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El poder de la palabra

diariocordoba.com

Por José Antonio López García

El poder de la palabra es tremendo, no hay que olvidar que cuanto sale de nuestra boca tiene un valor. Así, lo más pequeño e insignificante puede hacer un gran daño, dependiendo cuáles sean las circunstancias de la comunicación. En numerosas ocasiones se oye el célebre dicho de que «una imagen vale más que mil palabras». Sin embargo, una palabra puede contener en sí misma un poder enorme y, acompañada de más palabras, puede llegar a ser incluso demoledora. Vamos a ver cómo se pueden utilizar: A) Palabras que hieren: su fuerza es tal, que no son necesarias demasiadas para causar una honda tristeza. Un párrafo corto que ataque nuestro punto más débil. ¿Quién no tiene un amigo manipulador que sabe cómo usar la palabra para sacar de nosotros cuanto quiere, aunque no lo deseemos? ¿A quién no le han dicho nunca palabras llenas de dolor, rechazo o tristeza?

B) Palabras de amor: también sirve para describir sentimientos como el placer, la bondad, el amor o el agradecimiento. De hecho, hemos sido capaces de crear algunas de las palabras más bonitas del mundo para hablar de aquello que nos agrada, como belleza, amistad, solidaridad, creación, poesía, amor.

C) Palabras vacías: hay personas capaces de hablar sin decir nada, con la capacidad de estar hablando durante un tiempo sin que se pueda extraer de sus palabras una conclusión clara. Cuando estas personas ostentan un cargo de responsabilidad, en el ciudadano crean una mezcla de impotencia, porque, a pesar de hacer esfuerzos, no consiguen conectar al canal de comunicación. «Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una», decía Francisco de Quevedo.

D) Por último, me refiero a la enorme capacidad para trasmitir mentiras, tratando de captar la atención del interlocutor para decirle algo que en realidad no es cierto. Es una pena que la riqueza lingüística se utilice en ocasiones para insultar, mentir o falsear la realidad, pues ninguna palabra merece una utilización tal. Por desgracia, cada día aparecen más voces que intentan que su mensaje quede por encima del resto, atacando a los demás, pensando que su mensaje sirve para anular las vidas de quienes se oponen o permanecen indiferentes al mismo. La responsabilidad con la que ejerzamos y disfrutemos del poder de la palabra es nuestra. Utilizarla para crear construir, compartir, acariciar o abrazar en vez de para agredir, atacar o destruir, en el fondo, es nuestra decisión. Decía Buda: «Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas».

* Licenciado en Ciencias Religiosas

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