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Crímenes gramaticales: ¿por qué hablamos tan mal?

Clarín

Alicia María Zorrilla, la presidenta de la Academia Argentina de Letras, explica errores frecuentes al hablar y escribir. Acaba de publicar el libro “Sueltos de lengua”.

Si tendríamos que enumerar virtudes de Alicia María Zorrillapresidenta de la Academia Argentina de Letras, mencionaríamos: erudición, capacidad pedagógica y fino sentido del humor. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Está mal haber escrito “si tendríamos”? ¿En serio se dice “si tuviéramos”? Prepárense: en Sueltos de lengua, recién publicado por Libros del Zorzal, Zorrilla –doctora en Letras, experta en Filología Hispánica, docente, correctora– da ejemplos de horrores mediáticos similares y emprende una batalla, desigual aunque fervorosa, contra crímenes gramaticales y eclipses sintácticos.

-¿Los argentinos hablamos mal, muy mal o pésimo?

(Ríe) -Todos caemos en errores; en ningún país se habla mejor que en otro. Lo que sucede en la Argentina es que no hay voluntad de corrección; se persiste en el error. El otro día le dije a alguien que era incorrecto decir en base a, un italianismo, y sin embargo siguió haciéndolo. Parece que se eligiera con preferencia el camino del error.

-¿Cuáles son los errores más frecuentes?

-Los gerundios. Se dice que fulano nació en Córdoba recibiéndose en Buenos Aires; es difícil nacer recibiéndose. En el ámbito jurídico usan gerundios para enlazar una palabra con otra, hasta formar párrafos de treinta o cuarenta líneas: una de las heridas de nuestra lengua. Otra herida es la falta de correlación de tiempos verbales: me dijo que venga, en lugar de me dijo que viniera. Algunos creen que la primera opción es la correcta.

En ningún país se habla mejor que en otro. Pero en la Argentina parece que se eligiera con preferencia el camino del error.

Alicia Zorrilla, presidenta de la Academia Argentina de Letras

-¿Y qué más?

-El uso del subjuntivo y el condicional (ver comienzo de esta nota). El dequeísmo, que es muy frecuente en la gente grande: entiendo de quepienso de quecreo de que. En la gente joven surgió el queísmo: me doy cuenta queestoy seguro queme alegro que. Ponen las preposiciones cuando no deben ponerlas y no las ponen cuando deberían hacerlo.

-Los anglicismos son otro problema.

-Sí. Una de mis alumnas mezclaba palabras en inglés con palabras en español. Le pregunté por qué lo hacía. Me contestó: porque es más cool. ¿Se da cuenta? Casi la llevo al patíbulo.

-En su libro toma todo con humor, pero también con cierta resignación.

-No, resignación nunca; no bajo los brazos, sigo en mi lucha. Me gusta enseñar con humor, un humor gramatical, le diría. Me di cuenta de que es un método eficaz para que entren los conocimientos. Cuando doy clases y hago bromas, noto que los alumnos se divierten, recuerdan los ejemplos y se van corrigiendo. El problema capital está en el periodismo; lo siento, pero tengo que decirlo.

-Dígalo: estoy de acuerdo. En el periodismo gráfico, por ejemplo, se prescindió de los correctores (humanos) hace mucho tiempo.

-Me habían dicho que despidieron a los correctores de los medios gráficos. Es una demostración de que nuestra lengua no nos importa, de que se ha perdido el interés en hablar y escribir con cierto decoro. Pero cómo nos preparamos, en cambio, al estudiar inglés; las profesoras nos tienen al trote.

-Al leer los diarios uno nota que la coma ha sido casi erradicada, salvo entre el sujeto y el predicado.

-No sólo en el periodismo: lo he visto en libros de ensayo y en ficciones. Hay 65 reglas del uso de la coma: alguien que escribe debería conocerlas. Un abogado tiene que aprender leyes; nosotros deberíamos estudiar gramática normativa. También pienso en el trabajo de los médicos. Nosotros, al igual que ellos, no deberíamos invadir los textos ajenos sino sanarlos, darles un tratamiento, una terapia. A veces sobrecorregimos, hay que tener cuidado con eso.

-Para muchos, el uso del punto y coma resulta anticuado y hasta erróneo.

-Otro pobre olvidado: el punto y coma. No hay muchas reglas para su uso. La gente le teme: prefiere poner punto y seguido, y listo. No debería ser así. El punto y seguido marca un cambio tajante. El punto y coma, en cambio, suaviza: genera una pausa superior a la coma, pero indica continuidad temática.

-Muchas veces, al señalarle un error a un colega, uno recibe respuestas como: no hay que atenerse a normas rígidas, el lenguaje verdadero no es el que está en los diccionarios.

-Esa es la respuesta fácil del que no quiere estudiar. Escribir bien no es una cuestión de lucimiento; es una cuestión de estudio, respeto, servicio, incluso de altruismo: una fuente de belleza y reflexión. La cultura lingüística nos da un lugar en la sociedad. Somos lo que hacemos con nuestra lengua. Yo escucho a periodistas que hablan mal y a otros que hablan muy bien, que se preocupan por el lenguaje: son contados con los dedos de una mano, pero existen y es muy sencillo distinguirlos del resto.

-¿Alguna vez encontró un error en un texto de Borges?

-En sus primeros libros usaba algunos neologismos. Pero era su primera etapa, y todavía la gramática normativa no estaba tan efervescente. Borges tenía muy buen léxico. Recordemos que dictaba sus textos, sobre todo desde el 55.

Los escrtitores son un mundo aparte, salvo algunos, como Denevi o Mujica Láinez, que se preocupaban mucho  por la normativa.

Alicia Zorrilla, presidenta de la Academia Argentina de Letras

-Se suele decir que Roberto Arlt escribía “mal”. ¿Qué opina?

-Se dice eso porque no cumplía con algunas normas. Es también una cuestión de época: él murió en 1942. Los escritores no son muy propensos a las normas. Hay poemas que no tienen comas; si uno le pregunta al autor, contesta que es porque le quiso dar más ritmo. Una vez, una correctora le agregó 28 comas a un cuento de Cortázar. Y él no lo aceptó, porque dijo que perdía su sintaxis, el ritmo que había pensado darle. Los escritores son un mundo aparte, salvo algunos, como Marco Denevi o Manuel Mujica Láinez, que se preocupaban mucho por la normativa.

-¿Qué opina del lenguaje inclusivo?

-Que está vinculado con una posición sociopolítica, y yo tengo que contestarle desde una posición lingüística: el lenguaje inclusivo no está dentro del sistema gramatical. Somos libres para hablar; el que quiera usarlo que lo use. Una de mis alumnas, defensora del lenguaje inclusivo, me hablaba sin usarlo y le pregunté por qué. Me contestó: “Yo sé dónde tengo que emplearlo; vengo a sus clases para aprender bien la gramática española”. Tenemos un masculino genérico usado desde siempre. Cuando decimos “los ciudadanos del mundo”, incluimos a todos. Creo que nuestro idioma es muy inclusivo. No soy opositora al que quiera usar el lenguaje inclusivo, pero tengo que mantenerme dentro del sistema gramatical.

-En su libro reproduce zócalos televisivos disparatados. Hubo una famosa placa de Crónica TV: “Mueren dos personas y un boliviano”. ¿Cómo la interpreta: como xenofobia, como humor xenófobo, como error?

-Eso es una discriminación total, algo horrendo. He leído frases similares discriminando a mujeres. No hay reflexión sobre el idioma: no pensamos lo que decimos. Por ejemplo: “Tuvo un accidente. Lo encontraron muerto; a su lado, una dentadura: parece que era postiza”. Si la dentadura estaba al lado del cadáver, ¿hacía falta que escribieran eso?

-Los periodistas tenemos serios problemas con los cadáveres, ¿no?

-En los diarios, los cadáveres suelen morir. Leo: “El cadáver habría muerto de un disparo”. Pobre cadáver. O también: “¿Cómo saber si el cadáver encontrado en el agua de verdad murió ahogado?”. A la desavenencia entre “el cadáver” y “el muerto” se le agrega “el agua de verdad”. A veces se empeñan en espantar la muerte y escriben sobre muertos vivos: “Se ahogó en la pileta de Racing y está grave”. Otras, en noticieros, son menos considerados y dicen: “No lamentamos la pérdida de víctimas fatales”. Todos estos ejemplos son reales y aparecen en el libro.

El lenguaje inclusivo es una posición sociopolítica, y yo tengo que contestarle desde una posición lingüística: no está dentro del sistema gramatical.

Alicia Zorrilla, presidenta de la Academia Argentina de Letras

-El apuro, sobre todo en televisión, suele forzar errores.

-Pero los encuentro en los titulares de los diarios. Por ejemplo: “Son efectivos los remedios naturales para la menopausia”. ¿Hay medicamentos para alcanzar la menopausia? La alteración no es hormonal sino preposicional: “para” debe reemplazarse con “contra”. La lengua ya no es un valor, pero sigo predicando como un apóstol. Tenía razón San Agustín: lo correcto es correcto aunque nadie lo haga y lo incorrecto es incorrecto incluso cuando todos lo hacen.

-¿Las nuevas tecnologías hacen que se escriba peor?

-El que tiene deseos de saber bien la lengua puede desviarse un poquito con el teléfono celular pero sabe que no debe hacer eso en un escrito formal.

-Suele decirse que hoy se lee y escribe más que nunca. Pero en las redes o por WhatsApp se prescinde, en el mejor de los casos, de toda normativa.

-La verdad es que ahí hay una anarquía total; algunos la experimentan como libertad. Me mandan mensajes por WhatsApp y me dicen: ay, mire, no puedo poner los acentos; no pongo las comas porque no las encuentro.

-¿Usted usa WhatsApp?

-Mando mensajes de voz. No me gusta escribir mensajes porque el dedo se va para cualquier lado y yo tengo la obligación de no cometer errores.

3 comments on “Crímenes gramaticales: ¿por qué hablamos tan mal?

  1. Quien escribió la nota colocó unos cuantos “presidenta”, un error que fue harto y públicamente corregido. Además, en la primera foto figura, correctamente, el cargo que ejerce la entrevistada. Una incoherencia más de las tantas a que nos tiene acostumbrado nuestro bendito país.

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  2. Modesto Cuesta

    ¡Estupendo artículo! Totalmente identificado con sus posturas. La cita de san Agustín viene como anillo al dedo en este perseverar a favor del correcto uso del idioma.

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  3. Me ha gustado leer este artículo, porque es verdad, lo correcto es correcto aunque no lo hagan.

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