Victor Klemperer: Catedrático en tiempos adversos

Georg Kremnitz

La vida de Victor Klemperer sufrió varios cambios de rumbo, algunos por decisión propia, los demás impuestos por la historia del siglo en que vivió. Hoy es conocido sobre todo por textos que en un principio no destinó a publicación, mientras que sus opciones políticas son fruto de sus experiencias vividas. Por eso, pienso que una presentación de su persona tiene que comenzar por un esbozo biográfico, para intentar después una aproximación a su obra más conocida: LTI (Klemperer, 1947), hasta terminar con unas consideraciones sobre sus escritos autobiográficos y en especial sobre sus diarios. No trataré sus textos de historia literaria1 ni los artículos periodísticos publicados aproximadamente hasta 1910, ni tampoco su tesis doctoral de 1913.

Breve esbozo biográfico2

Victor Klemperer nace el 9 de octubre de 1881 en Landsberg an der Warthe —actual Gorzów Wielkopolski, ciudad que hoy está cerca de la frontera oriental de Alemania—, como último hijo de un rabino en una familia judía en busca de la asimilación. El conocido director de orquesta Otto Klemperer (1885-1973) es su primo; su hermano mayor Georg (1865-1946), que lo sostiene materialmente durante muchos años, es médico de gran reputación, uno de los que trataron a Lenin en los últimos años de su vida. En 1891 la familia se muda a Berlín, donde su padre es segundo predicador de la comunidad reformada. El hijo no sigue una carrera escolar rectilínea, pero en 1902 empieza estudios de Germanística y Romanística en Múnich, que no termina. En 1903 entra a la Iglesia protestante por razones de asimilación. En 1906 se casa, contra la voluntad de la familia, con Eva Schlemmer (1882-1951), música y pintora. En esos años vive como periodista y autor independiente en Berlín. Escribe varios libros, más que nada biográficos. En 1912 por fin, al ver que esta existencia es algo precaria y en parte siguiendo los consejos familiares, en particular de su hermano Georg, se muda a Múnich y reinicia su educación.

Esta vez termina los estudios rápidamente con su tesis doctoral en Germanística en 1913, y al año siguiente obtiene el título posdoctoral de habilitation en Filología Románica con un trabajo sobre Montesquieu.3 Su mentor es —durante toda la vida— Karl Vossler (1872-1949), el más destacado representante de la lingüística o filología idealista. Vossler funda esta orientación con un volumen publicado en 1904 en Heidelberg: Positivismus und Idealismus in der Sprachwissenschaft: Eine sprachphilosophische Untersuchung (Positivismo e idealismo en la lingüística: Un estudio en filosofía del lenguaje). Se encuentra bajo la influencia de su amigo, el filósofo italiano Benedetto Croce. Para ambos, el lenguaje es una forma de expresión de la estética. Vossler da gran importancia a los elementos individuales en la evolución del lenguaje. Por eso concluye que las evoluciones lingüísticas reproducen parcialmente las características de los locutores (es decir, de los pueblos). Dice: «Lingüística, en el sentido puro de la palabra, es únicamente la estilística. Pero ésta pertenece a la estética. La lingüística es historia del arte».4

Desde luego que esta concepción se interesa también por la literatura, y en la segunda parte de su vida Vossler trabaja casi por completo en este campo, mientras que huye de la lingüística. Por eso, sus discípulos son, los unos, lingüistas, y los otros, especialistas en literatura. Pero Vossler se interesa tan solo por la lengua estándar y la literatura mayor; la variación lingüística y la palabra espontánea no le preocupan. En este campo Klemperer innovará al interior del grupo, ya que se ocupa también de literatura «trivial» en sus obras, cosa que le atrae críticas acerbas de su maestro y muchos otros.

Es significativo que Klemperer se inscriba en esta corriente, opuesta a la de los lingüistas conocidos como neogramáticos, la más importante en aquel tiempo. Es un indicio adicional de su voluntad de integrarse en la comunidad alemana y de alejarse de la herencia judía de la familia. Esta carrera relativamente rápida hace que Klemperer carezca de saber lingüístico y metodológico, déficit que le preocupará durante toda su vida. En 1914, Vossler le procura un lectorado en Nápoles, donde enseña Benedetto Croce. A partir de noviembre de 1915, Klemperer es llamado a filas a finales de la guerra como censor militar.5

Desde hace unos pocos años conocemos mejor un episodio de su vida: su presencia en el Múnich revolucionario de 1918 a 1919 y los artículos que envió al diario nacional-conservador Leipziger Neueste Nachrichten como corresponsal particular. Estos textos, una parte de los cuales nunca habían sido publicados, se han editado recientemente y se han añadido elementos de la parte no terminada de Curriculum vitae (Klemperer, 2015). Son artículos de un interés histórico inmediato, con descripciones precisas y casi artísticas de los actores del momento (existen pocos registros de testimonios oculares e independientes de esta república revolucionaria, más tarde República de los Consejos de Baviera), pero muestran también un Klemperer que se mantiene equidistante de los revolucionarios y de los militares que terminan esta sublevación con un mar de sangre. Por cierto, observa un antisemitismo en auge y presiente algo de la política de derechas que se declarará poco después (releyendo estas páginas siento escalofríos al ver lo que pasa en la actualidad en muchos países del mundo, y en particular en Europa). Klemperer, que antes había votado por el Partido Socialista (SPD), opta, para las elecciones del 19 de enero de 1919 a la Asamblea Nacional de Weimar, por el Partido Democrático (DDP), y durante la República de Weimar oscilará entre partidos del centro.6

Después de la guerra no puede obtener el puesto esperado en la Universidad de Múnich, pero en 1920 se le da la cátedra de Filología Románica en la Escuela Superior de Dresde. Esta institución, que todavía no tiene el derecho de llamarse «universidad», es una escuela técnica, las humanidades no tienen mucha importancia y Klemperer tiene pocos estudiantes. Por un lado, eso le frustra en gran medida; por el otro, le permite trabajar y publicar con frecuencia. Es —con el lingüista Eugen Lerch (1888-1953)— uno de los editores de la miscelánea para Vossler que se publica en 1922 bajo el título de Idealistische Neuphilologie (Neofilología idealista), seguida de un periódico con el mismo título, que no vive más de tres años. No logra cambiar su cátedra por una que considera más prestigiosa. Eso le preocupa durante todo el período, pero la pareja vive un decenio tranquilo en la capital de Sajonia.

Esos tiempos terminan con la dictadura hitleriana. Al comienzo, Klemperer está protegido por su condición de veterano de guerra, pero en 1935 pierde su puesto. Durante cierto tiempo, el matrimonio con una mujer aria —que no acepta el divorcio que las autoridades le sugieren— lo protege de otras persecuciones, pero esta protección disminuye con la evolución de la situación política. Pierde el derecho de utilizar las bibliotecas científicas, de conducir un coche (después de haber obtenido el carnet unos pocos años antes), etcétera. De esta manera, el núcleo de su vida se estrecha cada vez más. Su hermano Georg le había sugerido la emigración ya en enero 1934, pero Victor responde: «Mi ocupación de décadas con literaturas extranjeras y mis frecuentes estadías en el extranjero me han enseñado que pertenezco total y en exclusiva a Alemania, que soy por completo alemán».7 Más tarde deplorará su vacilación. En este tiempo intensifica lo que ha hecho desde sus dieciséis años: escribir diarios, anotar los acontecimientos de cada día; es la última actividad intelectual que le queda. Su esposa lleva los cuadernos a la casa de una amiga a Pirna (Sajonia) porque en el caso de una requisa serían un peligro para el autor, pero al mismo tiempo correrían el riesgo de ser destruidos.

En 1940, los nazis lo echan de la casa junto con su esposa y los obligan a vivir en sucesivas «casas de judíos»; a partir de 1943 lo fuerzan a trabajar en diferentes empresas como empleado auxiliar. La situación se vuelve cada día más preocupante, sobre todo porque su salud flaquea, sin duda en parte a raíz de las persecuciones. El gran ataque aéreo entre el 13 y el 14 de febrero de 1945, que destruye la ciudad de Dresde, es el momento de la liberación para los dos. Se pierden durante la noche, pero se reencuentran a la madrugada, deciden que él se arranque la estrella de David y empiezan una huida —en parte a pie— que los llevará hasta Múnich, donde encuentran a Vossler. Después del fin de los combates vuelven —también en buena parte a pie— a Dresde, adonde llegan el 10 de junio.

La situación ha cambiado por completo. Los Klemperer abandonan la Iglesia protestante porque esta está implicada en el poder fascista y se integran al Partido Comunista. Con la reapertura de la universidad, en noviembre de 1945 Klemperer recupera su cátedra y al mismo tiempo se convierte en director de la Universidad Popular de Dresde. Como no critica (en forma abierta) al nuevo régimen, se le otorgan en los años siguientes muchos honores: ocupa sucesivamente cátedras en Greifswald, Halle y Berlín; en 1953 es nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Berlín; en 1950 se convierte en miembro del Parlamento de la República Democrática Alemana (hasta 1958) y puede viajar a Francia e Italia, entre otros países. Su mujer Eva fallece en 1951, y en 1952 se casa con Hadwig Kirchner (1926-2010), que será su colaboradora —y, en parte, enfermera— durante los últimos años de su vida. Él le muestra muchos países en distintos viajes. En ocasión de este matrimonio, Klemperer se convierte al catolicismo. Tal como antaño había intentado integrarse en la sociedad del Imperio y de la República de Weimar, ahora trata de hacerse un lugar en la nueva sociedad que parece construirse. Critica algunos elementos de la evolución solo ante personas en las que confía por completo. Sus problemas del corazón se agravan y durante los últimos años de su vida la salud le preocupa cada vez más. Fallece el 11 de febrero de 1960 en Dresde.

Su papel en la RDA es algo contradictorio: es uno de los raros miembros de la élite antigua (como catedrático) que se declara abiertamente en favor del nuevo régimen y participa en su construcción y su funcionamiento. Es una auténtica víctima del fascismo, además de ser un judío que permanece en el país. Eso le da importancia en la nueva república, pero no lo consideran un resistente. Al mismo tiempo, el ser miembro del Parlamento no significa una participación real en el poder. El epistolario (Klemperer, 2017) muestra que los miembros del partido «de siempre» lo consideran un novicio, y, como sus concepciones literarias no han evolucionado mucho, se percibe todavía su adhesión a la filología idealista. Le rinden honores, es miembro de la dirección del Kulturbund zur demokratischen Erneuerung Deutschlands (Asociación cultural para la renovación democrática de Alemania), miembro de la Sociedad de la Amistad entre Alemania y la Unión Soviética, obtiene buenas cátedras, etcétera, pero no entra en los círculos verdaderos de decisión. Sirve para mantener las relaciones con algunos intelectuales pacifistas en Francia, Italia y Alemania occidental y puede participar en congresos internacionales. Su papel es más de demostración hacia el exterior que de influencia en el interior.

LTI, la lengua del Tercer Reich

LTI (Lingua Tertii Imperii): La lengua del Tercer Reich es quizás el primer y el más conocido ensayo que describe las particularidades lingüísticas del poder fascista en Alemania. El título revela ya algo de las condiciones de redacción: el libro consiste en observaciones hechas durante el período fascista, al principio más o menos en forma abierta, pero cada vez más de manera clandestina con la intensificación de las persecuciones. Son en un principio partes de sus diarios, pero designados ya con esta sigla (LTI) para una publicación ulterior. Los 36 capítulos reúnen observaciones de varios tipos: habla del léxico, de particularidades estilísticas y también de giros enteros. Se lee fácilmente, se nota el pasado de Klemperer como periodista: sabe escribir para un público no científico. Como es natural, la forma de la redacción hace que el libro carezca un poco de una verdadera arquitectura, pero así se puede leer en cualquier orden.

Con esta obra, Klemperer es un precursor lejano de la lingüística textual y del actual análisis crítico de textos. Observa con mucha agudeza, pero carece de método para integrar sus observaciones en un conjunto, si eso fuera posible. Es la herencia de la filología idealista, además de su formación personal un poco desordenada. Pero estas deficiencias carecen de importancia comparadas con las experiencias que los textos transmiten: son las experiencias de un grupo de hombres y mujeres que viven cada día bajo el peligro de muerte. Investigaciones ulteriores no pueden transmitir esta impresión con tanta intensidad. Por eso el libro fue reeditado muchas veces y se sigue reeditando (en 2015 salió la vigésima quinta edición). Pero la segunda edición de 1949 tuvo problemas, en especial debido al capítulo sobre sionismo, que luego fue suprimido, aunque reaparece en ediciones posteriores.

El libro obtuvo un éxito inmediato y fue juzgado de manera muy positiva por los hombres y mujeres que vivieron bajo condiciones similares. Los del otro campo, del fascismo, son menos entusiastas, pero en el momento de la publicación todavía les conviene guardar silencio. Solo más tarde, con la intensificación de la Guerra Fría, las voces opuestas se hacen más audibles: la posición de Klemperer en la RDA les da un pretexto para deslegitimar su trabajo. Sin embargo, el libro vivirá una segunda primavera después de 1990, sobre todo porque el autor ya había comenzado a consignar en sus diarios un análisis semejante del lenguaje en la RDA bajo la sigla LQI (Lingua Quarti Imperii), en el que insiste más de una vez en los paralelismos lingüísticos entre los dos regímenes.

El libro ha sobrevivido, y aún se puede leer como una introducción a lo vivido en dictadura. En la actualidad, con la reaparición de ideas de extrema derecha, gana una actualidad con la que no hubiéramos querido contar. De ahí lo oportuno de la publicación de este dosier, que analiza los discursos de muchos de los dirigentes actuales a partir de las observaciones de Victor Klemperer. Por desgracia, el libro no ha perdido su actualidad.

Los Diarios y otros escritos póstumos

Es evidente que los Diarios no estaban destinados a una edición bajo la forma en que los conocemos: la autobiografía Curriculum vitae de 1989 es una elaboración a partir de los diarios de 1881 a 1918, redactada durante la dictadura fascista y abandonada en 1942, cuando el peligro se había vuelto demasiado grande, y puede dar una impresión de lo que Klemperer habría hecho si hubiera contado con el tiempo suficiente. Pero una edición de su mano nos habría privado de detalles que muchas veces son ilustrativos de la época. Por eso, el estado en el cual Klemperer dejó sus diarios es para nosotros una buena ventura. Las ediciones son póstumas y las debemos sobre todo a la perseverancia de su antiguo estudiante Walter Nowojski (1931-2012) y a la ayuda de Hadwig Klemperer. Sin ellos no conoceríamos estos valiosos testimonios. El material es impresionante: los textos escritos a máquina de las tres series, 1918 a 1932, 1933 a 1945 y 1945 a 1959, abarcan 12.600 páginas (según Nowojski),8 y las ediciones impresas con anotaciones más de 5.000. Es evidente que los editores han tenido que cortar los textos en algunos lugares. En especial, dejan de lado las numerosas descripciones de películas (Klemperer y su esposa son asiduos espectadores de cine) y de libros, además de repeticiones. En las dos últimas partes hay también algunas supresiones por razones de privacidad o legales. Éstas son las que suscitan algunas dudas. Desde 2007 existe una edición virtual de los diarios entre 1933 y 1945, que sería completa.

Estos Diarios consignan casi todo: ya me he referido a las películas y a los libros suprimidos, pero hay también numerosas consideraciones sobre la salud de Klemperer y de su esposa, además de grandes decisiones: compra de una casa, compra de un coche, cosas que para el lector (si no es antropólogo) tienen un interés desigual. Se (pre)ocupa mucho de su familia; el contacto con su hermano mayor Georg siempre es —según las posibilidades— intenso. Más interesantes son las observaciones sobre personas con que Klemperer y su esposa se cruzan en sus vidas, las evoluciones que se muestran a partir de 1933 y luego a partir de 1945. Una parte importante de estos comentarios trata sobre la universidad (no solo la de Dresde) y los universitarios; son abundantes en la primera serie, claramente menos frecuentes en la segunda y vuelven a aumentar en la última. Lo más importante son los apuntes de Klemperer sobre su vida bajo la dictadura. Percibe casi a diario la intensificación de la opresión. Al principio se encuentra en una situación relativamente privilegiada como veterano de guerra, pero el 1 de setiembre de 1941 se instaura la obligación de llevar la estrella de David, última etapa de la exclusión de los judíos de la vida pública (mejor dicho: de los que son considerados judíos bajo la «legislación» fascista).

Lo que da una impresión única a estas innumerables páginas es el hecho de que las observaciones y reflexiones no están filtradas por consideraciones para su publicación, sino que son directas y por eso muchas veces muy crudas. El autor utiliza su subjetividad en casi cada línea. Si en la parte de 1918 a 1932 el lector se salta alguna vez una decena de páginas porque los acontecimientos son un poco fastidiosos en su repetición, en la parte de 1933 a 1945 no puede dejar de leer nada porque cada nuevo acontecimiento puede ser fatal. Pero la parte de 1918 a 1932 prepara —sin que el autor lo hubiera sabido en el momento de escribirla— lo que pasaría después. Al leer esta sección, se piensa más de una vez en un futuro que no estaba tan lejano.

No es posible contar lo que Klemperer registra. Las observaciones son demasiado dispersas, pero al lector atento y paciente se le abren caminos de manera paulatina. El 3 de setiembre de 1929 anota lo que quizás permita comprender su intención: «Solo coleccionar vida. Siempre coleccionar. Impresiones, conocimientos, lecturas, lo que vi, todo. Y no preguntar para qué ni por qué. No importa si de esto sale un libro, o memorias, o nada, si se fija en mi memoria o se estropea como una mala placa fotográfica. No preguntar, coleccionar. Aunque termine en la caja de soldaditos de papel».9

Claro que la finalidad de sus anotaciones cambia el 30 de enero de 1933, aunque curiosamente no existan noticias con esta fecha. Bajo el 21 de febrero anota la «depresión del régimen reaccionario» (Klemperer, 1989: 6). El 10 de marzo ingresa por primera vez una descripción del terror que se despliega después de las elecciones del 5 de marzo de 1933. Se plantea la pregunta de cuánto tiempo podrá mantener su situación (Klemperer, 1989: 8-9). Desde ese momento anota con precisión todo lo que ocurre tanto en el plano político como en el de las persecuciones contra judíos y opositores. Describe los primeros días de boicot contra comercios judíos. Habla de su preocupación por su propia situación. El 30 de abril de 1935 recibe el documento de su licenciamiento, el 31 de mayo tiene que darle las llaves del instituto a un sucesor (Klemperer, 1989: 204). Al mismo tiempo, reafirma su pertenencia al pueblo alemán: «Je n’ai jamais pensé d’être autre chose qu’allemand10» (Klemperer, 1989: 201). Cuando su hermano Georg le escribe otra vez que va a emigrar en octubre de 1935 y lo invita a hacer lo mismo, Victor se queda y mantiene sus convicciones alemanas. El 5 de julio de 1936 escribe que las únicas alternativas gubernamentales serían ambas tristes, los fascistas o los comunistas, «como si no hubiera nada en el medio» (Klemperer, 1989: 279). Es evidente que las personas que tienen todavía contacto con Klemperer y su mujer son casi todas antifascistas. Pero ven el grado de aceptación del régimen por parte de la mayoría de la población que no ha huido y sienten que a la oposición le faltan decisión y posibilidades de actuar.

Observa y comenta las evoluciones políticas, capta cada frase que sugiere problemas del fascismo alemán, pero la situación general influye mucho sobre la personal: él y su esposa padecen una depresión que se manifiesta de maneras diferentes pero cada vez más graves. La salud de Eva Klemperer empeora cada año. Él sufre continuamente del corazón. En marzo de 1938 comenta en forma breve la anexión de Austria («un acto monstruoso de violencia») (Klemperer, 1989: 399) y los acontecimientos que terminan con el acuerdo de Múnich. El 9 de octubre de 1938, aniversario de su nacimiento, apunta que «no importa lo que vaya a ocurrir en la política, en mi interior he cambiado definitivamente. Nadie me quitará mi carácter alemán, pero mi nacionalismo y mi patriotismo han desaparecido para siempre. Mi pensamiento es ahora por completo cosmopolita voltaireano».11 Comienza a ocuparse del judaísmo. El ataque a Polonia del 1 de setiembre de 1939 le hace escribir con lucidez: «Eso dará una victoria grandiosa […] o una catástrofe diez mil veces peor que 1918» (Klemperer, 1989: 483). Como ya se dijo arriba, con el comienzo de la guerra la situación de Klemperer y su esposa empeora cada vez más. En mayo de 1940 tienen que salir de su casa e instalarse en una «casa de judíos» (Klemperer, 1989: 527). Casi cada semana, sobre todo después de la aniquilación del ejército alemán en Stalingrado, quienes viven en estas casas (al final fueron tres sucesivas) especulan sobre la caída del régimen en un futuro inmediato, pero temen que ellos no verán el momento de la liberación. Curiosamente, Klemperer no menciona la liberación de París en agosto de 1944, pero sí el cambio político de Rumanía al mismo momento. Las consideraciones del 31 de diciembre de 1944 son inseguras: si todo el mundo creía que la guerra terminaría en otoño, ahora Klemperer piensa que puede durar todavía unos pocos meses o incluso dos años (Klemperer, 1989: 634). Esta incertidumbre es desde hace tiempo lo más gravoso para él. La liberación provisional, como ya hemos dicho, sucede en la noche del 13 al 14 de febrero de 1945. Sobreviven con mucha suerte al ataque aéreo sin grandes lesiones, y en la inseguridad deciden que él se arranque la estrella de David e intentar huir de Dresde a lugares donde no puedan ser reconocidos. Logran este desafío. Viven la liberación general en Baviera, y ya el 15 de mayo, pocos días después, Klemperer ve diferentes posibilidades de trabajo (¡y honores!) para su futuro (Klemperer, 1989: 774). El 26 de mayo inician el viaje de regreso y llegan a Dresde el 10 de junio. Con este acontecimiento termina la serie de los Diarios bajo el fascismo.

Pueden volver a su casa, y Klemperer continúa con los diarios. En esta última fase uno de los asuntos más importantes es su firme voluntad de hacer excluir del sistema educativo a personas con pasado fascista o poco claro. Aunque en la entonces zona de ocupación soviética esta depuración se haga más que en las otras, para él —que conoce íntimamente a muchos de los actores— no es suficiente. Comprueba que los exnazis que ahora se declaran comunistas muchas veces se salvan (al menos provisionalmente).

Otro tema importante es su voluntad de reintegrarse a la universidad y de obtener una cátedra más prestigiosa que la de Dresde. Esta esperanza logra concretarla: ocupará, entre otras, cátedras en Halle y en Berlín. En 1953 entra en la Academia de Ciencias, a su entender, de forma tardía. Sin duda eso se debe, al menos en parte, a sus convicciones de filólogo idealista que sigue manteniendo en gran medida (por eso está siempre celoso de Werner Krauss, 1900-1976, el otro romanista del momento en la RDA, que obtiene los honores antes que él; pero Krauss es un auténtico resistente; parece sostener lealmente a Klemperer). No alcanza el rectorado de Halle, que esperó durante cierto tiempo. Su compromiso político le lleva a honores considerables, aunque no pueda entrar en los verdaderos círculos del poder. Por eso continúa descontento: piensa que no le tienen suficientemente en cuenta. Al mismo tiempo sus esperanzas en el Partido Comunista y más tarde en el Partido Socialista Unificado no se cumplen: se siente «nadando entre todas las aguas» (en alemán, la expresión correspondiente es «estar sentado entre todas las sillas», que es el título de la última serie de sus diarios). Pero a la vez se puede sospechar que los dirigentes políticos sienten que con el tiempo va aumentando la distancia que Klemperer mantiene con la línea partidaria, distancia que también se debe a que él no conoce bien el marxismo en su versión soviética. Hay que decir que no es un personaje político; por eso tiene problemas con los políticos (¡y ellos con él!). Él nunca lo dice públicamente, pero en los diarios se queja muchas veces con amargura de esta situación.

El tercer tema que le preocupa es su salud. Casi cada día hace observaciones al respecto; sobre todo le duele su corazón. Finalmente son los últimos años de su esposa Eva, que muere en 1951. El casamiento con Hadwig Kirchner al año siguiente parece más una solución para mantener su independencia a pesar de su frágil salud. La falta de optimismo que se manifiesta en forma abierta en los Diarios también se puede leer —entre líneas— en su correspondencia entre 1909 y 1959, publicada hace poco tiempo (Klemperer, 2017).12

En conclusión, nos encontramos ante un personaje con una biografía única, casi increíble. Eso explica algunas de sus contradicciones que no logra resolver hasta el fin de su vida. Por otra parte, es un testigo irremplazable de la dictadura: escribe desde el interior, día tras día, los acontecimientos y sus reflexiones inmediatas al respecto. Alguna vez vemos que acontecimientos que nos parecen hoy de suma importancia no conmueven a la gente que los vive en lo inmediato, mientras que otros pequeños detalles son transmitidos solo por él (y por las escasas fuentes comparables); sin él no los conoceríamos. La consecuencia con la que escribe sus Diarios le procuran este valor incomparable. A mí, que me ocupé mucho, ya en mi juventud, del fascismo alemán, la lectura de estos textos me ha proporcionado una comprensión nueva y más profunda de lo que la gente vivió en ese período.

Agradecimientos

Doy las gracias más cordiales a Roberto Bein por su lectura atenta y crítica de este texto y por las mejoras estilísticas.

Fuentes consultadas

Klemperer, Victor (1947). LTI. Notizbuch eines Philologen. Berlín: Aufbau. Para el presente ensayo utilicé una reimpresión de 1957, Halle: Niemeyer VEB].

—. (1989). Curriculum vitae. Erinnerungen 1881-1918. 2 volúmenes. Berlín: Rütten & Loening [ediciones ulteriores: Aufbau].

—. (1995). Ich will Zeugnis ablegen bis zum letzten. Tagebücher 1933-1945. 8 volúmenes. Berlín Aufbau [ediciones ulteriores en 2 volúmenes].

—. (1996). Leben sammeln, nicht fragen warum und wozu. Tagebücher 1918-1932. 6 volúmenes. Berlín: Aufbau.

—. (1999). So sitze ich denn zwischen allen Stühlen. Tagebücher 1945-1959. 2 volúmenes. Berlín: Aufbau.

—. (2015). Man möchte immer weinen und lachen in einem. Revolutionstagebuch 1919.  Berlín: Aufbau.

—. (2017). Warum soll man nicht auf bessere Zeiten hoffen. Ein Leben in Briefen. Berlín: Aufbau.

Maas, Utz (2010). «Klemperer, Victor». En U.M., Verfolgung und Auswanderung deutschsprachiger Sprachforscher 1933-1945 (pp. 376-389). Volumen 1. Tubinga: Stauffenburg.

Vossler, Karl (1904). Positivismus und Idealismus in der Sprachwissenschaft. Heidelberg: Winter.

Ediciones en castellano

—. (2002). LTI: La lengua del Tercer Reich. Santiago: Minúscula.

—. (2003). Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1933-1941. Madrid: Galaxia Gutenberg.

—. (2003). Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1942-1945. Madrid: Galaxia Gutenberg.

—. (2010). Literatura universal y literatura europea. Barcelona: Acantilado.

1 Sobre todo: Einführung in das Mittelfranzösische. Texte und Erläuterungen für die Zeit vom 13. bis zum 17. Jahrhundert, Leipzig, 1921; Die moderne französische Prosa 1870-1920. Studie und erläuterte Texte. Leipzig, 1923; coeditor de Die romanischen Literaturen von der Renaissance bis zur Französischen Revolution, Potsdam, 1924; Geschichte der französischen Literatur in fünf Bänden [siglos XIX y XX], Berlín, 1925-1931; Romanische Sonderart. Geistesgeschichtliche Studien, Múnich, 1926; Idealistische Literaturgeschichte. Grundsätzliche und anwendende Studien, Bielefeld, 1929; Die moderne französische Lyrik von 1870 bis zur Gegenwart, Studien und erläuterte Texte, Leipzig, 1929; Pierre Corneille, Múnich, 1933; Geschichte der französischen Literatur im 18. Jahrhundert. Band Vol. 1: Das Jahrhundert Voltaires, Halle, 1953; Moderne französische Lyrik (Dekadenz – Symbolismus – Neuromantik). Studie und kommentierte Texte, Berlín, 1957; Geschichte der französischen Literatur im 18. Jahrhundert. Vol. 2: Das Jahrhundert Rousseaus, Halle, 1966. En las discusiones actuales sobre la historia y crítica literaria estos textos no tienen un papel importante, como me señala un amigo, especialista en historia literaria francesa.

2 Me apoyo en las fechas señaladas en Klemperer (2015: 244-252) y en el conjunto de las indicaciones biográficas en las diversas ediciones de sus obras.

3 Publicado en dos volúmenes en Heidelberg por Winter, en 1914 y 1915.

4 «Sprachwissenschaft im reinen Sinne des Wortes ist nur die Stilistik. Diese aber gehört zur Ästhetik. Sprachwissenschaft ist Kunstgeschichte» (Vossler, 1904: 42).

5 Las fuentes para esta parte de su vida se encuentran en las 1.300 páginas de los dos volúmenes de Curriculum vitae, escrito bajo la persecución fascista, pero publicado poco antes del final de la RDA (Klemperer, 1989).

6 Cf. el «ensayo histórico» de Wolfram Wette en Klemperer (2015: 197-216), y los Diarios en diversas fechas.

7 «Meine jahrzehntelange Beschäftigung mit fremden Literaturen und mein häufiger Ausland-Aufenthalt haben mich gelehrt, dass ich […] ganz und gar ausschließlich nach Deutschland gehöre, dass ich absolut deutsch bin» (Klemperer, 2017: 90).

8 Es menester insistir aquí sobre la importancia del trabajo de Nowojski. Ha dedicado muchos años de su vida a descifrar los textos, fueran escritos a máquina o a mano, y a investigar las numerosas personas evocadas de campos muy diferentes. Alguna vez se le ha criticado algún detalle, algún error, en especial en lo que se refiere a las supresiones, pero sin su abnegación y perseverancia estos textos no serían comprensibles.

9 «Nur Leben sammeln. Immer sammeln. Eindrücke, Wissen, Lectüre, Gesehenes, alles. Und nicht fragen wozu u. warum. Ob ein Buch daraus wird, oder Memoiren oder gar nichts, ob es in meinem Gedächtnis haftet oder verdirbt wie eine schlechte photographische Platte. Nicht fragen, nur sammeln. Und wenn es auf die Kiste mit den Papiersoldaten hinausläuft» (Klemperer, 1996: vol. 6, 109). Esta caja ya existía en su infancia: recortaba soldados de papel para jugar más tarde con ellos, lo que siempre hizo.

10 «Nunca pensé en ser otra cosa que alemán.»

11 «Wie es auch politisch kommen mag, ich bin innerlich endgiltig [sic] verändert. Mein Deutschtum wird mir niemand nehmen, aber mein Nationalismus und Patriotismus ist hin für immer. Mein Denken ist jetzt ganz und gar das voltairisch kosmopolitische» (Klemperer, 1989: 430).

12 Desgraciadamente, los criterios de la integración de cartas en esta publicación no son muy claros, los editores hubieran podido clarificar este punto importante. Por cierto, hay materiales que se perdieron, ¿pero cuáles?

 

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