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La lengua que atormenta

Como una amenaza a todo lo establecido, el lenguaje inclusivo de género abre un debate en busca de los derechos de todas las personas. Algo tan básico y cotidiano como la lengua, hoy también está en disputa.

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El lenguaje es la capacidad para comunicarnos y entendernos mejor. La lengua, por otro lado, es esa serie de signos y símbolos a los que les damos sentido para poder nombrar las cosas, y nombrarnos a nosotros; es ese sistema lingüístico con el que hablamos, por ejemplo, la lengua española. Esta, a su vez, se transforma, es variable como nuestras costumbres y pensamientos. Las palabras de nuestro idioma se crean de acuerdo a las necesidades de la sociedad en la que vivimos.

Actualmente estamos viviendo muchos cambios sociales: la tecnología y las nuevas formas de relacionarnos que trajo consigo, además de la necesidad de estar y formar parte de. Hoy en día existen personas, pertenecientes a movimientos feministas y la comunidad Lgbti+, que reclaman no sentirse incluidas en la lengua y rechazan la invisibilización que padecen en los espacios en general y en la lengua en particular.

Dichos colectivos proponen reemplazar el uso de genéricos masculinos y femeninos –en especial el masculino, que es el predominante– por vocales u opciones que llaman neutras, como la “@”, la “x” o la “e”. Estas propuestas han causado todo tipo de reacciones por parte de las instituciones, como también en los espacios sociales, las redes y los medios de prensa. Desde burlas y memes hasta aclaraciones y discusiones, por un lado, por la defensa del correcto uso de la lengua, y por el otro, cuestionando un idioma sexista y no incluyente.

La profesora de lengua, Rochi Díaz, asegura que gramatical o fonéticamente no hay ningún argumento para utilizar “@” o “x”; sin embargo, si hablamos desde una perspectiva social, sí lo tienen. Al principio, ella tampoco estaba de acuerdo con el lenguaje inclusivo de género, pero ahora está cambiando de postura porque también empezó a leer teorías que lo avalan, y porque comprendió que ese pedido proviene de una comunidad excluida. “Si les ayuda a las personas de una comunidad, háganlo. Me parece bueno que utilicen el ‘todes’, por ejemplo, por una cuestión de referencia, para posicionarse y sentirse parte de”, explica.

Por otro lado, aclara que nuestro idioma es muy específico, que tenemos palabras para todo y considera que esa característica hace que tengamos la necesidad de que sea más específico aun.

“Nosotros evolucionamos, y obviamente nuestro idioma también. Si usás una palabra es porque la necesitás. Mientras más se use, nadie la podrá negar. Pero hay que ver los criterios con los que se acepta. “Toballa”, “imprimido”, “fritar” son ejemplos de neologismos (palabras nuevas en la lengua). Pero hay términos como remasterizar o bullying que no están aceptadas. Son muy frágiles los argumentos para no aceptar”, menciona.

Estereotipos y discriminación

La lengua influye en nuestra forma de ver y percibir el mundo; moldea ese contenido y esa visión de aquello a lo que prestamos atención, según la hipótesis whorfiana, desarrollada por los lingüistas estadounidenses Edward Sapir y su discípulo Benjamin Lee Whorf. Entonces, ¿cómo nos hacemos una imagen mental de algo que no nombramos o no sabemos cómo nombrar?

Algunos afirman que la lengua no es sexista ni discriminatoria, sino que su uso lo es. Por lo tanto, ¿son las personas quienes utilizan la lengua para discriminar, para elegir qué nombrar y qué no?

Natalia López, estudiante del Instituto Superior de Letras, feminista y militante de la comunidad Lgbti+, afirma que el idioma que tenemos no solo no es inclusivo, sino que es machista. “Puede parecer inofensivo, pero guarda en su interior una clara invisibilización de lo femenino y otros géneros, como el no binario. El lenguaje masculino no es neutro, utilizar el genérico favorece a que la mujer siga relegada a un segundo plano”. Y menciona el ejemplo de que siempre asociamos la profesión de enfermería con las mujeres y la de medicina con hombres.

Natalia propone probar con ejercicios mentales para revisar los conceptos que tenemos sobre ciertas palabras. “Cuando digo palabras como ‘emocional’, ‘fuerte’, ‘auto’, ‘cocina’, lo más probable es que ‘fuerte’ y ‘auto’ hayan sido relacionados con el hombre, y ‘emocional’ y ‘cocina’, con la mujer. Porque es justamente así como funciona el idioma, las palabras están ligadas a ciertos estereotipos”, afirma.

Las reglas oficiales

La Real Academia Española (RAE) es el ente que regula nuestra lengua, que recoge de la sociedad las palabras que son necesarias incluir en el diccionario, ya que el uso popular de las mismas reclama su reconocimiento. El proceso es así, y no al revés. Nosotros, los hablantes, hacemos nuestra lengua, y luego la institución la recolecta.

La RAE no prohíbe el uso de la “x”, “@” o “e” en vez de los genéricos, pero deja en claro que no es necesario y que por lo tanto no recomienda su utilización. Sostiene que el masculino gramatical tiene en español, como en muchas otras lenguas, la capacidad de mencionar a colectivos mixtos y el uso de la letra “e” como marca de género es ajeno al sistema morfológico. Sin embargo, ahí reside una de las críticas que tienen las feministas: la normalización del masculino como genérico para referirse a todos los colectivos.

Bernardo Neri Farina, miembro de la Academia Nacional de Lengua Española, periodista y escritor, expresa que el devenir del mundo a través de la historia ha sido siempre machista, eso es innegable. “Las mujeres han tenido muchos problemas para acceder a sus derechos, pero creo que eso no pasa por el lenguaje, sino por una actitud de parte de la sociedad que hay que cambiar”.

El académico menciona que los cambios deben surgir desde la raíz, pues el lenguaje no es la causa, sino simplemente la consecuencia de un pensamiento o una actitud. Y el hecho de que uno quiera hacer respetar las reglas del lenguaje no significa que esté en contra de los reclamos de ciertos colectivos, que son legítimos y genuinos.

Respondiendo a consultas en las redes, la RAE insiste diciendo que “son artificiosos e innecesarios” los desdoblamientos y el uso de otros genéricos no establecidos. Pero esas decisiones no recaen solo sobre la RAE, ya que también existe la Asociación de Academias de la Lengua Española, integrada a su vez por la academia de cada país de lengua hispana, en donde tienen sus propias discusiones de acuerdo al contexto y la realidad de sus naciones.

Este año salió el diccionario paraguayo de la lengua española, que agrupa términos que fueron inventados y son utilizados en nuestro país en el lenguaje popular oral y escrito. La Academia Nacional fue la encargada de realizar esa labor de una década de investigación, aproximadamente. “Ese es nuestro trabajo fundamental: observar. Si hay que cambiar las reglas, el tiempo lo dirá. Al idioma no lo hace la academia, sino la gente. Nadie puede imponer ninguna forma de hablar, ningún colectivo, ni siquiera la academia.”

Como estudiantes de lengua, tanto Rochi como Natalia son conscientes de que para llegar a incluir ese lenguaje en textos científicos o académicos habrá que esperar aún, ya que lo primero es empezar a utilizarlo en las calles, en las redes, a explicar cómo funciona y para qué sirve, porque muchas veces el rechazo se da por desconocimiento. Pero cada vez vemos más jóvenes apropiándose de la lengua, inventando sus dialectos, creando palabras para lo que necesitan nombrar.

En su última edición publicada este año, la Real Academia modificó una de las acepciones de la palabra fácil, que antes se refería a “una mujer que se presta sin problemas a mantener relaciones”. Ahora, la calificación incluye a cualquiera. Esa modificación se realizó debido a los numerosos pedidos de personas individuales y colectivos o asociaciones que lo reclamaron.

En diciembre de 2017, la RAE decidió que ahora actualizará su diccionario todos los años, y no cada 10 o 15, como venía haciendo.

¿Incluides?

Enrique Morosini, psicólogo clínico y profesor de Metodología de la Investigación, asegura que este lenguaje denominado inclusivo es un acto intencional de transgresión, que pretende señalar que los códigos que están instituidos no son suficientes para expresarnos, por lo que se necesita expandir esos límites. Agrega que este sistema de códigos es muy rígido, y que en realidad no respeta el sentir o la experiencia de las personas que se sienten excluidas.

“Hay una fuerza que estereotipa e invisibiliza la diversidad. Y la gente que sale fuera de esa norma sufre, tiene depresión, porque no encuentra refugio”, acota.

Morosini también habla de interpelarnos a nosotros mismos, de pensar a quiénes nos estamos dirigiendo, qué estamos expresando, y considerar al otro, porque muchas veces se excluye de manera no intencional.

Reconocernos como personas

El lenguaje inclusivo no es algo nuevo, ya tiene algunos años de debate, pero sí es un tema que causa roncha, por tratarse de un sistema con normas y reglas que se deben respetar. Pero no se trata solo del lenguaje, sino de toda la sociedad en la que vivimos que está pasando por un proceso de transformación constante, que de a poco va instalándose.

Los grupos feministas y Lgbti+ afirman que no buscan imponer ni obligar a hablar de tal o cual forma, a pesar de que haya gente que lo sienta así, porque esos pedidos interpelan y cuestionan. Sin embargo, lo que buscan es la reivindicación y el reconocimiento por parte del mundo. Natalia piensa que “es una opción que está ahí, para que las mujeres o las personas no binarias se sientan más incluidas”.

La búsqueda por un lenguaje más inclusivo seguirá, porque todavía está en transición. Pero para Morosini, este fenómeno social terminará impregnando a las instituciones de alguna u otra manera, ya que hay un grupo de personas que están a favor y que creen que esa propuesta es legítima.

“Si en nuestras expresiones aprendemos a reconocernos legítimamente en medio de nuestras diversidad, creo que ese es un logro importante”, concluye el psicólogo.

Rochi menciona que en nuestro lenguaje cotidiano podemos hablar como queramos con tal que el mensaje llegue y que, por sobre todo, entendamos que somos personas.

Desde la Academia alegan que la lucha no pasa por ahí, sino por cambiar la mentalidad de la gente. Consideran que se debe preservar el lenguaje como una entidad colectiva de toda la sociedad en su conjunto.

El lenguaje es un proceso social y como todo proceso está en constante movimiento. La lengua es vida, y a pesar de que es importante establecer reglas y códigos, no se debe olvidar para qué la inventamos y la establecimos: para entendernos mejor.

Lenguaje inclusivo

Propuesta de los movimientos feministas y la comunidad Lgbti+:

Genérico masculino: todos.
Desdoblamiento: todos y todas.
No binario: todes.

Genérico masculino: alumnos.
Desdoblamiento: alumnos y alumnas.
No binario: alumnes.

Genérico masculino: seres humanos.
Inclusivo: personas.

Genérico masculino: niños.
Inclusivo: Niñez.

El poder del lenguaje

Hay varios estudios empíricos que comprueban que el lenguaje influye en la apreciación que tienen niños y niñas de las cosas y las personas. Un estudio realizado por el grupo Dies Verveken, con alumnos y alumnas de Holanda y Alemania de entre seis y 12 años de edad, indagó en su percepción sobre trabajos que son comúnmente asignados a los hombres. El estudio consistía en presentar en algunas aulas las profesiones en forma de pareja, es decir, con nombre femenino y masculino: ingenieros/ingenieras, biólogos/biólogas, abogados/abogadas, etcétera), y en otras en forma genérica masculina (ingenieros, biólogos, abogados, etcétera).

Se advirtió que las ocupaciones presentadas en forma de pareja (con título femenino y masculino) incrementaban el acceso mental a la imagen de mujeres trabajadoras en esas profesiones y fortalecían el interés de las niñas en ocupaciones generalmente asociadas a los hombres. Se comprobó cómo algunos genéricos, que finalmente no lo son tanto, pueden condicionar a los niños, y en especial a las niñas, e influir en sus preferencias sobre ciertas ocupaciones y profesiones.

Las palabras tienen muchísimo poder, enfatiza Natalia, agregando que un término puede hacer que cualquier persona se sienta partícipe en la sociedad. “Este reclamo por el lenguaje inclusivo viene de parte de un grupo de gente que está aportando algo, pagando sus impuestos, tanto como vos o como yo, y tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones”.

Por Romina Aquino González

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