Reseñas

LA EFICACIA LITERARIA. CONFIGURACIONES DISCURSIVAS DE LITERATURA NACIONAL EN MANUALES ARGENTINOS (1866-1947)

DE DIEGO BENTIVEGNA
BUENOS AIRES, EUDEBA, 2017

Daniela Lauria
Universidad de Buenos Aires / CONICET, Argentina
Doctora en Letras (área Lingüística) y magíster en Análisis del Discurso por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora adjunta del CONICET, con sede de trabajo en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es jefa de trabajos prácticos interina de Semiología (CBC, UBA) y regular del área de Lingüística en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Dicta cursos de posgrado en la UBA, UNIPE y UNTREF. Participa en proyectos de investigación (UBACyT, ANPCyT, UNIPE, UNTREF) sobre la relación entre lenguaje, historia, política y sociedad. Su campo de investigación se centra en el estudio histórico de las intervenciones institucionales y de los discursos p úblicos sobre la lengua, así como de los instrumentos lingüísticos del español desde el enfoque glotopolítico. Publicó artículos en revistas nacionales e internacionales, y capítulos en libros colectivos.
Contacto: danielalauria76@gmail.com

 

El enfoque glotopolítico ha mostrado un gran interés y, en consecuencia, un notable desarrollo en América Latina en general y en la Argentina en particular en los últimos años. Prueba de ello es el aumento de tesis de posgrado que se realizan desde esta perspectiva, la ejecución de proyectos acreditados de investigación, la realización de congresos internacionales y la publicación de un Anuario (https://glotopolitica.com/) que reúne tanto los antecedentes en la reflexión sobre la dimensión política del lenguaje como las principales contribuciones que se llevan adelante en la actualidad en este campo de estudio. Más que una disciplina cerrada que se efectúa una serie de preguntas predeterminadas y que busca arribar a respuestas y conclusiones también más o menos preestablecidas, la glotopolítica es un modo de indagación con vocación crítica y de cuño fuertemente discursivo, ideológico e histórico que está atento a la heterogeneidad y a la manifestación constante del conflicto: el lenguaje es considerado, desde esta óptica, menos como una entidad fija y con trazos universales y ahistóricos que como un espacio donde se revelan y condensan los intereses y los conflictos sociales, se exhiben continuamente roces y tensiones, se gestionan hegemonías y se plantean disensos, y siempre y en todos los casos se dirimen posiciones políticas sometidas a un juego de relaciones de fuerzas contrapuestas que se despliegan en un momento histórico determinado. Un aspecto de orden metodológico es la diversidad de materiales de índole metalingüística que se examinan y que se conciben fundamentalmente como objetos históricos, insertos en un entramado de conexiones bien amplio y por demás complejo, que excede, sin duda alguna, los límites del ámbito meramente vinculado con el lenguaje.

En lo que concierne justamente a los materiales con/en los que se toman decisiones o se llevan adelante intervenciones sobre el plano del lenguaje, la lista que se puede abordar no solo es bien vasta sino que también –y principalmente– puede extenderse conforme los objetivos y las expectativas de la investigación propuesta. En este sentido, entonces, además de los textos normativos que actúan en el espacio del lenguaje y que son elaborados, en general, desde el aparato estatal o desde entidades suprarregionales como leyes, reglamentaciones, resoluciones, decretos, acuerdos, informes institucionales, se pueden escudriñar un conjunto de documentos extremadamente heterogéneo a partir de los cuales se exploran representaciones y prácticas lingüísticas y discursivas tales como memorias, biografías, autobiografías, artículos periodísticos, ensayos, textos de ficción, películas, emisiones radiales o televisivas, dispositivos de chat electrónicos y digitales, páginas web, foros, blogs, debates, polémicas, traducciones, dibujos, pinturas, fotos, avisos y afiches publicitarios. Por otro lado, es bastante habitual el análisis crítico de textos descriptivo-prescriptivos que regulan la actividad lingüística y discursiva como son los instrumentos lingüísticos canónicos (gramáticas, diccionarios y ortografías) y otros dispositivos de control social como las guías de estilo, las retóricas, las artes de escribir y de predicar, y los manuales didácticos.

El libro La eficacia literaria. Configuraciones discursivas de literatura nacional en manuales argentinos (1866-1947) del investigador del CONICET afiliado a la Universidad de Buenos Aires y a la Universidad Nacional de Tres de Febrero Diego Bentivegna se inscribe en esta línea de trabajo y sienta un precedente de inestimable valor en ella al abordar materiales inéditos hasta el momento: su aporte reside en el trabajo con textos ligados al mundo de la literatura y de su enseñanza en el sistema educativo secundario argentino. Materiales variados como programas de estudio, diseños curriculares, memorias e informes institucionales, reflexiones pedagógicas y, sobre todo, antologías literarias y manuales de uso escolar de historia de la literatura constituyen el núcleo sobre el cual gravita el análisis de su apreciable obra.

El libro que aquí se reseña es la reescritura en una modalidad amena desde el punto de vista del estilo sin tantos tecnicismos ni demasiada jerga conceptual para que pueda ser leído por múltiples destinatarios especialistas desde diferentes lugares teóricos y posiciones académicas, de una tesis de doctorado defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El volumen forma parte de la colección “Historia de las políticas e ideas sobre el lenguaje en América Latina” que dirige Elvira Narvaja de Arnoux y que publica Eudeba, la prestigiosa editorial de la Universidad de Buenos Aires.

La eficacia literaria de casi 350 páginas se organiza en cuatro grandes bloques: una introducción que aloja dos secciones “Presentación” y “Puntos de partida”; una primera parte compuesta por una presentación, dos capítulos y un apartado de observaciones finales; una segunda parte que abre y cierra de igual manera pero que tiene tres capítulos; y la parte final destinada a las conclusiones generales. El libro termina presentando la bibliografía empleada en el cuerpo del texto. Para que el lector acceda a ella con mayor detalle, se divide en dos zonas: las fuentes primarias utilizadas como corpus y la bibliografía general que, vale decir, es interdisciplinaria al tiempo que muy pertinente y actualizada.

En el segmento introductorio, se exponen inicialmente los ejes centrales que atraviesan el libro “Manuales, nación y narración” y “Manuales, dispositivos enunciativos, formaciones discursivas” y que describen, explican e interpretan que el lenguaje en general y aquello que se entiende por literatura nacional en especial es un objeto discursivo, un relato que se construye a partir de ciertos materiales legitimados. Así pues, se analiza el proceso de configuración de una idea hegemónica del objeto discursivo literatura nacional en el marco del proceso de formación, afianzamiento y expansión del sistema educativo argentino desde la lente del Análisis del discurso entendido como práctica interpretativa en articulación con la historia social de la lectura en la vertiente representada por Roger Chartier, Guglielmo Cavallo y, sobre todo, Armando Petrucci. Para ello, el autor lee una serie de materiales heterogéneos del archivo histórico elaborados tanto desde la esfera estatal como desde la sociedad civil y destinados específicamente a la circulación en el ámbito educativo. Estos artefactos discursivos (antologías, trozos selectos, retóricas, poéticas, lecciones de literatura, manuales de teoría literaria e historia de la literatura) en los cuales se rastrean las huellas de procesos socio-históricos más amplios que acompañan la consolidación o la crisis de un determinado proyecto de nación son entendidos como intervenciones para la enseñanza de materias literarias en la escuela secundaria en las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

La tesis que guía y orienta el volumen es que el campo discursivo de los manuales escolares de historia de la literatura plantea la tensión entre dos dispositivos de organización. Por un lado, el que Bentivegna denomina “retórico” que se caracteriza por asociarse con un canon de lecturas de impronta cosmopolita (abierto a diversas lenguas y a tradiciones literarias no hispánicas). Este dispositivo apela a un sujeto capaz de (re)producir enunciados eficaces en contextos sociales legitimados. Por otro lado, el investigador encuentra un dispositivo definido como “historicista” que se liga a un canon nacional de lecturas ordenadas diacrónicamente, restringido a la lengua española y a la tradición hispánica. El sujeto que se moldea en este caso tiene la particularidad que debe reconocerse como inserto en una tradición cultural y literaria legítima. Con el transcurso del tiempo, el paradigma historicista irá, como muestra en detalle Bentivegna, reemplazando progresivamente al retórico, neutralizando las heterogeneidades y atenuando (e, incluso, suprimiendo en ocasiones) las disputas por el sentido. Esto conducirá a la consagración de ciertas obras, ciertos autores, ciertos géneros literarios, ciertos períodos históricos y ciertos patrones de interpretación que clausurarán la representación de lo que se entiende (o, mejor dicho, se debe entender) por literatura nacional. Es decir, se establecerá un canon literario nacional que tendrá su versión escolar y que buscará entrar al mercado editorial a través de la producción de grandes empresas que satisfagan las demandas de un sistema educativo cada vez más dilatado.

La segunda sección de la introducción se dedica a justificar las decisiones teórico-metodológicas adoptadas: en primer lugar, el arco histórico recortado. En este sentido, el autor fundamenta su elección (1866-1947) mediante una serie de variables socio históricas que explican el desplazamiento que se produce en el modo de encarar la historia de la literatura y que se plasma en los manuales sobre la materia: la consolidación del sistema educativo, el proceso de inmigración masiva con su correlativo cambio demográfico, el desarrollo del mercado interno, el incremento de la tasa de alfabetización, la formación de una industria nacional del libro, entre otras. El lapso temporal abarca desde los inicios de la escuela media hasta la década del cuarenta del siglo XX cuando finalmente se clausura la discusión sobre el objeto discursivo literatura nacional ya que se impone la matriz historicista. En segundo lugar, se focaliza en ciertos conceptos recurrentes para la argumentación que se sigue: el discurso como construcción, el manual escolar como intervención política, la tradición y el canon literario como marca de lo que es legible y el canon literario escolar como fijación de aquello que debe ser enseñable.

La primera parte “Entre la retórica y la historia: teorías y antologías literarias” analiza manuales didácticos que privilegian la perspectiva retórica. Estos materiales (retóricas, poéticas, manuales de teoría literaria y antologías de uso escolar) no operan como un mero registro de un objeto literatura determinado a priori y en otro lugar sino que funcionan produciendo un efecto de literalicidad. De hecho, consignan un conjunto de principios que determinan tanto los modos de leer como los modos de escribir considerados legítimos.

El capítulo I “Una retórica denegada: sistema e historia en las teorías literarias escolares” aborda una serie discursiva de manuales de retórica y preceptiva para observar sus tensiones constitutivas. La matriz retórica se convierte en el eje organizador de los estudios literarios: las técnicas de bien leer, bien escribir y bien hablar devienen un signo de civilidad moderna y republicana. Géneros como el epistolar, la historia, la descripción, la novela, la memoria, la poesía lírica y la oratoria son los modelos textuales predilectos que se deben imitar. Si bien la mayoría de los manuales (Curso de Bellas Letras de Vicente F. López, 1845; Elementos de literatura de Feliciano Fernández, 1874; Elementos de literatura de Gregorio Uriarte, 1883;Teoría Literaria (nueva preceptiva) de Enrique de Vedia, 1913 y Elementos de teoría literaria de Calixto Oyuela, 1885, con varias ediciones) se ajustan a los rasgos prototípicos de la enseñanza retórica, se entrevén algunos atributos de las formas históricas que serán dominantes durante gran parte del siglo XX.

El capítulo II “Fárragos de fragmentos: de los trozos de literatura a las antologías literarias” examina el subgénero antologías literarias y sus variantes cercanas. Una serie representativa compuesta por Trozos selectos de literatura y método de composición literaria sacados de autores argentinos y extranjeros de Alfredo Cosson (1866 y sucesivas ediciones), El lector americano, colección de trozos escogidos en prosa y verso de autores americanos, sobre moral social, maravillas de la naturaleza, historia, biografía y otras materias relativas a la América de habla castellana de Juan María Gutiérrez (1874), Trozos escogidos de literatura castellana, desde el siglo XII hasta nuestros días. España y América (1885) y Lecturas selectas (1889) de Calixto Oyuela, Antología argentina. Colección de trozos históricos crítico-literarios. Discursos y poesías patrióticas de escritores argentinos. En prosa y verso de Benigno T. Martínez (1890), Literatura americana. Trozos escogidos en prosa y verso originales de autores nacidos en América Latina de Martín Coronado (1894), y Lecturas y biografías de René Bastianini (1924-1928) dan cuenta de las controversias en torno a aquello que es considerado legítimo  incorporar a la enseñanza literaria en los colegios secundarios. La serie exhibe líneas hegemónicas y otras subalternas o marginales en la construcción del canon al interior del subgénero escolar en la medida en que conviven miradas opuestas sobre la cuestión sustentadas en proyectos literarios y pedagógicos disímiles, que van de un polo cosmopolita a uno de tinte hispanista, de instancias de regulación de la lengua y de las lecturas legítimas debido a su carácter modélico a la tímida anticipación del paradigma de base historicista, que será hegemónico más adelante.

La segunda parte “Lectura, historia y nación: construcciones historicistas de literatura nacional” explora los manuales de literatura de matriz historicista y se focaliza en las
relaciones entre el discurso histórico y las políticas de interpretación del pasado literario, que van a ser transmitidas por el sistema escolar a lo largo del siglo XX. El dispositivo historicista, que se vuelve hegemónico, como ya se indicó, despliega de manera diacrónica en un ámbito delimitado lingüística y territorialmente una sucesión de grandes obras, géneros y autores de la historia literaria nacional escolarizada mediante operaciones de inclusión, exclusión ordenamiento, normalización y jerarquización de contenidos concebidos como válidos. El punto de partida es que dichos manuales sirven, son funcionales a los sectores sociales dominantes que se proponen fijar los elementos simbólicos que diseñan una imagen de unidad política nacional, o sea, de un determinado proyecto de nación. Representan, por consiguiente, los intereses de una clase social, la elite, que se exhibe como distanciada de las disputas por el sentido que la definición de la literatura inevitablemente implica. Siguiendo, en este punto, muchos de los lineamientos programáticos de Ricardo Rojas en su célebre obra La restauración nacionalista (1909), la historia se desempeña como la garantía de la unidad cultural que se requiere en el contexto de un proceso de inmigración masiva como el que tiene lugar en el país, ese acontecimiento constituye la principal causa de la intervención a partir de la variable historicista en el relato literario.

El capítulo III “Una gimnasia del espíritu. Alcances y limitaciones del historicismo crítico-pedagógico” releva en un comienzo el lugar de los manuales de historia literaria de origen extranjero, principalmente italianos y franceses (en sus vertientes historicistas neoidealistas como actualistas) en la conformación de una historia literaria nacional escolarizada. En un segundo momento, se hace hincapié en la interpretación de
posturas políticas y teóricas de dos pedagogos argentinos acerca de la enseñanza en general y de la enseñanza de la literatura en particular, como son las de Juan Cassani y Juan Montovani dentro de la corriente conocida como “espiritualismo laico” de tradición hispanista y con sólida vigencia en los años veinte. Contraria a la enseñanza de la teoría literaria, de la composición y de la retórica, este posicionamiento, heredero en varios aspectos de la propuesta de Rojas, opera brindando herramientas teóricas que fijan las lecturas correctas del canon literario de la tradición nacional y al mismo tiempo construyen una subjetividad política adecuada en aras de la idea de colectividad que se pretende instaurar, sobre la base de la definición de bienes simbólicos compartidos (la lengua, la literatura, la historia, la geografía).

Los últimos dos capítulos de análisis se ocupan de los manuales de historia literaria de matriz historicista que producen y refuerzan representaciones ideológicas del pasado
literario en función de la construcción de cierto proyecto de nación y de determinados imaginarios sociales. El capítulo IV “Historicismo, hispanismo, nacionalismo: tensiones discursivas en las primeras historias literarias escolares argentinas” se centra en la configuración de distintas representaciones acerca de lo que es la literatura nacional argentina, cuáles es el canon, cuáles las lecturas admitidas y cuál el panteón de autores
insoslayable. Aunque a primera vista pareciera que estas representaciones son relativamente estables, un análisis más profundo permite observar que existen vacilaciones entre la pertenencia a una identidad específicamente argentina y la adhesión a otra más amplia, la que corresponde al mundo hispánico.

A partir, entonces, del examen detenido de los elementos que organizan el componente programático como prólogos y advertencias en los que se anuncian explícitamente las bases teóricas y metodológicas de las obras y de ciertas elecciones temáticas a la hora de establecer el canon, se pone el acento en la problemática del origen, del punto de partida de la cronología de la literatura nacional: para algunas obras ese momento es la Revolución de Mayo de 1810; para otros hay una continuidad de la época colonial o una valorización del período virreinal. Las cuatro fuentes consultadas editadas entre fines del siglo XIX e inicios del XX son Historia de la literatura de Manuel Poncelis (1891), Lecciones de literatura española y argentina de Juan José García Velloso (1896), Compendio de Literatura Argentina de Emilio Alonso Criado (1908, 3ª edición) e Historia de la literatura argentina de Enrique García Velloso (1914). En lo relativo al doble origen del objeto literatura nacional, Bentivegna advierte:

Por un lado, el origen colonial de la literatura argentina ancla este objeto discursivo en un preconstruido discursivo: la comunidad cultural hispánica. La literatura nacional posee, en este sentido, un linaje racial legítimo, el hispánico, que explica algunos de sus rasgos. Es el producto de una raza. Asimismo, la literatura nacional se presenta como el producto de un acontecimiento político: la Revolución de Mayo y las Guerras de Independencia. La literatura nacional se despliega, de esta manera, como una entidad eminentemente cívica y política. Como el producto de una nación (2017: 235).

Es indudable que estos gestos fundacionales condicionan la redistribución de los materiales del canon, articulada en torno a la gauchesca como producto “original” de la nación.

El capítulo finaliza reflexionando sobre el lugar equívoco que ocupa el Martín Fierro de José Hernández así como las formas culturales populares (la literatura cocoliche, por ejemplo) considerada, para muchos docentes, como perniciosa.

El capítulo V “Políticas de la atenuación discursiva: los grandes manuales historicistas de literatura argentina de los años treinta y cuarenta” transita la consolidación de un modelo específico de historia literaria y la estabilidad del canon escolar. El subcorpus está compuesto por tres obras de gran difusión en el último ciclo de la escuela media: Historia de la literatura americana y argentina: con su correspondiente analogía de Ana Julia Darnet de Ferreira (1938); Curso y Antología de literatura hispanoamericana y especialmente argentina de Julio Noé (1940) y Lecciones de Literatura Argentina e Hispanoamericana con Antología esencial para el Quinto año del Segundo Curso del Bachillerato y del Ciclo de Magisterio de Roberto Giusti (1947). Si bien esta serie discursiva acepta y propaga un imaginario lingüístico y cultural hispanista, mitigan los contenidos excesivamente restrictivos y críticos del discurso nacionalista de la época precedente. Incluso introducen algunos elementos presentes en las retóricas y en las poéticas decimonónicas como, por caso, la categoría teórica de “género discursivo”.

Los cuatro tópicos que se comparan en estos materiales son al margen del problema del origen de la literatura nacional argentina como en el subgrupo anterior, el tratamiento que se le dispensa al romanticismo y al modernismo como constructos teóricos que se filian a la literatura “hispánica”; las estrategias de canonización ofrecidas a la literatura argentina contemporánea; el espacio otorgado a textos de autores como Joaquín V. González, Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones así como al Martín Fierro y a los escritos de Domingo F. Sarmiento. En términos generales, la literatura gauchesca se mantiene como el centro estabilizador del canon nacional, tal como lo habían planteado Lugones y Rojas. En definitiva, estas obras demarcan una política interpretativa que se instala con su respectiva articulación didáctica.

El apartado final de las conclusiones se titula “Homogeneidad, historia y monoglosia. La construcción de una literatura nacional enseñable” y retoma sintéticamente los modos de configuración hegemónica del objeto discursivo literatura nacional en una época de la historia caracterizada por constantes discusiones acerca de la definición simbólica de qué es lo argentino. El análisis en la larga duración de una serie de materiales heterogéneos del archivo histórico, leído en clave de series discusivas, habilita a Bentivegna a poner de manifiesto las constantes y las rupturas en la delimitación del objeto. Mientras que el paradigma (o formación discursiva) retórico privilegia los géneros poéticos, argumentativos (con énfasis en los epidícticos), la vertiente historicista pone el acento en los narrativos como la historia, la biografía, la novela y la épica. El progresivo desplazamiento del primero en manos del segundo profundiza el carácter nacionalista enfocado en obras y autores de la literatura española, hispanoamericana y argentina. Se construye una subjetividad pedagógica afín al proceso nacionalizador en un contexto de inmigración fuerte que debe formar cívica y moralmente a los escolares, futuros ciudadanos, a partir de la lectura contemplativa y no de la productiva que impulsa la perspectiva retórica imperante en la etapa anterior al Centenario de la Revolución de Mayo poniendo el foco en la generación de nuevos discursos a través esencialmente de la copia. El paradigma historicista se implanta definitivamente y despliega un núcleo duro disciplinador, historicista e hispanista.

Luego de esta descripción analítica del libro de Bentivegna, nos resta valorarlo. Desde el punto de vista de la estructura y organización, el texto es realmente impecable. La división entre grandes partes y capítulos le confiere un equilibrio compacto en el que no solo se sigue un criterio diacrónico, sino que principalmente el parámetro de contraste estriba en la heterogeneidad genérica de los materiales analizados. El libro, además, presenta una progresión y una jerarquización de la información que acompaña la redacción clara, alejada, como ya se señaló, de los giros expresivos propios de la academia. Empero, esto no redunda en una prosa ligera y superficial, sino que, por el contrario, se destaca la densidad y solidez de las líneas argumentativas esgrimidas tanto a nivel de la descripción de las fuentes como de los tramos explicativos e interpretativos de las implicancias políticas que asumen esas fuentes en tanto dispositivos de control social. En lo que respecta al vuelo teórico, Bentivegna, con una erudición notable (y envidiable) combina referencias interdisciplinarias y foráneas con un gran conocimiento de la bibliografía nacional del período que estudia. Por otra parte, pese a que no le destina muchas líneas, conceptos relevantes como manual escolar, historia, narración, archivo, documento, monumento son discutidos en notas a pie de página que no por breves son incompletas. La profusión de notas a pie de página que asiste el contenido del cuerpo principal del texto tampoco demora la lectura sino que la enriquece sin convertirla en una carga pesada. En lo atinente al aspecto metodológico, hay que resaltar el enorme trabajo de archivo que se realizó para la investigación. Ya ese esfuerzo de conformación del corpus merece un reconocimiento que se acrecienta con la decisión de poner en serie los materiales con el fin de contrastarlos tanto en la larga duración como en la dimensión sincrónica.

En síntesis, La eficacia literaria. Configuraciones discursivas de literatura nacional en manuales argentinos (1866-1947), al inscribirse en una aproximación discursiva, complementa algunas lecturas que se habían hecho sobre la enseñanza literaria y sobre los manuales escolares de la materia desde la historia de la educación y desde la historiografía literaria. La comparación entre dos dispositivos o formaciones discursivas –la retórica y la historicista– es bien aclarativa de las disputas que se suscitan en el interior del campo. La elección del concepto de formaciones discursivas de extensa tradición en la escuela francesa de análisis del discurso (Michel Foucault, Michel Pêcheux, Jean-Jacques Courtine) es, de esta manera, el más adecuado puesto que permite ver que esas posiciones no son bloques monolíticos ni impermeables sino que inversamente se producen filtraciones entre ellas. Por último, sin haber mencionado la palabra “glotopolítica” en sus páginas, este libro es una muestra cabal del trabajo que se hace en el marco de ese enfoque. Lo que en él se indaga, la producción y reproducción de representaciones y prácticas sobre lo que es la literatura nacional, forma parte de las discusiones sobre la lengua nacional en la Argentina y aporta materiales para una futura elaboración de una historia política y social de la lengua (y del lenguaje) en nuestro país. Los que nos dedicamos a estos temas desde una perspectiva sustancialmente crítica celebramos la aparición de este volumen.

 

 

0 comments on “LA EFICACIA LITERARIA. CONFIGURACIONES DISCURSIVAS DE LITERATURA NACIONAL EN MANUALES ARGENTINOS (1866-1947)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: