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“La literatura en sí misma ha cumplido el objetivo de explicar el mundo”

El escritor español dialogó con el Tribuno en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que concluye hoy.

 

eltribuno.com

Por Marina Cavalletti

La feria Internacional del libro de Buenos Aires convoca, como cada año, no solo a miles de lectores sino a grandes escritores de nuestro país y otras distancias. Así, con Barcelona como ciudad invitada de honor 2019, decenas de artistas y referentes de aquella zona son parte de una atractiva y nutrida grilla del evento literario más importante de Latinoamérica.

En este marco,  Sergio Vila-Sanjuán, periodista y escritor, presentó su trilogía de novelas Una heredera de Barcelona (Destino, 2010), Estaba en el aire (Destino, 2013, Premio Nadal) y El informe Casabona (Destino, 2017) que construyen,  desde los años 20 hasta la actualidad,  un entramado  histórico, geográfico y emotivo por los rincones más íntimos de la ciudad española.

Vila- Sanjuán fue  becario Fulbright en la Universidad de Boston, se  dedica al periodismo cultural desde 1977. Ha trabajado como jefe de cultura de El Correo Catalán, redactor-jefe de El Noticiero Universal y desde 1987 en La Vanguardia, donde al día de hoy coordina el suplemento Cultura/s.

En diálogo con El Tribuno, el autor reflexionó sobre su obra y  la actualidad literaria de nuestra región, entre otras cosas.

–  En “El informe Casabona”,   “Estaba en el aire” y  “Una heredera de Barcelona” utilizás diversas estrategias al momento de narrar ¿Cómo armaste ese entramado de personajes tan diversos entre sí?

– La historia es la siguiente. He hecho tres novelas, que son tres miradas de tres generaciones, tres periodistas de diferentes generaciones, a través de las cuales se cuentan tres historias de Barcelona en los años ’20, en los ’60 y en el presente. El de la primera novela es un personaje que está más o menos inspirado en mi abuelo, el segundo inspirado en mi padre y el tercero tiene algo que ver conmigo.
En cada novela intenté desarrollar el estilo que pensé que les correspondía. En la primera novela es una primera persona muy arcaica, porque intento reconstruir la forma en la que escribían mi abuelo y los de su generación. Estos periodistas de los años ’20 que eran un poco pomposos, solemnes, tenían una formación muy clásica y párrafos muy largos.
En la segunda novela, que pasa en los años ’60, intenté dar un tono estilístico de esos años, que era el de la novela objetivista francesa. Es una novela que está escrita desde la tercera persona del presente, porque esto me permitía obtener una visión muy inmediata pero que el tono literario te devolviera un “tono años ‘60”.
En tercera novela, que es la que está más conectada con el presente, quería que reconstruyera una investigación periodística en estado bruto, y me inspiré en la película Mister  Arkadin de Orson Welles, que es la vida de un personaje pero que te la van contando con testimonios no editados. Digamos que te dan el testimonio y al final te haces una idea. En realidad es trampa porque sí están editados, pero yo los tomo como testimonios brutos porque el planteo de la novela se supone es un Dossier, es un informe que le encargan a un periodista. Digamos que son tres abordajes literarios diferentes y definidos por la necesidad de cada caso.
En la primera y segunda novela, en la que el tono es diferente, tienen algo en común y es que son historias de cuatro personajes unidos a través de la figura de un periodista, que es la persona que tiene acceso a los más altos niveles elitistas de la ciudad, pero también a los movimientos sociales, a la delincuencia, etc.

En “Una heredera del Barcelona” no todo es ficción…

Claro. La primera parte, es sobre un hecho real, de cuando yo encontré una conferencia de mi abuelo diciendo que la historia de la Barcelona de los años ’20 se podría explicar a través de cuatro personajes. De un general que era el gobernador civil, de un anarquista que era el líder de la contestación, de una mujer que es la clave de la novela y que es una heredera. Las dos novelas tienen que ver con el estatus legal de la mujer en España. La primera novela se llama “Una heredera de Barcelona” es porque la protagonista es una heredera que no se casa. En década del ’20 las mujeres en España estaban legalmente incapacitadas, porque mientras vivían en casa dependían del padre, pero cuando se casaban, era el marido quién firmaba todo. Ellas no tenían derechos legales a hacer nada, estaban muy atadas. Los padres de esta protagonista mueren, ella es rica joven y decide no casarse porque precisamente quiere ser libre, entonces se dedica al arte, hace paseos históricos, fascina a muchos hombres, posiblemente es lesbiana, pero en todo caso prefiere ser libre.
El cuarto personaje al que se refería mi abuelo es un coleccionista de arte. Yo lo que he hecho es, con materiales documentales, hacer lo que mi abuelo no hizo y que es cruzar a estos cuatro personajes.
– ¿Empezaste a escribir novelas para cerrar ciertos círculos familiares?

– Empecé a escribir novelas sin escribir novelas. Mi primer libro lo inicié como una no-ficción. Hay gente que,  al cumplir 50 años, recapitula muchas cosas. Y cuando los cumplí, me di cuenta de que había escrito libros con los que no me sentía implicado emocionalmente, porque eran temas ajenos a mí como el mundo editorial o la pintura. Y, en ese momento, pensé que quería hacer algo que fuera muy próximo a mí desde el punto de vista emocional. Entonces, recordé la historia de mi abuelo a quién yo había tratado un poco de joven y era un personaje interesante. Pensé en hacer una pequeña biografía. En cierto momento encontré esta conferencia y ahí decidí no hacer una no-ficción sino una novela, porqué sería mucho más interesante para el lector y mucho más divertido para mí. Y así empieza mi carrera novelista, al convertir un proyecto de no-ficción familiar, me abro y cambio al género de novela.

– ¿Cómo te parece que puede resignificar estas historias un lector argentino?

– Por un lado hay una reflexión sobre Barcelona, que es una ciudad mundial, como si me dijeras que es una novela de Buenos Aires o una de Chicago o Roma. Hay ciudades que por sí solas te animan a leer sobre ellas porque sabes que hay muchas tradiciones y mucha historia. Pero también creo que he tocado temas que son universales. En la primera novela , el tema de la mujer y cómo era en los años ´20, qué tenía que hacer para ser libre. Hay otro tema que es el del intercambio de favores, porque toda la trama va a parar a que un periodista conservador, católico e íntegro, y un anarquista revolucionario, antisistema pero también íntegro, intercambian favores. Primero, uno le salva al otro de la cárcel y cuando estalla la revolución, el otro le salva al primero. La idea es que en ocasiones el hombre puede trascender la ideología.

– En tu rol de editor cultural y con treinta años de experiencia, ¿cómo ves hoy a la literatura en América latina? ¿Ves algún mapa trazado o ves alguna cosa en detrimento?

– Yo creo que ahora circula mucho más que en años atrás. De hecho, esta circulación se crea en los años ’60 con el Boom latinoamericano, que es el momento que por primera vez en todo el ámbito de la lengua castellana se lee a autores latinos, colombianos leen a los mexicanos, argentinos lee a los españoles. Después del Boom,  creo que hay una bajada y los últimos diez años se ha vuelto a estimular mucho porque hay una nueva generación de editores muy interesados. Recientemente murió uno que yo había conocido mucho, que es Claudio López Lamadrid y que era el editor de Penguin Random House y que por ejemplo, había lanzado a Rodrigo Fresán y muchas otras voces nuevas y latinoamericanas.
Hay otra cosa que creo que ha favorecido muchos las voces nuevas y la circulación, y que son los festivales literarios internacionales. En estos sitios se mezclan mucho las literaturas de varios países. También sucede que ha irrumpido una nueva generación de autores y autoras jóvenes que son muy potentes como Valeria Luiselli, Samanta Schweblin. Hay una escritora argentina que leí hace poco y que parece maravillosa que se llama María Gainza y que editó un libro que se llama “La luz negra”.
Mi punto de vista es desde la narrativa y ficción, de poesía no entiendo. Tendré que leer antologías para ponerme al día. Pero creo que vuelve a haber mucho estímulo y veo interesante este momento, porque ha surgido una literatura post- Boom. En Argentina, Jorge Fernández Díaz es un autor muy bueno y muy internacionalizado.

– ¿Considerás que la literatura tiene algún objetivo o misión? ¿O uno escribe simplemente por el placer de escribir?

– Creo que uno escribe por mil razones, pero la literatura en sí misma ha cumplido el objetivo de explicar el mundo, de transmitir valores y de mejorar a la gente. Es una misión sagrada.

 

 

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