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“Ai ke ablar de la kuestion”, la historia de la española que en 1916 anticipó el lenguaje del chat

Enriqueta Barranco Castillo escribió un libro sobre Agustina González López, una joven española que, tras adherir al movimiento futurista, propuso simplificar la ortografía.

 

clarin.com

“La lektura es klara lo mismo ke kon el sistema ortográfiko antiguo”, analizaba la polifacética artista española Agustina González López en su libro La eskritura futurista publicado en 1916 en Granada. Su propuesta era la de simplificar la ortografía del castellano eliminando letras que representaban sonidos semejantes y anulando consonantes y vocales que no sonaban: nada distinto de lo que hacen a diario millones de hispanohablantes cuando envían un mensaje de Whatsapp a las apuradas. Solo que cuando esta artista lo pensó, nada hacía prever la existencia de teléfonos desconectados de sus cables y los únicos textos que se mandaban de un lugar a otro viajaban en sobre de papel. “Para comprender la obra de Agustina hay que tener una mente abierta y una amplitud de miras nada convencional, de lo contrario seguirá siendo menospreciada”, dice a Clarín la médica Enriqueta Barranco Castillo, académica de la Universidad de Granada y biógrafa de esta mujer fuera de serie.

“La lektura es klara lo mismo ke kon el sistema ortográfiko antiguo”, analizaba Agustina González López en 1916 en Granada. / Germán García Adrasti

“La lektura es klara lo mismo ke kon el sistema ortográfiko antiguo”, analizaba Agustina González López en 1916 en Granada. / Germán García Adrasti

 

Tampoco ella la conocía hace algunos años. “En el año 2003, yo estaba recopilando información para escribir una obra sobre un catedrático de Obstetricia de la Facultad de Medicina de Granada llamado Alejandro Otero Fernández, que murió en exiliado en México D.F. y que había participado en política como líder reconocido y odiado a la vez en la Granada de la transición. Fue entonces cuando en unos documentos pertenecientes a las elecciones de 1933, encontré que fue él quien apoyó la candidatura de una mujer, para mí desconocida entonces, que se llamaba Agustina González López, y que presentó su candidatura por el partido Entero Humanista”, recuerda ahora por mail esta médica ginecóloga desde su casa en un pueblito cercano a la Sierra Nevada granadina que se llama Monachil.

Aquella referencia a esa desconocida le generó curiosidad “y ahí comenzó todo”, anota sobre el teclado de su computadora portátil para Clarín. El resultado de esa búsqueda es el libro Agustina González López. Espiritista, teósofa, escritora y política, que saldrá a la calle en diez días editado por la Universidad de Granada.

Agustina González López adhirió al movimiento futurista con una obra en la que propone reducir a 22 las letras del abecedario castellano.

Agustina González López adhirió al movimiento futurista con una obra en la que propone reducir a 22 las letras del abecedario castellano.

 

–Fue en el ensayo Idearium Futurismo, que escribió en 1916, donde propone una simplificación de la ortografía. ¿De dónde venían esas ideas?

El manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti, en España fue adoptado por Gabriel Alomar y Ramón Gómez de la Serna, quienes proclamaban que había que romper con las normas de la escritura, entre otras cosas, rompiendo la armonía de la página y la del lenguaje. Agustina se adhirió al movimiento futurista con esta obra, en la que propone reducir a 22 las letras del abecedario castellano, y para demostrar que esto no alteraba la comprensión del lenguaje se permitió escribir un ensayo con esta nueva ortografía. Ni que decir tiene que esto solo lo valió las críticas de sus coetáneos, porque además aprovechó para lanzar en el ensayo todas las ideas que había ido albergando tras su formación espiritista y teosófica.

–Es notable que las operaciones que ella imagina y propone para esa simplificación son muy parecidas (por momentos son las mismas) a las que se usan cotidianamente ahora cuando se escriben mensajes en los móviles por ejemplo. ¿Se sabe cómo elaboró esas propuestas?

–Sí, simplemente se basaba en la inutilidad que tenían las letras y combinaciones ortográficas que con su lenguaje quedaban eliminadas, reduciendo el espacio y el tiempo de lectura, algo que ahora se explota a diario con los móviles y otros vehículos de la sociedad de la información.

Enriqueta Barranco Castillo contó que para leer Agustina González López tuvo que pedirle permiso a los hombres de su familia.

Enriqueta Barranco Castillo contó que para leer Agustina González López tuvo que pedirle permiso a los hombres de su familia.

 

–¿Podría compartir ejemplos de la manera de usar la ortografía que Agustina González López proponía en su libro?

–Aquí va un ejemplo: “El sistema futurista de eskribir resuelve las difikultades ortográfikas por lo mismo ke sinplifika la Ortografía. Este libro ba todo eskrito en futurismo, para demostrar prákticamente ke no son necesarias siete letras del alfabeto kastellano, ke desaparesen kon este sistema. Español i no kastellano es el modo de eskribir futurista, kon el ke las konsonantes c, h, qu, v, x, y, z, kedan suprimidas. Se pierden kon las siete letras muchas konbinasiones ortográfikas, i tanto la supresión de unas komo de otras, no obskurese nada la konpresión del pensamiento: la lektura es klara lo mismo ke kon el sistema ortográfiko antiguo, sienpre ke se ponga kuidado en las formas gramatikales i retórikas, pues al ser más fásil la Ortografía, se fijará toda la atensión en ellas, ke son las más inportantes para la trasmisión del pensamiento”.

–Agustina González López no solo fue escritora, pensadora, artista vanguardista y política sino que además inspiró personajes a Federico García Lorca. ¿Cómo se explica que sea prácticamente una desconocida?

–Agustina era conocida en Granada con el apodo de “La Zapatera”, como título despectivo con el que se le negaba su indudable sabiduría, ya que su familia tenía tiendas de calzado, y en el escaparate de la suya ponía a la venta sus ensayos. Ian Gibson, autor que ha dedicado toda su vida a publicar trabajos sobre Federico García Lorca, la identificó mal en sus relatos, ya que la llamaba Agustina González Blanco, apellidos que correspondían a los de su padre. Otros autores, los menos, hablaban de ella como Amelia, sobrenombre que ella tenía como artista plástica, y los hombres que sí que supieron de ella, siempre la describieron como una loca, jamás como una creadora, de ahí el olvido al que ha estado sometida, hasta no hace demasiado tiempo, incluso en los círculos más interesados en desvelar la obra de las mujeres. También es cierto que nunca se la ha enmarcado como una autora modernista y tampoco se le ha reconocido su formación espiritista primero y teosófica después, de ahí que incluso alguna autora reciente haya pasado de puntillas sobre su ensayo Las leyes secretas, un completo tratado teosófico, lo que a nuestro modo de ver sólo la sumerge más en el agujero de la ignorancia con la que se le ha sometido en esta ciudad. Para comprender la obra de Agustina hay que tener una mente abierta y una amplitud de miras nada convencional, de lo contrario seguirá siendo menospreciada.

Agustina fue precursora del arte abstracto como lo fueron Georgiana Houghton (1814-1884) e Hilma af Klint (1862-1944).

Agustina fue precursora del arte abstracto como lo fueron Georgiana Houghton (1814-1884) e Hilma af Klint (1862-1944).

 

–Los pocos datos disponibles sobre su vida dicen que desde temprano, se interesó en temas poco frecuentes para las muchachas de aquella época: la astronomía y la medicina. ¿Cómo logró aprender estas y otras disciplinas a comienzos del siglo XX?

–Agustina, en su relato autobiográfico titulado Justificación, nos dejó las pistas para poder comprender su obra. Efectivamente, dice que leía libros de anatomía que le prestaba un amigo de su hermano. Pero lo que nos dice también es que aburrida de la anatomía se puso a leer el poema “Colón”, del poeta Rubén Darío, y esta es la primera pista que nos deja sobre su formación, y por la que se la tiene que considerar como una autora modernista. Su formación intelectual estuvo vinculada a los ambientes espiritistas y teosóficos, muy en boga en los primeros años del siglo XX, de los que participó Rubén Darío o Ramón María del Valle Inclán, solo por poner dos ejemplos, y a los tampoco fue ajeno Federico García Lorca. Esto nos sirve para explicar que no era la astronomía lo que la atraía, sino el espacio celeste como sede de los espíritus, que ella representaba pintando con acuarelas y haciendo fotograbados. Esto la convierte en una precursora del arte abstracto como lo fueron Georgiana Houghton (1814-1884) e Hilma af Klint (1862-1944). Además Agustina con su drama Los prisioneros del espacio, se convierte en una de las escasas autoras dramáticas de su tiempo, pero todavía esta obra no ha sido ni mencionada ni divulgada por otras autoras que se han ocupado de Agustina. Y es realmente una obra muy bien estructurada y con una abundante simbología modernista que merece la pena difundir.

–¿Es cierto que para decidir si se le permitía leer se formó un consejo en su familia? ¿Cómo fue aquel episodio?

–Sí, en la Granada primisecular las mujeres vivían recluidas y privadas de la lectura porque esta las podía hacer libres de los prejuicios religiosos muy arraigados en esta capital. Así es que tras su insistencia en la lectura, un consejo de familia integrado por los hermanos de su padre (ya difunto), su madre y sus hermanos mayores, la autorizó para que pudiera leer, y ella lo hizo aprovechando todo lo que caía en sus manos, y en las mismas cayeron obras como A los pies del maestro, atribuida a Jiddu Krishnamurti, que le sirvieron de base para sus escritos.

Agustina González López. En 1916 inventó una ortografía práctica que hoy se volvió cotidiana.

Agustina González López. En 1916 inventó una ortografía práctica que hoy se volvió cotidiana.

 

–¿Cómo fue la relación con Federico García Lorca? Y algo más: ¿es cierto que fue inspiradora para algunos de sus personajes?

–El biógrafo de Federico García Lorca, Ian Gibson, en una de sus obras aludió a la relación de Federico con Agustina, pero no nos quedaba claro qué era lo que había pasado entre ellos. Así es que nos fuimos a investigar la correspondencia de juventud de Federico y encontramos que entre 1916 y 1918 se carteó con un amigo llamado Lorenzo Martínez Fuset, y que la mayoría de cartas que se conservan tienen a Agustina como centro de ellas, pues al parecer Agustina y Federico mantuvieron amores secretos en su juventud. Esto nos llevó a profundizar más en la lectura de la obra completa de Federico y sorprendentemente hemos encontrado abundantes textos, en su prosa y también en sus poemas, que sugieren que estos amores de juventud fueron ciertos y que causaron una gran inquietud en Federico, que probablemente no tenía todavía muy definida su sexualidad. A partir de ahí atisbamos que La zapatera prodigiosa o la Amelia de La Casa de Bernarda Alba, tienen mucho de Agustina, de su vida y de su personalidad. Esto todavía es un tabú entre los estudiosos de Federico.

–¿Qué se sabe a ciencia cierta sobre sus últimos días y su asesinato?

–En los primeros días del mes de julio de 1936 falleció la madre de Agustina, ambas residían en la granadina calle Mesones, número 6. Tras la sublevación militar de este año, allí fue detenida y llevada ante el gobernador militar, un personaje de triste memoria en Granada, el comandante Valdés, probablemente a mediados de agosto de este año. A partir de ahí todos los testimonios sobre su muerte están recogidos muchos años más tarde, pero es muy probable que estuviera en un convento que había sido habilitado como prisión de mujeres y que desde allí fuera conducida al barranco de Viznar (Granada) en donde fue ejecutada. Como nadie acudió a reconocer su cadáver ni se le identificó, en el registro civil aun no figura como difunta. Es una más de las desconocidas cuyos cadáveres se encuentran en aquel lugar elegido para las ejecuciones extrajudiciales. En los primeros días del mes de septiembre, se le abrió su correspondiente expediente, se la acusó de masona –lo que no era cierto– y de haber formado parte del llamado Frente Popular, siendo comunista, algo que tampoco era cierto. Todo un proceso de responsabilidades políticas, instruido post mortem y plagado de irregularidades y de mentiras. Se le incautaron todos sus bienes y se le condenó a pagar una multa de 8.000 pesetas, que la familia abonó con los fondos que ella poseía y con los beneficios devengados por el alquiler de su vivienda.

 

 

 

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