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No, la palabra ‘hacker’ no significa ‘criminal informático’

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Os animo a hacer un experimento: entrad en la sección de “Noticias” de Google y buscad el término ‘hacker’, luego contad qué porcentaje de los titulares vinculan el término a la criminalidad. Quien esto escribe ha contado 12 de 13, sólo en la primera página de resultados.

Medios y producciones audiovisuales han ido creando un consenso en torno a esta relación espuria, pese tener a mano una alternativa más adecuada, como ‘cracker’. O, sencillamente, ‘ciberdelincuente‘.

Bien es cierto que este fenómeno se ha dado más en el entorno anglosajón (el mismo en el que nació el término) y que, para cuando se hizo popular en España, la confusión estaba ya creada (aunque aquí no hemos hecho sino embrollarlo aún más traduciéndolo ocasionalmente como ‘pirata’). Pero, ¿de dónde viene el término ‘hacker’ y qué significaba en primer lugar?

El origen de la palabra ‘hacker’

El término ya existía en las Islas Británicas en el s.XIII, posiblemente compartiendo orígenes etimológicos con ‘hook’ (gancho) y hacía referencia a los que creaban y/o usaban herramientas de corte (‘to hack’ no significa sino ‘cortar, picar, podar, etc’).

Luego, durante el s.XVIII, se puso de moda durante un tiempo llamar ‘hacks’ a los vehículos tirados por caballos de raza Hackney que transportaban a cualquiera que pagase por el viaje dentro de una ciudad (y, consecuentemente, se llamó ‘hackers’ a sus conductores).

Pronto triunfaría el término francés ‘taxi’, y el término ‘hack’ pasaría a usarse como sinónimo de ‘trabajo pesado y rutinario’ y a vincularse a los ‘hack-writers’, un término peyorativo al escritor que escribe sin la motivación de la creatividad, sólo por encargo, pagado por número de palabras, usualmente para publicaciones de poca calidad.

En 1975 ya se recoge el uso de ‘hacker’ en el ámbito tecnológico como alguien que disfruta programando por el mero placer de programar. Se suele atribuir al MIT ser el escenario en el que nació esta acepción de la palabra.

Sin embargo, ‘hack’ aparece en 1959 en un diccionario escrito por Peter R. Sampson, miembro del Tech Model Railroad Club del MIT, con las siguientes definiciones: “Algo elaborado sin un fin práctico” y “un proyecto emprendido por desconocimiento”. Otras fuente de la época recogen su uso como sinónimo de “broma creativa”.

HansomcabHe aquí un ‘hacker’ del s.XVIII (Imagen de Andrew Dunn, vía Wikipedia)

 

Así que, ¿cómo pudo el término ‘hack’ adoptar la doble vertiente de algo “pesado y rutinario” que se lleva cabo por dinero, y de algo “creativo” y que se elabora sin un fin práctico concreto? Bueno, España es el país en el que “literalmente” significa una cosa y su contraria (“metafóricamente”), así que no deberíamos sorprendernos.

Según el ‘Online Etymology Dictionary‘, podemos estar ante un caso “convergencia de significados”: al fin y al cabo las primeras grandes computadoras se diseñaban para realizar cálculos en ámbitos corporativos y gubernamentales, por lo que los encargados de programarlas intentaban encontrar la vertiente creativa, los retos de un trabajo que muchas veces podía resultar tedioso.

El hacker como una nueva forma de ver la relación entre hobby y trabajo

Se dice que, mientras trabajaba para el Proyecto Manhattan(dos décadas más tarde ganaría en Nobel de Física), Richard Feynman ‘desconectaba’ del trabajo diario intentando romper la seguridad de las cajas fuertes que contenían los documentos secretos del proyecto.

El diccionario escrito por Peter R. Sampson terminó siendo la base, años más tarde, de un diccionario online denominado ‘Jargon File’ (‘Archivo de la Jerga’) al que contribuyeron las grandes figuras fundadoras del movimiento open source, como Richard Stallman o Eric S. Raymond.

Raymond es autor, además de del libro ‘El arte de la programación en Unix‘, de un artículo llamado ‘¿Cómo ser un hacker?‘ en el que afirma que la mayoría de las definiciones del término incluidas en el Jargon File “tienen que ver con la afición a la técnico y con la capacidad de deleitarse en la solución de problemas y al sobrepasar los límites”

“Existe una comunidad, una cultura compartida, de programadores expertos y brujos de redes, cuya historia se puede rastrear décadas atrás, hasta las primeras minicomputadoras de tiempo compartido y los primigenios experimentos de ARPAnet. Los miembros de esta cultura acuñaron el término `hacker’. […] Si eres parte de esta cultura, si has contribuido a ella y otra gente te llama “hacker”, entonces eres un hacker”.

Pero Raymond advierte que, como en el caso de Feynman, “la mentalidad de hacker no está confinada a esta cultura de hackers del software”:

“Hay personas que aplican la actitud de hacker a otras cosas, como electrónica o música ( de hecho, puedes encontrarla en los más altos niveles de cualquier ciencia o arte). Los hackers en software reconocen estos espíritus emparentados y también los denominan ‘hackers’; y algunos sostienen que la naturaleza de hacker es en realidad independiente del medio particular en el cual el hacker trabaja”.

El diseñador del primer Macintosh, Burrell Smith, Burell Smith, afirmó en el primer congreso de hackers (celebrado en 1984 en San Francisco) que para ser uno de ellos “no es necesario disponer de alta tecnología; tiene más que ver con la artesanía y con dar importancia a lo que uno hace”.

Pekka Himanen escribió “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información“, una respuesta (o quizá, más bien, una secuela) de “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” de Max Weber, en la que oponía la laboriosidad diligente, el valor de la rutina y la importancia por los beneficios del viejo capitalismo a la importancia de la libertad creativa, el estatus social y la autorrealización de la nueva ética del trabajo, la ‘ética hacker’.

Y llega el ‘hacker’ criminal

Así expresado, ‘hacker’ es un término ciertamente atrayente, que muchos llevarían con orgullo, así que no es de extrañar que, desde fuera de esta cultura hacker originaria, muchos reclamaran este calificativo como un trofeo que blanqueaba y daba prestigio a sus propias actividades, como los terroristas que se proclaman ‘luchadores por la libertad’. Raymond también advierte en su artículo contra ellos:

“Existe otro grupo de personas que a gritos se autodenominan hackers, principalmente varones adolescentes que se divierten accediendo ilegalmente a computadoras y estafando al sistema de telefonía. Los hackers de verdad tienen un nombre para esas personas: `crackers’, y no quieren saber nada de ellos [por que creen] que ser capaz de romper la seguridad no lo hace a uno un hacker, de la misma manera que ser capaz de encender un coche haciéndole un puente no lo convierte en ingeniero automotriz”.

“Desafortunadamente, muchos periodistas y editores utilizan erróneamente la palabra `hacker’ para describir a los crackers; esto es causa de enorme irritación para los verdaderos hackers. La diferencia básica es esta: los hackers construyen cosas, los crackers las destruyen”.

No todo es tan sencillo, claro: muchos hackers técnicamente capaces se han pasado al lado oscuro por dinero o motivación política, y la cercanía de la propia cultura hacker por las actitudes anarquistas ha reforzado en ocasiones el discurso de los que sitúan su propia ética al margen de las leyes.

Pero, ciertamente, es insostenible cosiderar ‘hacker’ en sinónimo de ‘delincuente informático’: cabe atribuir esta mutación semántica (no muy diferente a las otras que ha experimentado el término a lo largo de su historia) a la desinformación promovida por la cultura de masas. En 1995 llegaron a las carteleras dos éxitos de taquilla (‘Hackers’ de Angelina Jolie, y ‘La Red’ de Sandra Bullock) que popularizaron esta nueva acepción, y desde entonces ha sido imposible desterrarla del imaginario popular.

Aunque ha habido pequeñas victorias para los defensores de la honorabilidad del ‘hacking’: hace ahora dos años, la Real Academia de la Lengua Española anunciaba que ampliaba su definición de ‘jáquer’ / ‘hacker’ para añadir, junto a “pirata informático”, la siguiente acepción:

“Persona experta en el manejo de computadoras, que se ocupa de la seguridad ed los sistemas y de desarrollar técnicas de mejora”.

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