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Claudia Piñeiro: Hay palabras que ya no nos representan

Claudia Piñeiro adelanta cuáles son las discusiones que le interesa plantear en el Congreso de la Lengua. Además, se refiere a cómo la perspectiva de género afecta a la literatura y a las palabras.

 

lavoz.com.ar

Por JULIANA RODRÍGUEZ

Hace unos días, en su discurso tras ser nombrada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, Claudia Piñeiro habló de libros, pero también de qué implica hoy el concepto de ciudadanía y del movimiento de mujeres. La misma potencia tuvo el año pasado su discurso al abrir la Feria del Libro de Buenos Aires. La escritora, autora de libros como Las viudas de los juevesTuyaLas maldiciones y el reciente Quién no, se ha convertido en los últimos años en una voz literaria y, también, ciudadana.

Reseña del nuevo libro de Claudia Piñeiro

“Uno es un ser político, le interese la política o no (y no me refiero a lo partidario). Cuando uno hace ciertas manifestaciones, no al escribir literatura sino cuando tiene que dar un agradecimiento o un discurso, en un lugar en el que habrá visibilidad, no necesariamente es para hablar de uno y su obra, sino para hacer un uso ciudadano de ese espacio”, dice antes de su visita a Córdoba.

–¿La operación al escribir de ponerse en el lugar de otros (para crear personajes e historias), también podría relacionarse con el ejercicio democrático de ponerse en el lugar de otro?

–Eso pasa en la escritura pero también en la lectura. Allí hay un gran ejercicio de la empatía. Cuando leés tenés que ponerte en el lugar del otro, del narrador, o del personaje que elijas. Entender lo que le pasa a ese personaje es un gran ejercicio de la empatía para un lector. Los ciudadanos que lean más y que tengan ejercicio de esa empatía van a ser mejores ciudadanos en la vida real.

Multiplicada

La escritora visita Córdoba esta semana y estará en varias actividades. Por un lado, en un panel del Congreso de la Lengua titulado “El valor del español como lengua de culturas. Literatura, oralidad, folclore” y, también, en charlas abiertas al público en el Festival de la Palabra.

–Son dos actividades diferentes, con públicos distintos. ¿Qué significan ambas?

–Justamente, me parecía interesante estar en los dos lados. Hay mucha discusión respecto a quién es el dueño del uso del español, por decirlo de alguna manera, y de hecho no es nadie, los lenguajes se arman por el uso de la gente y, cuando la gente los usa de determinada manera, la Academia dice “está permitido”. Pero el lenguaje es propiedad de todos. Me parecía interesante hablar de esto también con los académicos. Y el panel del congreso, además, me parece un espacio ideal para hablar de cómo el español creció a lo largo del mundo gracias, principalmente, a la inmigración latinoamericana. Sumado a que al hablar de folclore están presente las lenguas originarias de esos lugares.

–Te has involucrado fuertemente en el tema de género. ¿Cómo se replican allí estas discusiones sobre la lengua, no sólo en el lenguaje inclusivo?

–Estamos replanteando el uso de muchas palabras, no sólo con el lenguaje inclusivo. Hay palabras que se usaban con facilidad y hoy antes de usarlas te las planteás. Por ejemplo, la palabra “fraternidad”. Se empezó a usar “sororidad” porque “fraternidad” viene de fratello, que es hermano, no hermana. Antes ni nos planteábamos eso. O, por ejemplo, hay algo en ciertas palabras que se usan despectivamente, como “hijo de puta”. Hoy se buscan variantes. Son movimientos válidos dentro del lenguaje. Hay palabras que ya no nos representan y a lo mejor decir “hijo de puta” ya no tiene sentido. O decir “conchuda”, una palabra que espero que nadie más use. Está bueno reflexionar sobre por qué incorporamos esas palabras que no nos representan.

Miradas

–¿Y qué implican estos movimientos en la literatura?

–Por un lado, la visibilización de autoras. Por ejemplo, Sara Gallardo, una extraordinaria autora que no se estaba leyendo en los últimos años, con excepción del mundo académico. En algunas de sus novelas de décadas atrás ya estaba el tema de género y fue reeditada porque tiene que ver con la agenda. Y quizás por una especulación de la industria editorial, terminamos leyendo un libro que estaba discontinuado. También, con esta agenda, le damos lugar a textos de autoras jóvenes que en otro momento no hubieran tenido una mirada, como el libro Las malas de Camila Sosa Villada. En cuanto a la lectura, tenemos que tratar de que la buena literatura circule igual, aunque la miremos con otros ojos. Eso de si “está bien” leer Lolita de Nabokov hoy es juzgar a Nabokov con los ojos de hoy, y no me parece.

–Uno de los cuentos de tu último libro narra un aborto clandestino. Pero es un tema presente en tus obras anteriores. ¿Cómo te atravesó el tema en los últimos años?

–El aborto está presente en los orígenes de lo que escribo, como otros temas que me han interesado siempre, como la muerte. Y como me interesa la muerte me interesa el aborto, porque en el aborto mueren mujeres. Me interesan también la hipocresía, los secretos, cómo alguien se cree dueño del cuerpo de otros. Todos esos temas están relacionados con el aborto. Siempre me han interesado esos temas, pero en el último año se habilitó el debate. A lo mejor nadie me lo preguntaba antes al hablar de mis libros. Más allá de las que siempre han batallado en movimientos feministas o en la Campaña por el Aborto Legal, tuvimos la oportunidad de decir lo que pensábamos gracias a que se habilitó el debate.

Para escucharla

En el Congreso de Lengua: Claudia Piñeiro estará en en el panel “El valor del español como lengua de culturas”, junto a Patricia Córdova, Alejandro Dolina, Olga Fernández Latour de Botas, Gastón Melo y Norma Morandini. Jueves 28, a las 15.30. Inscripciones cerradas, podrá seguirse por streaming.

En el Festival de la Palabra. Martes 26, a las 19, en la charla “Lecturas para la educación sentimental en el siglo 21”. Patio Mayor del Cabildo. Entrada libre y gratuita.
Miércoles 27, a las 15, charla con Marcelo Piñeyro, sobre Las viudas de los jueves. Patio Mayor del Cabildo. Entrada libre y gratuita.

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