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María Moliner, palabra viva

Apasionada por los archivos y los libros, la bibliotecaria y lexicógrafa española creó un diccionario que supo rescatar los aspectos más vitales de la lengua

 

lanacion.com.ar

Por Daniel Gigena

El 30 de marzo pasado, mientras en la ciudad de Córdoba se desarrollaba la última jornada del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, Google homenajeaba a María Moliner. ¿Una bibliotecaria y lexicógrafa en la portada de uno de los buscadores más importantes del mundo? Moliner, que había nacido un 30 de marzo de 1900 en Paniza (Zaragoza), aprendió su tenaz método de trabajo con Juan Monerva, en el Instituto de Filología de Aragón, entre 1917 y 1921. Ese año se graduó en la Universidad de Zaragoza en la especialidad de Historia. Mientras, su pasión por los archivos, los libros, las bibliotecas y el idioma español seguía creciendo.

“Moliner fue una bibliotecaria de carrera que, en soledad y en los ratos libres que le dejaba su trabajo, se dedicó a completar su Diccionario de uso del español (DUE), una obra por la que sería reconocida universalmente como lexicógrafa”, dice Santiago Kalinowski, lingüista y lexicógrafo que trabaja en la Academia Argentina de Letras. Respetando el fondo de definiciones del diccionario de la lengua española de la RAE (DRAE), ella buscó “expresar una idea con la máxima precisión” y “conducir al lector desde la palabra que conoce al modo de decir que desconoce: de la idea a la expresión”, según escribió en el prólogo del DUE.

Kalinowski agrega que, a estos rasgos, “se suman otros, como un sistema de sinónimos, palabras afines y referencias, indicaciones gramaticales y de construcción, o ejemplos sobre el valor de uso. Todos ellos fundamentales, no solo para quien lee, sino, especialmente, para quien se dispone escribir”.

El premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, sostuvo que el diccionario de uso de Moliner era mejor que el de la Real Academia Española. No obstante, esa institución le negó el ingreso en 1972, cuando fue elegido el gramático funcionalista Emilio Alarcos Llorach. “Si un hombre hubiera escrito el diccionario, se diría cómo este hombre no está en la Academia”, dijo Moliner en una entrevista. En el siglo XIX, el ingreso de la escritora, crítica y catedrática Emilia Pardo Bazán también había sido rechazado. No por nada la Real Academia Española aún carga con la sospecha de que es una institución misógina.

“Su diccionario de autor (en este caso, de autora) fue pensado y escrito por una sola persona durante quince años”, dice la doctora en Lingüística por la Universidad de Buenos Aires, Daniela Lauria. “Diccionario de autor” es una expresión que se emplea para designar la modalidad lexicográfica que se opone a la de los diccionarios académicos o “corporativos”. “Fue, además, un diccionario de nueva planta -destaca-. En general, los diccionarios de la lengua española copian la nomenclatura (la lista de voces incluidas) de los diccionarios de la RAE y a partir de ahí hacen recortes, reformulaciones, supresiones y agregados. Si bien la obra de Moliner tomó como modelo la edición del DRAE de 1956, por tratarse de un diccionario de uso y no prescriptivo, incorporó voces que no estaban en el académico”. También modificó las definiciones, que presentó en un español más actual, simple y sencillo. Las palabras desusadas y los arcaísmos fueron eliminados. Incorporó neologismos, muchos provenientes de la prensa (este rasgo fue adoptado por el DRAE años después). En dos volúmenes rotundos, de más de 3000 páginas, que muchos lectores recuerdan, Gredos lanzó la obra entre 1966 y 1967. Moliner guardaba sus fichas sobre palabras en cajas de zapatos.

“María Moliner representa, sin consciencia plena por su parte, una intervención en las relaciones de poder lingüístico-social que desafía el monopolio institucionalizado del español, algo que ya había sucedido en el siglo XIX con el conocido conflicto de paradigmas y que seguirá sucediendo a lo largo del último cuarto del siglo XX y principios del XXI -escribió la investigadora española Susana Rodríguez Barcia-. Ella visibilizó el enfrentamiento con la institución académica a través del cuestionamiento de la eficacia y valía de su diccionario usual, y consiguió involuntariamente que ese enfrentamiento se acrecentara y popularizara a partir de su exclusión como miembro de la RAE”. Su trabajo debilitó la autoridad del diccionario académico e hizo posible que se imaginaran otros acercamientos científicos al idioma.

Oscar Barney Finn, director de la obra El diccionario (domingos a las 18 en El Tinglado, Mario Bravo 948), inspirada en la vida de Moliner, señaló que la lexicógrafa tenía un método con el que pretendía cazar al vuelo todas las palabras de la vida. “Su marido fingía una impavidez de sabio, pero a veces medía a escondidas los ficheros con una cinta métrica, y les mandaba noticias a sus hijos”, relató Barney Finn. Uno de los hijos de la pareja, a quien le preguntaron cuántos hermanos tenía, contestó: “Dos varones, una mujer y el diccionario”. Moliner, que murió en 1981, dedicó el DUE a su esposo y a sus hijos.

 

 

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