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“El guaraní es uno de los idiomas más armoniosos y musicales del orbe”

El profesor Augusto Mechetti, quien dicta clases en el Museo Antonio Serrano, de la capital provincial.

 

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En el caso de Argentina, los guaraníes se ubicaron en las provincias del noreste y Litoral, con una fuerte presencia en Entre Ríos, tras haber migrado desde el Amazonas hacia el sur en búsqueda de tierras adecuadas para la agricultura y por sus características nómades. Su lengua pervive hasta hoy, tras las transformaciones de la época de la convivencia jesuítica, aspectos entre los cuales se refiere el profesor Augusto Mechetti, quien dicta clases en el Museo Antonio Serrano, de la capital provincial.

Ciudadano latinoamericano

—¿Dónde nació?

—En Entre Ríos, pero me considero un ciudadano latinoamericano. Viví tres años en Paraguay, cuando tenía 16 años.

—¿Dónde lo parieron?

—En Paraná, barrio 33 Orientales, calle Sebastián Vázquez.

—¿Cómo era esa zona en su infancia?

—El barrio comenzaba en calle Bavio, hasta Sebastián Vázquez, y desde Libertad hasta la placita; era muy despoblado, con muchos baldíos y donde teníamos caballos.

—¿Lugares de referencia?

—La feria, que todavía existe, y la zona aledaña al arroyo Antoñico.

—¿Había un límite que no podía trasponer?

—No, aunque otras familias ponían la prohibición de no pasar a San Agustín porque “era muy bravo”. Pero nada que ver con lo de ahora, ya que no existían la droga ni los soldaditos, solo algunos rateritos. La fama era que había gente brava, peleadora… Alcancé a presenciar un duelo.

—¿A qué jugaba?

—Tuve muchos problemas desde niño porque era asmático y herniado, así que no podía jugar al fútbol y me desesperaba, tampoco podía subir a un árbol o correr. Usaba un braguero y era tortuoso. El asma luego se me fue. Mi pasión era andar a caballo, hasta los anegadizos de Bajada Grande.

—¿Qué materias le gustaban de la Secundaria?

—Castellano, Geografía, Historia y Biología me apasionaban, y siempre rendía Matemáticas y Física. Cuando terminé, comencé a trabajar.

El guaraní y Paraguay

—¿Qué actividad laboral desarrollaban sus padres?

—Mi padre era periodista, corresponsal en la Mesopotamia de la agencia Télam y estaba en la Asociación Argentina de Periodistas. Fue corresponsal de guerra en Vietnam, donde estuvo varias veces, y cubrió el bloqueo a Cuba, y mi mamá, docente. En mi casa se hablaba guaraní porque mi padre nació en Paraguay.

—¿Cómo influía eso?

—Mi papá lo hablaba con sus hermanos y a mí me encantaba porque es uno de los idiomas más armoniosos y musicales del orbe. Mi mamá solo entendía algunas palabras. Cuando viví en Paraguay había que hablar en guaraní sí o sí. Luego hice el profesorado y hace 29 años que lo enseño. También viví en Potosí, Bolivia, en Córdoba, en Corrientes y bastante tiempo en Laguna Blanca, Formosa, donde hasta hoy se habla guaraní.

—¿Sentía una vocación?

— Quería ser veterinario y cuando regresé de Paraguay me fui a estudiar a Esperanza, donde cursé hasta 3º año, pero por mis ideas políticas no me recibí, porque era una época muy brava. Dejé, me dediqué al guaraní y trabajé como viajante de comercio de Pradymar, con lo que me fue muy bien.

—¿Fue un contraste fuerte vivir en Paraguay?

—Con algunos aspectos de la cultura sí. En aquel momento estaba sumido en una pobreza terrible, lo cual cambió. Algunas costumbres no podía asimilar, como la forma de dirimir las diferencias. Allá era todo con cuchillo y revólver. Pero la experiencia fue buena.

—¿Un descubrimiento?

—En Paraguay no, donde me llevé una gran sorpresa fue en Potosí, donde tuve el orgullo de presidir la delegación entrerriana del Antifestejo de 1992. Fue una experiencia inolvidable.

Los libros y la militancia

—¿Había libros en su casa?

—¡Sííí, por supuesto; toda mi vida fui un gran lector!

—¿Alguno influyente?

—Don Segundo Sombra, Martín Fierro, Santos Vega; cuando tenía 15 años mi padre me regaló Geopolítica del hambre, de Josué De Castro, y me dijo “esperá dos o tres años para leerlo, porque no lo vas a entender”. Lo leí cuando llegué a la Universidad y lo entendí perfectamente. De Castro vaticinaba una serie de cambios en Latinoamérica. Me encantó.

—¿Cómo era la relación con su padre, en cuanto periodista?

—Me desanimó para serlo y me dijo que siguiera en Veterinaria. Cuando volvió de Cuba, Vietnam y China comunista, donde se entrevistó con Mao Tse Tung y Zhou Enlai, contó la realidad y fue objeto de duras críticas. Tenía fotos de todo eso pero en la época del Proceso tuve que desaparecer todo.

—¿Usted militó políticamente?

—Sí, en el Peronismo Revolucionario, muchos años, y pasé muchas, como tanta otra gente. Mis padres y toda la familia eran peronistas. En la Universidad formé parte del centro de estudiantes.

Desde los ancestros

—¿Tuvo ancestros relacionados con la etnia guaraní?

—Sí, toda la familia de mi padre, y por el lado de mi madre, mi abuela era descendiente de guaraníes de la zona de La Paz. Mi abuelo paterno vivió en Colombia, Paraguay y vino a Paraná.

—¿Siempre mantuvo la relación con la lengua?

—Nunca la dejé y mantuve relaciones con gente de habla guaraní de Paraná, que hay mucha, y en otras partes de la provincia. Luego comencé a relacionarme no con criollos de habla guaraní sino con representantes de comunidades guaraníes originarias, de los cuales todavía quedan bastantes. Son los que más trascendieron porque no se perdió la lengua, debido a la influencia de los jesuitas. Cuando vinieron a las misiones, los jesuitas lo hicieron para aprender el guaraní, transmitirlo al catecismo y lograr la evangelización.

—Y dominarlos.

—Fue una atracción mutua porque el 90% del pueblo se hizo cristiano. De ahí los apellidos. En el periodo prehispánico, el guaraní no tenía apellidos, sino nombres de pila. Por ejemplo, Taparí –apellido de mucha gente en Concordia–, Areguatí y Tiguá. Cuando los evangelizaron, les pusieron como nombres propios los de los liturgia cristiana y a otros les hicieron adoptar apellidos españoles. El misionero Antonio Ruiz de Montoya logró lo que se denomina los 1.000 apellidos guaraníes.

Misiones y pueblos

—¿Qué población tuvo la etnia en el mayor momento de desarrollo?

—Estaban en una gran misión jesuítica de Mandisoví, por eso estaban evangelizados. Cuando los jesuitas son expulsados de América, quedaron ahí, ya se había fundado el pueblo y una parroquia cuyo nombre guaraní significa “el hijo de Dios”, y cuyos cimientos todavía están. Mandisoví fue un pueblo guaraní, que para 1810 tenía unos 500 habitantes. Al crecer la población, comenzaron a emigrar al Departamento Federación y fundaron Tatutí, Capibarí y Ka´aguy Mondaha, también al Departamento La Paz y con el correr de los años, a Feliciano. Siempre fueron campesinos.

—¿Cómo fue la relación con los charrúas?

—Fueron enemigos durante muchos años. Cuando los españoles comenzaron a avanzar hicieron una alianza militar estratégica que se mantuvo durante 30 años. Por eso hubo casamientos intertribales y hay muchas personas de ascendencia charrúa con apellido guaraní. Luego los jefes guaraníes comprendieron que tenían la guerra perdida por la superioridad bélica del invasor, mientras que los charrúas no dieron el brazo a torcer y continuaron la guerra por su cuenta. En esa etapa sobresale el cacique Don Cristóbal, que nunca se rindió, y su lugarteniente, cuyo nombre no recuerdo.

Vigencia y pérdidas

—¿Se puede estimar la pérdida cultural que significó la evangelización en el caso de este pueblo?

—Cualitativamente, lo más sobresaliente fue la vigencia del idioma y en cuanto a la cultura, los guaraníes de misiones jesuíticas, sin excepción, no volvieron a su antiguo hábitat, que era la selva, y a sus costumbres. Se acriollaron, vestían ropas gauchas y eran cristianos. Los jesuitas le dieron relevancia a la música, de la cual los guaraníes eran amantes, así que se adaptaron a los nuevos instrumentos que no conocían, como el arpa, la lira, el violín, el piano y la guitarra.

—¿Qué características definían al guaraní?

—Era un pueblo muy guerrero y expansionista, sin llegar a ser imperialista; al pueblo que sometían le ponían como condición sine qua non el aprendizaje del ‘avañe’ẽ, la lengua guaraní, y que olvidaran su idioma y costumbres, lo cual les dio muchos resultados. Por ejemplo, en Salta hay un pueblo originario que no es de raza guaraní pero están guaranizados y se olvidaron de su idioma. También eran muy amantes de su tierra y de la naturaleza, no se creyeron dueños de la tierra, sino parte de ella. Le dieron relevancia al idioma porque consideran que les trasmitió un dios llamado Yakairá, enviado del dios principal Ñamandú. Por eso le dan tanta relevancia al idioma.

—¿Cómo era su cosmogonía?

—Eran politeístas, con un dios superior, y en su cosmovisión también entraban las figuras de algunos animales como el yaguareté, que fue un emblema para ellos, por su fortaleza y bravura. Todavía existen algunas etnias que no aceptaron la cristianización y no fueron parte de las misiones, y mantienen sus creencias originarias.

—¿Cómo se entiende el espíritu guerrero con el sometimiento no traumático por parte de los jesuitas?

—Ellos lo aceptaron para huir de la esclavitud de la mita y el yanaconazgo de las autoridades españolas, entonces se sentían protegidos por los jesuitas.

—¿Su interpretación sobre la expulsión de los jesuitas?

—Carlos III los expulsó por la dimensión económica y política que habían alcanzado, y fundamentalmente por la captación de los indígenas guaraníes.

—¿Qué sucede con los guaraníes a partir de ese hecho?

—Se fueron reagrupando. En Entre Ríos, como le comenté, en Mandisoví, otra gran cantidad se fueron a Corrientes, donde se mimetizaron con los criollos, lo cual hizo que el idioma, un dialecto con características propias, fuera más vigente que en Entre Ríos.

Riqueza de expresión

—¿Cuáles son los aspectos más relevantes de la lengua?

—¡Ah, bueno, da para mucho! Desde el aspecto de su morfología y la sintaxis es una lengua que no tiene nada que envidiarle a ninguna lengua indoeuropea. Tiene una formación morfológica casi perfecta, igual que su semántica. En la nomenclatura botánica y zoológica universal, después del griego y el latín, está el guaraní. Lo que cautiva es la riqueza de expresión.

—¿Diferencias con el español?

—No existen los artículos ni el singular ni plural, que están implícitos en la oración, al igual que una cantidad de letras, como la “rr”.

—¿Qué antigüedad tiene?

—En nuestras tierras, Entre Ríos y Mesopotamia, alrededor de 8.000 años; se conservó a lo largo del tiempo por la tradición oral. Hay pruebas arqueológicas que se encontraron en la zona de los ríos Paraná y Uruguay; vinieron desde el Proto Amazonas. Eran intrépidos canoeros.

—¿Hasta dónde se extendieron hacia el Norte?

—En Brasil y algunos sectores de Bolivia, como Santa Cruz de la Sierra, todavía hay guaraníes, y creemos, sin datos concretos, en alguna región del Perú.

—¿Cuándo comenzó a enseñar?

—Hace 29 años, en el Profesorado, en 1990, cuando el museo estaba en el subsuelo de la Escuela Del Centenario, luego en Concordia, en la Facultad Tecnológica Regional, en la Facultad de Servicio Social, en Diamante, Victoria, Crespo y Santa Fe. Siempre tuve buena recepción por parte de la gente.

—¿Cuáles son, en general, las motivaciones para aprenderlo?

—Hay de todo un poco, por los ancestros y curiosidad, pero he notado, fundamentalmente en alumnos de aldeas alemanas, para “buscar una conexión a la tierra, que los vincule más a América”.

—¿Hay una producción bibliográfica importante?

—Sí, lamentablemente viene toda del Paraguay; yo escribí algo propio, que se llama Nociones de Historia y cultura guaraní, donde me refiero más a las provincias argentinas de habla guaraní, Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones y algo del norte de Entre Ríos y Santa Fe. Estoy esperando encontrar un patrocinador para editarlo.

—¿Textos clásicos?

—Ñane ñe’ guaraníme, de Lino Trinidad Sanabria, quien también hace poco publicó un diccionario maravilloso. Otro autor clásico, el padre Antonio Guasch.

—¿Ha trascendido mundialmente el estudio de la lengua?

—Sí, por ejemplo, un profesor paraguayo y guaraniólogo, cuyo nombre no recuerdo, ejerció muchos años en la Universidad de Mainz, y un maestro y profesor de Guaraní, don Manuel Irigoyen, de la capital de Corrientes, ganó una beca de la Unesco.

—¿Cuáles son los espacios actuales de enseñanza?

—Los miércoles, en el Museo Antropológico Serrano, niveles primero y segundo, y en la Facultad de Humanidades, primer nivel, a cargo de una referente guaraní de la región, la señora Ara Mimbi Vera.

—¿Hay alguna página en Internet?

—Idioma y cultura guaraní, en Facebook.

Datos

• El idioma guaraní está reconocido constitucionalmente como idioma oficial de la República del Paraguay junto con el castellano, y es hablado por aproximadamente 12 millones de personas en el Cono Sur.

• Fue la primera lengua indígena americana en alcanzar ese estatus de idioma oficial.

• En Corrientes es lengua oficial junto con el español.

• Es de la familia tupi-guaraní y se extendió desde de la Cordillera de los Andes y el mar Caribe hasta el Río de la Plata.

• Desde la expulsión de los jesuitas, fue prohibido y perseguido, pero pervivió en lo más íntimo de los hogares.

• Es ágrafa y su escritura comenzó desde la colonización de América. Distingue al menos 33 fonemas, de los cuales 12 son vocales y 21 consonantes.

• Existe solo un modo verbal, el indicativo, el cual tiene los tiempos de presente, futuro y pasado simple.

• La Academia de la Lengua Guaraní de Paraguay es la principal institución encargada de normar y estandarizarla.

• Algunas palabras de origen guaraní: Anahí, aguapey, caburé, caracú, carpincho, che, chipá, chajá, gurí, jaguar, mandioca, mburucuyá, quiyá, sapucai, tacuara, tereré, vera, yacaré, yarará, ñandubay, ñandú, ñapindá, etc.

 

 

 

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