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La imposición del español a los indígenas

cronicajalisco.com

Por REYNA PAZ AVENDAÑO / CRÓNICA MÉXICO

El español pasó de ser una lengua de conquista a una lengua patrimonial; sin embargo, para los indígenas el contacto con el castellano fue forzado, como sucede en cualquier conquista, y hasta la fecha ese desequilibrio lingüístico impacta en su calidad de vida. Es la reflexión que hace la filóloga Concepción Company Company (España, 1954).

En entrevista, la también lingüista y miembro de El Colegio Nacional explica cómo el arribo de Cristóbal Colón en 1492 al continente americano y el desembarco de Hernán Cortés en México hace 500 años generaron la necesidad de renombrar la biodiversidad del nuevo mundo, lo que en varios casos, implicó una relexificación.

 

VIVIR EN LENGUAS INDÍGENAS

Cuando los españoles llegaron a México se asombraron de la nueva realidad en que estaban inmersos, sorpresa que se tradujo en necesidad de incorporar y apropiarse de ese mundo americano; una parte no menor de la apropiación fue nombrar la nueva realidad.

La sorpresa quedó plasmada en relaciones, cartas y en un variado inventario de tipos documentales escrito por españoles, como Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo o Fray Bernardino de Sahagún, por mencionar algunos.

“Las relaciones geográficas sobre México o sobre Perú son documentos de enorme interés antropológico y etnológico, porque los indígenas ante las muchas preguntas que les hicieron los españoles, como cuántos son en esta villa, qué siembran, qué comen, cuáles son tus ritos, dieron una información del mundo cultural y material muy importante. Diría que, en parte, ellos fueron unos etnólogos americanos iniciales”, comenta Concepción Company Company.

La experta y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (AML) señala que ese proceso de apropiación fue complejo y doloroso para los indígenas.

“El español pasó de ser una lengua de conquista a una lengua patrimonial. Es un hecho innegable que el español es hoy la lengua materna patrimonial de más de 400 millones de hispanohablantes americanos, no obstante, muchos americanos monolingües de español la sienten como una lengua impuesta”, indica.

El contacto de los indígenas con el español fue absolutamente forzado. Company Company explica que en situaciones de contacto lingüístico, múltiple y complejo como el que ocurrió en el siglo XVI y siguió sucediendo en México, dos lenguas pueden entrar en relación de consenso o de conflicto.

“Cuando con cualquiera de las dos lenguas se logra la misma calidad de vida y funcionamiento social es una relación de consenso, pero cuando sólo se logra con una de ellas es una relación de conflicto. El español y las lenguas indígenas siempre han estado en relación de conflicto. Lo cierto es que, tristemente, sólo se logra calidad de vida e inserción social urbana, por ejemplo, con español”, indica.

El español de México está profundamente mestizado con léxico indígena y con visión de mundo indígena, añade. “Recodificada mediante la sintaxis de la lengua española; a su vez, las lenguas indígenas están permeadas de léxico y sintaxis de la lengua española. Fueron unos flujos recíprocos muy complejos pero siempre en conflicto y desequilibrio”, destaca la lingüista.

La realidad, añade, es que la lengua española y las lenguas indígenas nunca mantuvieron una relación de consenso.

“Fue una relación desequilibrada en la que el imperio se impuso y avasalló a las lenguas indígenas. Hay que decir que con las independencias americanas la presencia del indígena en documentos de archivo, en prensa y en literatura disminuyó completamente, dejaron de estar presentes en la vida cotidiana documentada en los textos, dejaron de ser noticia, y quedan estereotipados en novelas decimonónicas costumbristas, como los ‘Bandidos de Río Frío’, por ejemplo”, declara.

La filóloga detalla que en el “Corpus Diacrónico yDiatópico del Español de América”, de la Academia Mexicana de la Lengua que contiene textos escritos en América y por americanos en su mayoría —con 8 millones de palabras actualmente—, sólo hay 19 menciones de la palabra “indio”, o “indios”, en más de 3 mil textos de prensa del siglo XIX en los 19 países de Hispanoamérica.

En su opinión, eso es una prueba, entre otras, de que las independencias marginaron totalmente al indígena. Los proyectos educativos y políticos nacionales de mediados del siglo XIX no integraron a los indígenas.

“La independencia favoreció la ‘desaparición del mundo indígena’. Cabe hacerse la pregunta de si esa desaparición en los testimonios escritos fue porque estaban integrados o por total marginación”, cuestiona.

Entonces, indica, “la relación siempre ha sido desequilibrada, como cualquier lengua de conquista respecto a las lenguas originarias de las zonas”.

A pesar de eso, la experta enfatiza que es necesario que los pueblos originarios deban y puedan tener calidad de vida usando su lengua sin tener que cambiarse al español para poder vivir.

“Si eso no se remedia, la pérdida de lenguas será pérdida de muchos patrimonios esenciales que no sólo son de los pueblos originarios, sino que es patrimonial y riqueza de visiones de mundo para todos nosotros, porque nos da apertura y tolerancia para entender al otro”, señala.

 

NOMBRAR EL NUEVO MUNDO

En 1492 la lengua española se implantó en América en circunstancias administrativas, políticas y sociales complejas, después esa ampliación e invasión continuó en 1519.

“El problema del contacto de las lenguas inició desde los barcos. Las tripulaciones no eran monolingües de castellano, hay testimonios de que en los barcos se hablaba italiano, catalán y había gente de Flandes. Es decir, desde los barcos llegó un mundo lingüístico poco homogéneo que se enfrentó a una heterogeneidad y a una gran riqueza lingüística”, comenta Concepción Company Company.

Un acto natural de las personas ante una nueva realidad es aprender a nombrar y a llamar a las cosas con un nombre.

En el caso del español, indica la lingüista, muchas palabras indígenas se adaptaron o trasplantaron a la pauta fónica del español. Por ejemplo; chocolate, tomate, coca, quina, papa, cigarro o chicle, las cuales también salieron de este continente para su consumo en Europa y otras partes del mundo.

“La palabra vainilla es latina pero el fruto vainilla es mexicano en su origen, o por ejemplo, la cochinilla grana es latín pero el insecto del nopal es mexicano, tabaco es palabra árabe, pero la planta es americana. Hay una adaptación de muchos indigenismos. El español americano, por lo menos la variante mexicana, está profundamente mestizado con léxico indígena”, señala.

 

ORIGEN DEL CHOCOLATE

El mundo botánico fue el gran regalo que América le hizo al mundo, declara Concepción Company Company, codirectora del Corpus Diacrónico y Diatópico del Español en Américay autora de la “Sintaxis histórica de la lengua española”.

Los indigenismos en su mayoría corresponden a plantas, semillas y al mundo animal. “Un ejemplo es el pulque. Durante todo el siglo XVI hay menciones del pulque pero no sabían cómo escribirlo porque la mayoría de las lenguas amerindias funcionaba en la oralidad, los españoles tenían que tomar al oído cómo lo entendían, y no siempre tenían buen oído. A veces entendían pulchre u otras, pulqui, otras pulque”, explica la también investigadora emérita de la UNAM.

Además, añade, en la documentación del XVI el pulque aparece casi siempre comparado con vino y cerveza en un intento de definir su sabor.

“Hay glosas complejas para poder explicar al que va a leer ese documento qué es el pulque. Lo mismo pasó con el chocolate, la quina o el chicle” detalla.

 

— ¿Ese nuevo nombrar implicó cambio de uso y significado?

— Hay procesos de resemantización. El chocolate es un caso interesantísimo y para un filólogo es muy divertido.

 

Company Company narra que para las comunidades indígenas el chocolate era una bebida común, era amarga y enchilada ligeramente. En el virreinato el chocolate con agua era una bebida también común, entre españoles, fueran criollos o peninsulares.

“Las semillas del cacao eran machacadas y diluidas en agua. La etimología del chocolate es discutida, pero hay un cierto común consenso en que viene de xoco = amargo y atl = agua, es un nahuatlismo con la terminación e final del español para adaptarlo a la pauta silábica del español y que se haga pronunciable, porque el español nunca tuvo el sonido tl”, especifica.

El chocolate siempre se vendió y comercializó en tablillas, pero tardó casi 400 años en ser conceptualizado como golosina o postre, como hoy lo entendemos.

“Se usaba mucho para brujería. Hay cientos de documentaciones de que el chocolate, dado el amargor que tenía, era aprovechado para cubrir el sabor de algún veneno; por ejemplo, se le ponía al chocolate con gran frecuencia toloache, un vasoconstrictor poderosísimo y altamente venenoso, para embrujar y ligar al otro; por supuesto el otro quedaba ligado, tanto que ya no se podía levantar de la cama o de la silla”, indica la experta.

Company Company señala que el uso del chocolate aparece en juicios contra brujas y hechiceras ya que ellas preparaban la bebida para que los hombres dejaran de ser infieles. En Oaxaca y Chiapas este uso está documentado hasta finales del XVIII.

“También hay muchísimas documentaciones del chocolate asociado a medicina. Quitaba todo: dolor de estómago, el enfriamiento, la locura… Hay documentos de Guatemala, Honduras y Nicaragua de fines del siglo XVII que dicen: le di chocolate y ya está cuerdo”, narra.

La investigadora señala que fue hasta fines del siglo XVII cuando apareció la mención de chocolate diluido con leche.

“Fue un experimento del médico irlandés Sloane, coleccionista compulsivo, por cierto, cuya colección fue el inicio del British Museum. Llegó a la isla de Jamaica acompañando al gobernador y experimentó ponerle leche al chocolate para quitarle lo amargo”, destaca.

Esta reconceptualización del chocolate, indica Company Company, es uno de los tantos ejemplos de productos americanos que “son regalos de América para el mundo”.

 

— ¿Esta reconceptualización es una pérdida de conocimiento?

— No hay que crear estereotipos ni ver el mundo antiguo con ojos del siglo XXI. Por lo menos para un filólogo es un error metodológico garrafal pensar el mundo del siglo XVI, XVII o anterior con ojos del siglo XXI. Eran otras maneras de estructurar el mundo y de codificarlo en lengua.

“Para entender el mundo antiguo hay que meterse en los textos de ese mundo. Lo cual no significa que no podamos juzgar desde el siglo XXI ese mundo. Lo adecuado es acercarse a los textos e intentar entenderlos, sin juzgar”, responde.

 

PALABRAS DE SUPERIORIDAD

Dos palabras que aún pronuncian los mexicanos y que su significado implica rasgos de superioridad son: provincia e indio.

 

Provincia

La palabra provincia proviene del latínprouincia, que según el “Breve diccionario etimológico de la lengua española”, de Guido Gómez Silva (México: El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica), significa “provincia, territorio romano fuera de Italia, país conquistado administrado por magistrados romanos”.

En el México no independiente, explica Gonzalo Celorio, los criollos tenían una jerarquía inferior a los peninsulares, “como todavía en México los capitalinos tienen una ascendencia jerárquica estamental inconsciente sobre los provincianos. ¿Qué significa provincia? El lugar vencido”.

 

Indio

En el “Breve diccionario etimológico de la lengua española”, de Guido Gómez Silva, es un adjetivo y sustantivo que significa “de la India o indígena de América o sea de las Indias Occidentales”, pero según el “Diccionario de americanismos”es una persona inculta, de mal gusto y modales rústicos.

También en el “Diccionario de americanismos” se explica que uno de sus sinónimos es “pata rajada”: persona indígena o mestiza que vive en zona rural.

Una frase ligada a indio, de uso popular y peyorativa en México y Honduras es “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre” y significa que la responsabilidad en “el resultado de una acción recae en la persona que permite que otra persona cometa dicha acción, y no en el ejecutor mismo”.

 

 

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