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El lado bueno de las malas palabras: por qué decir palabrotas es saludable

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La investigadora Emma Byrne comprobó lo que todos sospechábamos: decir palabrotas funciona como un potente analgésico, agudiza la memoria y mejora el ánimo.

El libro Swearing is good for you. The Amazing Science of Bad Language (Decir groserías es bueno para ti. La sorprendente ciencia de las malas palabras) ofrece una explicación científica a la imposibilidad de quedarnos callados cuando una situación nos enerva, recibimos una gran sorpresa o sentimos mucho dolor. Maldecir nos ayuda a sentirnos mejor.

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Lo interesante es que Byrne no es una estudiosa de la lingüística, ni la psicología. Se trata de una británica experta en robótica, específicamente en inteligencia artificial, que se dedicó a complicar y analizar decenas de estudios de todas las áreas del saber sobre el tema.

Uno de sus primeros hallazgos es que no existe un consenso en la definición específica de la palabra inglesa “swearing”, cuya traducción al español sería “decir palabrotas” o “decir obscenidades”. El caso del  castellano es bastante más confuso porque no existe un verbo exclusivo para la acción de expresar verbalmente groserías.

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Lo que si le quedó claro es que todos analizaban algo considerado como un lenguaje que es tabú, palabras que pensarías dos veces antes de decirlas en público y que se trata de una acción emotiva. Las palabrotas se usan para causar una reacción emocional en otra persona o para expresar una emoción fuerte.

Las groserías tienen un significado único para cada persona que la usa y no pueden ser remplazadas sin que pierdan su poder catártico o de desahogo, dice Byrne. Si cuando te pillas un dedo con una puerta te sale del fondo del alma gritar “mier&%” no surtirá el mismo efecto si dices en voz muy alta “excremento”.

Los gritos de una mujer pariendo

Uno de los primeros en analizar la utilidad de las palabrotas fue el psicólogo Richard Stevens, quien se preguntaba si los insultos y palabras subidas de tono que vociferaba su esposa durante el parto realmente la ayudaban a aliviar el dolor.

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La sociedad juzga más a las mujeres que dicen palabrotas aunque no hay diferencias en el impacto positivo que tiene en ambos géneros. (CC0 Creative Commons)
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“Pensé que era bastante probable que decir palabrotas ayudara a la gente a lidiar con el dolor porque tenía que existir un motivo para hacerlo”, dijo Steven hace un tiempo a la publicación The Daily Beast.

En uno de los estudios para probar su hipótesis, Stevens pidió a 64 estudiantes voluntarios sumergir su mano en una cubeta con agua helada en un laboratorio de ciencias del comportamiento de la Universidad de Keele, mientras repetían la palabra obscena de su elección. Luego hacían de nuevo el experimento de meter la mano en agua gélida pero repitiendo una palabra común como mesa, sol o calle.

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