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“El lenguaje jurídico atosiga y asusta al ciudadano”

  • “Es urgente que las facultades de Derecho enseñen lengua, argumentación y retórica”

  • “La inclusión no se resuelve solo con filología”

 

diariodesevilla.es

Por AMANDA GLEZ. DE ALEDO

Jesús García Calderón, fiscal superior de Andalucía hasta 2017, es jurista, escritor y poeta. Fundió ambas vocaciones con su participación en la Comisión para la Modernización del Lenguaje Jurídico, que emitió su dictamen en 2011. En esta entrevista defiende la necesidad de profundizar en nuevos conceptos como el derecho a comprender y en crear un lenguaje menos autoritario hacia el ciudadano.

-¿Fueron positivos los resultados de la Comisión?

Fueron muy importantes y lo serán más en el futuro. No se les ha dado la importancia que se merecen por razones políticas y cambios de titular del ministerio de Justicia. Consiguió un resultado digno que todavía no se ha aprovechado porque nació como un punto de partida pero no se sostuvo en el tiempo.

Creo que es urgente retomar sus trabajos con un papel más importante de la Real Academia de la Lengua,  cuyo actual director, Santiago Muñoz Machado, es jurista. También debería jugar un papel la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, que se ha mantenido excesivamente apartada del problema.

Derecho a comprender las resoluciones judiciales

– ¿De qué recomendación se siente más orgulloso?

-La mayor y más importante aportación de la Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico fue la articulación teórica de un derecho a comprender. Hay que seguir abundando en ese derecho que ahora tiene un escasísimo o nulo reflejo en la legislación. Solo la ley del Estatuto de la Víctima (2015), que se hizo después de esta comisión, habla del derecho de la víctima a comprender las resoluciones judiciales.

“El lenguaje jurídico se hace más oscuro cuanto más dinero produce”

– ¿Qué problemas plantea el lenguaje jurídico?

-Muchos ciudadanos no comprenden a los juristas pero esto sucede en un sentido bidireccional: muchos juristas no comprenden a los ciudadanos. Esa falta de comprensión recíproca es lo que explica el desaliento que muchas veces producen las decisiones judiciales, y al mismo tiempo la desesperanza pasiva de los jueces porque no se les entiende.

El lenguaje jurídico no es claro por una serie de razones que no son filológicas sino sociológicas. Primero, porque en la relación del ciudadano con el Estado ha primado la condición de súbdito antes que la de ciudadano. El lenguaje administrativo resulta autoritario, oscuro y difícil de entender porque lo que se quiere es que el ciudadano no controle la actividad pública.

Segundo: muchas veces la oscuridad del lenguaje tiene la finalidad de obtener beneficios materiales. El lenguaje jurídico se hace más oscuro cuanto más dinero produce: el derecho urbanístico, los instrumentos notariales, las grandes transacciones financieras.

– ¿Es decir, que es voluntariamente oscuro?

-Una de las cuestiones que estudió la comisión fueron las notificaciones, que tienen un lenguaje autoritario que no es necesario. Tenían que producir tranquilidad en la víctima y preocupación en el culpable y consiguen lo contrario. No hace falta asustar a la gente cuando recibe una carta del juzgado, se puede citar a una persona normalmente. No se puede estar siempre atosigando al ciudadano, amedrentándolo, amenazándolo, creando un lenguaje contra él.

– ¿De quién es la culpa?

-Es un problema con muchas paternidades, hay una primera responsabilidad tremenda de la enseñanza porque la lengua nunca ha estado suficientemente protegida en la enseñanza, ni siquiera en la escolar. Otro aspecto importante es la falta de formación humanística de los juristas.

Sería urgente que se introdujera la enseñanza de la lengua en las facultades del Derecho y también que se estudiara lenguaje jurídico, argumentación jurídica, oratoria y retórica.

– ¿Que le parece el lenguaje inclusivo?

-Tiene una necesidad ponderada, no creo que haya que destrozar la lengua en busca del lenguaje inclusivo porque hay un término medio en el que podemos estar todos de acuerdo.

La claridad del lenguaje es la primera forma de inclusión y la transparencia es también una forma de inclusión. A mi me gustaría saber si en un torneo de tenis el premio masculino y femenino tienen el mismo importe y ningún periódico me lo dice. Hay mucho que hacer en estas cuestiones. Que nadie crea que resolviendo el tema filológico se resuelve el tema de la inclusión.

“En el mundo del Derecho la inercia tiene demasiado poder”

– ¿Por qué se siguen usando términos como “el diciente”, “otrosí primero”?

-Eso es consecuencia del falso paradigma de que el jurista, para serlo, tiene que ser oscuro. Es un error garrafal. Precisamente los grandes juristas son los que buscan la claridad. En el mundo del Derecho la inercia tiene demasiado poder y las inercias nos conducen a esas situaciones.

Todo ese lenguaje formal debería corregirse porque no es difícil, basta con unas nociones básicas. Pero desgraciadamente a los juristas no se les ofrece esa formación.

-¿Por qué cree urgente la formación humanística de los juristas?

-Porque en el mundo del Derecho es donde se están produciendo los grandes debates sociales.

Otra cuestión es que el derecho está alcanzando a ámbitos de la vida que antes quedaban reservados a la privacidad. Por ejemplo en materia de género o de acoso escolar. El matonismo escolar antes quedaba circunscrito al patio del colegio y la violencia de género al ámbito familiar. Se decía que había territorios que las aguas del derecho no podían lamer. Esto cambió con la revolución de los derechos a finales del siglo XX y el mundo jurídico comprendió que no podía dejar esa zona oscura.

La claridad del lenguaje tiene mucho que ver con eso, hay que crear nuevas palabras, nuevos conceptos que muchas veces son antagónicos con esa inercia de la que hablábamos.

-¿El mundo jurídico está respondiendo a esos retos?

-No está respondiendo bien. Es más una cuestión individual de abogados, jueces,  fiscales e investigadores que hacen de una forma extraordinaria su labor, pero las instituciones están por detrás de los problemas sociales, no han conseguido nunca liderar ese terreno.

Yo defendí en la Comisión que la claridad de lenguaje jurídico es una cuestión de Estado y que si España pudiera liderar este movimiento se reforzaría su posición en el concierto internacional porque uno de los activos más importantes que tenemos es la lengua.

-Haciendo balance, ¿se progresa adecuadamente?

-Se progresa adecuadamente pero de manera abrupta, irregular, no se produce la continuidad que debería existir. Tenemos que resolver el conflicto entre Derecho y creatividad, porque el Derecho está concebido en la sociedad actual como un espacio des-creativo, la creatividad se considera una veleidad, un peligro, pero ese es un enfoque equivocado.

 

 

 

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