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Papelucho baleado

La historia detrás de la ilustración de Instagram.

 

culto.latercera.com

Entre tanta información y videos, tanta imagen que choca y altera y enrabia y hasta da risa (¿de verdad el Costanera Center cree que llenar de robocops su frontis es una gran publicidad para el futuro o acaso no cree en el futuro ni en tiempos mejores?), entre tanta imagen violenta captada por celulares sin filtros, entre tanto Twitter de cuentas falsas o camufladas que destilan odio, entre tanta voz chirriante de aquellos que uno ya no desea escuchar y que no paran de berrear, entre tanto fake news y tantas noticias reales que uno quisiera que fueran fake y de pronto te llega una imagen (una ilustración) que te bota.

Una ilustración que te explica y emociona y calma y enrabia a la vez. Una ilustración que es capaz de condensar, apañar, aclarar y dejar todo claro.

A veces es bueno llorar.

A veces uno se demora en llorar.

Sin duda que hemos sido expuestos y sobre expuestos quizás a imágenes fotográficas notables e inspiradas. Hemos visto, quizás muy a la rápida, ilustraciones y dibujos y cómics y pinturas y todo tipo de artes visuales, incluyendo rayados, stencils y graffitis, además de horas de pequeños cortos no editados, in-situ, puro cinéma vérité que, por un lado, han sido testimonio y registro pero que también han funcionado como cámaras vigilantes, atentas, grabando la historia, pero también denunciando y avisando. El arte, ya era hora quizás, ha dejado de ser inocente. Sabe quien lo puede agradecer y que puede lograr.

Hay una imagen (una ilustración) que creo que puede ser la imagen de esta ruptura. Creo que hay muchas fotografías notables y quizás es demasiado pronto para optar por una. Yo mismo he guardado varias. En esta época visual, de Instagram, lo cierto es que hay muchas (demasiadas) fotografías intensas, algunas capaces de fusionar la estética con el horror o la saga, pero de todas, la que más me ha golpeado es una imagen que es una ilustración (un dibujo) de un niño.

No de cualquier niño sino de Papelucho.

Papelucho ya no en la clínica ni perdido y quizás con su hermano Javier en primera línea. Es Papelucho historiador, sin duda.

Es Papelucho casi ciego.

Papelucho baleado.

La ilustración que hizo Fabián Rivas de Papelucho baleado, con un parche, su ojo dañado, cercenado, tapado con un parche, quedará para la historia.

¿Qué es lo que realmente dice esta ilustración? ¿Es necesario intentar descomponerla? ¿No basta mirarla?

Quizás.

Es probable. Pero también es necesario compartirla. Escribir de ella, visualizarla y que la vean los que no están en la calle (los que siempre le han temido) y los que desprecian o no creen en las redes sociales. Siempre Papelucho me ha parecido un gran personaje y la suma de sus entregas me parece que forman más que una saga sino una de las novelas más potentes acerca de la falencia de la familia chilena (escribí hasta un ensayo).

Pero nunca me imaginé verlo baleado.

Y lo curioso es que no me parece para nada imposible. Como están las cosas, es perfectamente posible balearlo. O, al menos, su espíritu. Esa ilustración con Papelucho herido, con ese parche, capta acaso el baleo a nuestra inocencia y quizás una culpa colectiva: no haber visto, no adelantarse, no captar del todo, confiar en que el tiempo puede curar, creer que nunca iba a volver a pasar.

Miro el diccionario y confirmo lo que intuía. Ilustración es “una fotografía, dibujo o lámina que se coloca en un texto o impreso para representar gráficamente lo expuesto, ejemplificarlo o hacer más atractivo el resultado”. También es la operación o acción consistente en ilustrar un texto.

En este caso, el texto que se está ilustrando es la narrativa patria que nos ha envuelto (la épica, la catástrofe, el derrumbe, la ruptura, la primavera, la venganza, la irrupción, la movilización, el despertar) y que ha hecho que muchos, por lo demás, se sientan por primera vez parte de la historia

El fin de semana me topé, mirando stories en Instagram de gente que sigo, con esta perturbadora imagen (ilustración, aclaro) que creo —insisto— es una de las más potentes que ha producido esta ruptura (me niego a decirle crisis) y que condensa mucho, demasiado, pues trae el pasado al presente, insinúa un futuro, es feroz e implacable, pero a la vez es tierna, esperanzadora por el gesto de Papelucho resistente, resiliente, entero a pesar de todo. Una ilustración que apropia (pide prestado, en rigor; más que roba o saquea) una imagen (un personaje que es tanto imagen como prosa) que es de todo y que le da un nuevo significado (renueva, hace relevante) a la obra cumbre y clave de Marcela Paz. Sin duda que, ante esta genialidad de Fabián Rivas, Andy Warhol lo aplaudiría y Bansky se lo copiaría.

Comencé a seguir en Instagram a Fabián Rivas. Me enteré que ilustra para diversos medios en Chile y en el extranjero y que me había topado varias veces con sus creaciones en diarios y revistas. También capté que tiene varios libros infantiles que escribe y dibuja como Mi extraño vecino¿Dónde está mi tuto? (gran título) y Gato travieso, entre otros. Fabián tiene 33 años, no tiene hijos aún pero sí sobrinos, es diseñador gráfico, lee mucho, es cinéfilo y ahora vive en Concepción. Le escribí por interno, coordinamos y lo llamé por Skype para conversar.

Fabián Rivas.

Esta es la transcripción.

—Primera duda, Fabián: ¿como se llama la ilustración?

—Uf, no sé. No siempre titulo lo que ilustro o dibujo. Papelucho ahora, quizás. O Papelucho, ya no en la clínica.

Papelucho herido.

—Sin duda. Papelucho dañado. O mejor: Papelucho fuerte.

—Ahí está: herido y todo, con su parche, pero vuelve a marchar o pedir justicia… está ahí con su pancarta.

—Es un fuerte, es un bacán. Tiene fuerza, se quiebra, pero se levanta. Así veo a la gente que ha decidido no callar, demandar, hablar, hacer algo. Está ahí solo (porque lo recuerdo solo), pero diciendo lo que piensa. Pidiendo algo inmenso, pero a la vez ni tanto: un Chile más justo. ¿Acaso es mucho pedir?

—Para nada. Habla por otros, no por él, digamos. Papelucho siempre tuvo esa característica: hablar por los demás.

—Su singular es plural.

—Es lindo eso.

—Yo siempre sentí que me hablaba. Que me interpelaba. Rayé con lo contemporáneo que era.

—Y sin embargo no lo es. Es del año 47 y tú lo leíste en…

—… como a mediados de los noventas… Pero parece nuevo. Siempre parece nuevo.

—Uno cree que lo escribieron pensando en uno.

—Piensa como uno. Sabe lo que uno siente. Eso es su magia.

Papelucho.

—Volviendo a la ilustración. ¿Qué crees que le pasó a Papelucho por estos días?

—Fue baleado por un perdigón por el solo hecho de estar ahí. Querían dispersar. Creo que acompañó a su hermano Javier o quizás fue solo. Papelucho siempre ha sido curioso. Y preocupado de su entorno, de la injusticia… siempre ha sido un chico atento a las desigualdades. No lo leo hace años, pero eso fue con lo que conecté. Papelucho sería parte. Iría a marchar o la Plaza de la Dignidad llevado por su lado puro, con su ingenuidad y deseo de justicia… Es un chico bueno, frágil, indefenso, flaco y así todo lo balean.

—Y va la clínica y regresa. Así entiendo tu cuento. Porque es como un cuento, ¿no? O como la última imagen de una película llamada quizás, Papelucho en primavera o Papelucho movilizado.

Papelucho historiador quizás también.

—Sin duda. Volvamos para atrás un poco… ¿con qué libro de la serie partiste?

—Creo que con Papelucho en la clínica. Debo haber tenido 9 años.

—Papelucho siempre tiene nueve.

—Así es. Nunca llega a la pubertad, siempre tiene esa mirada de niño. Y esa voz. Le creí todo, le compré la voz, conecté. Por fin, sentí, que había un niño escribiendo, contando su historia, y no una persona mayor tratando de pasar por un niño cuando claramente no lo era.

—Y lo cierto que no era un niño ni siquiera un hombre sino una mujer.

—Es una de las tantas genialidades de Marcela Paz. Soy un fan de tomo y lomo.

—Es impresionante como parece que Papelucho siempre es contemporáneo. Y como capta tantas cosas. Como que se adelanta.

—En Papelucho, mi hermano hippie, por ejemplo, comenta que Javier pasa entre barricadas y estar volado.

—Y a pesar de tener padre y madre y hermanos, se siente muy solo. Por eso necesita expresarse. Eso me impactó mucho en su momento.

—A mí también. Recordemos que él mismo dice en uno de sus libros que “el que va a arreglar el mundo soy yo… haciendo feliz a la gente…”

—Tu libro Mi extraño vecino dice “encontrado por Fabián Rivas” que es, me imagino, un guiño al final del primer Papelucho que dice que el diario fue, en efecto, encontrado en un basural.

—Sabes, no lo había pensando así, pero es linda la conexión. He aprendido mucho leyéndola. Sobre todo si uno desea escribir libros infantiles. Ahí está todo. Marcela Paz realmente creó un niño que representa a todos. Por eso sentí que podía usarlo. Apropiarlo, como se dice. Porque es mío, es de todo… Papelucho es un privilegiado, pero no por eso es inconsciente.

—Claro. Papelucho dice por ahí… déjame revisar mis apuntes… “El rico le roba al pobre y a mí me da vergüenza ser hijo de rico”, algo que hoy se lee de manera más potente.

—Sin duda. Papelucho jamás rotearía y no le tiene miedo a los otros.

—No anda fomentando la lucha de clases de manera histérica desde el Portal La Dehesa.

—Papelucho busca la paz. Mira, escucha esto: “Justo cuando ya nos sentimos eternamente felices, vino lo terrible: la noche. Porque la noche… es algo tremendo. Sobre todo cuando uno tiene una hermana chica que cuidar. Y todo huele a azufre…”

—O a gas lacrimógeno. Uf, “…vino lo terrible… la noche…” Capaz que si lee esto la Ministra Cubillos declare los Papelucho como textos de adoctrinamiento.

—De más. Papelucho subvierte lo que todos dan por hecho.

—Todo se lee distinto ahora, sin duda. Y muchos ya no saben o no quieren o no pueden leer.

—No creo que Papelucho tenga una ideología excepto la de ser bueno. Esa es su meta. Mira, por ahí en otro libro confiesa: “ya sé lo que llaman desengaños de la vida. Hoy tuve uno tremendo. El desengaño más atroz, creo. Se siente en el pecho como una agüita caliente que corre suave hacia la garganta y se instala ahí. Es un gran sufrimiento desengañarse…”

—¿Eso siente ahora?

—Creo que nunca salió pensando que podían balearlo por pedir más justicia.

—“Lo que sucede es terrible”. Así parte la saga. Es la primera línea.

—Sí y es cierto: lo que sucede es terrible. ¿Qué novela de terror incluso parte así? Y por eso llamé, digamos, a Papelucho. Lo convoqué o llegó a mí. Volvió… regresó. Pensé: están baleando inocentes. Me pudo pasar a mí o un amigo. A cualquiera. Balear es terrible. Balear a Papelucho tiene algo como de entrar directo a las tinieblas… ¿Quién es más inocente que Papelucho? Me pasó que justo estaba de viaje y cuando llegué pasó lo de Gustavo Gatica. Y quedé conmovido. No un ojo, dos. No sabía qué hacer, cómo expresarme.

—De hecho, Gustavo tiene algo de Papelucho en su físico…

—Totalmente: flaco, alto, con ese pelo… Me conmovió, me remeció… Hasta dibujé algo inspirado en su tragedia, pero sentí que no captaba todo el horror…

—Una de las cosas tremendas del crimen contra Gustavo Gatica es que de nuevo se ataca no sólo a un joven sino a un fotógrafo. Otra vez un fotógrafo, pensé.

—Cierto.

—Un fotógrafo con pocos años que desea mirar más de cerca, capturar, fijar la historia, enfocar. A Gustavo Gatica lo dejaron ciego. A Rodrigo Rojas De Negri, su primo en el tiempo y colega en el arte de enfocar la calle, digamos, lo quemaron en la calle en los 80, bajo Pinochet.

—Mirar o ver muy de cerca lo que no desean que se mire es castigado. Y ahí entra el arte, creo. También miramos. Y yo dibujo con los dedos, las manos, pero desde la mirada. Quería crear algo como un cartel. Algo que sea potente. Como un grito en la pared. Porque eso es un cartel que funciona: uno que remueve. Lo posteé y nunca he tenido tanto comentario y muchos me pidieron permiso para repostearlo o imprimirlo o lo que sea. Obvio que dije sí. Una ilustración a veces puede ser fuerte y un aporte.

—Más que marchar o no sé…

—He marchado… pero yo ilustro, tu escribes… Gustavo tomaba fotos. Ilustrar es lo que hago y de todo lo que hago creo que es lo que hago mejor. Ilustrar es lo que hago. Es mi manera de procesar el mundo. Y eso hice, fue mi aporte. La fuerza de la imagen, de los afiches, puede ser potente. Me fascinan los carteles de otra época. Quise ilustrar un niño con un afiche. Un afiche enclenque con un niño flaco y herido pero que se mantiene de pie. Es mi aporte como ilustrador. Podré hacer más cosas como ciudadano, pero esto es mi aporte, entre varios, como dibujante.

—Esta es una ilustración, intuyo, que no fue solicitada. ¿Por qué la dibujaste? ¿Te costó?

—Me costó mucho encontrar la imagen. Y lo hice porque necesitaba expresarme. Aportar si era posible. Lograr emocionar. Yo quise mostrar rabia, pena, desolación… Me costó plasmarlo… Que no fuera un meme: eso era importante. Que reflejara mi pena, ¿te pasa?

—Sí. Muchos andan con pena.

—Quise mostrar a Papelucho solo porque, insisto, ese es el recuerdo que tengo del personaje. Pensé: Papelucho va solo a la marcha y se pierde… O busca a su amigo… Luego se me ocurrió: va con su amigo marciano y todos los miran por el tema de los alienígenas de Cecilia Morel, pero me pareció…

—…vulgar. Todo ese episodio pareció cómico en su momento, pero al final fue vulgar… torpe… egoísta.

—Pensé: Papelucho no puede ir con un marciano. No ahora. Ahora va solo. Y justo le pasó lo que le pasó a Gustavo Gatica. Ya le había pasado a muchos, claro, pero ahí hubo mucha fragilidad y conecté con eso…

—El dibujo es frágil pero también es fuerte…

—Menos es más, pensé. Va solo a la marcha, le llegó un perdigón y perdió un ojo como tantos… pero va a la clínica o la posta y se recupera algo, le colocan el parche y parte de nuevo.

—Resiste.

—Eso, tal cual. Este movimiento transversal… Todos nos sentimos o fuimos una vez Papelucho: un chico que sale a luchar por la injusticia…

—Y lo balean. ¿Qué crees que diría Marcela Paz?

— Marcela Paz debe estar contenta al saber que muchos años después su creación sigue imaginando.

Marcela Paz.

—Yo creo que estaría orgullosa.

—Yo espero que sí. Ella lo creó sensible. Yo estoy evocándolo. Trayéndolo al hoy. Es fan art. Soy fan de Papelucho y lo que hice fue con cariño, respeto.

—¿Qué le dirías a los que dicen que estás mancillando al personaje?

—Mira: quise provocar, compartir una sensación… no es por dinero o para promover unos dulces. Es un homenaje y está hecho con cariño. No tiene por qué herir a nadie sino conmover. Marcela Paz se conmovía a escribir.

—Creo que sí. Creo que estaría de acuerdo. Seguro que la imagen la conmovería o hasta le daría un shock, pero captaría que no estamos en un buen momento.

—Para nada. Si alguien reclama, que dibuje su propio Papelucho. Insisto: es de todos. Es un ícono. Es parte de nuestra memoria y sin duda que está ahora con todos lo que desean justicia o algo mejor.

—¿No te parece que es una imagen poco infantil?

—Sin duda. Pero los niños se dan cuenta. Los niños ven todo. Esto no es literal. No han baleado a un chico de 9, pero sí a chicos menores de edad y gente muy joven que tienen a Papelucho adentro.

—Una conocida que anda muy sobregirada y con ira me dijo que tu dibujo la violentó. Luego la bloqueé.

—Yo me siento violentado. El país se siente violentado. Es violento que balean a Papelucho. Que balean a jóvenes. Es violento todo esto y por eso dibujé esa imagen.

—En la medida que tengas sentimientos.

—Cierto. Aunque yo creo que todos tienen. Unos no más andan con tanto miedo y rabia que están ciegos.

—Quizás por eso balean.

—Es por eso. Los ojos asustan.

 

 

 

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