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Donde se inicia la plática sobre el nombre de nuestra lengua

lavozdealmeria.com

Por LUIS CORTÉS RODRÍGUEZ

Contento se mostraba Sancho desde el momento en que su amo, por vez primera, le había dado la razón en algo. Ocurrió al advertir a su señor de lo poco justo que era considerar a todos los publicitarios como depredadores de la lengua castellana, pues unos lo serían y otros no. Llevado por ese gozo, el escudero tomó la palabra y, ante la sorpresa del caballero, se dirigió a él de esta guisa:

—No parece que esté muy cierto el nombre que hemos de dar a nuestra hermosa lengua castellana.

—No entiendo qué quieres decir –respondió don Quijote-. Siempre será lengua castellana como se haya de conocer.

—Así lo pienso yo también –dijo Sancho- y así me referiré a ella cuando sea menester ante mis insulanos. Pero, señor, oyendo al cura, las dudas me asaltaron, pues parece ser que aludió a que había oído al bachiller Sansón Carrasco afirmar que entre los acamédicos de la Universidad de Salamanca, ha empezado a denominarse con el nombre de español o lengua española, que ambos términos empleó,

—Decid académicos, que no acamédicos  -replicó don Quijote, cariacontecido con los errores continuos de su escudero-. Así también me pareció a mí. Pero mejor será que dejemos tal cuestión para cuando nos acompañe el bachiller, porque poco puedo yo declarar de Salamanca y de sus académicos.

—Señor, «hablando del rey de Roma, por la puerta asoma»  -dijo Sancho-. Que el bachiller, junto con el cura, en la puerta está.

Tras ser invitados ambos a compartir sala y una vez sentados todos, fue don Quijote quien tomó la palabra:

—Amigo Sansón Carrasco, ha unos días me pareció oírle que a nuestra lengua castellana empezaban en la Universidad a nominarla lengua española o español.

—Cierto es lo que indicáis, pues un académico de Salamanca, fray Santiago Roca, nos informó de que el nombre de lengua española  tiene desde mediados de este siglo XVI una mayor justificación y se sobrepone al de lengua castellana. Aunque este uso no se ha generalizado, comienza a ser utilizado cada vez más desde esas fechas hasta nuestros días. Y cada vez más, por justedad, habrá de ser empleado.

—Déjeme discrepar, aunque nunca haya pisado la universidad de Salamanca ni ninguna otra –contestó el cura-. Que de 1535 es la famosa obra Diálogo de la lengua,  de Juan de Valdés, donde quiero recordar que se dice que la lengua castellana se habla no solamente por toda Castilla, sino también en el reino de Aragón, en el de Murcia, en toda Andalucía y en Galicia, Asturias y Navarra; y esto aún hasta entre gente vulgar, porque entre la gente noble tanto bien se habla en todo el resto de España.

—Verdad es cuanto vuesa merced dice –respondió el bachiller-, pero ha de saber que el motivo de la expansión del nombre de lengua castellana por toda España estuvo en la prominente posición política y económica de Castilla en el entorno peninsular, con el prestigio cultural que ello conllevó.

—Pero es extraordinario –replicó don Quijote- que, con todo lo que dice, no haya llegado a nosotros ese término de lengua española, que tan artificial suena y que solo hemos oído de sus labios.

—Señor don Quijote –respondió el bachiller-, esto no es como la guerra, en la que, como le oí decir a vuesa merced, la celeridad y presteza son primordiales para alcanzar la victoria antes de que el contrario se ponga en defensa. El cambio de un vocablo por otro es un proceso largo, que se va expandiendo a modo de como lo hacen las ondas del agua cuando lanzamos una piedra al mar. Serán los cortesanos, los humanistas y eruditos los centros de poder de donde irradie este cambio lingüístico, y de ahí se irá extendiendo desde los lugares más próximos a los más lejanos, pero no con celeridad, como en la guerra, sino con su tiempo correspondiente, que no suele ser poco. Pero el tiempo hará razón y lengua española será su nombre y no castellana.

—No sabíamos tal cuestión de los cambios de las cosas –dijo don Quijote-, pero he de pensar que cuando dicho cambio sea de los instrumentos de arar o trillar o de otras cuestiones agrícolas no cabe pensar que comience en la corte o entre eruditos, sino entre los agricultores y gentes de ese mundo.

—Así es y razón lleva vuestra merced al considerarlo de tal modo –respondió el bachiller-.

—¿Podría, entonces, amigo bachiller, decidnos algo más sobre por qué de lengua castellana se pasará, sin más, a llamarse lengua española? -preguntó don Quijote-.

—El académico de Salamanca al que antes aludía –respondió el bachiller- nos habló de que a mediados del siglo XVI se fue sobreponiendo el neologismo español como resultado de una nueva realidad política. Esta nueva realidad fue la unificación de los reinos de España y esto lo muestra el hecho de que  sea español el término utilizado en todas las lenguas extranjeras para referirse al idioma que hablamos los habitantes de este reino nuestro de España. Bien es verdad que en Indias sigue dándosele el nombre de castellano y únicamente este. Según pasen los tiempos –nos refirió el académico-, castellano solo será la variedad del español que se hable en Castilla, como el andaluz en Andalucía o el murciano, en Murcia.

Aunque continuará en el próximo capítulo, hubo de detenerse esta sabrosa plática cuando ama y sobrina, molestas y hartas de aquellos encuentros, irrumpieron en la sala.

 

 

 

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