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¿Se escribe mal en España?

Escritores como Julia Navarro, Enrique Vila-Matas, José Manuel Caballero Bonald y Luis Magrinyà, editores como Elena Ramírez, Ana Rosa Semprún y David Trías y académicos como Pedro Álvarez de Miranda e Ignacio Bosque debaten en ABC

 

abc.es

Julia Navarro: «A escribir se aprende leyendo»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-Creo que en España se enseña mal o se enseña de manera insuficiente a escribir. Es una deficiencia de nuestro sistema educativo, que no pone el acento en asentar unos conocimientos imprescindibles, como aprender a leer y escribir.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Sin duda, las nuevas tecnologías llevan a muchos jóvenes a «comerse» letras a la hora de mandar mensajes y, desde luego, a «pasar» de los acentos.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-Tengo la impresión de que hoy en día casi nadie se escapa de cometer errores ortográficos, precisamente porque las nuevas tecnologías están influyendo en la manera de comunicarnos, que pasa por la rapidez.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-En mi opinión, nuestro sistema educativo debería volver a introducir en las aulas algo tan sencillo como leer en voz alta y, desde luego, los «dictados». Como mejor se aprende a escribir es leyendo,pero también a través de los «dictados», porque es la manera de que los alumnos se den cuenta de que han escrito mal y puedan corregirlo.

Enrique Vila-Matas: «En este país ha habido un descenso brutal de la intensidad cultural»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-Su pregunta me sugiere un cuento que podría escribir Sara Mesa y se llamaría «Ortografía»: un relato que hablaría del prestigio que en los años cincuenta –cuando yo iba al colegio– tenía la ortografía, «la escritura correcta». Yo estaba obsesionado con llegar a ser un alumno que no cometiera en las redacciones una sola falta de ortografía, y lo logré –lo recuerdo muy bien porque fue para mí motivo absoluto de orgullo– poco después de cumplir los nueve años. Todo esto habla de la fuerte presencia de la ortografía en el ambiente escolar y sin duda debe de sonar surrealista a los estudiantes de hoy. Por lo que parece, también a los profesores. Pero los surrealistas son ellos, no nosotros; su endeble formación es consecuencia del final, acaso no definitivo, de la pujanza de las Humanidades en el seno de nuestras universidades y sociedades.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Qué duda cabe que las nuevas tecnologías –que de todos modos tienen muchísimas cosas buenas– han colaborado en el descuido de la ortografía, aunque ese descuido viene de muy lejos, de muchísimo antes de Facebook y Twitter.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-Se percibe esa descuidada ortografía muchísimo, también en los medios de comunicación, pero esto no es un hecho aislado, está conectado con el descenso brutal de la intensidad cultural en este país. Estamos inmersos en lo que el otro día Sergi Pàmies llamó «la industria de la ignorancia», un concepto que debería ya relevar al de «sociedad del espectáculo» de Guy Debord.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-La ignorancia de un porcentaje alto de nuestros profesores de primaria y secundaria viene de lejos. En sus clases de literatura se limitan –hablo de la gran mayoría; por supuesto no de todos– a trabajar con el libro de texto, con ese Manual que en literatura apenas se renueva desde quedó fijado en Laforet y Cela… Una vez consiguen la plaza de profesores apenas ya leen más literatura; se desinteresan de la literatura internacional y en cuanto a la nacional se quedan con los cuatro tópicos de rigor sobre la «nueva narrativa española» de los tiempos de María Castaña y no investigan sobre lo que pueda haber de nuevo en territorio nacional en las últimas décadas.

José Manuel Caballero Bonald: «El que no lee, desdeña la lengua»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-Lo creo. A una gran mayoría de escritores actuales les traen sin cuidado las cuestiones estéticas o de estilo.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Bueno, sí, supongo que algo de eso ha tenido que influir. Y mucho. Pero yo creo que la culpa de ese descuido también hay que atribuirla a que no se lee o a que nuestros escasos lectores consumen habitualmente literatura de baja calidad.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-La mala ortografía, como la pobreza del lenguaje, van unidas a los malos hábitos de lectura.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-Lo dicho. El que no lee o lee mal desdeña la lengua y, por tanto, la ortografía. Sin olvidar, claro, la cuestión de las deficiencias educativas.

Luis Magrinyà: «Los casos de ortografía infame no son un subproducto tecnológico: quien escribe así ya venía infame de casa»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-No sé muy bien cómo se escribirá en otros países; aventuraría que igual. En todo caso escribir bien va bastante más allá de hacer o no hacer faltas de ortografía.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Los mensajes instantáneos y las redes sociales se rigen en general por la espontaneidad, por la improvisación, y por una sobrestimación –tantas veces absurda- del valor que damos a nuestro tiempo. No es raro que hayan dado pie a tantas abreviaturas, siglas, emoticonos… Algunos de estos recursos son realmente imaginativos, por lo que a veces es discutible que su origen sea la pereza. La consigna quizá sea: hay que ser rápido pero también ingenioso (me encanta, por ejemplo, la feliz derivación hispánica de LOL, el sustantivo «lolazo»). Con la ortografía da la impresión de que nos conformamos con ser rápidos: ¡qué rollo tener que buscar una vocal con tilde en el teclado del móvil! ¿Y ahora tengo que poner un punto al final del mensaje? Creo que razonamos así, y a lo mejor a un opositor un examen también le parece cosa de darse prisa. Los casos de ortografía infame («haber» por «a ver») me temo que no son un subproducto tecnológico: quien escribe así ya venía infame de casa.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

Se ven faltas de ortografía, sí, pero en general no son gordas; creo que son despistes que una mayor atención a las labores de edición habría podido evitar (otra cosa es que esas labores ya se consideren secundarias en los medios, lo que sí es bastante penoso). Nadie, ni la persona menos cultivada, quiere escribir mal cuando escribe en público.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-No sé si es tanto como una lacra. En cualquier caso, la ortografía sirve como detector de la ignorancia y de la pulcritud, y es muy cómico ver cómo a veces se cuelan faltas elementales en ejercicios de prosa florida y pretenciosa. No creo que todos necesitemos ser identificados como pulcros, pero a nadie -en cualquier edad de la vida- le gusta pasar por ignorante. Aunque la ortografía es por supuesto un orden convencional no deja de ser razonable, y forma parte del saber. Supongo que habría que cultivar más el aprecio por el saber, que curiosamente es mayor en las personas que se crían sin condiciones favorables para la educación que en las que cuentan con medios y ya se creen que saben.

Elena Ramírez: «A lo largo de mi carrera observo menor exigencia en el cuidado de la prosa»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-Creo que sí. A veces recibimos en la editorial cartas o e-mails de presentación de una novela que directamente te hacen llevarte las manos a la cabeza. A veces la cuestión meramente gramatical en un manuscrito clama al cielo. No es solo una cuestión de redes sociales, me parece, aunque en ellas es muy evidente que escribimos peor.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Dimos por sentado que el e-mail admite una mayor relajación a la hora de aplicar signos de apertura o cursivas, que es una escritura rápida en la que prima la eficacia al cuidado. Después llegó la escritura abreviada, sin puntuación, ni ley gramatical alguna a la que invita la inmediatez que ofrecen las redes sociales. El problema es cuando se aplica esa relajación formal en toda comunicación escrita, fuera de las redes.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-A veces se encuentran faltas en los periódicos, pero no sé si puede hablarse de un problema de los periodistas, o si hablamos de menos gente en las redacciones, más prisa y falta de medios para corregir, pulir y cazar erratas. Es posible que en los libros se trate de la misma cuestión. Menos medios, menos guardianes, más erratas. Pero creo que puedo decir que a lo largo de mi carrera observo menor exigencia en el cuidado de la prosa.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-Sin duda, en el caso de los jóvenes es una cuestión educativa, y sobre todo, de lectura. Si una parte importante de su hábito de lectura y de su tiempo de ocio se gesta en medios como las redes sociales o en aplicaciones que priman la imagen a la palabra, crecerán no sólo escribiendo peor, sino expresándose peor, que es una forma de razonar, y con el tiempo, de conocerse a uno mismo.

Ana Rosa Semprún: «Cuanto más leamos, mejor escribiremos»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-No creo que, en general, se escriba mal; en cualquier caso, los buenos hábitos como la lectura ayudan mucho a mejorar la escritura. Cuanto más leamos, mejor escribiremos.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Las nuevas tecnologías han conseguido que la gente escriba más que nunca. Gracias a las redes sociales, millones de personas publican sus textos a diario para que otras personas lean lo que han escrito. Si nos paramos a pensarlo esto resulta sorprendente. En las redes sociales te encuentras de todo, gente que escribe bien y gente que no.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-Consulto diariamente varios medios de comunicación y no tengo la sensación de que se descuide la ortografía y la redacción. En cuanto a los libros se afirma popularmente que no hay libro sin errata, pero os puedo asegurar que en España contamos con unos correctores y unos editores excepcionales.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-La educación, la cultura y los buenos hábitos de lectura son las mejores herramientas para escribir correctamente.

David Trías: «La mejor receta para escribir correctamente es muy sencilla: leer, leer y leer»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-No hay especial preocupación por la ortografía y la sintaxis. Las prisas nos obligan muchas veces a escribir e-mails sin releerlos y primamos la comunicación instantánea por encima de la escritura.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-El problema no son las nuevas tecnologías necesariamente, sino la falta de lectura. En España se lee poco y todo el mundo sabe que la mejor receta para escribir correctamente es muy sencilla: leer, leer y leer.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-Sí, pero una vez más creo que tiene que ver con el cambio de paradigma en la sociedad actual: ya no tenemos apenas costumbre de escribir, más allá de los apresurados mensajes de texto y de los dichosos e-mails; predomina la cultura de lo visual y de hablar en público en detrimento de la comunicación escrita: y con los nuevos sistemas de voz que están llegando, más aún todavía. En los medios, presionados como están por la inmediatez, se cometen permanentemente errores ortográficos de bulto. En la publicidad, ay, también: un tirón de orejas para muchos «copys» (sobre todo por el mal uso de las comas). Desde aquí, reivindico la figura del corrector de textos, ese intermediario tan necesario entre el que escribe y el que lee. En nuestro sector es imprescindible y no podemos ni debemos prescindir de ellos.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-De lectura desde luego. Pero, como decía, los nuevos tiempos nos están llevando a unas formas de comunicación diferentes. Y, quizá, lamentablemente la gramática de toda la vida no cabe en 140 caracteres.

Pedro Álvarez de Miranda: «A más lectura, mejor ortografía»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-La cosa no va por el terreno de la creación literaria, evidentemente. Si uno respondiera que en España se escribe mal, estaría como diciendo que en España no hay buenos escritores, y eso naturalmente no es así. Hay bastantes controles para evitar que las cosas de la gente que escribe mal lleguen a los ojos de los lectores. Yo no soy partidario de dramatizar en exceso ni del catastrofismo, así que realmente no creo que se escriba peor en España ahora que hace unos años. Al fin y al cabo, hay que poner las cosas en su contexto social. Es una cuestión de perspectiva. Evidentemente, al democratizarse la escritura y el acceso a la lengua escrita, se pueden producir caídas de nivel. Pero es muy difícil decir que en España se escriba mal. Lo que sí es cierto es que la ortografía del español es muy fácil, muy sencilla, mucho más fácil que la del francés o la del inglés.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Tal vez sí, las nuevas tecnologías hayan influido en el descuido por la ortografía. Esta novedad, de hace unos años, de los correctores ortográficos puede ser contraproducente, en el sentido de que se relaja la autodisciplina, la atención, se transfiere la responsabilidad de la ortografía a una máquina. A mí los correctores me ponen tan nervioso que los desactivo.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-En los libros, yo no detecto descuidos ortográficos. En los medios de comunicación, tal vez un poco más, porque al fin y al cabo funcionan con más prisas y con unos controles más apremiantes que los libros, pero tampoco es una cosa muy llamativa. No quiero caer en un catastrofismo que puede resultar muy elitista. Aún así, yo creo que casi es más pobre la expresión oral que la escrita; puede ser más desolador poner la televisión, asistir a un «reality» y ver la incapacidad de algunas personas para expresarse verbalmente con cierta solvencia frente a la prensa escrita, pero siempre sin generalizar y sin adoptar esas posturas elitistas o nostálgicas. Las generalizaciones no suelen ser verdad y no hay que exagerar. Hay una especie de atracción por la nostalgia. Los jóvenes no saben unas cosas, pero saben otras que los mayores no saben, o sea que no hay que rasgarse en exceso las vestiduras por estas cosas.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-Evidentemente, es una cuestión de educación y de lectura. La lectura es absolutamente fundamental. En España, tenemos unos índices de lectura bastante alentadores en los niños y, de repente, dejan de leer; muchos niños se acostumbran a leer y cuando llegan a la adolescencia abandonan bastante la lectura. La ortografía es una cuestión de memoria visual, hay que tener grabada a fuego en la mente la imagen gráfica de las palabras, y una persona lectora tendrá una buena ortografía. Cuanto más lectora sea una persona, mejor ortografía tendrá; se puede establecer esa ecuación: a más lectura, mejor ortografía.

La cuestión de las abreviaturas hay que tratarla un poco aparte. Siempre he defendido, un poco a contracorriente, que los jóvenes estudiantes que utilizan tanto WhatsApp es positivo que sepan manejar esas abreviaturas, porque economizan y dinamizan el mensaje. En el caso de un joven que utiliza abreviaturas y hace todas esas grafías raras o se come vocales en un WhatsApp, lo dramático sería que al llegar a la universidad hiciera lo mismo en un examen. El joven tiene que saber cambiar de código. Mi experiencia en general es que los alumnos saben cambiar de código. Más grave me parece que una vez que están instalados en el código estándar de la lengua escrita, cometan faltas de ortografía. Una definición de persona culta es aquella que sabe cambiar de registro y que tiene varios registros. En la escritura, se puede decir lo mismo.

Yo me autoinculpo de haber relajado la exigencia en la carrera de Filología Española; estoy disconforme conmigo mismo por bajar la nota por faltas de ortografía, cuando en realidad habría que suspender directamente, pero tienes miedo de que te acusen de demasiado exigente, demasiado duro… Yo aplaudo la exigencia de los tribunales de oposiciones; me parece bien que si no se pueden cubrir todas las plazas, que no se cubran, porque el nivel era bajo. Lo que es bastante trágico es que esos profesores que suspenden al día siguiente siguen dando clases, porque son interinos. Es inadmisible que un futuro profesor cometa faltas de ortografía. Es muy serio, nos estamos jugando la educación de los españoles, que no es ninguna tontería.

Ignacio Bosque: «El nivel de exigencia ha disminuido»

-¿Cree que en España se escribe mal?

-Se escribe peor que hace unos años, sin duda. Naturalmente, hablo en términos generales. Existen profesionales de muchos campos que escriben espléndidamente.

-¿Han influido las nuevas tecnologías en el descuido por la ortografía?

-Yo diría que influye más la falta de lectura, y también el hecho mismo de que el nivel de exigencia haya disminuido considerablemente, tanto en la enseñanza media como en la universitaria. En mi opinión no habría problema en escribir «xq» o «tb» en un WhatsApp, siempre y cuando no se trasladen esos usos a un examen o a un trabajo. Lo que sucede es que los estudiantes no siempre tienen claras esas diferencias de registro.

-¿Se percibe esa descuidada ortografía en los medios de comunicación? ¿Y en los libros?

-Solo ocasionalmente me encuentro con alguna falta de redacción en los periódicos; las de ortografía son muy raras. Por otra parte, la mayor parte de los artículos de opinión que aparecen en la prensa están bien escritos; y algunos de ellos, magníficamente. Por el contrario, las faltas de sintaxis y los errores de léxico son bastante frecuentes en textos profesionales de muy diversos campos que no poseen relación alguna con el lenguaje. Seguramente es así porque a sus autores nunca se les explicó en la escuela que es importante redactar los textos de manera fluida y articulada, y con un buen dominio de los matices del léxico.

-¿Cómo podemos luchar contra esa lacra en los jóvenes? ¿Es una cuestión de educación, de lectura?

-De ambas cosas. No sé si los docentes y los especialistas en didáctica son conscientes de este problema. Si es así, confío en que el nivel de exigencia aumente pronto, empezando por los cursos más básicos. Si el alumno ve que se le aprueba un curso tras otro con faltas de ortografía y de redacción, llega de forma natural a la conclusión de que nada de eso es importante. Incluso puede licenciarse en alguna especialidad con ese convencimiento.

 

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