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Encuesta sobre el lenguaje inclusivo

Fuente: Revista Signo y Seña Núm. 38 (2020): Julio-Diciembre 

En este número de Signo y Seña presentamos las respuestas a una encuesta que, a propósito del lenguaje inclusivo, realizamos entre lingüistas de nuestro país. La idea de la consulta no fue la de añadir aprobaciones o reprobaciones sobre la cuestión, una polémica instalada hace unos pocos años en los medios de comunicación y redes sociales, pero con antecedentes de interés en diferentes culturas académicas, grupos sociales y poblaciones jóvenes. En el contexto de la polémica, la encuesta buscó obtener reflexiones alrededor de algunos ejes conceptuales que sirvan para ampliar el horizonte obvio que media entre la apología y el rechazo.

Los ejes elegidos, organizados a partir de preguntas que servirían de orientaciones para la reflexión, son los siguientes:

» Eje A: Lenguaje y realidad. ¿Cuál es el vínculo entre lenguaje y realidad? ¿Al modificarse el lenguaje se modifica la realidad? ¿Al modificarse la realidad se modifica el lenguaje? ¿El lenguaje crea la realidad?

» Eje B: Lenguaje y morfología. ¿Lenguaje inclusivo o una variante morfológica? ¿El castellano puede desarrollar una morfología nominal no binaria (por ejemplo, femenino, inclusivo y masculino)?

» Eje C: Lenguaje y regulación lingüística. ¿Qué tanto nos pertenece la propia lengua, la manera de expresarnos? ¿Puede regularse el uso de la lengua? ¿El inclusivo pone en riesgo la inteligibilidad del castellano?

El valor que encontramos en este formato de encuesta, cuestionable desde cierto punto de vista (el por qué se eligieron esos ejes de reflexión y no otros, o más sencillamente, el por qué se propusieron ejes), es que diferentes especialistas en ciencias del lenguaje ofrecen puntos de vista convergentes y divergentes sobre algunos tópicos vinculados con el llamado lenguaje inclusivo. De esta manera, desde el ámbito académico se brindan algunas reflexiones conceptuales más amplias que tal vez resulten apropiadas para enmarcar las respuestas que, con mayor y menor entusiasmo, se vienen ensayando en el debate público argentino.

A continuación, entonces, las respuestas de las personas que aceptaron participar de la encuesta, ordenadas alfabéticamente por sus apellidos

Los editores

Alicia Eugenia Carrizo

Profesora en la UBA. Doctora en Lingüística. Se dedica al análisis del discurso argumentativo, actualmente estudia la violencia verbal.

Lenguaje y realidad

El lenguaje crea la realidad mediante el uso de múltiples de recursos que nos provee la lengua y el universo semiótico que nos rodea. Pero la dinámica creativa del lenguaje no tiene consecuencias en términos concretos del mundo físico. La realidad y el lenguaje se interrelacionan permanentemente de manera dialéctica. Interpretamos el mundo de acuerdo con nuestra estructura cognitiva previamente desarrollada pero, al mismo tiempo, muchas veces, la realidad se nos impone de distintas maneras, a veces crueles e inentendibles -tanto que nos quedamos sin palabras para (re)presentarla. La dimensión de lo que podemos ver, decir y encuadrar en el lenguaje tiene siempre una lectura histórica específica que no debemos dejar de lado. Sostener que el lenguaje modifica la realidad o es modificada por él simplifica enormemente lo que sucede. Muchas veces, una palabra amable nos calma y reconforta, pero lograr una transformación significativa de lo que nos da dolor o angustia internamente, implica distintas dimensiones que van más allá de lo personal e involucra aspectos sociales, económicos, políticos e ideológicos, además de cognitivos. Por otro lado, la reflexión sobre el alcance y efectos de la relación del lenguaje con la realidad está presente no solo en los científicos, sino sobre todo en los hablantes. Basta enfocar el uso del lenguaje en contexto.

Lenguaje y morfología

El lenguaje inclusivo es el modo que en la actualidad se refiere al uso no sexista del lenguaje. Si bien la reflexión académica de la relación de hombres y mujeres en el uso del lenguaje tiene relativa tradición en la sociolingüística, actualmente ha dado lugar a posicionamientos enfrentados a favor y en contra que trascienden la academia y afecta la vida cotidiana de las personas. Los que defienden el lenguaje inclusivo se proponen cambiar ciertos recursos gramaticales de la lengua que, en el caso del español afectan la morfología, en especial, el uso del género masculino como genérico. Cambiar la gramática es cambiar la estructura de la lengua y por ende, el modo en que conceptualizamos a la mujer. Los que se oponen también sostienen esta misma idea, pero difieren en el origen y dinámica de esos cambios, que claramente excede la sustitución de una forma por otra.

Si, en el futuro, se consolida una morfología nominal no binaria en el sistema del español, estaríamos ante un hecho sin precedentes, porque no solo significaría el triunfo de los movimientos sociales de ampliación de derechos sino porque tendríamos la posibilidad de estudiar el cambio de la lengua mediante herramientas teóricas y metodológicas innovadoras. En estos términos, sería un extraordinario desafío para lingüistas y científicos en su conjunto.

Lenguaje y regulación lingüística

En principio la lengua no nos pertenece como no nos pertenecen tampoco nuestros pensamientos ni nuestros sueños ni nuestra memoria. La relación no es de pertenencia, como algo que se compra y pasa a ser de uno individualmente como un derecho de propiedad. El vínculo es de convivencia, la lengua vive (y muere) internamente en nosotros.

Por otra parte, el uso no puede regularse porque ya está regulado de antes. Las convenciones nos preceden, siempre. Es decir, un cambio o modificación en la regulación de la lengua (entendida como normativa o conjunto de reglas convencionalizadas) da lugar a una lucha entre las posiciones a favor o en contra. Instalar una nueva regla implica la movilización de un grupo importante de usuarios en pos del mismo o similar objetivo. Es posible que, en la actualidad, la confluencia de los medios de comunicación, las redes sociales y las instituciones estatales encaminadas a ese fin, puedan generar una modificación de uso del lenguaje; pero el resultado de esta lucha se podrá visualizar en el futuro, en nuevas las generaciones que la reciban como dado.

No creo que el inclusivo ponga en riesgo la inteligibilidad del castellano, en tanto es un ejemplo (como cualquier otro) de la convencionalidad del lenguaje.

Juan Antonio Ennis

Profesor en Letras por la UNLP. Doctor en Filología Románica por la Universidad de Halle-Wittenberg. Profesor adjunto de la cátedra de Filología Hispánica en la FaHCE-UNLP. Investigador de CONICET con lugar de trabajo en el IdIHCS (UNLP-CONICET).

Lenguaje y realidad

Creo que en sí la pregunta puede resultar un poco engañosa. Quiero decir con esto que para poder ofrecer una respuesta clara y concluyente a la primera pregunta deberíamos saber también de manera clara y concluyente qué es el lenguaje y qué la realidad, y ese no parece ser siempre el caso. Aunque parezca paradójico, creo que la segunda pregunta es más sencilla de responder. Sin caer en los extremos de ciertas vertientes del llamado giro lingüístico, creo sí que la codificación lingüística incide sobre el designatum, y esto en varios niveles. No se trata solo de los límites que se imponen a la materia o a lo social a través de la designación, sino también de las posibilidades que ofrece la sintaxis. En muchas formas, también, creo que es en muchos casos evidente que la realidad se impone al lenguaje. Decir que el lenguaje crea la realidad me resulta al menos exagerado. Sin embargo, eso no quita que no puedan hacerse cosas, muchas cosas, con palabras.

Lenguaje y morfología

Creo que en este plano todo es posible. No es sencillo, no va a resolverse ni a imponerse de un momento a otro, pero creo que la morfología puede ser sensiblemente modificada en respuesta a la política. No conocemos aún todas las posibilidades del lenguaje como dispositivo fundamental de la construcción política de la comunidad, y probablemente el solo hecho de constituirse en espacio posible de esa controversia, de esa tensión, nos esté hablando de esas posibilidades aún no vislumbradas. Creo que si podemos concebir un modo de vivir el género que exceda el binarismo, podremos también necesitar una codificación lingüística para eso. Y a medida que se internalice, también puede gramaticalizarse.

Lenguaje y regulación lingüística

El uso de la lengua puede regularse del mismo modo que pueden regularse múltiples conductas, y con los mismos límites y alcances que ese tipo de regulaciones alcanza en otros aspectos. La posibilidad de regimentar una lengua, de someterla a un régimen de propiedad, es en mi opinión uno de los sedimentos del modo de organizarse la experiencia lingüística tal y como la conocemos, al menos en nuestra modernidad. El fantasma de la ininteligibilidad es un reflejo arcaico, empleado cada vez que un determinado orden glotopolítico se ve amenazado, interpelado o siquiera molestado. Hay infinidad de rasgos que pueden hacer más o menos ininteligible una variedad del español frente a otras variedades, y eso no despierta tanta inquietud como el inclusivo. El problema del inclusivo, en mi opinión, no es la lengua, sino lo que dice de su régimen.

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