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La ciencia y el idioma

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Por Dr. Horacio Ángel Lopardo

El idioma inglés finalmente se impuso por sobre el francés y el castellano en lo que hace a la escritura de trabajos científicos durante el siglo XX. Esto se dio naturalmente porque el inglés se habla en numerosos países y es el segundo idioma de casi todo el resto. Sin embargo, no debe olvidarse que el castellano es la primera lengua de 380 millones de personas (5,8% de la población mundial), una cifra muy poco menor que la correspondiente al inglés (440 millones). Es cierto que el inglés es el idioma que la comunidad científica ha adoptado prácticamente en forma universal. La mayor cantidad de información científica es lógico que entonces la encontremos escrita en inglés. Los congresos internacionales desde la China hasta El Salvador y desde la península escandinava hasta la Argentina lo han adoptado como idioma oficial. Todo esto es normal y aceptable, porque este idioma es comprendido por chinos, japoneses, rusos, indonesios, etc. sin contar los numerosos países que lo tienen como lengua nativa. Sin embargo, deberíamos analizar con más cuidado las ventajas y las desventajas de escribir en inglés nuestros artículos científicos, sobre todo ahora que algunas revistas argentinas están estimulando a los autores a que abandonen su lengua nativa para escribir en inglés, dado que según los comités editoriales, esto valorizaría la publicación según el índice de impacto.

Hay evaluadores de organismos argentinos que valoran más las publicaciones según si fueron realizadas en revistas extranjeras y, más aún, en revistas de alto impacto, que en las editadas en revistas argentinas. Se ha dado el caso insólito de una institución que para calificar la actividad de su personal profesional le otorgaba a las publicaciones de su propia revista la mitad del puntaje correspondiente a las de otras. Esto en parte es producto del esnobismo de quienes piensan que lo que está escrito en inglés es dogma y de mejor calidad.

El desprecio por lo propio llegó al colmo en una referencia que hace unos años hizo Mario Bunge en Página 12 acerca de un investigador hindú, que en su tarjeta personal había puesto “Failed Ph.D., Harvard University”. En este sentido, vemos que el hindú apostaba a que había gente que podía llegar a valorar más a alguien que había sido aplazado en Harvard que a otro que pudiera haber sido exitoso en alguna universidad de la India.

El factor de impacto de una revista se mide en base a la cantidad de veces que sus artículos son citados en trabajos publicados en otras revistas. Obviamente, como el inglés es el primero o el segundo idioma en la mayoría de los países del mundo, los trabajos que se publican en inglés son los más citados y por lo tanto las revistas escritas en ese idioma son las de mayor impacto. Contradiciendo ese criterio podemos decir que un artículo muy citado no necesariamente va a ser genial o va a cambiar la historia de la ciencia. Si fuera así, cualquier descripción de alguna técnica podría merecer el Premio Nobel y ya lo tendrían la Food and Drug Administration o el Clinical and Laboratory Standards Institute. En la otra vereda, el trabajo de Christian Gram, que constituye una de las piedras angulares de la Microbiología, fue publicado en alemán, en una revista de difusión reducida y, si hubiera sido analizado por alguno de nuestros evaluadores fundamentalistas del impacto, no hubiera sido siquiera publicado, ya que hasta el propio autor reconocía la limitación del alcance de ese trabajo (1).

En Acta Bioquímica Clínica Latinoamericana se publican corrientemente comunicaciones breves; algunas de ellas son trabajos preliminares que pueden, como en el caso del trabajo de Gram, ser completadas y mejoradas por los propios autores o incluso por otros investigadores.

El factor de impacto es un sistema caprichoso de medición de la calidad de la revista y de sus artículos, destinado a mantener la hegemonía del inglés ante el avance inexorable de otras lenguas habladas por millones de personas. Lamentablemente no se han encontrado aún otras formas prácticas de poder efectuar una medición de la calidad de las publicaciones. Creo que la labor de los evaluadores debería ser algo más creativa y minuciosa y se debería tener en cuenta que las revistas de menor impacto pueden tener resultados de gran interés y de muy buena elaboración. Por el contrario, sabemos que las revistas de alto impacto también pueden publicar trabajos con resultados erróneos. Por ejemplo, he encontrado en una de ellas dos artículos (2)(3) que presentaban resultados incompatibles con la Física (4).

Obviamente, una revista de mayor difusión cumple mejor con su cometido docente y divulgador de la ciencia. No obstante, si nos guiamos por el número de impacto, podemos cometer el error de querer difundir un trabajo destinado a los microbiólogos argentinos publicándolo en la revista Nature, solamente porque tiene mayor impacto que la Revista Argentina de Microbiología. Es posible que lo lea mucha más gente, pero muchos menos microbiólogos argentinos.

Para todos nosotros, aunque tengamos conocimientos de inglés, nos cuesta más leer y sobre todo escribir artículos en ese idioma. A los científicos de habla inglesa, al ser ésta su lengua nativa, les resulta menos engorroso escribir en las revistas de alto impacto, a veces sin producir cosas mejores y solamente porque su inglés es más depurado. Algunos de nosotros hasta hemos debido soportar actitudes xenófobas como puede ser el hecho de que una revista editada en los EE.UU. nos haya rechazado un trabajo con el argumento que “el inglés era muy pobre y que para otra oportunidad tratáramos de dárselo a corregir a alguien que tuviera ese idioma por lengua nativa”, sin haber advertido que en los agradecimientos se había incluido un párrafo referido a la gentil revisión del lenguaje por la jefa de editores de una prestigiosa revista estadounidense.
En la época de la conquista, los países invasores, entre las primeras cosas que hacían, trataban de imponer su lenguaje y su religión a los países conquistados. Luego, el lenguaje fue utilizado como un arma eficaz para someter a otros pueblos imponiendo su cultura y su tecnología. Siempre contaron con personajes cipayos (conscientes o no) que los ayudaron en su tarea. Antes engañaron a los nativos con espejos y vidrios de colores, hoy nos quieren hacer lo mismo a nosotros con el índice de impacto.

Acta Bioquímica Clínica Latinoamericana está escrita en castellano, para que el que escriba lo haga con mayor facilidad y para que el investigador de habla castellana que lo lea, pueda hacerlo con una mejor comprensión y a mayor velocidad.

 

 

 

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