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“Calladita se ve más bonita” o sobre la normalización del silencio femenino

eldesconcierto.cl

Seamos directas: a las mujeres se nos crían para complacer, entretener, atender, y cuidar a los demás. ¿Y qué pasa si decimos ‘no’, no podemos, o no queremos complacer, entretener, atender, o cuidar? Somos ‘exageradas’, ‘malas’, ‘egoístas’, ‘cuáticas’, ‘anti-naturales’, ‘feminazis’ y todos esos comentarios que recibió Camila Gallardo luego de decir ‘no’.

“La niña María ha salido en el baile

baila que baila que baila

y si no lo baila castigo le darán”

El viralizado e indignante caso de acoso del alcalde de Puerto Varas, Ramón Bahamonde, hacia la cantante Camila Gallardo generó un repudio generalizado por el actuar del político. Pero, también, una serie de comentarios que delatan la naturalización del abuso que sufrió la artista, culpándola de ‘exagerada’, ‘mal pensada’, ‘cuática’, por decirlo menos.  Estos últimos nos llaman profundamente la atención ¿Por qué hay personas que creen que Camila Gallardo está exagerando o que se trató de un malentendido? Existiendo cientos de testigos presenciales y visitas de los videos que registran lo que ocurrió, no es posible cuestionar la evidente la tensión e incomodidad de la artista frente al actuar del alcalde. ¿Por qué algunas personas insisten en buscarle “la quinta pata al gato”?

Cuando intenté responder esta pregunta es que saltó la canción sobre la niña María y cómo la obligan a bailar. Porque el no ser capaz de identificar lo que está mal en el caso de Camila Gallardo versus el machismo arraigado en el actuar del alcalde Bahamonde revela lo profundamente incrustados que tenemos las conductas abusivas contra las mujeres y la normalización de su silencio. Seamos directas: a las mujeres se nos crían para complacer, entretener, atender, y cuidar a los demás. ¿Y qué pasa si decimos ‘no’, no podemos, o no queremos complacer, entretener, atender, o cuidar? Somos ‘exageradas’, ‘malas’, ‘egoístas’, ‘cuáticas’, ‘anti-naturales’, ‘feminazis’ y todos esos comentarios que recibió Camila Gallardo luego de decir ‘no’.

Volvamos a María y a su baile. A la niña María, como a muchas de nosotras, se le enseñó a saludar de beso a todas las personas (incluyendo a completos desconocidos). Quizás, algunos familiares hasta la saludaron con besos en la boca y poco importó lo que María sintió, decidió, o la soberanía de María sobre su propio cuerpo. Probablemente, hacer esas preguntas no hubiese combinado bien con su rol de ‘princesa’ o ‘muñeca’ ni con su ropa con tul, flores, y encajes. Probablemente, también, a María le enseñaron a sentarse bien (con las piernas bien cerradas) y la mayor recompensa que tuvo por ello fue escuchar un “cosa más linda”: Sí, un piropo.

María creció y entró a la adolescencia. Con la pubertad, probablemente al igual que muchas que nosotras, su cuerpo pasó a ser tema obligado en la sobremesa familiar o entre sus compañeros de curso: qué cómo ha cambiado su cuerpo, qué ropa está eligiendo usar, que si le ha llegado (o no) su primer período, que si ya tiene pelos en las partes “que antes no tenía”, y si ya le gusta algún compañerito. Porque, además de ‘señorita’, María debe ser heterosexual para aprender a cultivar el amor hacia la persona adecuada. Quizás María, al igual que muchas de nosotras, se quedó callada y sólo se rió de comentarios absurdos o ofensivos pero ‘que se los dicen porque la quieren’. No olvidemos uno que otro “no se te ocurra quedar embarazada”. Probablemente, el ‘inocente’ piropo de “cosa más linda” ahora evolucionó a un nada inocente “mijita rica” (a continuación, añada el comentario sexual-penetrativo de su preferencia).

Ahora María debe estudiar o trabajar. Y, como muchas de nosotras, quizás se topó con un profesor ‘jote’ en la universidad, un jefe que la miraba más de la cuenta, o un amigo con el cual se sentía incómoda bailando pero con quien bailaba igual para ‘no apagar la fiesta’. Y aquí estamos con María: leyendo la noticia sobre el alcalde Bahamonde y Camila Gallardo, y enterándonos del ataque lesbofóbico contra Carolina Torres, el juicio contra Nicolás López, el hashtag #MeToo, y pareciera que el mundo sigue buscándole “la quinta pata al gato”.

El que a la niña María se le obligue a bailar y el que a Camila Gallardo se le critique por no dar un beso (que nunca quiso dar) al alcalde Bahamonde nos habla de la imposición de roles de género y de cómo sus consecuencias se expresan durante toda nuestra vida. Es más, son estas expresiones las que cimentan la desigualdad de género estructural en múltiples ámbitos: la educación sexista, la poca rentabilidad de carreras feminizadas, la brecha salarial y en el acceso a instrumentos financieros, la violencia en el pololeo, los femicidios, los crímenes de odio, el acoso laboral y callejero, la publicidad sexista, y un sinnúmero de micromachismos cotidianos.

¿Pero por qué la reacción de Camila Gallardo es noticia y lo de la niña María es sólo una canción infantil? Porque Camila no se quedó callada y respondió ante una situación de abuso. El silencio femenino está tan normalizado que el que Camila Gallardo haya movido su cara para evitar recibir ese beso generó toda una sobre-reacción: porque sacar la voz “no es de señoritas”, sino de histéricas, locas, o culpa de la menstruación o de la menopausia. Sacar la voz, incluso, es poco “femenino” incluso para otras mujeres que salieron a defender el actuar “sureño” y “cariñoso” del alcalde Bahamonde. Y, así, seguimos reforzando el silencio porque “calladitas nos vemos más bonitas”.

Perpetuar el silencio femenino, esa presión a no verbalizar situaciones de abuso, a mantener secretos, a no confiar en los demás, no beneficia a nadie. Porque ese mismo silencio nos lleva a dudar de nuestra propia memoria, de nuestro criterio, o de avergonzarnos de nuestro dolor e indignación. Ese silencio es el que nos deshumaniza, nos divide, nos aliena. Pero si perseveramos en alzar la voz y compartir nuestras experiencias, nos damos cuenta que no estamos solas, que lo que nos pasa no es una exageración, y que no debemos por qué seguir soportando.

Por eso es importante que si ves a una compañera en problemas, no vaciles en ayudarla. Si te sientes vulnerada, habla. Si te ofende un comentario, no lo dejes pasar. Abogar por derechos y querer cambios sociales, no es de locas histéricas si no que de ciudadanas. No somos muñecas ni adornos de centro de mesa, no somos cajitas musicales que bailan cada vez que le dan cuerda ni que dan besos sin querer darlos.

Que María baile, sí, pero cómo, cuándo, y con quién se le dé la gana.

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