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¿Cuál idioma es más dificil? ¿Árabe o chino?

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Por Mo’ámmer Al-Muháyir

El chino mandarín hablado es un idioma de lo más fácil, casi no tiene gramática. La lengua china es una lengua altamente aislacionista por definición, no tiene morfología. Es decir, no tiene casos gramaticales ni conjugaciones verbales ni desinencias de ninguna índole. El inglés de hecho tiene más morfología que el chino. Así que simplemente hay que aprenderse las palabras y ponerlas en el orden sintáctico correcto y ya está (primero el sujeto, luego el verbo, luego el objeto directo, predominantemente).

La variedad de sonidos del chino mandarín es harto conocida para los hispanohablantes, carece de las sofisticadas consonantes semíticas o de las complejas vocales escandinavas (æ, þ, ø, ü…). Su simplísimo sistema fónico consiste básicamente en intercalar una vocal con una consonante, una vocal y una consonante, no suelen juntar consonantes como nosotros.

La dificultad del chino no está en el idioma en sí sino en el alfabeto, que al ser ideográfico tiene más de 5 mil caracteres. Pero parece más difícil de lo que es. En realidad se ha demostrado que al leer, nuestro cerebro no lee letra por letra, sino la palabra entera. Es conocido el juego de palabras que lo demuestra: “Un etsuido de una uinverisdad ha deomtasrdo que…”, por eso mientras mantengas la primera y última letra en su lugar, puedes cambiar de lugar todas las demás dentro de una palabra que la palabra seguirá siendo inteligible.

Entonces, si nuestro cerebro no lee letra por letra sino palabra por palabra, eso quiere decir que para aprender nuestro idioma hemos memorizado miles y miles de palabras, de lo contrario leeríamos como un turista inglés. Y en eso consiste precisamente el sistema de escritura chino, cada ideograma representa una palabra. El sistema chino es más simple que el nuestro para el caso, tiene menor cantidad de “signos” (cuenten cuántas entradas hay en el diccionario de la RAE o en el de María Moliner, muchas más de 5.000…) y es más económico en cantidad de trazos de escritura.

En medio de toda esa simplicidad, quizás la única dificultad es el sistema de tonos del dialecto chino cantonés, que tiene 9 tonos si mal no recuerdo. Pero el chino cantonés no es el que aprenderías si vas a aprender chino, aprenderás el mandarín. A menos que seas un lingüista interesado en el cantonés por razones científicas, como podría ser mi caso. El sistema de tonos es extraño para nosotros incluso su forma más simple, en una lengua como el sueco o el noruego que tiene sólo 2 tonos, porque estamos acostumbrados desde pequeños a jugar libremente con la entonación de las palabras para dar distintos tipos de énfasis. Sin embargo en una lengua tonal, cuando cambias el tono cambias el significado de la palabra, y debes usar un tono de voz “fijo” al pronunciarla. Eso se siente extraño para nosotros, casi artificial, como si estuvieras remedando o imitando lo que alguien dijo.

El árabe en cambio sí tiene morfología, de hecho tiene tres casos gramaticales (nominativo, acusativo y genitivo), es decir la flexión o desinencia del sustantivo según el papel sintáctico en la frase (según sea sujeto, objeto directo, etc.). El árabe junto con las lenguas semíticas en general tiene el sistema derivacional más rico que yo conozca, con la raíz de una misma palabra puedes armar una familia INMENSA de palabras, sólo desde el vamos puedes derivar hasta 15 verbos diferentes (incluyendo 3 causativos, que es una voz que significa “hacer que alguien haga algo”). Además la aglutinación en las lenguas semíticas es bien distinta a la de las lenguas indoeuropeas, muchas preposiciones van prefijadas a la palabra al igual que el artículo determinado, y los posesivos van sufijados (pegados al final), y no usan nuestro conocido sistema de composición en palabras como “lava-rropas” o “auto-mático”.

El sistema fónico del árabe es el más rico dentro de las lenguas semíticas, y las lenguas semíticas son conocidas por tener si bien vocales muy simples (en el árabe hablado se pronuncian unas 5 ó 6 vocales, pero sólo se escriben 3: a, u, i), abundancia de sonidos guturales y consonantes complejas, cuya sola pronunciación requiere práctica y entrenamiento. A veces incluso te duele un poco la garganta luego de pronunciar bien unas cuantas frases.

Y después, están las dificultades añadidas del alfabeto. El alfabeto árabe con el orden actual o hiyá’i tiene nominalmente 28 letras (en su forma aislada), pero en realidad hay 32. Pero resulta que cuando armas una palabra las letras se pegan, y eso da como resultado en que la gran mayoría de las letras tienen 4 formas: la aislada, la inicial, la media, y la final. Y alguna letra como la Ha puede tener hasta 3 formas mediales en uso, todas corrientes y aceptadas. A eso hay que sumarle los diacríticos o ‘harakets’. Eso nos da como resultado que hay que memorizar más de 100 signos, con sus complejas reglas de pegado y combinación (por ejemplo cuando agregas una Álif ( ا ) a una Lam ( ل ) las normas regulares de pegado no funcionan, y se forma por economía la grafía Lam-Álif ( لا ).

A eso hay otra dificultad agregada: el alfabeto árabe es un ‘abyad’, es decir, un alfabeto consonántico. Es un sistema de escritura donde se escriben básicamente las consonantes, y por eso posteriormente los eruditos musulmanes inventaron los harakets o signos diacríticos. Ahora, estos signos diacríticos en la prensa y la vida cotidiana los árabes no los usan, por economía. Como dijimos, nuestro cerebro lee palabra por palabra, no letra por letra. Y ellos ya saben reconocer una palabra aunque no tenga los signos diacríticos agregados por arriba y por abajo. Como consecuencia, para saber bien cómo se pronuncia correctamente una palabra leída en un periódico debes conocer bien el idioma, no sólo dominar el sistema fónico y el alfabeto, sino también la gramática, porque cuando le sacas los signos vocálicos resulta que sustantivos y verbos de la misma familia como “molino” y “moler” se escriben igual (طحن) pero se pronuncian distinto (táhnun / táhaha), y esto sólo lo sabes por el orden sintáctico o el contexto de la frase. Es decir, aunque domines a la perfección los sonidos y el alfabeto árabe, no puedes leer ni pronunciar un periódico o una carta a menos que conozcas bien el idioma.

¿Conclusión? Yo diría que el árabe es más difícil, sin duda.

 

Mo’ámmer Al-Muháyir, estudió Licenciatura en Letras y Lingüística en Universidad Nacional de Río Negro

 

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