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Arnaldo Antunes: toda la tradición en un solo canto

Conversación con el músico y poeta paulista, que estará en La Usina del Arte para presentar su nuevo disco de rock y samba: RSTUVXZ.

 

clarin.com

Por NICOLÁS PICHERSKY

Acaso hoy, que un músico popular sea también escritor, poeta, ensayista y diseñador gráfico (y hasta tipográfico de varios de sus libros), resulta casi normal. Pero que además haya estudiado Lingüística, lo convierte en un caso singular. Todo lo anterior lo encarna Arnaldo Antunes, uno de los impulsos creativos más sensuales y delicados de Brasil de las últimas tres décadas. Si el periodismo fatigó el término “renacentista” para definir a aquellos que cultivan varias artes, Antunes es un verdadero modernista, sin comillas.

Como parte de Titãs, uno de los grupos de rock más importantes del retorno a la democracia brasilera, de Tribalistas junto a Carlinhos Brown y Marisa Monte (con reciente gira internacional y cierre de Lollapalooza Brasil), con sus casi 20 discos solistas o sus libros de poesía, pudo aunar en un lenguaje propio toda la tradición de la modernidad brasilera: vanguardia antropofágica, Concretismo, Tropicalismo y la vanguardia paulista de la que proviene. Antunes es portador, como él mismo dice en esta entrevista, de “una mirada prismática”.

Antes de subir al escenario en el auditorio de La Usina, donde presentará su último disco, RSTUVXZ (“R” de rock, “S” de Samba y las últimas letras del alfabeto), conversó por teléfono desde su hogar en San Pablo, Brasil. En él sigue echando mano del samba, el samba-reggae, el funky y por supuesto el rock. Es, otra vez más, un álbum adictivo: en la potencia a lo Pixies en “Se Precavê” o “Medo de ser”; en los juegos constructivistas de la letra de “Eu Todo Mundo”, donde se permite figuras poéticas como la paronomasia (“Eu não queria que todo mundo pensasse / Que era o que eu não sabia / Que todo mundo queria que eu pensasse / Que todo mundo sabìa / Que eu era o que não quería”); en la súplica del amante en “Pense duas vezes antes de esquecer” atravesada de ambigüedad sexual: “Mi huella digital en tu dedo, tus besos en mi pintalabios” y hasta un guiño a The Rolling Stones (así como como Titãs, realizaba covers de Los Beatles). Al igual que en su reconocido poema “As coisas” (que fue musicalizado por Gilberto Gil) en el que enumera un sinfín de cualidades de los objetos (tiempo, forma, color, textura, contorno, temperatura) para concluir en un angustiante y a la vez cándido “Las cosas no tienen paz…”, Antunes trata de recomponer el quiebre entre las palabras y las cosas.

Arnaldo Antunes, uno de los impulsos creativos más sensuales y delicados de Brasil de las últimas décadas. / Cecilia Profetico

Arnaldo Antunes, uno de los impulsos creativos más sensuales y delicados de Brasil de las últimas décadas. / Cecilia Profetico

 

–¿Qué te dio, como poeta y como músico, haber estudiado Lingüística?

–Crecí en una generación que transitó un camino entre la canción popular brasilera de los 70 y la poesía, porque toda esa generación tenía una letrística, una poesía muy sofisticada. Un contexto en que la poesía concreta se acercó al Tropicalismo, Vinícius de Moraes, un poeta de libros, se convierte en una de las estrellas de la Bossa Nova y poetas como Waly Salomão o Torquato Neto componían canciones junto a otros músicos. Todo ese universo estaba muy vivo para mí. Además, de joven amaba la literatura y decidí estudiar Letras, y dentro de ella, lo que más me interesó y marcó fue el Curso de Lingüística. No tanto por intentar ser lingüista, sino para pensar críticamente cualquier manifestación lingüística y para nutrirme de ella en mis canciones.

Arnaldo Antunes: se presentó en el auditorio de La Usina, con su último disco, RSTUVXZ. / Foto Cecilia Profetico

Arnaldo Antunes: se presentó en el auditorio de La Usina, con su último disco, RSTUVXZ. / Foto Cecilia Profetico

 

–En tu caso, es falso aquel mito cultural de que toda teoría o pensamiento formal se opone al sentimiento “puro” de los artistas populares: razón versus corazón.

–Siempre tuve la intención de juntar lo popular con la producción más intelectual. Siempre discutí la posición de que para que algo sea popular debe ser raso, sin profundidad. Pero al mismo tiempo está el preconcepto opuesto: de que los caminos de la cultura no deben ser tan comprensibles. Y quise romper esos límites entre cultura baja y alta. Mi intención era hacer algo popular, dentro de la comunicación de masas, por supuesto, pero a la vez corromper el gusto común, ser novedoso en la sensibilidad de quien escucha.

El Tropicalismo, con Caetano, Os Mutantes y Gil, entre otros, fue un movimiento musical que se caracterizó por articular culturas que parecían contrapuestas, en cantar, por ejemplo, en inglés y en portugués. ¿En este movimiento piensa Antunes cuando habla de romper límites culturales? “La génesis –dice Antunes– ya estaba en el modernismo de Oswaldo de Andrade y la vanguardia antropofágica. De hecho, no entiendo cómo Mario de Andrade no se acercó a la música popular de Noel Rosa, por ejemplo. Claro que las generaciones como las mías son herederas sin duda de esos mismos cambios ya profundizados por el Tropicalismo”.

–Hay una explosión de trap en todo el mundo, donde la palabra es importante. ¿Es una música que te atrae?

–Conozco más de rap clásico brasilero, como Emicida, Criolo, Racionais MC’s. Pero, en general, el canto hablado me resulta muy seductor. La canción viene del habla, el habla es la semilla de la canción popular. Y el hip hop lo toma con mucha libertad, un poco como los cantantes del nordeste brasilero que se van desafiando uno a otro. Es muy sugerente el ritmo de las palabras y la improvisación. Me encanta la división rítmica de las sílabas sobre la cadencia musical. Es algo que atraviesa mi obra, a pesar de que lo mío no es la improvisación para nada: mi método de trabajo es materializar muchas posibilidades, trabajar por adición y por sustracción y al fin llegar a la canción definitiva.

“El habla es la semilla de la canción popular”, dice Antunes en la respuesta anterior, como si la teoría lingüística saussureana fuera algo natural en él, cotidiano. “Es que Saussure –explica Antunes– justifica la arbitrariedad del signo lingüístico. Pero al mismo tiempo, cuando habla de los anagramas, es como si allí la poesía subvirtiese el signo arbitrario y pasara a ser motivado. La poesía, en ese sentido, refunda la palabra, se acerca mucho más a su origen”.

Arnaldo Antunes en La Usina, con su último disco, RSTUVXZ. / Foto Cecilia Profetico

Arnaldo Antunes en La Usina, con su último disco, RSTUVXZ. / Foto Cecilia Profetico

–¿Hay diferencia entre la poesía y la letra de la canción?

–¡Ciertamente! La canción es un código hibrido, donde la palabra está sujeta a la acentuación, a la línea melódica, al espíritu del interprete. Así como la poesía está comprometida con la materialidad gráfica. ¡Pero momento, porque hoy el soporte de la poesía también puede ser no solamente el libro! Puede ser un calzado, una remera, una pantalla, a pesar de que el origen de la poesía es oral. Un poema musicalizado inadecuadamente será una canción “fraca”. Y a la vez, si divido bien rítmicamente la palabras, un texto banal puede resultar en una canción maravillosa. Por ejemplo, si leo en un papel “Você e eu, eu e você, eu e você, você e eu: juntinhos!”, no me dice absolutamente nada; pero si lo escucho por Tim Maia, en la canción del mismo nombre, con esos arreglos de metales tan ricos, tenemos una canción muy potente. Al mismo tiempo, muchas letras de canciones sobreviven como poemas escritos porque gozan de sofisticación y capacidad poética genuina. Lo que digo es que poesía y letra de canción son diferentes, pero no por motivos conceptuales (en los que la música está asociada al entretenimiento y la cultura de masas, y literatura y poesía son consideradas más eruditas); sino porque pertenecen a categorías del lenguaje específicas.

Es inevitable preguntarle, casi al final de esta conversación, por el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Una situación que Antunes también asocia a una idea de fin pero en un sentido maligno. “Vivo cada día como si fuera una guerra. Uno se levanta y lee constantemente sobre nuevas calamidades en contra de la cultura, de los derechos de los indígenas, de las minorías sexuales, de la preservación de la naturaleza. Lo cierto es que Brasil vive hoy una insanidad colectiva”.

Arnaldo Antunes
Lugar: Usina del Arte. Caffarena 1, esq. Pedro de Mendoza.
Horario: domingo 1 de septiembre a las 20.

Otros carnavales: Pasiones en forma de libro

Hay una mala noticia para los amantes de la música brasilera en nuestro país: Bossa Nova: La historia y las historias, de Ruy Castro, la mayor biblia sobre ese tesoro musical, es inhallable en librerías locales. Pero hay una noticia estupenda: Otros carnavales. Conversaciones con músicos de Brasil, de Violeta Weinschelbaum, acaba de lanzarse. Es una colección de entrevistas a los más grandes músicos brasileros, un libro lujoso y a la vez accesible, de casi 500 páginas en un papel ilustración tan macizo y robusto como los músicos que alberga. Que sus luminosas fotografías también sean de la autora habla de un compromiso total y personal de la entrevistadora con los artistas y sus obras.

Arnaldo Antunes: RSTUVXZ (“R” de rock, “S” de Samba y las últimas letras del alfabeto). / Foto Cecilia Profetico

Arnaldo Antunes: RSTUVXZ (“R” de rock, “S” de Samba y las últimas letras del alfabeto). / Foto Cecilia Profetico

Weinschelbaum sabe de qué habla (o con quien habla): se especializa hace años en música brasilera y tradujo al castellano Verdad Tropical, la autobiografía de Caetano Veloso. Pero de entre todas las bondades del libro (como, por ejemplo, no una sino varias entrevistas a próceres como Caetano Veloso, Chico Buarque, Maria Bethânia o Gilberto Gil a lo largo del tiempo, que van reflejando sus cambios y evoluciones en las últimas décadas), la más original es la exploración en el proceso creativo de los genios actuales de la canción brasilera.

Antunes con “R” de rock, “S” de Samba y las últimas letras del alfabeto. / Foto Cecilia Profetico

Antunes con “R” de rock, “S” de Samba y las últimas letras del alfabeto. / Foto Cecilia Profetico

Si la generación del MPB nos legó un imperio (como Brasil) de las pasiones en forma de canción, con clásicos como “Queixa”, “Joao e María” o “Olhos nos olhos”, ¿por qué aún hoy no existía un libro que revelara y contara el cancionero contemporáneo de los sentimientos, ese que nos viene acompañando en los últimos años?

En Alexandre Kassin, con “O seu lugar” (“Cuando vos salías, la casa entristecía / la grifería lloraba / y las puertas esperándote”), en Adriana Calcanhotto con “Uns versos” (“Soy tu fado, soy tu bardo / si vos quisieras oír / o soy tu eunuco, soy tu soprano, un ser heraldo”), con Arnaldo Antunes y “A casa è sua” (“No me falta la pared / y en ella una puerta para que entres / no me falta alfombra / todo lo que necesito es tu pie descalzo para pisarla”) o en Marisa Monte, esa sacerdotisa de los corazones rotos, y su “Infinito particular” (“En algunos instantes / soy pequeñita y también gigante / ven amigo y declarame tu amor / el mundo es portátil para quien no tiene nada que esconder”). En todos ellos hay una casa autoral y a la vez un atlas de los sentimientos (un “infinito particular”) que la autora devela en cada conversación, en cada parceira (como los músicos brasileros llaman a las asociaciones creativas) con los protagonistas del libro.

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