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Punto de vista: ¿Por qué nos molesta que los chicos usen el lenguaje neutro?

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¿Conocen a algún niño o niña que hoy no use alguna expresión del lenguaje neutro, como “nevera”, “maleta”, “balón”, “carro”, “oye, mami”, “oh, no puede ser” o “maldición”, entre otras?

Difícil, ¿no? Mi hija, de sólo 2 años, el primer pronombre personal que pronunció fue “tú”, para expresar enojo conmigo o con su padre.

Lo cierto es que no es condición que los chicos estén conectados día y noche a las pantallas –aunque muchos, lamentablemente, lo están– para que se vean influenciados por ese lenguaje neutro que a los adultos nos suele resultar molesto y artificial.

En lo personal, me sucede que cada vez que lo escucho, no tanto en los productos audiovisuales para niños como dibujos animados, series de tevé o videos de YouTube, sino principalmente en obras de teatro infantiles a las que suelo asistir, me desconcierta. Por suerte, al hablar de libros o de literatura, cuando uno elige bien, puede escapar de esos modismos inoportunos.

El lenguaje neutro, como así también la tonada neutra, tiene que ver con un intento de homogeneización del lenguaje, un invento del mercado para asegurar la circulación más fluida de los productos culturales, dejando de lado las particularidades lingüísticas y contextuales de cada país de habla hispana, e intentando congregarlas bajo ese lenguaje con pretensión de neutralidad, pero que en realidad responde a los usos que los mejicanos hacen del lenguaje español.

¿Por qué los mejicanos? Porque México, hacia mediados del siglo 20, ya era uno de los principales centros de doblaje de productos estadounidenses en América latina. Esta posición obedeció a que ese país tenía la capacidad para llevar a cabo los doblajes y contaba con la infraestructura, gracias a su industria cinematográfica, lo que le dio una ventaja competitiva frente a otras naciones.

Como ven, la famosa “neutralidad forzada”, responde también a la lógica del mercado. Su artificialidad anula las especificidades de nuestras propias formas de hablar y expresarnos y quizás eso sea lo que más fastidia.

Generación malvavisco

Sin ir más lejos, en la Fiesta de Apertura de Temporada de Villa Carlos Paz, entrevisté a diferentes elencos de teatro infantil y los integrantes de uno de ellos, muy atractivo por la cantidad de jóvenes que lo compone y su llamativo vestuario, hablaron en lenguaje neutro durante toda la conversación. No pude con mi genio y les pregunté por qué usaban lenguaje neutro en la obra. El productor inmediatamente se salió de su personaje y me habló con acento porteño: “Es porque creemos que de ese modo los chicos nos prestan más atención”.

Asentí con la cabeza, pero su respuesta me dejó insatisfecha. Inmediatamente pensé que los mejores programas infantiles y las obras de teatro que disfruté toda mi vida, primero como espectadora y luego como periodista especializada en productos culturales para la infancia, eran los que conservaban esa particularidad del lenguaje de cada lugar donde surgen, mostrando su riqueza lingüística y sus múltiples sentidos, eso que es tan propio de las diversas infancias que existen, tan particular y universal al mismo tiempo.

Por otro lado, la atención de los chicos se capta con buen contenido y calidad artística que les provoque ese goce único, que sólo el arte genuino puede generar. En la diferencia está la riqueza, como en tantas producciones de Paka Paka, el canal infantil argentino, que surgió como alternativa a los programas infantiles de tevé más homogéneos y estandarizados de señales como Disney Channel, Cartoon Network o Discovery Kids, entre otras.

Ya lo dijo el antropólogo Néstor García Canclini, los productos culturales tienen valores de uso y de cambio, y de ese modo contribuyen a la reproducción de la sociedad y a veces a la expansión del capital, pero en ellos los valores simbólicos prevalecen sobre los utilitarios y mercantiles. Por eso preferimos que éstos sean mucho más nuestros desde el lenguaje, porque de esa manera el proceso de identificación es más fuerte, y más intenso aún el disfrute, ya que en definitiva ese es el fin esencial de todo producto cultural, más allá del mercado.

Ahora, ¿les molesta a los chicos el lenguaje neutro? A ellos no los perjudica. Cuando recién había comenzado este debate, en el año 2011, los especialistas dejaron esto bien claro, ante las múltiples demandas de padres por la “generación malvavisco”.

Incluso hasta puede enriquecerles su vocabulario, siempre y cuando tengan acceso a la mirada del adulto que guía y orienta el consumo de los productos, para garantizar los beneficios y no caer en un visionado exclusivo de un tipo, que limite la oferta cultural para la infancia. Los niños son merecedores de múltiples sentidos y de un sinfín de mundos posibles que sólo podremos habilitar de la mano de la imaginación, la diversidad, y la expresión de la identidad cultural de cada pueblo. *Periodista cultural

Por SOL CASTRO

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