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La lengua de todos

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Comenzamos a acostumbrarnos a escuchar distinciones como: “todos y todas”; “mexicanos y mexicanas”; “niños y niñas”. El desdoblamiento del idioma, pues. En particular en boca de funcionarios y políticos. Si bien, es positivo si lo entendemos como el deseo de resaltar al sexo femenino, históricamente soslayado en el mundo, en el ámbito del lenguaje es una imposición que no lleva a nada. Los cambios en la lengua no suceden por decreto. Con todo lo buenas que puedan ser las causas que los impulsan. Que no siempre son buenas o bienintencionadas.

A los idiomas no se les puede forzar. Las lenguas se transforman con lentitud y por diversos motivos. Se sedimentan a lo largo de los siglos, como señala Perez Reverte. Motivos que pueden ser, desde luego, entre otros, los cambios sociales que el idioma recoge, como la nivelación entre los sexos, pero, dentro de las convenciones de la norma. Es decir dentro del marco que cohesiona la lengua de todos los hispanohablantes, que son muchos millones.

La gramática española, aunque se diga y se quiera pensar lo contrario, no es sexista. Las sociedades en las que se habla sí pueden serlo. Una prueba de lo primero son los sustantivos con desinencia femenina como: víctima, periodista, dentista, artista, camioneta, danza, coreografía, comadreja y muchos otros. Lo mismo pasa con los que se escriben en género masculino como: hombre o humano, ciudadanos, todos estamos comprendidos en ambos. Hombres y mujeres. En todo caso habría que señalar que el género gramatical en español que puede excluir es el femenino.

Hay que destacar, también, que se confunde género con sexo. Concepción Company, gramática e historiadora de la lengua dice al respecto: “[…] no es equidad de género, sino de sexo, el género es de la gramática […]”.

Por otro lado la evolución de las palabras no siempre está ligada al sexo. Los términos del idioma no se originan dentro de las academias con propósitos determinados de favorecer a ningún sexo. Los dueños de las lenguas son sus hablantes y la transformación del mismo ocurre en la calle, y si bien en los discursos que ensalzan la corrección política es común escuchar el “todos y todas”, en el habla o la escritura cotidiana no ocurre lo mismo. Cuando enviamos saludos a un grupo mixto del tipo que sea, no decimos “a tus amigos y a tus amigas”, “a tu papá y a tu mamá”. Además de interminable –los hablantes economizamos, es un principio fundamental–, le quitaríamos a la lengua la expresividad, se volvería tiesa y acartonada.

La lucha por el equilibrio entre los sexos debe continuar y el español reflejará los resultados. Una lengua es algo vivo que se alimenta de sus hablantes y que ciertas normas preservan.

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