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Francisco Javier Pérez: “El lenguaje no incluye ni excluye”

El lingüista venezolano, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), participó en la organización del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española

 

Por eluniversal.com

Por DULCE MARÍA RAMOS

Francisco Javier Pérez es un profesor y lingüista venezolano que ha dedicado su vida al estudio de la lengua. En su obra destacan los títulos Historia de la lingüística en Venezuela: desde 1782 hasta 1929Estudios de lexicografía venezolana y Diccionario del habla actual de Venezuela (este último escrito junto con Rocío Núñez). Entre los años 2011 y 2015 fue presidente de la Academia Venezolana de la Lengua y desde 2016 es Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), institución creada en México en 1951 y que agrupa a las veintitrés corporaciones de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial.

Como Secretario de Asale, Pérez participó en la organización del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) junto al Instituto Cervantes, la Real Academia Española y otras entidades públicas y privadas, evento que culminó ayer en la ciudad de Córdoba, Argentina. “Esta octava edición del CILE fue la evidencia de la madurez y jerarquía de este evento, que ya se considera el más importante entre los dedicados a la reflexión sobre nuestra lengua”, señala.

–Gran parte de su obra está dedicada al habla en Venezuela. ¿Para usted cuál ha sido el cambio más significativo en los últimos años? ¿Hasta qué punto la violencia y el insulto se apropiaron del lenguaje?

–Quizá sea la contradicción que existe entre el profundo deterioro lingüístico producto de la caída de la educación en el país, la falta de modelos públicos en cuando a ejecución solvente de la lengua y la merma en las destrezas lingüísticas de un hablante medio, frente al crecimiento y pasión por los dispositivos comunicacionales que tiene el venezolano. Ciertamente, aunque la violencia y el insulto no han sido nunca ajenos a nuestra manera de hablar, la influencia negativa del insulto político ha permeado otras instancias de la lengua común. Se pierde la argumentación en favor de la descalificación. Todo cambiará en la medida en que la sociedad retome sus valores esenciales y el respeto se vuelva a imponer como noble condición del venezolano.

–En los últimos índices de lectura de varios países, se dice que la gente hoy lee y escribe más gracias a la tecnología; por su parte, otros, no muy optimistas, culpan a la tecnología de dañar el lenguaje. ¿Cuál es su opinión ante esto?

–Se escribe más, pero eso no quiere decir que se escriba mejor. Escribir bien o mal es un asunto que atañe tanto al sector gubernamental por vía de la educación, a los medios de comunicación que son hoy grandes escuelas de lo bueno y lo malo de la lengua y al empeño personal de cada hablante. Está claro que la lectura es siempre la clave para fortalecer el mejor rendimiento lingüístico. Me parece que el empeño de cada hablante es clave. La tecnología es un medio y permite tanto el uso virtuoso como el uso pobre de la lengua. La mejor prueba de esto es que la persona que escribe mal lo hace en independencia del mecanismo y formato que escoja. Escribirá mal hasta en una lista del mercado en papel, tanto como en el bloc de notas de su celular. Es un asunto de conciencia por la lengua.

–Es evidente que la diáspora de latinoamericanos por el mundo, en muchas ocasiones, sufre xenofobia porque su acento delata su país de origen, de ahí que algunos adopten el acento del lugar que lo recibe para evadir cualquier tipo de discriminación. ¿Cómo ve usted este fenómeno? ¿Será posible un español sin fronteras.

–Si algo no tiene el español son fronteras. Es lengua madre de 570 millones de personas, en cuatro continentes y más de veinte países. El fenómeno que relatas habla del empeño por uniformar una lengua que es grande por su diversidad y por lograr que esta diversidad no afecte su notable unidad. Me resulta muy triste el caso de esas personas que intentan mimetizarse imitando el español de una región o país en particular, pensando que van a pasar camuflados por nativos de ese país o región. Solo lo comprendo y justifico en el caso del léxico, pues en ocasiones (aunque también pocas, en realidad) el uso de un regionalismo puede no ser comprendido en otro lugar y debemos, hasta donde sepamos de esa diferencia, usar la palabra del país en que estamos. Ahora bien, la impostación de pronunciaciones y acentos es un acto de payasada lingüística, triste e innecesario.

–Usted declaró recientemente que ya no saldrá el Diccionario de la Lengua Española en papel. Poco a poco, la Academia se adapta a los cambios que la tecnología ha producido en el lenguaje.

–Las academias de la lengua son hoy instituciones sensibilizadas por la tecnología y convencidas de que el formato digital es, sin desmerecer la edición en papel, la solución actual para lograr mejores descripciones de nuestras palabras y para fortalecer la representatividad léxica en relación a la cantidad de voces incluidas en el Diccionario de la Lengua Española.

–Otro avance es el Diccionario Fraseológico Panhispánico. ¿Uno de los grandes aportes de su gestión?

–Es el proyecto en curso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, será uno de los diccionarios más interesantes por diversas razones: digital como el DLE, progresivo al trabajarse por módulos, con vocación variacionista, redactado por todas las academias, asesorado computacionalmente por la Real Academia Española y coordinado desde Hispanoamérica. Es un proyecto de envergadura y pretendo que sea un notable aporte.

–En los últimos años se habla del “español o acento neutro”. ¿Por qué esa tendencia, quizá absurda, especialmente de la industria cultural y del entretenimiento?

–Esto es un sinsentido. El español es notable por la riqueza de sus muchos acentos, verdaderas músicas de nuestro idioma. Querer uniformarlas es, no solo un imposible, pues el acento es connatural con el hablante, sino que atenta contra el espíritu plural de nuestra lengua. Tenemos que combatir estos empeños de la industria cultural, pues resultan agresiones en contra del idioma.

–Las feministas, la comunidad LGTB no se sienten representados en el lenguaje. ¿Ganará terreno el lenguaje inclusivo?

–El lenguaje no incluye ni excluye. Son los hablantes los que lo usan para una y otra situación. Sin embargo, si se quiere determinar y repudiar formas esenciales que parecen ser excluyentes, la lengua allí no hace sino reflejar la naturaleza discriminatoria de las sociedades modernas. Cuando en nuestras sociedades no existan segregaciones y maltratos hacia lo diferente (en razón de su raza, color de piel, preferencias sexuales, religión, dinero, etcétera), ese día el lenguaje no excluirá más. Pensar que por doblar el género de todo sustantivo o por buscar neutralidades genéricas forzadas, estamos acabando con la discriminación o la intolerancia es un simplismo o una manipulación política muy burda.

–Finalmente, si bien usted en alguna entrevista señaló que por su profesión no eliminaría ninguna palabra del diccionario, tomando en consideración la situación que ha vivido Venezuela en las últimas dos décadas, ¿cuál palabra eliminaría del habla venezolana?

–Eliminaría esa palabra terminada en -ismo que todos sabemos cuál es y que no menciono pues la he eliminado de mi lenguaje. Al seguir nombrándola la mantenemos viva y eso nos hace mucho daño, pues bloquea el cambio que todos deseamos para nuestro país.

 

 

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