Discusión

Lengua, nación, escuela y ciudadano: análisis de los libros de lectura usados en la escuela uruguaya en el último cuarto del siglo XIX

Mariela Oroño

Universidad de la República

Resumen
El estado-nación uruguayo se construyó en el último cuarto del siglo XIX, coincidiendo con la dictadura del Coronel Lorenzo Latorre (1876-1879). Las características demográficas y el proyecto económico-político existentes hicieron necesario transformar la educación en el instrumento central de construcción de la identidad nacional; el sistema educativo se encargó de la transmisión de los valores modernos y nacionales, homogenizando y nucleando todos los tipos humanos en torno a la figura del ciudadano. En esta tarea, el español, lengua nacional, lengua de la enseñanza, se constituyó en eje central. En este trabajo analizo algunos aspectos vinculados con el modo como se fue elaborando el discurso que vinculó estrechamente lengua, nación, escuela y ciudadano, en el período de construcción del Estado uruguayo.
Concretamente, estudio textos pedagógicos redactados en el marco de la reforma escolar liderada por el pedagogo José Pedro Varela en el último cuarto del siglo XIX, con especial atención a los libros de lectura.
Palabras claves: Uruguay; siglo XIX; lengua; ciudadano; libros de lectura.

1. Introducción
Durante el último cuarto del siglo XIX, con la tercera parte de la población de origen extranjero (VIDART Y PI, 1969) y coincidiendo con la dictadura del Coronel Lorenzo Latorre (1876-1879), Uruguay se modernizó, es decir, acompasó su evolución demográfica, tecnológica, económica, política, social y cultural a la Europa capitalista, entrando a formar parte de su círculo de influencia directa (BARRÁN, 2008). Las características demográficas y el proyecto económico-político mencionados hicieron necesario transformar la educación en un instrumento de transmisión de los valores modernos y nacionales, homogenizando y nucleando todos los tipos humanos en torno a la figura del ciudadano. La educación fue el principal instrumento de construcción de la identidad nacional, y el español, lengua nacional, lengua de la enseñanza, se constituyó por ello en eje central del debate.

En esta ponencia estudio algunos aspectos vinculados con el modo como se fue elaborando el discurso que vinculó estrechamente lengua, nación, escuela y ciudadano, en el período de construcción del Estado uruguayo. Para ello analizo documentos pedagógicos redactados en el marco de la reforma escolar liderada por el pedagogo José Pedro Varela e iniciada en1877, con especial atención a los libros de lectura. Estudio la Legislación Escolar (obra pedagógica de Varela), el programa educativo para las escuelas públicas urbanas de 1897 y la serie de libros de lectura de José Figueira, declarada oficial y de uso exclusivo en todas las escuelas públicas del país en 1901.

2. Lengua, nación y escuela
En la Legislación escolar, libro en el que Varela explica la necesidad de crear un sistema escolar y propone cierto modelo curricular, se indican dos peligros en relación con la existencia futura de la nacionalidad uruguaya, y para cuya resolución la escuela jugaría un papel central. Por un lado, el representado por la población extranjera, que efectivamente era más numerosa que la población de habla hispana nativa; por otro, el problema de la demarcación de los límites geográficos estatales, representado por Brasil: “Los peligros inmediatos, que pesan exclusivamente sobre nosotros como pueblo independiente, se refieren a la nacionalidad” (VARELA, 1964 [1876]: 147).

En la hora actual, el Brasil, después de continuados y pacientes esfuerzos, domina con sus súbditos, que son propietarios del suelo, casi todo el Norte de la República: en toda esa zona, hasta el idioma nacional casi se ha perdido ya, puesto que es el portugués el que se habla con más generalidad (VARELA, 1964 [1876]: 149).

No hay que olvidar tampoco que una tercera parte, a lo menos, de nuestra población es extranjera; extraña en consecuencia a la nacionalidad, y que sólo aspira a gozar de tranquilidad y garantías bastantes para que su industria y su trabajo puedan ejercitarse libremente (VARELA, 1964[1876]: 150).

La solución a este problema fue la creación de un verdadero sistema de instrucción pública. La escuela se encargaría de enseñar el ―sentimiento nacional, necesario para que el Estado se constituyera como tal. De esta manera se contribuiría, explica Varela (1964 [1876]: 170) ―Activa y poderosamente a salvar nuestro idioma, nuestras costumbres buenas, y aun nuestra raza de una ruina inevitable.

Se observa en el enunciado citado arriba cómo las identidades grupales se construyen por oposición privilegiando las fronteras por sobre los contenidos (BARTH, 1976). Por analogía la creación de la conciencia nacional implica la demarcación de las fronteras nacionales. En el caso de la construcción de la identidad uruguaya los rasgos seleccionados por Varela fueron la lengua, las costumbres y la raza: la lengua española, las costumbres hispanas, la raza europea. En esta construcción dicotómica construida lingüísticamente a partir de la oposición entre un ―nosotros (representado con los pronombres posesivos de primera persona del plural: “nuestro idioma”, “nuestras costumbres”, ―nuestra raza) y un “ellos”, el grupo de los otros está representado por los inmigrantes y brasileños. Se representa a estos grupos como los responsables de ocasionar la fragmentación nacional, con lo que se evidencia el papel de las representaciones en la creación de la realidad social, ya que la identidad nacional estaba recién construyéndose.

La identidad nacional no está predeterminada, sino que se construye. Esto supone la intervención de agentes que actúan con el propósito de crear y reforzar en el imaginario colectivo las referencias identificatorias. En el caso de la construcción de la identidad nacional uruguaya, en el último cuarto del siglo XIX existía la necesidad de delimitar las fronteras estatales y construir el estado moderno. Para ello, la creación de una identidad colectiva en torno a valores unificadores y homogeneizadores era esencial para lograr la viabilidad de Uruguay como estado independiente, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones en las que este nació 4. El agente central que se encargaría de transmitir los valores nacionales sería el sistema educativo; la educación permitiría “salvar” (VARELA,  1964 [1876]) los elementos propios de la nacionalidad oriental; “defenderlos” del “ataque” de elementos considerados exógenos.

En cuanto a los libros de lectura considerados, en ellos se establece un
fuerte vínculo entre lengua y “patria”:

¿Por qué quiero a mi país? […] Amo a mi país, porque mi madre nació en él; porque la sangre que corre por mis venas le pertenece; porque en esta tierra bendecida están sepultados los muertos que mi madre llora y que mi padre venera; porque la ciudad donde he nacido, la lengua que hablo, los libros que me instruyen, mi hermana, mi hermano, mis compañeros, el gran pueblo en que vivo, la bella naturaleza que me rodea, todo lo que veo, todo lo que adoro, lo que admiro, forma parte de mi país. ¡Oh! ¡Tú no puedes sentir aún en toda su plenitud este gran sentimiento patriótico! Lo sentirás […] si al pasar a su lado le hubieres oído pronunciar algunas palabras en el idioma de tu patria (FIGUEIRA, Libro cuarto, p. 158)

En este pasaje se observa claramente cómo la lengua – gracias a su función demarcativa (FISHMAN, 1989) – ocupa un lugar importante como referente de la identidad nacional, junto con los antepasados, la familia, los amigos, la naturaleza e incluso los libros escolares. Se trata de una construcción romántica de la nación uruguaya; en ella los lazos afectivos, la geografía y la lengua son definitorios.

Pero también la nación está asociada fuertemente con el Estado como institución política. También en esta representación la lengua ocupa un lugar central: cuando se hace mención a “La patria” se indica que “Nos aprovechamos de su idioma, de sus instituciones, de sus leyes, de su protección, de su pensamiento” (FIGUEIRA, Libro quinto, p. 98).

Así queda construido el Estado-nación uruguayo en los discursos estudiados: el estado con sus instituciones y leyes protege a los ciudadanos; la igualdad de nación –gracias a antepasados y geografía comunes- los unifica. Para ambos aspectos los documentos le asignan a la lengua un lugar central: compartir la lengua permite a los ciudadanos entender las leyes, transitar por las instituciones y comprender el pensamiento nacional, por una parte; y compartir la cultura nacional y transmitir su afectividad, por otra.

3. La lengua en la construcción del ciudadano
El modelo de ciudadano que se construye en los textos escolares analizados vincula la corrección en el lenguaje con la corrección social. En el programa escolar  vigente se relaciona la enseñanza de la lengua con la enseñanza moral y patriótica por un lado, y la enseñanza de la “Urbanidad” (que es una asignatura escolar) con la corrección al hablar por otro. Por ejemplo:

Los ejercicios se harán copiando y escribiendo al dictado cláusulas cortas, prefiriendo las que encierren un pensamiento moral o patriótico (Programa de Enseñanza Primaria para las Escuela Urbanas, 1897, 3º año, I.Nacional, p. 27).
Reitérese el cultivo de las buenas maneras aprendidas el año anterior. Modo de conducirse en los espectáculos y juegos, en la mesa y en la conversación (Programa de Enseñanza Primaria para las Escuela Urbanas, 1897, 2º año, Urbanidad, p. 24).

De acuerdo con los lineamientos del programa, en los libros de lectura de Figueira la corrección lingüística está relacionada con la enseñanza de los rasgos que definen al ciudadano y los valores asociados a él: los buenos modales, el aseo, la sensatez y la prudencia. Todos estos elementos pueden agruparse a su vez bajo las dos grandes exigencias sociales del ciudadano: el autocontrol y la obediencia; sin estas características no puede modelarse un sujeto pasible de control y regulación.

La corrección en general es representada en términos altamente positivos. Se entiende fundamental que los niños aprendan en la escuela a hablar y a comportarse “con corrección”. En los libros de lectura se establece un paralelismo entre la corrección en el plano lingüístico y la corrección en el plano social y moral. Este paralelismo se realiza tanto en los textos como en los ejemplos, consejos, máximas y notas que integran los libros estudiados. En estos discursos se asume que los valores preconizados son indiscutibles, lugares comunes de toda y cualquier cultura y orden social, por lo que se considera que los alumnos sólo deben internalizarlos para respetarlos.

Hablar bien forma parte de los buenos modales, como se observa en estos “Consejos” “De la conversación” (FIGUEIRA, Libro tercero, p. 225):

1. Usa siempre un lenguaje decente y respetuoso. 2. Pronuncia las palabras con claridad y no te precipites cuando converses […]. 4. Nunca jures ni digas: caramba, diablo, demonio, etc. 5. No pongas sobrenombre a nadie. 6. Habla poco de ti mismo. 7. Sé cumplido. No digas: deme usted aquello, dígame usted tal cosa, miente usted, etc.; sino: sírvase usted darme aquello, tenga usted la bondad de decirme tal cosa, usted se equivoca […]. 10. No bosteces ni hables en voz baja delante de otras personas […]. 12. Jamás interrumpas a la persona que habla. 13. No desmientas a nadie.

Es decir, la corrección lingüística forma parte del comportamiento social esperado de acuerdo a las reglas de “urbanidad”.

Controlar el habla es también una forma de controlar el cuerpo. Como se desprende de los consejos y máximas citados, se hacen indicaciones expresas al niño para controlar su inquietud: el niño debe controlar su habla no sólo hablando poco sino haciéndolo en forma pautada, controlada, en tono bajo, pronunciando las palabras con “claridad y “sin precipitarse”, de forma de ser “cumplidos” con la autoridad (los mayores). Es decir, debe hacerse del lenguaje infantil –al igual que con el resto de su comportamiento– algo decente y respetuoso.

Por otra parte, la corrección y parquedad en el lenguaje son sinónimos de sensatez:

Hablar mucho y mal es el distintivo del necio y vanidoso; hablar poco y bien, el de toda persona prudente y sensata (FIGUEIRA, Libro tercero, máxima, p. 175); El que conversa mucho, suele decir tonterías (FIGUEIRA, Libro tercero, ejemplo, p. 45); Escucha mucho a los demás y habla poco (FIGUEIRA, Libro quinto, consejo, p. 203); Vale más hablar poco y bien, que mucho y mal (FIGUEIRA, Libro tercero, ejemplo, p. 18).

El discurso sanitario también está imbricado con la lengua. Se establece un nexo sutil entre salud, limpieza, orden y moral. Así como el cuerpo y la ropa deben estar limpios, el lenguaje y los modales en general también deben mantenerse puros. La higiene-limpieza del cuerpo conlleva su control e implica salud y es parte de la moral de la época. La suciedad, asociada con la enfermedad, se incluye en la esfera del “mal”.

Es muy útil cultivar el hábito del aseo en todo: en el cuerpo, en los vestidos, en las habitaciones, en las palabras, en lo modales…Con esto se beneficiará nuestra salud, y hasta nuestras ideas, sentimientos y conducta salen gananciosos; porque existe solidaridad en todas las actividades físicas y mentales del individuo (FIGUEIRA, Libro cuarto, nota, p. 107).

Cualidades del hombre moderno […]. Ser culto y aseado en todo: en el cuerpo y en el vestido; en las ideas, sentimientos, deseos, palabras y acciones (FIGUEIRA, Libro quinto, p. 293).

Se establece una correlación asimismo entre aseo (entre ellos de la lengua) y felicidad, y entre aseo y bondad- cultura- generosidad:

La sociedad se divide en dos clases, profundamente separadas: las personas sucias, ignorantes, egoístas y malas, y las personas limpias, cultas, generosas y buenas (FIGUEIRA, Libro cuarto, máxima, p. 104).

El aseo es fuente de felicidad. Un texto que señala las “Ideas-guías” “Para ser feliz” dice: “Sé correcto y aseado en tu persona, en tus vestidos, en tu lenguaje y en tus modales” (FIGUEIRA, Libro tercero, consejo, p. 278).

Además de los ejemplos, consejos y máximas, los propios textos que componen los libros son muy aleccionadores en cuanto al comportamiento esperado por parte de los escolares, siempre relacionado con el uso de la lengua. Por ejemplo:

Cómo deben comportarse los niños en la escuela Da gusto ver a Miguelito. Cuando entra en la escuela se quita la gorra con respeto y saluda a las maestras de buen modo.
En la clase, durante las lecciones, no conversa con sus compañeros, y presta atención a las explicaciones que le da la preceptora.
Permanece sentado en su puesto con la mayor compostura, y sólo se pone en pie cuando la señorita maestra le dirige la palabra o cuando entra en la clase alguna persona mayor.
Durante el recreo corre y juega, sin incomodar a nadie.
Al salir de la escuela saluda a la maestra y se va tranquilamente a su casa sin correr ni gritar.
Todos quieren a Miguelito y lo presentan como ejemplo de un niño bien educado.
Con el tiempo, será una persona de bien y muy estimada
(FIGUEIRA, Libro segundo, p. 90).

Esta descripción muestra el comportamiento de un niño que habla sólo cuando debe hacerlo y con absoluta compostura, y es por ello modelo de corrección lingüística y social. Se vincula asimismo estas cualidades con el hecho de ser querido y con una proyección positiva cuando adulto: será modelo de ciudadano. Asimismo el texto deja claramente establecido que el juego se acepta sólo circunscripto al recreo, un tiempo específico y limitado.

Las niñas deben tener especial cuidado en el uso del lenguaje. La corrección lingüística, siempre asociada a la limpieza, a la pureza y la autocensura en el comportamiento, es más importante en las mujeres que en los varones. Las niñas deben aprender el recato esperado de las mujeres. En un “[…] decálogo de la mujer. (Consejos para ser feliz)”, se anota una serie de “Ideas guías” (FIGUEIRA, Libro cuarto, p. 245), entre las que se encuentra la siguiente: La higiene, el aseo perfecto y la cultura en los modales, gestos y palabras son más necesarios a la mujer que al hombre. Procura ser graciosa, culta, afable, modesta; pero sin afectación (FIGUEIRA, Libro cuarto, p. 246).

Es particularmente interesante el vínculo expreso que se establece entre escritura y conocimiento: la escritura es el medio de adquirir otros conocimientos, el conocimiento destierra la ignorancia. La ignorancia hace vulnerable al individuo, a diferencia del conocimiento que da fuerza, poder:

Francisco y Camilo
Francisco.- ¿Por qué no vas a la escuela, Camilo?
Camilo.- Porque prefiero andar por la calle jugando.
Francisco.- Pero de esa manera nunca sabrás nada, ni siquiera leer y escribir, y cualquiera te engañará y se reirá de ti […].
Francisco.- […] Camilo, deja tu peonza y ven conmigo a la escuela. Allí podrás estudiar y jugar, y estoy seguro de que lo pasarás más divertido que vagando por las calles como un pilluelo
(FIGUEIRA, Libro tercero, p. 11)

En este texto se indica asimismo que el estudio, versión infantil del trabajo adulto, es preferible al juego, es un tiempo mejor empleado. Así como el juego sustituye el estudio, la felicidad que despierta aquél se traslada a éste. El estudio, y el trabajo en términos generales, es la versión civilizada, moderna, del placer. De todas formas, no se recomienda leer cualquier cosa, sino que el contenido de las lecturas debe estar de acuerdo con la moral de época:

En la lectura debe cuidarse de dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien. Nunca deben leerse libros que extravíen el entendimiento o corrompan el corazón. Las lecturas inmorales no conducen a la ciencia, por el contrario, son una fuente de corrupción (FIGUEIRA, Libro quinto, nota, p. 321)

El conocimiento posibilitado por el estudio ocupa un lugar destacado en el modelo de ciudadano que se está construyendo-representando en los libros escolares:

Trabajaré para adquirir la fuerza y el saber que me liberen de la enfermedad y la ignorancia (FIGUEIRA, ejemplo, Libro tercero, p. 159).

Recuerda que las mayores satisfacciones del hombre no consisten en comer, sino en trabajar, estudiar, perfeccionarse, divertirse honestamente, conversar con amigos, disfrutar del cariño del hogar, admirar las obras del arte y las bellezas del cielo y de la
Tierra, y servir a la patria y la humanidad (FIGUEIRA, Libro cuarto, consejo, p. 24).

Asistir a la escuela y aprender es un deber del niño para con la patria y condición para transformarse en ciudadano:

El ignorante no puede utilizar eficazmente sus fuerzas, ni puede ayudar a las demás personas. Tiene, pues, que ser desgraciado y ha de vivir a expensas del saber y del trabajo de los demás miembros de la sociedad. Por esto, el Estado no le concede a nadie el derecho de ser ignorante. Para ser ciudadano es indispensable, por lo menos, saber leer y escribir. Y para que las personas sean instruidas y educadas, el Estado funda escuelas gratuitas y obliga a asistir a ellas a todos los niños de 6 a 14 años de edad […]. Vosotros, niños […] pensad que dejar de asistir a las clases sin necesidad, es faltar a uno de vuestros más importantes deberes para con la patria (FIGUEIRA, Libro cuarto, p. 142-143).

4. A modo de conclusión
El análisis permitió constatar que en la creación del Estado nacional uruguayo, la escuela ha ocupado un lugar central. La institución escolar se ha ocupado de controlar la lengua del niño y, junto con de ello, su cuerpo y espíritu. Los documentos analizados proponen que el ciudadano debe tener un comportamiento social, moral y lingüístico disciplinado (BARRÁN, 2008). Los libros de lectura vinculan la corrección en el lenguaje con la corrección social y moral para ilustrar el comportamiento del ciudadano ejemplar. Del mismo modo y por oposición, el comportamiento lingüístico y social que no se corresponde con el modelo propuesto construye al marginado, al sujeto que está fuera del Estadonación.

La homogeneización cultural se da a través de la corrección lingüística, asociada a la corrección social y moral. El valor político de la lengua se observa tanto en su vínculo con la construcción del Estado-nación uruguayo como en la concepción purista de la misma, que automáticamente coloca a los hablantes de sectores más instruidos en una posición ventajosa respecto del resto.

 

Libro de actas. 2 Congreso Internacional de Profesores de Lenguas Oficiales del MERCOSUR (CIPLOM)

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