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Santiago Kalinowski: “El lenguaje inclusivo es un fenómeno un poco elitista que algunos adolescentes tomaron como bandera identitaria”

El director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas y de la Academia Argentina de Letras, reflexiona sobre el ¿cambio cultural? ¿moda? ¿adaptación a un momento histórico? que desde la forma de hablar impulsan muchos jóvenes

infobae

“Egresades”, dice el buzo de los chicos de quinto año de un colegio. “Todes”, escriben en las redes sociales.  ¿Necesidad social? ¿Moda? ¿Cambio cultural? ¿Adaptación a un momento histórico?

 

El lingüista y lexicógrafo, Santiago Kalinowski, afirma que “los cambios lingüísticos nunca se deciden ni se diseñan” y que la irrupción del lenguaje inclusivo “es un fenómeno un poco elitista que los adolescentes de ciertos colegios tomaron como una especie de bandera identitaria”.

 

En entrevista con Infobae TV, el director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas y de la Academia Argentina de Letras sostiene que “el hecho de que no sea un cambio lingüístico, no le quita potencia, relevancia y sobre todo la posibilidad de persistir en el tiempo”.

 

-¿Qué es el lenguaje inclusivo?

-Es una intervención del discurso público que tiene el objetivo de conseguir un fin: el de crear conciencia acerca de una injusticia que está en la sociedad. Se busca crear, en el que escucha, una especie de segunda capa de sentido, independientemente del tema del que se esté hablando. Lo que se genera es un efecto de involucramiento, uno anima al que escucha a involucrarse en un tema. Y además escucha que la persona se posicionó políticamente ante una situación.

 

-¿Estás dando un mensaje de acuerdo a cómo hablás?

-Cuando nosotros hablamos suceden muchas cosas, la comunicación humana es muy compleja, entonces muchas veces usamos la lengua para conseguir efectos, desde hace miles de años. Usamos metáforas para conseguir un efecto estético, comparaciones para conseguir efectos de persuasión, entonces pertenece al ámbito de la retórica, que es la capacidad que tiene alguien de identificar, en una situación dada, los medios de persuasión que están disponibles ahí.

 

– Hacer la distinción entre, por ejemplo, ellos y ellas, chicos y chicas, nenes y nenas, en realidad nenes tiene la e.

 

-En ciertos casos la ‘e’ ocupa ese lugar de vocal desinencial y por eso es que es más amigable su incorporación en ese lugar. Es algo que no pasa ni con la ‘u’ ni con la ‘i’, y en muchos casos sería preferible usar la ‘u’ o la ‘i’ porque vos decías: nene es masculino, lectores es masculino.

 

-Pasaba lo mismo con “presidente”.

 

-Con presidente lo que pasó fue un fenómeno de evolución léxica, que es natural. Durante la historia fue tan abrumadora la presencia de hombres, que los hablantes cuando escuchaban presidente escuchaban una palabra masculina, cosa que no pasó con cantante, pero pasó lo contrario con modista. El oficio de la modista fue tan abrumadoramente ocupado por la mujer que el hablante empezó a escuchar que eso era una palabra femenina, cosa que no pasó con pianista.

 

-El género tuvo que ocupar los espacios y los oficios.

 

-Necesitó marcar el femenino, por eso “presidenta” está en el diccionario de la Real Academia Española desde finales del siglo XIX, con la acepción actual de la que preside, antes además estaba solo como la mujer del presidente. Y lo mismo pasó con modisto. Los hablantes necesitaron decir qué pasó, apareció uno que hace ropa y necesitamos marcar el masculino porque a nosotros eso nos suena femenino, por la historia social que tuvo ese rol, que hizo que los hablantes escucharan masculino en un caso y femenino en el otro y necesitaran marcar la diferencia.

 

-Ahora, lo que vos decís es que la instancia superadora del lenguaje inclusivo no sería la ‘e’ sino que sería la ‘u’ o la ‘i’.

 

-Lo que digo es que la ‘e’ tiene algunos problemas, pero no los tiene realmente porque depende de que le pongamos un determinante. Salió una nota, en una revista que se llama El Gato y La Caja, donde ellos hacían cosas como “lecteres” porque lectores es masculino. Entonces, la ingeniería de la ‘e’ se vuelve muy complicada. Si uno le pone el determinante les, ya está quitándoles a “lectores” el valor masculino. Pero desde el punto de vista del sistema de formantes que todos tenemos en la cabeza y las reglas que permiten combinarlos, es menos chocante.

 

-Pero gramaticalmente sería incorrecto.

 

-No se puede decir que es correcto, o incorrecto, es un invento. No se puede poner al nivel de un error. Al contrario, lo que tiene, tal vez, es un problema de accesibilidad. Es un fenómeno un poco elitista. Y mucha gente dice: “no, pero mi hijo adolescente lo usa”. Los adolescentes de ciertos colegios tomaron eso como una especie de bandera identitaria, y eso hace que lo use una mayor medida pero no se puede decir que esto sea un cambio lingüístico.

-No todavía.

-Los cambios lingüísticos nunca se deciden ni se diseñan. No funciona así la lengua, ni ésta ni ninguna en el mundo.

 

-Me imagino que no debe ser: a partir de ahora todos hablamos así.

 

-Como decía en los debates del twitter en la baja latinidad los adolescentes dijeron: no vamos a seguir haciendo el pluscuamperfecto como lo estamos haciendo ahora porque ya nos cansamos de que todo sea una desinencia, una terminación, y lo vamos a hacer con una perífrasis del verbo habeo y del participio. En ningún caso se puede decir que hubo una decisión consciente de abandonar ese rasgo y adquirir otro porque nos cansamos.

-¿Se pueden establecer tiempos para ese cambio en el lenguaje?

 

-El hecho de que no sea un cambio lingüístico, no le quita potencia, relevancia y sobre todo la posibilidad de persistir en el tiempo.

 

-Para ese cambio lingüístico, ¿qué rol creés que tienen los medios de comunicación?

 

-Es una intervención retórica del discurso público que busca un objetivo, no es un cambio lingüístico. Si existe algo que se incorpore a la lengua como sistema seguramente lo que va a ser es léxico, unas palabras suficientes para darle al que escucha la pauta de cuál es nuestra posición respecto de la desigualdad del hombre y la mujer, y la discriminación contra las minorías sexuales. Si sumamos solo las lenguas romance, estamos hablando de muchos, cientos de millones de hablantes. Y en eso tenemos que pensar cuando decimos cambio lingüístico.

 

-¿Cómo sería?

 

-Esto es una intervención del discurso público. Cuando uno evalúa los recursos retóricos la gente piensa que se está diciendo que no tienen ninguna relevancia ni posibilidad de persistir en el tiempo, lo cual es falso. Tiene la relevancia de ser uno de los temas más importantes del presente y una de las luchas políticas más salientes de la historia. Uno encuentra más o menos igual en español, en francés, en latín, en griego. Cambió la sintaxis, cambió la fonética, cambió el léxico, la metáfora quedó. Entonces el hecho de que uno diga: es un fenómeno retórico, no le quita relevancia ni potencia.

 

-Si tuvieras que marcarlo en el tiempo, ¿cuándo sentís que comenzó?

 

-Acá tendría que hablar alguna historiadora o historiador de los movimientos políticos. Las críticas sobre el machismo o las lenguas vienen desde hace mucho tiempo. Hay antecedentes en la legislación que son de 1999, uno de los que más se cita que es la Constitución de Venezuela. Está escrita toda en o-a. Lo cuál también a mucha gente le parece binario.

 

-Es insuficiente

 

-Claro, pero es la prueba documentada de que ese debate existía en 1999 y que 20 años antes también, porque no llega de casualidad ni rápidamente algo a formar parte de una pieza de legislación como es una Constitución. En nuestra Constitución del 94 hay un reconocimiento al derecho de no ser invisibilizados por medio de la lengua. No llega al extremo de usar el recurso dentro de la legislación, pero es otro dato documental que nos permite decir que esto viene desde hace mucho. Y si uno empieza a hacer la historia de la crítica de la lengua, va a encontrar antecedentes en los 80, en los 70.

 

-¿Te imaginás, en un futuro, que hablemos y escribamos de otra manera?

 

-Si lo comparamos con lo que se sabe de las lenguas naturales, tenemos que decir que hay cambios. La simplificación del sistema verbal latino -era completamente desinencial- se regularizó con el verbo haber. Incluso había muchos participios más en latín. Nosotros tenemos solo el participio pasado ellos tenían también el participio presente de donde tenemos muchas palabras como amante, caminante. Y tenían participios futuros.

 

-¿Entonces?

 

-La distancia que separa desde el punto de vista del esfuerzo que implica la transformación, la simplificación del sistema de participios que llevó 1500 años lograrla que se produzca, nadie lo buscó. Esa distancia es menor que la que implica la reestructuración del género, que plantea si este tema del lenguaje inclusivo nosotros fuéramos a internalizarlo sistemática y comprensivamente. La distancia es enorme porque estamos hablando de una regla que está muy arriba en la jerarquía de reglas de la sintaxis del español que todos tenemos en la cabeza.

 

-Me da la sensación de que en español es más claro hacia dónde va la modificación con el lenguaje inclusivo, porque en otros idiomas no es una letra, sino que muchas veces son palabras distintas directamente.

 

-Más complejo que una lengua romance no hay porque hay que generar un sistema de formantes inventado, con un sistema de pronombres, porque marcamos todo: nosotras, nosotros, ellos, ellas. Eso es una característica que le dio a las organizaciones militantes una oportunidad discursiva. Se suele decir que la lengua es aséptica. Es mentira, es absurdo, no entiendo cómo alguien puede decir eso. En la historia de la especie humana estuvimos millones de años con el hombre acaparando todos los espacios de visibilidad y poder.

 

-¿El uso de la lengua nunca fue ingenua?

 

-No tiene ningún sentido que la lengua no se hubiera codificado de esa manera, con una asociación entre lo masculino y una especie de neutralidad, de centro simbólico no marcado. Implica una ventaja cultural ideológica que esa historia social codificó en la gramática. Cada vez que se usa el masculino genérico, se vuelve un refuerzo de esa configuración histórica de la especie humana. Si yo me quiero parar frente a una sociedad injusta, nada tiene más sentido que intervenir ese refuerzo, como una herramienta para crear conciencia sobre un problema, al servicio de crear un consenso y modificar la injusticia en la que está la sociedad.

 

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