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El poder del lenguaje

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Según la R.A.E. el lenguaje es la «facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos». Es la manera por la cual nos manifestamos dando un estilo a través de un modo de hablar particular, además de ser capaces de plasmarlo en un soporte mediante la escritura de cada persona en particular. Este conjunto de señales que dan a entender algo a través de unos códigos de signos (letras, números, glifos) hacen que el lenguaje se convierta en formal y por tanto entendible.

El lenguaje, es la herramienta fundamental que tenemos para poder diferenciarnos de los otros habitantes que se encuentran en el planeta Tierra, los animales. A través de el, nos hace «superiores» a ellos, ya que no necesitamos de nuestras garras ni de nuestras mandíbulas para poder subsistir. Mediante el lenguaje hemos podido evolucionar, y lo seguimos haciendo a paso agigantados hacia una mayor existencia y pervivencia en el planeta.

Pero ¿cuándo y cómo surgió el lenguaje?, ¿realmente es una evolución?, ¿es una herramienta?, ¿es un órgano? A modo de testamento literario Tom Wolfe (1930-2018), calificado por Deirdre Carmody y William Grimes en The New York Times «como el periodista y escritor innovador cuya prosa salvaje le dio vida al mundo de los surfistas de California, los fanáticos de la personalización de los autos, los astronautas y a los ricos y aspiracionales hombres de Manhattan en obras como El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ronLo que hay que tener y La hoguera de las vanidades», la editorial Anagrama ha publicado hace unos meses El reino del lenguaje uno de sus ensayos más recalcitrantes que ha escrito Wolfe sobre dos figuras históricas y sus ideas. Estos dos personajes son Charles Darwin y Noam Chomsky, y sus ideas y teorías del todo que versan sobre el hombre y de cómo surgió el lenguaje.

Reproducción de una página que contiene el boceto original del Árbol de la Vida en la obra  “El origen de la especies”
Wolfe también desgrana parte del discurso evolucionista de Daniel Everett, un antropólogo polémico que ha conseguido reconocimiento y renombre internacional por el estudio de la lengua de los pirahã, pueblo del Amazonas y de su cultura; para ello convivió con ellos durante siete años. De hecho, su mujer, Keren, se crió junto al Amazonas (hecho que relata Wolfe en el libro). Durante el tiempo que convivió con los pirahã descubrió la singularidad de su idioma: este carece de subordinación y, por lo tanto, contradice la teoría de la gramática universal de Noam Chomsky, quien sale mal parado de la afilada pluma de Wolfe, porque se ensaña con él en dos de sus principales teorías: que los humanos nacen con un órgano en el cerebro que les predispone a aprender el lenguaje y la recurrencia común en el lenguaje para todos los humanos. Wolfe acaba llamándolo lastre en el avance de la teoría lingüística. «En la comunidad científica nadie había visto ni oído hablar siquiera de una hazaña parecida. En solo cinco años de 1953 a 1957, un licenciado de la Universidad de Pensilvania, un estudiante de doctorado de poco más de veinte años, se había apoderado de todo un ámbito de estudio, la lingüística, transformándola de arriba abajo, endureciendo esa presunta ciencia social tan esponjosa y convirtiéndola en una ciencia de verdad, una ciencia dura, a la que puso su nombre: Noam Chomsky (…) No le importaba cuál fuera la lengua materna de un niño. Cualquiera que fuese, el órgano del lenguaje de cada niño podía utilizar la ‘estructura profunda’, ‘la gramática universal’ (…) El origen del lenguaje, teorizaba, era una mutación casual que se había producido en un solo individuo para evolucionar en su forma completa y enteramente física en menos de doscientos mil años…, un simple abrir y cerrar de ojos en la cronología convencional de la evolución darwiniana».

Wolfe en su diatriba hacia Chomsky sigue hurgando con afirmaciones y preguntas como «el lenguaje ¿qué es? ¡Palabra del propio Chomsky a los ochenta y cinco añosdespués de pasarse la vida estudiando el lenguaje! Los ciento cincuenta años anteriores habían sido la más grandiosa época para desvelar los enigmas del Homo sapiens; pero no del Homo loquax, el hombre que habla. Un desfile de reconocidos genios se había pasado la vida entera tratando de averiguarlo… y había fracasado. El primer avance que condujo por fin a la respuesta fue el estudio de Everett sobre sus treinta años con los pirahã.»

En cuanto a Darwin, Wolfe escribe que impulsado «en 1869 por la competencia de Wallace, Darwin presentó la teoría de que el habla se había desarrollado a partir de la imitación humana del canto de los pájaros. A medida que iban haciéndose más complejos -según explicó en El origen del hombre, 1871-, los sonidos evolucionaron hasta convertirse en lo que hoy conocemos como palabras… ¿Que Darwin dijo qué…? ¿Canto de los pájaros…? No era una idea muy convincente, y un año después se inició el apagón que duraría setenta y siete años.»

Siguiendo con el New York Times, «Wolfe comenzó su carrera en la década de los sesenta y fue uno de los pioneros en el uso de técnicas literarias en los trabajos periodísticos, lo que le valió un gran reconocimiento en la creación del movimiento conocido como Nuevo Periodismo. Era conocido por ser un atrevido inconformista pero, en realidad, era célebre tanto por sus sátiras como por su vestimenta (…) Su talento narrativo y la facilidad que tenía para caricaturizar fueron evidentes desde el principio de su carrera, que se diferenció por un estilo marcado por la pirotecnia verbal, la imitación perfecta de los patrones del habla, investigaciones meticulosas y un uso creativo del lenguaje pop.»

Su uso alegre de la puntuación y la cursiva, junto con los entretenidos comentarios y neologismos que a menudo se consolidaron rápidamente en el léxico inglés, ayudaron a Wolfe a diferenciarse de otros periodistas. Un escritor hábil que con El reino del lenguaje nos deja un texto habilidoso, de periodismo inteligente, que en su honrado deber sociológico de informar sobre los hechos de la vida en toda su complejidad y variedad, en un tono perfecto se ve a un periodista que observa y observa, y sobre todo se pregunta y cuestiona todo, ofreciendo así al lector una lectura fresca y un punto de vista diferente para hacer pensar y entender nuestro mundo intelectual, y en por qué superamos a los demás animales, gracias a ese poder del lenguaje dentro del reino. Este texto es otro imprescindible a añadir a la biblioteca Wolfe.

El reino del lenguaje // Tom Wolfe // Traducción de Benito Gómez Ibáñez // Anagrama // 2018 // 17,90 euros

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