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“Trato de convencer al Gobierno de que la RAE es un servicio público”

Santiago Muñoz Machado, nuevo director de la Real Academia Española

 

lavanguardia.com

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Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) toma posesión como director de la Real Academia Española en el pleno de mañana. Experto en derecho constitucional, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de ­Ciencias Morales y Políticas, y director del Diccionario del español jurídico y del Diccionario panhispánico del español jurídico, el flamante director ha atendido aLa Vanguardia en conversación telefónica, diario en cuyas páginas de opinión colabora regularmente. Muñoz Machado llega al cargo en unos momentos económicamente complicados y después de una batalla sucesoria que ha sufrido fugas en los muros de la docta casa.

 

 

Después de unos meses movidos, ¿se han calmado los ánimos en la RAE con su elección?

En la Academia, de vez en cuando, como en cualquier sociedad, se producen tensiones entre los miembros, pero creo que se ha exagerado un poco la crisis que nos afecta. Es innegable que hemos pasado y estamos en un periodo de dificultades económicas. Desde el punto de vista personal, sin embargo, los incidentes que han podido haber están más que sanados y en calma. La elección se ha producido del modo que es tradicional en esta casa, sin campañas ni programas, en plan cónclave y, de hecho, sí ha habido unas candidaturas y se ha resuelto mayoritariamente a favor de la mía, de modo que el mismo día ya quedaba todo resuelto, en calma y en paz y con un gran afecto. Las personas que han concurrido conmigo son las primeras que me han ofrecido todo su apoyo, y estoy convencido de que lo voy a tener.

¿Qué planes tiene para mejorar esta situación económica?

Trato de convencer al Gobierno de que todo lo que hace la RAE es un servicio público. Es de interés general en cuanto que cuida de un idioma que hablan 570 millones de personas en el mundo, y lo hace desde una posición reguladora, de institución que dicta las normas para el mantenimiento de la calidad y la unidad de ese idioma que se habla en muchos países del mundo. Esa función le lleva a preparar y a publicar herramientas fundamentales, que siempre están reelaborándose, y para eso nos hacen falta recursos. Y este, que es el servicio cultural más importante que tiene España, el más relevante en el mundo, debería ser sostenido de ese presupuesto público. Mi pretensión es convencer al Gobierno de que, al menos, lo que son los costes básicos de la RAE estén atendidos desde el presupuesto general del Estado.

 

 

También hay productos comercializables.

Sí, claro, de los que pueden salir también ingresos. Los derechos de autor por los diccionarios han disminuido, pero hay un producto importante, Enclave RAE, que concentra la totalidad de los productos lingüísticos que la RAE ha elaborado desde que nació, y que es de enorme utilidad para el correcto manejo de la lengua española. Por último, pero no en último lugar, están los patrocinios de las empresas. Siempre hemos tenido un fuerte apoyo empresarial que en el momento de la crisis cayó un poco, pero ahora creo que estamos en época de renacimiento.

Sobre Enclave RAE, se firmó un convenio en diciembre con el Gobierno chino, a raíz de la inclusión del español como lengua extranjera en la enseñanza. ¿Podría suponer una aportación económica significativa?

Con la Universidad de Shanghai, efectivamente. Los estudios en español en institutos y universidades chinas se desarrollarán más, y Enclave RAE, una herramienta poderosísima, puede ser muy útil para profesores y universidades. No es que tengamos depositadas nuestras esperanzas en China, pero sí es un eventual usuario que conviene probar.

En cuanto a la política panhispánica, siempre hay algún país que muestra su disidencia.¿Cómo está hoy la cohesión con las 22 academias del español?

 

 

La Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) es una organización cuyo presidente nato es el director de la RAE. Hay mucha comunicación porque realmente los trabajos de la RAE han dejado de ser estrictamente españoles y se han convertido en panhispánicos. El idioma no es de España, es de la comunidad hispánica, y es tanto la lengua propia en México como lo es aquí. No podemos decir cómo hay que construir una frase o establecer la significación de una palabra sin contar con las academias americanas. En la XXIV edición del diccionario que estamos preparando, todo el material que elaboramos se envía a las academias hermanas para que lo verifiquen y lo aprueben. Lo mismo con la gramática y las otras obras. La relación es muy buena y nos lamentamos de que no pueda ser más intensa, siendo un vehículo que no sólo tiene importancia lingüística y cultural, sino que es un vehículo de relaciones diplomáticas de primer orden.

¿No hay fricciones?

Las relaciones son muy buenas, pero eso no quita que haya en esos países grupos que operan al margen del sistema institucional establecido en la Asale, que pretenderían potenciar otros idiomas nativos o que no están de acuerdo con el sistema institucional que nosotros representamos. Pero así son todas las cosas en esta vida nuestra.

 

 

¿Tiene otros retos sobre la ­mesa?

El principal problema es la cuestión económica. Más allá de esto, lo que la RAE debe procurar es mantener el prestigio, la autoritas que tiene en todo el mundo. Las normas que dicta la Academia se cumplen no porque lo diga la Constitución, sino por el prestigio que tiene. Ese es el valor principal a conservar, es esencialísimo que la RAE mantenga su posición como institución cultural.

¿Cuál es la principal misión de la RAE?

Debemos seguir las líneas de trabajo que marcaron nuestros padres fundadores hace tres siglos. La principal de todas es luchar continuamente por la unidad de la lengua, que nos sigamos entendido en ambas partes del Atlántico y en los otros lugares donde se habla español. Es el objetivo estatutario más elevado.

¿La nueva edición del diccionario se publicará en papel?

No tenemos resuelto si habrá edición en papel o no; depende de cómo evolucionen las cosas. Antes obteníamos un gran retorno en derechos de autor, pero hoy las ediciones en papel han dejado de ser recomendables, han pasado de moda, como lo ha demostrado la última edición. Los grandes textos con mucho contenido están ahora en internet y hay que manejarlos en la red. La nueva edición va a ser revolucionaria porque tendrá base digital, será nativa digital, con una enorme base de datos, de manera que puedan derivarse otros subproductos, como el diccionario jurídico y otros vocabularios terminológicos. Publicarlos en papel o no será una cuestión secundaria.

 

 

¿En qué proyectos nuevos se está trabajando?

Se está preparando un diccionario fraseológico panhispánico, un glosario de términos gramaticales y la edición digital del Diccionario panhispánico del español jurídico, que yo he dirigido, en colaboración con todos los consejos y tribunales supremos de América. También estamos preparando la segunda edición del Diccionario panhispánico de dudas y continuamos con la Biblioteca clásica de la RAE, que se acerca a los cuarenta títulos, con lo mejor de nuestra literatura hasta el siglo XIX. Hay un montón de proyectos en marcha.

¿En qué fase está el informe sobre lenguaje inclusivo de la Constitución, que el Gobierno solicitó a la RAE?

El informe está hecho y ahora falta el pleno, pero se ha atrasado un poco porque uno de los ponentes no podía asistir y yo quiero que estén los cuatro. Por tanto, empezaremos a deliberarlo en febrero y supongo que habrá debate vivo, pero espero que a lo largo de ese mes esté terminado. Entonces, mi propósito es entregarlo a la vicepresidenta y que el Gobierno decida cómo lo hace público.

¿Está de acuerdo en cómo está planteado?

Prefiero guardármelo porque el informe no lo he estudiado. Lo han elaborado cuatro académicos de una calidad técnica indiscutible, por tanto estará maravillosamente bien hecho desde un punto de vista técnico, no me cabe la menor duda: Ignacio Bosque, Paz Battaner, Inés Fernández Ordóñez y Pedro Álvarez de Miranda.

 

 

Desde Pedro Laín Entralgo, hace más de treinta años, usted es el primer director de la RAE que no es propiamente un lingüista. Aunque ha dirigido el Diccionario jurídico, su perfil es más de jurista. ¿Cree que será bueno para la Academia?

Parto de una favorable presunción de mis colegas –digo presunción porque no hay prueba de que lo que dicen sea cierto– de que, además de mi ámbito de estudio, piensan que soy un buen gestor. He dedicado mi vida a resolver conflictos de los demás; que vaya a ser buen gestor o no está por ver, pero me esforzaré.

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