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Primeros nicaragüenses miembros de la RAE

El Nuevo Diario

El leonés Pablo Buitrago Benavente (1807-1882) y el granadino Enrique Guzmán Selva (1843-1911) fueron los primeros nicaragüenses admitidos en la Real Academia Española (RAE) como miembros honorarios: el primero en San Salvador y el segundo en Granada.

El leonés Pablo Buitrago Benavente (1807-1882) y el granadino Enrique Guzmán Selva (1843-1911) fueron los primeros nicaragüenses admitidos en la Real Academia Española (RAE) como miembros honorarios: el primero en San Salvador y el segundo en Granada.

Buitrago no fue electo, sino designado ––con otras diez  personalidades–– para integrar la Academia Salvadoreña de la Lengua, establecida el 19 de octubre de 1876. La Real Academia Española tenía entonces de director a Juan de la Pezuela y Ceballos (1809-1906), y de secretario perpetuo a Manuel Tamayo y Baus (1829-1898).

Tres ensayos rescatables aportó Buitrago (“El Espíritu del Siglo”, “La Humanidad marcha” y “El Tiempo”) reunidos en volumen a mediados del siglo veinte. En el último llamaba “profundamente la atención de todas las personas de buen sentido el menosprecio, desorden y despilfarro que se hace entre nosotros del tiempo”, al que denominaba “cáncer de la vida civil”. Al final del diecinueve, Buitrago fue reconocido como “recto mandatario, hábil diplomático, orador elocuente y sabio jurisconsulto”.

La elección de Guzmán careció de unanimidad en los votos, ya que fue electo “por diez y nueve bolas blancas por dos negras”. Esta fue la comunicación que recibió el último. “A propuesta del Excmo. Sr. D. Manuel Cañete, del Excmo. Gaspar Núñez de Arce [1832-1903] y del que suscribe, la Real Academia Española nombró a Vuestra Señoría, en junta celebrada anoche, mediante votación secreta, individuo de esta corporación en la clase de Correspondiente Extranjero, dando así testimonio de apreciar justamente los conocimientos de Vuestra Señoría en lingüística y letras humanas.

/ Tengo a honra y dicha comunicarlo a Vuestra Señoría para su satisfacción, remitiéndole al propio tiempo el diploma del expresado cargo. / Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. / Madrid: 20 de noviembre de 1891 / El Secretario / Manuel Tamayo y Baus”.

En su “Diario íntimo”, residiendo en Costa Rica, el destinatario ––ya famoso en Nicaragua por sus fisgas y vapuleos a quienes estropeaban el castellano–– apuntó el 16 de enero de 1892: “escribo a José Dolores Gámez rindiéndole las gracias por su lisonjera felicitación por haber sido nombrado miembro de la Real Academia. Poquísima importancia le doy a tal nombramiento, pues corresponsales conozco yo que no saben leer decorado”.

Pero el 22 de junio del mismo año, desde la ciudad costarricense de Cartago, contestó a la comunicación oficial: “Ilmo. Sr. Don Manuel Tamayo y Baus / Secretario Perpetuo de la Real Academia Española / Madrid / Ilmo. Señor: / Desterrado de mi patria, por causas políticas, desde agosto del año pasado, busqué asilo en un apartado pueblo de esta República de Costa rica, adonde no pudieran llegarme hasta hace pocos días, la comunicación de Vuestra Señoría fecha 20 de noviembre de 1891, y el diploma académico que le acompañaba: así se explica el que reciba Vuestra Señoría tan tarde mi respuesta.

// Acepto muy agradecido el nombramiento de Socio Correspondiente en Granada (Nicaragua), con que la Real Academia Española se ha servido de favorecerme, sin merecimiento alguno de mi parte. Para corresponder a tan señalada distinción, haré cuanto de mí dependa por llegar a ser digno de ella. // Con toda consideración, me suscribo de Vuestra Señoría atento y seguro servidor. // Q.B.S.M. / Enrique Guzmán”.

Cuando fue elegido miembro correspondiente de la Real Academia Española por sus “conocimientos en lingüística y letras humanas”, el nicaragüense Enrique Guzmán Selva frisaba en los 48 años y era un afamado escritor castizo, hombre de fina ironía y erudito conocedor del idioma español. Pues bien, consciente de ese pionero reconocimiento, la Academia Nicaragüense de la Lengua conmemoró el centenario del nacimiento de Guzmán.

La Academia se trasladó a Granada para ese propósito el 2 de agosto de 1943. Tres académicos participaron en el justo homenaje: el director José Antonio Lezcano y Ortega, José María Moncada y Pedro Joaquín Chamorro Zelaya. Lezcano y Ortega reconoció en don Enrique a un permanente cultor del idioma castellano y auscultador de su morfología, afirmando que era superior “al exuberante crítico español Antonio de Valbuena (1844-1929)”.

Moncada se refirió a Guzmán como escritor político y admirador de su estilo. Y Chamorro Zelaya sostuvo que en la crítica del homenajeado subyacía “un fondo de verdad y de justicia, bien intencionada”, y su sátira era “acre, mordaz y donosa, como muy pocas veces llegaron a intentarlo Persius, el Romano y Mariano José Larra (1809-1837)”.

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