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El habla de Guanajuato: recordatorio para ser leído

Milenio

Lo que nos distingue de los españoles, recordando las palabras pronunciadas por Octavio Paz en la Universidad de Yale (en diciembre de 1976), es que descubrimos —como Rubén Darío— a la realidad hispanoamericana. De allí que nuestra lengua, el español, como “unidad lingüística es mayor en América que en España”.

Avanzamos desde siempre en la evolución de la lengua puesto que “en los labios del pueblo” existen un sinnúmero de palabras que los diccionarios, por una parte, han desechado y por otra llegan nuevas a incorporarse de manera oficial para regocijo de los hablantes actuales: internet, internauta, digitalización, entre otras; han quedado inscritas en el Diccionario esencial desprendido del de la Real Academia Española (RAE).

No podemos olvidar tampoco, claro está, la contribución de las lenguas autóctonas al castellano que desembocaron en conformar un habla particular, propia y con variantes riquísimas y fascinantes; tanto en México como en toda Latinoamérica.

La que circunscribe a nuestro actual estado es, a decir de Peter Boyd-Bowman, en su libro El habla de Guanajuato (UG, 2006, 2ª. Edición) la que “forma parte de la gran zona central del altiplano mexicano, que comprende, además del Distrito Federal con la ciudad de México, los Estados de México, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro, Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Colima, Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí y las tierras altas de Veracruz.”

Ángel María Garibay ha sido asertivo al recomendar que El habla de Guanajuato debe leerlo el que se interese por lo mexicano y más aún porque es un estudio muy valioso (Jorge Pantoja Merino dixit) que no solo nos permite reconocernos a nosotros mismos (desde el habla) sino salir al mundo presumiendo que en Guanajuato (y por supuesto en León) se habla un español de primer orden con excelentes arcaísmos y sus notables evoluciones. “Ese idioma jamás es estático; al contrario, existe en una metamorfosis constante” (IlánStavans, dixit).

El citado Maestro Pantoja Merino de hecho nos sorprendió a muchos al declarar a la prensa, en ocasión de la presentación del libro (en 2006) que, en nuestro estado se hablaba el mejor español de Hispanoamérica. Dato curioso que sacudió tanto como aquella declaración de Gabriel García Márquez en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas en 1997, cuando dijo: “(…) me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que todavía tienen para enseñarnos y enriquecernos, (…) Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna…”.

La declaración de Pantoja Merino cimbró los escritorios de algunos intelectuales —pocos, pero muy coherentes— y en contraparte no propició chispa alguna en las “redacciones” de los medios de comunicación. Un pequeño buscapiés que cumplió su cometido pero que no prendió para mala fortuna nuestra. Simplemente no se sintieron aludidos los “comunicadores” ya que muchos son fervientes desecadores de la palabra. A partir de la lectura del citado libro uno puede reconocer un sinfín de palabras que nuestros abuelos españoles nos dejaron y que muchas se quedaron envueltas en nuestro acervo particular. Uno las puede escuchar sin temor alguno en el mercado, en las cantinas, en el campo, en la iglesia, etc. Algunas de ellas dizque no se utilizan ya en el reino de Castilla y León, pues están en desuso. Sin embargo, aquí las tenemos vigentes puesto que, si le llegaron al dios de las palabras, éste, generoso y paternal guardián nos las trajo y permitió que las utilizáramos este día para hablar de continuidades y rupturas.

El habla de Guanajuato es un recordatorio también para no dejar de lado la filología, los estudios adecuados que nos permitan reconocer más “el mar de afirmaciones y datos” que rondan por nuestra región lingüística. Un libro ya de por sí es un triunfo y éste, dicho sea de paso, merece de buenas a primeras, ser leído por muchos.

 

Por JUAN CARLOS PORRAS

Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios deLeón (CIEL-LEÓN).

 

 

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