Reseñas

Francisco Fernández García, La descortesía en el debate electoral cara a cara

Revista Discurso y Sociedad

No cabe duda alguna de que en todas las democracias occidentales los debates electorales televisados son ya una tradición en la actividad política y, aunque para muchos sólo son un espectáculo televisivo más que no tiene impacto alguno sobre las decisiones de los votantes, nuestro autor demuestra que el ganador de los debates electorales siempre es el de las elecciones. Por ello, pretende analizar, desde el punto de vista de la descortesía lingüística, esta forma de interacción comunicativa en la que los participantes pugnan por construir sus imágenes de inmejorables candidatos a la presidencia, centrándose en tres aspectos: las estrategias funcionales de ataque de la
imagen del adversario, los mecanismos que éstos utilizan para ejecutarlas y las repercusiones sociales que se derivan de su uso. El objeto sobre el que lleva a cabo el análisis es el debate electoral entre el conservador Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, socialista, que tuvo lugar en 2011 y que perdió este último precisamente por darse por perdedor, «asumiendo (implícita e involuntariamente, claro está) en ciertos momentos como un hecho la victoria electoral del adversario, dando por sentado que sería presidente después de las elecciones)». El debate tenía un contexto realmente original: unas elecciones adelantadas por el presidente Rodríguez Zapatero, también socialista, a causa de la crisis económica.

Tras la introducción, en el segundo capítulo el estudioso establece el marco teórico del que parte su análisis, basado sobre todo en la teoría de la gestión interrelacional de Spencer-Oatey, pues, lejos de relativizar el aspecto descortés de la comunicación como han hecho otros autores, llegando a negar su validez como concepto, Fernández García caracteriza como descortés «todo acto que amenace la imagen del interlocutor de forma no mitigada», insertándose así dentro de la tradición brownlevinsoniana de gestión de la imagen, aunque a partir de la reelaboración crítica de la teoría de SpencerOatey, que pone el foco de interés en la imagen y los derechos sociales del individuo, diferenciando una dimensión individual («cualitativa») de la imagen, otra grupal («identitaria») y otra interaccional («relacional»), tanto si las interacciones buscan la armonía con el interlocutor (cortesía) como si no lo hacen (descortesía). Y es que el autor no es ajeno a la disparidad teórica y terminológica que existe en la bibliografía sobre este tema, por ello también aclara la diferencia entre estrategias y mecanismos de descortesía: la primera hace referencia al «tipo de acción que el orador lleva a cabo» para atacar al adversario, mientras que los mecanismos «concretan el modo en que toman cuerpo las estrategias», en un intento por aunar lo sociopragmático y lo pragmalingüístico, enfoques cada vez irrazonablemente más distanciados. Todas estas delimitaciones, junto con el apunte de la importancia que tanto el orador como la audiencia tienen en este evento comunicativo como el debate electoral, le permiten caracterizar específicamente el ataque hacia el otro en esta circunstancia como «descortesía mediático-persuasiva».

En el capítulo siguiente se presenta el conjunto de estrategias funcionales utilizadas para dañar el ethos del adversario, aunque, antes de pasar a su análisis cuantitativo y cualitativo, se señalan sus propiedades comunes: pueden atacar tanto la credibilidad como la identificación del político con respecto a la audiencia que lo ve, y dirigirse tanto al político como individuo como a su faceta de representante de un determinado endogrupo (partido, gobierno, ideología); tampoco se excluyen unas a otras ni su nómina está en absoluto agotada.

Ya caracterizadas, presenta su cómputo de estrategias, que reelabora el propuesto por Blas Arroyo, de tal manera que son cuatro macroestrategias que en el debate analizado se encuentran en el siguiente orden descendente: asociar al adversario con hechos negativos, invadir su espacio, marcar las distancias con él y mostrar su inferioridad, y atacar su credibilidad. De todas ellas se derivan otras microestrategias con los mismos fines.

En el capítulo cuarto le llega el turno a los mecanismos lingüísticodiscursivos por medio de los cuales se ejecutan estas estrategias, que, al igual que éstas, tampoco son excluyentes, sino que se combinan para llevar a cabo con más fuerza el ataque. Nuestro estudioso distingue entre aquellos que son explícitos (actos de habla directos descorteses) y los que son implícitos, que expresan descortesía desencadenando implicaturas o mediante actos de habla indirectos. A su vez, estos dos tipos están subdivididos. Los explícitos pueden ser locales (léxico deíctico), discursivos (intensificación, intertextualidad, rasgos suprasegmentales, etc.) o interaccionales (aprovechamiento de las características de la conversación: turnos, pares adyacentes, etc.), aunque la distinción entre los dos primeros no es del todo nítida, pues los mecanismo locales son analizados en términos de su potencial de intensificación (mecanismo discursivo); es decir, los mecanismos discursivos englobarían a los locales, ya que el hablante también se sirve del léxico para llevarlos a cabo, son igualmente discursivos.

Por su parte, en la clasificación de los implícitos sigue el autor la de Hernández Sacristán, que los divide en preliterales (a través de presuposiciones) y postliterales (por medio de implicaturas y actos indirectos, activados bien por el contexto, bien por la ruptura de la esperada cortesía), haciendo hincapié Fernández García en que lo implícito no debe confundirse con una posible mitigación en busca de mayor cortesía, pues él demuestra con su corpus que estos mecanismos pueden perfectamente mantener y potenciar
la amenaza de la face del adversario, actividad en la que Rajoy acaba destacando sobre Rubalcaba.

Definidos los mecanismos, el capítulo cinco se centra en el tercer propósito del autor: las repercusiones sociales de la descortesía en el debate. Como Rajoy ha sido el más atacante, es el que más repercusiones sociales tuvo, aunque a Fernández García le interesa, más que lo cuantitativo, lo cualitativo: dar cuenta de la configuración de los ataques por parte de cada uno de los enfrentados. Así, demuestra que Rajoy es más proclive al ataque de la imagen, mientras que Rubalcaba opta por el daño a los derechos sociales. Esta exposición es la que permite dar paso al sexto y último capítulo, en el que finalmente ofrece la caracterización del debate electoral entre Rajoy y Rubalcaba como evento comunicativo concreto con dos participantes que usan diferentes estrategias y mecanismos descorteses para atacarse.

Estos rasgos conclusivos se muestran tanto desde un punto de vista estático (propiedades constantes del debate) como desde una óptica dinámica (cómo aparecen a lo largo del desarrollo del evento analizado). Así, la imagen individual es la más atacada, sobre todo por parte de Rajoy, frente a los derechos afiliativos, de los que se sirvió más Rubalcaba, que precisamente terminó perdiendo las elecciones, demostrando así nuestro autor la correlación existente entre el uso de la descortesía y la consecución de unos determinados fines. Finalmente, la perspectiva dinámica le permite acabar de determinar los perfiles diferenciales de los dos candidatos, de los cuales, Rajoy hizo más uso de todas las macroestrategias, aunque Rubalcaba lo supera en algunas, como la de contradecir al rival. No obstante, como demostraron los sondeos de los medios al día siguiente, la audiencia, en tanto que masa de votantes, tuvo claro que el que más atacó y, por tanto, más descortés fue, y con más herramientas lo hizo, resultó el ganador.

Nota biográfica
José García Pérez (España, 1995) es Graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura. Actualmente cursa el Máster en Estudios Hispánicos Superiores en la Universidad de Sevilla para acceder a los estudios de doctorado de dicha universidad y realizar una tesis en la línea de Gramática, Pragmática y Análisis del Discurso.

0 comments on “Francisco Fernández García, La descortesía en el debate electoral cara a cara

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: