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Quebec: se desinfla independentismo y gana peso tendencia antiinmigrante

MONTREAL (apro).- El pasado lunes 1 de octubre, la provincia canadiense de Quebec realizó unas elecciones históricas: la Coalición Avenir Quebec (CAQ), agrupación conservadora surgida en 2011, puso fin a décadas de alternancia entre el Partido Liberal de Quebec (PLQ) y el Partido Quebequense (PQ).

 

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Además, fue la primera vez en casi medio siglo en que la independencia no figuró con fuerza, reflejando así un hartazgo ciudadano por un tema que dominó la política provincial en todo ese tiempo.

La CAQ obtuvo 74 de los 125 escaños en juego. De esta manera, formará gobierno mayoritario. La agrupación política presentó un programa que puso el acento en la disminución de impuestos y frenos a la inmigración, así como en la defensa de la laicidad. Pero su principal éxito consistió en subrayar su carácter nacionalista, aunque con la provincia francófona dentro de la federación canadiense.

“Hoy hemos hecho historia. Nos arremangaremos la camisa para construir un Quebec más fuerte y orgulloso”, afirmó en su discurso triunfal François Legault, líder de la CAQ y próximo primer ministro.

Si la CAQ fue la gran ganadora, Quebec Solidario dio pasos considerables entre los votantes. Se trata de un partido independentista de izquierdas, con especial interés en el medio ambiente y los servicios sociales.

Quebec Solidario –que pasó de 3 a 10 diputados—se ha posicionado como la fuerza más importante para los jóvenes progresistas, quienes han dado la espalda paulatinamente al Partido Quebequense.

Liberales y pequistas fueron los grandes derrotados en estas elecciones. Pasaron de 70 a 32 diputados y de 30 a 9, respectivamente; los peores resultados de la historia para ambas agrupaciones políticas.

El Partido Liberal, que ocupó el poder durante cerca de 15 años, pagó las consecuencias por el fuerte recorte en programas sociales que instaló como práctica cotidiana. Por su parte, el Partido Quebequense vio cómo fracasó su estrategia de no evocar el credo independentista para enfocarse en temas de interés más actual para los votantes. Ni siquiera su líder, Jean-François Lisée, ganó en su propia circunscripción. Renunció a la jefatura del partido apenas se conocieron los resultados.

El tema independentista, aparcado

Desde 1970 hasta 2014, las elecciones en Quebec transcurrieron con el tema de la secesión como eje fundamental. Los candidatos del PQ subrayaban la necesidad de separarse de Canadá, mientras que los liberales cosechaban apoyos entre los enemigos de este proyecto. En 1980, el 40.4% de los ciudadanos votó a favor de la independencia.

En 1995, la cifra llegó a 49.4%. Diversas encuestas mostraron que, con el paso de los años, la causa independentista mantuvo un respaldo del 40%. Sin embargo, ha habido un movimiento a la baja. En marzo de 2017, 36% de los quebequenses la apoyaban; en mayo pasado, otro sondeo la situaba en 31%.

Jean-François Lisée se convirtió en jefe del PQ en 2016 con la principal propuesta de no convocar a un referéndum sobre la independencia si lograba convertirse en primer ministro en 2018. Lisée sostuvo que, si en 2022 las urnas lo respaldaban de nueva cuenta, pondría en marcha una estrategia de consulta y promoción en busca de la soberanía para la provincia. Las simpatías independentistas a la baja impedían que el PQ conquistara el poder, así que había primero que buscar apoyos evocando otros temas.

Para Michel David, analista político en Radio-Canadá, el problema para los pequistas fue que la inercia de muchos años había cansado ya a muchos electores y sus propuestas no tuvieron el eco esperado. “El PQ no supo demostrar que tenía personalidad propia más allá de la idea de la separación”, expresó.

Académicos y periodistas se han dedicado desde hace tiempo a determinar las causas del declive del proyecto de independencia. El desencanto por la derrota en el segundo referéndum hizo que la causa perdiera intensidad. La mudanza de decenas de compañías a Toronto tuvo peso significativo. Las políticas de protección a la lengua francesa han logrado calmar temores culturales otrora más agudos. También los independentistas han tenido problemas para sumar a cientos de miles de inmigrantes a su objetivo. No obstante, el argumento principal recae en la relación con los jóvenes.

En 2016, el promedio de edad de los militantes del PQ rondaba los 60 años. ¿Es la independencia una lucha de generaciones pasadas? La pregunta ha rondado desde hace tiempo por tertulias radiofónicas y programas televisivos de análisis político. El pasado 13 de septiembre, en plena campaña electoral, la firma Ipsos presentó los resultados de una encuesta en la que sólo 19% de los votantes entre 18 y 25 años apoya la independencia.

Anne Côté, estudiante universitaria, participa por primera vez en los comicios. Afirma a la salida de una casilla instalada en el este de Montreal: “Voté por Quebec Solidario. Es el partido que más insiste en el tema del medio ambiente. En caso de un nuevo referéndum, ya veré qué argumentos me convencen más en esas fechas”.

La misma encuesta de Ipsos mencionó que los tres temas más importantes para la juventud de Quebec son la educación, la salud y el medio ambiente. La independencia apareció en el número 14, el último de esta lista.

Alec Castonguay, jefe de información política en la revista L’actualité, describió con atino la dinámica de la elección: “La ausencia del tema independentista en el centro de atención por primera vez en casi 50 años ciertamente ha ayudado a liberar a muchos votantes de su lealtad. El eje izquierda-derecha fue visible en los resultados electorales”.

 La CAQ: fin del bipartidismo

La Coalición Avenir Quebec fue fundada en noviembre de 2011 por François Legault, un empresario que había sido varios años diputado del PQ. Incluso fue ministro de Educación y de Salud en gobiernos de ese partido, pero lo abandonó en 2009 para abrir una nueva ruta política en Quebec.

Legault fue moldeando un discurso para atraer a votantes de derecha y a ciudadanos con convicciones nacionalistas, pero no deseosos de un proceso independentista. “Un partido comprometido con los valores y las necesidades de Quebec dentro de Canadá” se convirtió en el mantra del líder de la CAQ.

Asimismo, Legault aprovechó cada foro para señalar que los liberales representaban una relación sumisa con Ottawa, anclada en un federalismo de tratos injustos para la provincia francófona. En abril de 2014, la CAQ obtuvo 22 escaños en la Asamblea Nacional de Quebec.

Durante la campaña, las propuestas de la CAQ estuvieron enfocadas en el desarrollo industrial de las distintas regiones provinciales, la disminución de impuestos para la clase media, la construcción de residencias para personas de la tercera edad y las obras de mantenimiento de centros educativos. Sin embargo, dos iniciativas vincularon al partido con vientos extremos que soplan en otros lados del mundo.

La CAQ ha propuesto una reducción del 20% en el número de inmigrantes que recibe Quebec cada año (de 50 mil a 40 mil). Legault sostiene que la provincia no cuenta con las herramientas suficientes para asegurar su plena integración. Sin embargo, los analistas económicos y las principales cámaras de comercio han alertado que la cifra actual de nuevos llegados es fundamental, e incluso insuficiente, para satisfacer la demanda de puestos de trabajo.

Además de esta reducción, la CAQ desea implantar un examen de conocimientos de francés y de “valores quebequenses” –con elementos como la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto a las libertades sexuales–  tres años después de que estas personas se instalen en la provincia. Legault recibió críticas en los debates por fomentar un clima de intolerancia con estas propuestas. No obstante, esto no impidió que venciera con poderío en las urnas.

“Voté por la CAQ porque estaba harta de los liberales. Me convencieron sus propuestas económicas, aunque no coincido en el tema del examen de valores. No va a servir de nada y difunde una imagen negativa”, afirma Hélène Bouchard, una jubilada que emitió su voto en Montreal la tarde del lunes 1.

También la CAQ incluyó en su programa impulsar una ley de laicidad que prohíba que los funcionarios en posición de autoridad –como los jueces y los profesores– puedan portar signos religiosos (cruces, velos, turbantes, entre otros). En 2013, el Partido Quebequense había presentado una propuesta similar que provocó amplia oposición ciudadana. Justin Trudeau, primer ministro canadiense, comentó este miércoles 3 sobre los planes de la CAQ: “Los gobiernos no deben decir a los ciudadanos qué signos pueden llevar o no”.

No será el único punto de discordia entre Legault y Trudeau. El próximo primer ministro de Quebec ha señalado que el gobierno federal debe responder con claridad sobre las concesiones que hizo a los estadunidenses en el mercado de productos lácteos, un asunto que tendrá impacto en muchas granjas quebequenses.

Las elecciones del lunes han sido un reflejo de los cambios políticos en Quebec. Las urnas confirmaron que la independencia ha dejado de ser el tema cardinal. No obstante, los analistas coinciden en que sería un ejercicio presuroso declarar su deceso: las simpatías de un tercio de los quebequenses por la separación no representan una cifra irrisoria. También una crisis con Ottawa podría incrementar los apoyos, siempre y cuando el Partido Quebequense, Quebec Solidario o una coalición de fuerzas logren presentar un proyecto de independencia que vuelva a ilusionar, sobre todo a los jóvenes.

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