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“La lengua también es piel”. Entrevista a Bartomeu Melià

Entrevista completa en Revista Paraguay desde las Ciencias Sociales

Carla Benisz
CONICET / UBA
carlabenisz@gmail.com

Mario Castells
GESP-IEALC-UBA
castellsmario@hotmail.com

Las entrevistas son obras del entrevistador, dice Bartomeu, con quien nos une afecto y
admiración. Lo hemos ido a visitar a su residencia situada en el predio del ISEHF, en el corazón del barrio asunceño de Santísima Trinidad. Estamos en los fondos de un parque apacible a metros de Av. Sacramento, y a pocas cuadras de la hermosa iglesia, erguida por Carlos Antonio López en 1854, y del Jardín Botánico, predio donde pasó sus últimos años el general José Gervasio Artigas. Antes de iniciar la entrevista hablamos con Meliá respecto de la que le hiciera el gran crítico boricua Julio Ramos, que destacamos como muy sustanciosa.
Miren, lo digo sinceramente. Yo estoy muy al margen de lo que domina en el campo de las ideas. Me han pasado los años ya.
Obviamente, nosotros le remarcamos que no ha pasado mucho en Paraguay, que no ha habido una superación de los planteos fundamentales que hizo él en sus principales libros: Una nación, dos culturas (1997), recopilación de artículos publicados en la revista Acción a lo largo de la década del 70; El guaraní conquistado y reducido (1986), El Paraguay inventado (1997) y el Ayvu Rapyta, Fundamento de la palabra. Textos míticos de los Mbya Guarani del Guaira, libro señero compilado por León Cadogan en el que Meliá trabajó muchísimo, como difusor, prologuista, ordenador de la obra del maestro.

¿Cómo no va a pasar nada? nos amonesta. Pasó todo ya. Más allá de lo aparente, pasan cosas en Paraguay. Y cosas muy graves…

MC: Obvio que pasan cosas graves en la política paraguaya; nos referíamos al plano intelectual, al de las Ciencias Sociales.

Claro, entiendo. Y, para ser sincero, yo me valgo mucho de mis amigos de afuera. No solo
cuando viajo sino también leyéndolos, a través de sus artículos, de sus libros que me envían. Porque después es bien conocido que Paraguay es casi un páramo cultural… Pero bueno, sin ir más lejos, en estas semanas, quizás en la próxima, tendremos nuevamente en las librerías una nueva edición del Ayvu Rapytã [de León Cadogan]. Una versión mejorada de la anterior que ya está completamente agotada y que, aunque fue muy buena, tenía aún algunos errores de diseño (estos textos están mejor numerados y ordenados). La edición quedó al cuidado de Antonio Caballos, un español que hizo un gran trabajo, que si no lo leyeron les recomiendo, Etnografía guaraní en Ruiz de Montoya. Yo aporto humildemente con otro prólogo. Hace poco me pasaron unas pruebas y creo que en estos días va a imprenta. 

(…)

CB Hace poco, se produjo en Paraguay una pequeña polémica a partir de los dichos de Ramiro Domínguez que dijo que en Paraguay no somos monolingües o bilingües sino nilingües. Queríamos preguntarle su parecer debido a que sabemos que fuiste muy crítico de la implementación del guaraní en la escuela y de la enseñanza del guaraní por parte de las camarillas de los guaraniólogos.

Yo por eso me alejé de las intervenciones polémicas. A los 75 años nos debemos callar… y
ustedes nos hacen hablar (risas). Pero bien, pobre Ramiro. Tenemos casi la misma edad, eh.

MC Voy a contarle algo que viene al caso. Cuando veníamos en el colectivo para acá, un
muchacho, vendedor ambulante o algo así, me preguntó, escuchando nuestra tonada, si en la Argentina hacía calor como acá o hacía frío en esta época. Y yo le respondí con una frase en guaraní que decía siempre mi tío Roque: ¡Iro’y con tekaka! Mi sorpresa fue que el muchacho, un adolescente me dijo que yo hablaba como Kachíke, que no me entendía lo que decía en guaraní. Y yo le dije: Mba’e piko nderentende moái. Nosotros hablamos jopara nomás, me dijo. Fue muy significativo, para mí, porque siempre me acostumbré a que los paraguayos de otras regiones nos dijeran que los ñeembuqueños y misioneros hablamos un mal guaraní, más parecido al que hablan en Corrientes.

Nosotros aquí somos mayoritariamente españoles pero aun entre nosotros hablamos en
guaraní. Y con los empleados. Yo con los empleados, que son las enfermeras fundamentalmente, porque el ambiente aquí ahora es de mucho cuidado, muchos padres han enfermado o ya están entrados en años. Yo soy de los pocos que aún no se ha enfermado. En fin. Con una de ellas siempre hablo en guaraní. Y ella dice agueru, agueraha… Y yo siempre la corrijo. Le digo: ¡Estela! Aru, araha… (risas) ¡Porque ese modillo no sé de dónde salió! Pero parece que sí, que hay campesinos viejos que usan esa forma… Pero todavía hay un buen guaraní, se habla un buen guaraní. El coloquial, digo. Y hay neologismos. Vamos, que el castellano está lleno también de préstamos. Y es
más común decir sticker que calcomanía. Lo mismo ocurre con el guaraní; resulta inútil buscarle una palabra en guaraní a la computadora. No es necesario y además nadie te va a entender. Pero retomando lo que dijimos del desplazamiento de la sociedad campesina, debemos entender que ese desplazamiento saldrá carísimo al país. Y esa carestía es una consecuencia ineludible; porque estas sociedades que se desplazan por los sojeros ricos se encuentran con una sociedad nueva en la que los ricos de la ciudad también los desprecian, también los expulsan y también los discriminan. Terminan abofeteados allá y acá. Y en un nuevo desplazamiento forzoso, ¿dónde es que terminan? En el río, en los bañados… Mis compañeros están muy compenetrados en la vida de los bañadenses, yo también. Pero la vida que llevan no puede perpetuarse. Es algo que hay que decir. En Rio de Janeiro la pobreza se asentó en los morros, en las favelas, y todos sabemos lo que representan las favelas para la ciudad. Pero sabemos así mismo los costos que tiene para esa ciudad la favelización. La barbarie que acompaña a este proceso. Acá lo vemos claramente en la cuestión educativa. Ese jovencito que te dice que acá se habla jopara, por ejemplo… Porque no es cierto que se hable jopara. Si bien él está mentando que se habla de una manera descuidada, como el inmigrante que se va a Estados Unidos y convive con su grupito de hispanos y habla de una manera descuidada en inglés. Pero allí, por lo menos, la segunda generación busca salirse, aquí no. Aquí esas sociedades arrastran esas taras. Y no hablamos de la lucha de la cultura por la cultura misma. La cultura es un cultivo. No es por lo bonito de la mazorca; queremos que el maíz dé una mazorca buena. La cultura tiene una función.

CB En síntesis, no hay políticas lingüísticas del Estado, más allá de la Ley de Lenguas y sus buenas intenciones.

Lo irracional de este mundo actual, por la intervención de las redes sociales, fragmentado, desmemoriado, saturado de un presente perpetuo y sórdido, es la pérdida gradual de la palabra. La palabra es fundamental para nuestra cultura. Mediante la palabra sabemos que nuestro pensamiento tiene buenos costurones. Es que yo no estoy contra los medios audiovisuales, hablo de los usos de las redes sociales, su instrumentalización, no de lo audiovisual per se; pues de ninguna manera negaría yo la importancia del buen cine. De Bergman, Almodóvar, etcétera. Ese cine es sumamente valioso, tanto como leer un buen libro. Y con mayor fuerza, inclusive, que el libro. Este cine sí educa. Y más allá de los contenidos, están esas películas muy buenas que se han hecho sobre la situación de los indígenas. Una de ellas, Terra vermelha, me encantó. Porque allí están todos los elementos de la modernidad en convivencia nada pacifica con los jóvenes guaraníes, a la vez que la presencia de los valores tradicionales, la atracción del chamanismo. Todo eso cruzado por el suicidio. Y es que la cultura de los kaiowá está atravesada por el suicidio… Entonces, la cultura audiovisual también vale. En Paraguay ha surgido un cine muy valioso. Yo creo que, más allá de ciertos aspectos folclóricos efectistas, 7 cajas es una buena película; ni que decir de Hamaca paraguaya, un relato en el que parece que no pasa nada pero pasa todo. O el cine de Marcelo Martinessi y su corto adaptado del cuento de Villagra Marsal, Karai Norte. Ahora me dijo que lleva dos años preparando su largometraje. Comentario aparte, él hizo un documental con textos míos. Ruiz Nestosa, que ahora se ha vuelto súper conservador, pero somos muy amigos, suele decir: “¡Este documental tendrían que ver todos los alumnos de secundaria!” Le encanta. Y es que son entrevistas, claro, pero también compendian conocimientos sobre Historia, Lengua, Antropología y Religión.

(…)

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