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Entrevista Valeria Guzmán

La investigadora dijo que la lingüística es importante simplemente porque el lenguaje es el centro de nuestras vidas.

 

elpopular.mx

Valeria Guzmán Pérez (Krasnodar, Rusia, 1988) es poeta, investigadora, ensayista y traductora del ruso, francés e inglés. Es además especialista en diccionarios y gramáticas antiguas.

Realizó sus estudios de Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP); estudió Lingüística en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); ha trabajado en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE), amén de ser lexicógrafa en la Academia Mexicana de la Lengua. Trabaja como investigadora en la Academia Ecuatoriana de la Lengua y en 2010 La Casa de la Cultura Ecuatoriana publicó su libro Efusiva penitente.

En su reciente visita a Puebla concedió una entrevista a El Popular, diario imparcial de Puebla, donde nos habla de la importancia de la lingüística en el marco del Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

¿Cuál es la importancia de la lingüística?

— La lingüística es una ciencia que estudia el lenguaje humano, y decía un latinista: “soy hombre y nada de los hombres me es ajeno”; y esa misma frase la parafraseó Jakobson muchos años después y dijo: “soy hombre y nada del lenguaje me es ajeno”. Y yo creo que allí está la respuesta: la lingüística es importante simplemente porque el lenguaje es el centro de nuestras vidas, porque nos constituye como objetos, “como seres hablantes”.

Su importancia está en el área de interés y en la constitución que tiene. La lingüística se ocupa de muchas cosas, como el lenguaje inclusivo que está ahora tan de moda. Ésa es una de las tantas partes que le importa a la lingüística, para decir a favor o en contra, pero con fundamentos.”

 

¿Cómo se logra el acercamiento sin que sólo se vea que su estudio es para especialistas?

— Los lingüistas de México venimos de una cepa de lingüistas que hacen cosas. Y yo sí creo que sí hay que rehabilitar ese papel de la lingüística con la sociedad, porque la lingüística puede producir cosas que beneficien a los otros y entonces se vuelve algo que cobra significatividad en la gente. El hecho de los diccionarios mismos, por ejemplo, es un resultado de la lingüística.

 

¿Cuál es el camino?

— Hay un producto que sale de este trabajo, como: lingüística y educación, lingüística y gramática, lingüística para la enseñanza de lenguas extranjeras, lengua de señas, problemas del lenguaje. La lingüística tiene un gran campo de acción y hay un campo donde la lingüística está involucrada con la sociedad, o por lo menos debería estarlo. La lingüística reivindica la variedad de lenguas y debería formar parte de los procesos para promover políticas lingüísticas.

 

¿Cuál es el vaso comunicante entre el español de México y el español de Ecuador?

— El hecho de que haya 23 academias de la lengua y que cada una trabaje en sus variantes de español significa algo que nos enriquece, no algo que nos empobrece. Yo creo que es correcto encontrar estos puntos de encuentro entre las variantes del español, y es magnífico encontrar estas cosas que nos hacen ser distintos, que nos hacen ser singulares y que justamente permiten toda una interacción de nuestras variantes. Muchas veces se ha dicho que el léxico es lo que más cambia de una lengua, lo que más rápido cambia y es dónde hay más variedad. Digamos que el léxico es la parte más superficial de una lengua; entonces puedes ver esas variantes léxicas entre México y Ecuador, a pesar de que somos países latinoamericanos. Esas variantes léxicas nos dicen que hay una variación, sobre todo porque subyacen lenguas de estrato: náhuatl, el maya en el caso de México; en el caso de Ecuador el quichua. Todo eso que va siendo las variantes de la lengua del español. Yo creo que nos unifican otras cosas como la sintaxis, la ortografía; pero cuando haces análisis sintácticos, te das cuenta que ese concepto de sintaxis es bastante débil. Digamos que hay una médula de español estándar que es bastante fuerte, que nos permite tener una cierta inteligibilidad entre nosotros.

 

¿La lengua es de quien la habla?

— Por supuesto, en esto soy muy clara. Como academia asumimos que tenemos un papel de normatividad, pero además es un papel que los propios hablantes han conferido. Nosotros como academias no imponemos una hegemonía sobre los hablantes. Ojo, esta normatividad es facultativa, nos la dan los hablantes al recurrir a las academias.

Yo creo que como academia nos debemos posicionar como una institución normativa, porque alguien tiene que hacer esa función, siempre insisto en esto. Lo decía Saussure, son muy claras. Una de ellas de inmutabilidad y otra de mutabilidad. La de inmutabilidad está producida por la norma, y es por esto que a través de los siglos se ha mantenido el lenguaje; y por otro lado está la mutabilidad, que viene de los hablantes y de todas las variaciones que se hacen. Y dice Saussure: sin una de estas dos la lengua se acaba, porque si todo se acaba y no hubiera convención; y si todo fuera norma y todo se acaba, tampoco habría lengua. Estas dos fuerzas son las que hacen la lengua, y efectivamente: la lengua es de los hablantes.

¿Qué hay de los clichés de las hipercorrecciones?

— Estas fuerzas de las que te he hablado tienen que ver con que haya gente que te corrija, quien intente mantener la norma a toda costa. Y habrá gente que hable como le dé la gana. Con el paso del tiempo alguna de las dos fuerzas se impondrá a la otra. Por ejemplo: haiganadienHaiga era la forma correcta; nadien era la forma correcta. Siempre hay alguna que termina por imponerse. Esta variación, no sé, pienso en crocodilo, que termina por hacerse cocodriloMurciégalo, que termina por hacerse murciélago. Yo creo que estás dos fuerzas siempre han existido, pero que finalmente algo termina por imponerse.

 

¿Cómo lograr conjuntar la disciplina de la academia con la pasión de la poesía?

— Eso sí es un cliché, porque si haces diccionarios no puedes hacer poema. Aparentemente son dos fuerzas del lenguaje opuestas: una que tiene que ver con lo genuino de la palabra, inclusive con su nacimiento, y su resignificación que es la poesía. Yo creo que el poeta se encuentra en el nacimiento de la palabra.  Frente a los diccionarios que recogen todas esta sistematicidad, recoger estas metáforas muertas, todas las acepciones de los diccionarios, se hacen de procesos retóricos, metafóricos o metonímicos.

El problema es que la metáfora se vuelve actual y deja de causar asombro, mientras que la poesía lo que busca es esa otra cosa: la vuelta de tuerca donde la metáfora quiere gestarse. ¿Cómo lo logra?, no tengo idea, pero ambas tienen que ver con lo mismo, con esa búsqueda incesante de la palabra y el lenguaje, y creo que en mi poesía puede verse esa búsqueda.

 

 

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