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Don de lengua

A la poesía, al habla en ascuas, a los dones de la lengua, a “unas pocas palabras verdaderas” nos encomiendo

 

diariodesevilla.es

Por CARMEN CAMACHO

Yo no he llamado patria más que a ti y al lenguaje”, dice uno de esos versos que se clavan en la carne para siempre. Se lo debemos a Félix Grande, a su poema Patria. Ya quisieran los habituales malversadores de las palabras de los poetas barrerlo para dentro de su discurso y justificar políticas lingüísticas de esas que santiagan y cierran las Españas o Ucrania -donde Poroshenko anda tirándole de las lenguas, por ver si así las extirpa, a las minorías-, o cualquier otro lugar del mundo donde, otra vez más en la triste historia de la Humanidad, el idioma y las hablas vuelvan a convertirse en artillería, en motivo de imposición o discriminación -cuántas veces a los andaluces nos quieren acoquinar por nuestras hablas, siendo ellas tan eficaces, genialmente imaginistas y hermosas-, en primer plato de esas formas de miedo e ignorancia llamadas nacionalismos. Ya quisieran todos ésos usurpar, de conocerlos, estos versos, como pretenden desde siempre mangonear esa maquinaria -la lengua y su maravillosa ingeniería subconsciente- que cualquier hablante maneja con sabiduría sin necesidad de conocer expresamente sus reglas. Grande escribe su poema contra -o a pesar- de “los que sin fervor comen del gran pan del idioma/ y lo usan como adorno o coraza o chantaje”. Y quienes hablamos como habla la gente, en un “saber no sabiendo”, lo hacemos contra -o a pesar, o al margen- de quienes, desde el poder y los medios, envenenan el agua del pozo fresco del idioma. Demasiadas veces, “política lingüística” suena a oxímoron. Hay, ¡ay!, quienes creen que los hablan otra lengua -más si es la lengua del prójimo enemigo– lo hacen en contra de la propia. Hay, ¡ay!, pobres diablos que, en una charla íntima, escogen el idioma que te excluye. Hay, ¡ay!, quienes aprenden sólo el idioma del dinero. Hay, ¡ay!, listines de corrección política que infravaloran la capacidad de las parlantes. Hablen los de arriba como mejor estimen -les agradecemos que, aunque sólo sea de boquilla, ahora reconozcan que la sociedad históricamente ha sido la patriarcal-, pero por aquí abajo seguiremos ligeras encontrándole las pasaderas verbales al río y (María Zambrano nos asista) transformando las cosas, esto es, modificando aquello último para lo que no tenemos nombre.

El 21 de marzo celebramos el Día Mundial de la Poesía. A Ella, y a lo que nos quede a cada cual del habla en ascuas, a “unas pocas palabras verdaderas” (decía Antonio Machado), a los dones de esta lengua nos encomiendo.

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