paisaje de otoño”, “Adiós Hemingway”, “Fiebre de caballos” y la muy solicitada “El hombre que amaba los perros”.
El autor cree que una de las claves de su éxito es “ser trabajador y empecinado”. Esa característica lo ha hecho merecedor, desde la década de 1990 del siglo pasado, de premios como UNEAC (1993), Café Gijón (1995), Dashiell Hammett (1998), de Periodismo Cultural José A. Fernández Castro (2005), y de la Crítica Literaria y Roger Caillois en el 2011, además de los ya citados.
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