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El año en que dejamos de mirar el piropo como un halago

Con la fuerza de una ola, la sociedad chilena vio cómo este año desde las universidades se replicó la demanda por una igualdad de derechos que en todas las esferas. Con fuertes debates en temas como el piropo y el acoso sexual como iconos.

 

latercera.com

#MeToo #YoTambién #TimesUp #YoSiTeCreo, #AbortoLegalYa  #MiraComoNosPonemos #LasNiñasPueden #MujeresEnCiencias #NoesNo #Cuentalo. Son solo algunos de los ejemplos de cómo el tema de género y las demandas feministas marcaron la pauta durante 2018.

La búsqueda de igualdad en oportunidades y derechos entre hombres y mujeres, encontró en los últimos meses una difusión y masividad que no mostraba en décadas.

Todo se inició en abril, cuando un grupo de universitarias dio el impulso. Eran jóvenes de la Facultad de Humanidades de la U. Austral de Valdivia. Denunciaba los casos de acoso y abuso sexual presentes en la institución. Pero no sólo le ocurría a ellas. Se sumaron profesoras y funcionarias. Se unieron otras universidades. Ocurría en colegios. Pasaba en los trabajos. Era transversal.

En los últimos 12 meses Chile vivió la irrupción pública y masiva de los feminismos. Se apreció la rearticulación de un movimiento, “que nunca ha dejado de existir, pero que estaba de alguna manera en una etapa de latencia”, destaca Teresa Valdés, socióloga, feminista y coordinadora del Observatorio Género y Equidad.

Fue el año en que miles de personas en salieron a la calle para hacer visible que existe un actor colectivo que tiene una propuesta que es para el conjunto del país, dice Valdés, y que no es solo para las mujeres. Se retomó una reivindicación muy significativa en los últimos 30 años, que es el tema de la violencia contra la mujer, indica, pero tomó la arista del acoso sexual como relevante. “Pasamos del tema general de la violencia a lo específico del acoso sexual y la violencia de género que parte en las universidades pero que se extiende al conjunto de la sociedad”.

De las manifestaciones públicas ingresó a la vida cotidiana. “Parte el tema del acoso sexual desde las universidades, pero de ahí se hace visible que esto se da en las calles, en todos lados, y se instala la conversación”, dice Valdés.

Fue tema de los medios y en Chile se conocieron casos de denuncias de figuras públicas. “Al instalarse en la conversación, estamos en presencia de posibles cambios culturares, se discute del tema, se dan algunas posiciones extremas, otras menos extremas, pero lo concreto es que se empieza a hacer intolerable ciertas prácticas que antes estaban normalizadas”, dice Valdés.

Mónica Peña, académica de la Facultad de Psicología U. Diego Portales, señala que todo eso se tradujo en cambios importantes en protocolos, temas curriculares, curso de género, perspectiva de género como temática más transversal en las carreras. “Ver mujeres más diversidad de mujeres en inicio del movimiento se relaciona a referentes nuevos, es algo global que se venía de alguna manera incubando hace muchos años, pero antes no se hablaba de feminismo porque era peligros, dejo de ser una mala palabra, conmueve a la gente, te hace hacerte preguntas que no se hacían, las mujeres hoy se cuestionan el maltrato que reciben, se cuestionan si recibirían el mismo trato si su trabajo lo hiciera su colega hombre”.

Piropo y educación no sexista

Si se consideraba “normal” el piropo, indica Valdés, hoy día ya no. “Lo concreto es decir que mi cuerpo, mi intimidad, debe ser protegida, no puede estar expuesta a los deseos de cualquier persona, principalmente varones”, dice la socióloga.

“No se puede interrumpir o debatir lo que se considera una norma incuestionable” plantea Ana Luisa Muñoz, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica. Uno de los aspectos relevantes de este año, indica, fue la discusión por una educación no sexista para reconocer, por ejemplo, que la violencia cotidiana, como el piropo, la asignación de roles naturalizados por el solo hecho de ser mujeres, la invisibilizacion de nuestro trabajo o aportes en el espacio laboral.

“Al reconocida como algo que no es natural, genera una incomodidad, y esa incomodidad es un primer paso para la consciencia y la transformación de prácticas y formas de relacionarse que habían sido históricamente naturalizadas”, indica Muñoz. En ese proceso la educación juega un rol clave para identificar esas incomodidades, pero también entregar herramientas de cómo identificar y/o enfrentar situaciones de sexismo. “A modo de ejemplo, ¿si estoy viviendo una situación de discriminación sexista, que hago con ella? Si enfrento la situación para interrumpirla ¿Cómo lo hago? ¿La otra persona me entenderá porque me afecta o me dirá que estoy exagerando? Las preguntas son múltiples, y es ahí la complejidad que se posiciona desde la demanda de educación no sexista desde el movimiento feminista”.

 

En los contenidos de la demanda la se puso el énfasis en educación no sexista. “Difícilmente vamos a cambiar en una cultura si no partimos generando desde las primeras etapas en educación una educación que no obligue a los niños y a las niñas a ser ejercer los roles tradicionales y en el fondo a disminuir sus capacidades, donde lo más grave de la educación sexista es que limita tanto a las mujeres como los hombres”, dice Valdés.

En el terreno de la investigación científica y en artes y humanidades, este movimiento también logró visibilizar las distintas trabas y brechas que existen en el camino de las investigadoras, resalta la científica y académica de la U. de Antofagasta, Cristina Dorador. “La investigación y creación se basan en la generación de ideas, por lo tanto, incluir a la diversidad humana en esta tarea es crucial para que nos desarrollemos como sociedad”.

En 2018 se abrió el debate de que no es fácil ser mujer e investigar. Menos ser madre y científica, dice Dorador. “Menos tener voz en un entorno muchas veces hostil y masculino. Existe evidencia extensa sobre como los ambientes académicos tradicionales van mancillando carreras exitosas de mujeres muchas veces por prejuicios y machismos arraigados. Hemos aprendido una gran lección este 2018: nunca claudicar. Somos muchas y muchos quienes queremos una mejor sociedad y país de la mano de la equidad de género”.

Por Paulina Sepúlveda

 

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