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Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

Letras Libres

Las razones del uso del lenguaje inclusivo

La vicepresidenta española y ministra de Igualdad, Carmen Calvo, solicitó un informe a la Real Academia Española (RAE) para adaptar el texto de la Constitución con un lenguaje inclusivo, porque considera que “la Constitución solo tiene lenguaje masculino y eso no corresponde con una democracia desarrollada”. No obstante, varios académicos de la RAE, entre ellos su director, han manifestado su desaprobación. En entrevista para El País, Darío Villanueva comentó que “el problema está en confundir la gramática con el machismo”. Además opinó que las soluciones de usar la ‘e’ o la ‘x’ en vez de la ‘a’ y la ‘o’ son “absurdas, ridículas y totalmente inoperantes” porque van en contra del principio de economía de la lengua. A pesar de sus diferencias, la RAE ya trabaja en el informe y su pronunciamiento estará listo en octubre.

La RAE nació hace 305 años bajo el lema “Fija, pule y da esplendor” y desde entonces su propósito ha sido “preservar el buen uso y la unidad de una lengua en permanente evolución y expansión”. Sin embargo, algunos de sus críticos, como el académico de El Colegio de México, Luis Fernando Lara, y el investigador de la UNAM, Carlos López, consideran que la institución ha perdido de vista que la lengua es pública y que su cuidado es responsabilidad de sus hablantes.

Para la lingüista, historiadora de la lengua y miembro del Colegio Nacional, Concepción Company, la gramática en sí misma no es sexista, sino el uso que se hace de ella y la manera en que se construye el discurso. El lenguaje inclusivo es, en sus palabras, “una tontería” porque “el género masculino no significa masculino hombre, sino que es indiferente al sexo”. Por lo que considera que más que cambiar las constituciones, lo que necesita cambiar es la sociedad: “cuando las sociedades sean igualitarias […] los hábitos gramaticales se van a modificar”.

Los defensores del lenguaje inclusivo arguyen que el lenguaje ha sido utilizado para reforzar las relaciones asimétricas, inequitativas y jerárquicas entre sexos. Para Florence Thomas, activista francesa, a través del lenguaje se expresan las relaciones de poder y las mujeres han sido víctimas de una invisibilización. Por lo tanto, propone “reconocer y discernir cuando es vital para nosotras ser nombradas y dónde nuestro ocultamiento es de suma gravedad para la construcción de nuestra identidad, el reconocimiento de nuestra autoridad y nuestra participación en la construcción del mundo”. En este último punto coincide la lingüista española María del Carmen Horno, quien en este sitio escribió sobre las ventajas y desventajas del lenguaje inclusivo.

Sin embargo, la redacción androcéntrica que los promotores del lenguaje inclusivo critican no es un signo de discriminación hacia las mujeres, sino una función gramatical que incluye a hombres y mujeres por igual, según ha declarado la RAE.

Esta no es una polémica exclusiva del español. En septiembre del año pasado se publicó en Francia un libro de texto en lenguaje inclusivo para niños de 3º de primaria que fue severamente criticado por los académicos franceses porque incorporaba un sufijo femenino a todos los sustantivos masculinos. La Academia Francesa se pronunció en contra de esta medida y la llamó una “aberración” que ponía en “peligro mortal” a la lengua francesa. El primer ministro francés, Edouard Philippe, prohibió su aplicación en textos oficiales e invitó a las dependencias a “adecuarse a las reglas gramaticales y sintácticas, principalmente por razones de inteligibilidad y de claridad”.

 

¿Por qué los mexicanos no van a los museos?

El INEGI dio a conocer la Estadística de museos 2017, con la finalidad de mostrar el panorama de los museos y las características de sus visitantes. México tiene 1,156 museos que recibieron más de 75 millones de visitas, siendo la Ciudad de México la entidad que mayor número de museos y de personas registra anualmente. Para el estudio se entrevistaron a 171,627 personas que se encontraban en algún museo, el 75% de ellas lo visitaba por primera vez. El rango de edad en el que se ubican la mayoría de sus asistentes es de 20 a 29 años. Y las mujeres representan el 53.1% de los visitantes.

A pesar de la amplia oferta museística, los mexicanos acuden a los museos cada dos o cinco años y pasan en ellos en promedio 30 minutos. Uno de los datos más alarmantes es que el 23.3% de los entrevistados consideran que el principal motivo para no visitarlos es la falta de difusión y publicidad, seguido por la falta de cultura y el desinterés. El principal conducto por el que las personas entrevistadas se enteraron de la existencia del museo fue por la recomendación de familiares y amigos, dejando en último lugar los medios de comunicación. Resultado similar al del estudio del 2016. Lo que revela que en un año, la percepción de los visitantes sobre la difusión de los museos no ha cambiado.

El panorama no es tan desolador, el 60% de los entrevistados consideró que la exposiciones de los museos eran muy buenas, frente al 0.2% que las calificó como muy malas o el 1% que ni siquiera las vio.

Aunque el cuestionario a visitantes incluía una pregunta sobre las razones de su visita (entre ellas por cultura general, motivos escolares y entretenimiento), el INEGI no dio a conocer estos resultados. La estadística museística es útil para crear políticas culturales que atiendan las necesidades de la población y, para que los museos cumplan con su objetivo de generar y difundir el conocimiento, es necesario saber qué motiva a las personas a acudir a estos lugares y cómo pueden ser más atractivos. De lo contrario, seguirán siendo espacios que una vez terminada la vida estudiantil caerán en el olvido, como Pierre Bourdieu señalaba en El amor al arte: Los museos europeos y su público.

 

La bibliotecas son necesarias

El sábado, la revista Forbes publicó en su sitio web un artículo de opinión de Panos Mourdoukoutas, un profesor de economía de la Universidad de Long Island, intitulado “Amazon debería de reemplazar las bibliotecas locales para ahorrarle impuestos a los contribuyentes”. El artículo provocó numerosas críticas en redes sociales, por lo que los editores decidieron eliminarlo de su portal.

En su texto, el economista aseguró que las bibliotecas ya no tienen el mismo valor que antes, que sus servicios de internet, renta de películas y préstamo de libros han sido reemplazados por Starbucks, Netflix y Amazon, por lo que resultan muy caras para los contribuyentes. Incluso, afirmó que las personas utilizan más veces sus tarjetas de lealtad de Starbucks que su credencial de la biblioteca. Sin embargo, los datos revelan que esa información es falsa. De acuerdo con un estudio del 2016 del Institute of Museum and Library Services, 171 millones de estadounidenses están registrados en su biblioteca local y la visitan en promedio 4 veces al año.

La propuesta de Mourdoukoutas refleja la reducida visión que se tiene sobre el papel de las bibliotecas dentro de la sociedad. Como comenta Alejandra Quiroz en “La radicalidad democrática de las bibliotecas” , publicado en el número de julio de Letras Libres: “Limitar su misión, por ejemplo, a la promoción de lectura es disminuir su fuerza”. Las bibliotecas hacen más que resguardar libros, revistas y películas. Son, dice Quiroz, espacios educativos completos cuyo “propósito es encender el deseo de saber, mover al pensamiento y organizar la sorpresa”. Además crean comunidades de aprendizaje intergeneracionales y son espacios abiertos a todas las personas.

Su desaparición afectaría a las comunidades marginadas, a quienes no tienen computadoras o no cuenta con acceso a internet, a las personas que viven en situación de calle y que buscan un refugio, a los jubilados que asisten a talleres y a los niños que en sus vacaciones desean entretenerse. Ni siquiera el gigante del comercio electrónico está listo para atender todas estas necesidades.

Una novela gráfica compite por el Man Booker Prize

Por primera vez en los 49 años de historia del Man Booker Prize, el premio literario más importante en lengua inglesa, una novela gráfica ha sido seleccionada entre sus 13 semifinalistas. Sabrina, del estadounidense Nick Drnaso, es la historia de una mujer desaparecida y lo que ocurre en los medios de comunicación y redes sociales en las primeras 24 horas de su búsqueda.

El Man Booker Prize se entrega a los libros que desafían la ficción. La nominación de una novela gráfica marca un parteaguas dentro del certamen al darle oportunidad a otros formatos. Val McDermid, uno de los miembros del jurado, comentó: “La novela gráfica se ha convertido cada vez más en protagonista en términos de narración [y] sentimos que [Sabrina] hace exactamente lo que la buena ficción debería hacer”. Para Claire Napier, crítica y editora de cómics, la nominación de Drnaso no es inusual considerando que la historia y los elementos pictóricos crean “una increíble pieza de arte narrativo”. En el 2016, Drnaso ganó el Los Angeles Times Book Prize en la categoría de narrativa gráfica por su libro Beverly.

En el pasado la narrativa gráfica era considerada un arte menor, pero en los últimos años ha despertado un mayor interés dentro y fuera de la academia. Su reconocimiento en certámenes literarios es un paso para que más personas disfruten de otras posibilidades de la ficción.

Los finalistas del Man Booker se darán a conocer el 20 de septiembre y el ganador el 16 de octubre.

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