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Lenguaje inclusivo: la nueva grieta

Detractores y defensores de esta nueva forma de expresarse confrontan apasionadamente. Las redes son escenario de duras discusiones, pero aceleran el cambio. Feministas de la vieja guardia menosprecian su importancia, sin embargo esta nueva gramática se abre paso en la industria editorial.

 

tn.com.ar

Una sola expresión en lenguaje inclusivo en las redes sociales desata una catarata de agresiones y descalificaciones. “Ridícula”, “superficial”, “ignorante” son solamente algunos de los adjetivos que inspira. Ante una consulta, la Real Academia Española fue categórica: en el español, el masculino se usa como genérico. Es decir, aunque en un conjunto de personas haya un solo varón y muchas mujeres, se debe usar el masculino para designarlo. Ni que hablar de considerar otras sexualidades: eso sería demasiado pedir.

Así, las alumnas se ven invisibilizadas en una clase con un solo estudiante varón, y lo mismo ocurre en otros colectivos. Un entusiasta académico, Ignacio Bosque, aun admitiendo que la violencia, la discriminación y la desvalorización de la mujer existen, publicó en 2012 un texto provocador con el título “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”. Por alguna razón, hoy no se puede acceder a él desde el sitio de la RAE.

El escrito de Bosque fue suscripto por su colega en la Real Academia Arturo Pérez Reverte y otros 24 miembros . El escritor y periodista, creador del capitán Alatriste, advirtió que si la RAE admitía el lenguaje inclusivo “se iría pegando un portazo”.

“No le estamos pidiendo a la lengua que cambie la realidad, sino que se ponga a tono con ese cambio y no siga usando formas gramaticales que ya no son satisfactorias.”

Retomando un texto de Álvaro García Meseger de 1994, Bosque en su artículo, empezó por admitir que sí existen expresiones sexistas en el lenguaje, Como ejemplo de sexismo, cita la frase Los ingleses prefieren el té al café, como prefieren las mujeres rubias a las morenas. Pero también aclaró que no es sexista , en cambio, formar construcciones genéricas con artículos determinados o cuantificadores en masculino, como en Todos los que vivimos en una ciudad grande.

En un país como España que hasta hace muy poco no aceptaba las formas femeninas médica, ingeniera o jueza, el académico critica a los responsables de universidades que publican guías para un lenguaje no sexista y satiriza veladamente a los colegios profesionales que incluyen ahora femenino y masculino en su nombre (por ejemplo: Colegio de Bioquímicos y Bioquímicas).

Pérez Reverte apoya apasionadamente lo dicho por su colega y celebra que el texto haya “venido a poner un límite”. “Estaba siendo intolerable el matonismo casi indiscutido de las ultrarradicales feminazis. Cada vez más crecidas en la impunidad. Y la cobardía de políticos y rectores de universidad que llevan años subvencionando disparatadas guías ‘no sexistas’ con dinero público. Porque también el feminazismo orgánico, oficial, es un negocio del que trincan pasta muchos. Y sobre todo, muchas. Pero lo peor es el silencio cómplice de los que saben y callan por miedo. Todos esos rectores y políticos sin ápice de vergüenza, agachando las orejas para que no los llamen misóginos o machistas. O, por supuesto, directamente fascistas. Como si tuviera que ver ser de izquierda o de derecha para maltratar a una mujer”, sostuvo.

 

En nuestro país, el escritor Alan Pauls fue menos virulento, pero sostuvo que pasarían sobre su cadáver antes de que él diga “todes”. Sin embargo, admitió la justicia de la causa, aunque dudó de la eficacia del uso de la lengua para un cambio. “Me parece que no es ahí donde la lucha va a producir resultados… es un concepto un poco ingenuo de la lengua, o un concepto un poco ingenuo de cómo las relaciones de fuerza y de dominación se inscriben en la lengua“, dijo en una entrevista reciente al periodista Matías Falco.

Santiago Kalinowski , director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, reconoce que si el lenguaje inclusivo llega a sistematizarse, la reestructuración va a plantear “una tarea enorme porque el género está muy arriba en la jerarquía de reglas de la sintaxis del español que todos tenemos en la cabeza”. Pero por otro lado, califica de absurdo el “pensar que la lengua es aséptica” y señala que “durante millones de años todos los hombres estuvieron acaparando todos los espacios de visibilidad y poder”.

“Que se ponga a tono con el cambio”

“Algo cambió. Que no llamara la atención el uso del genérico masculino revela que antes las mujeres no estaban integradas a grupos profesionales o gubernamentales. Se acataba una ley de mayorías. Ahora, nos choca seguir usando el masculino en grupos donde el femenino existe mucho o es la mitad o más”, asevera Karina Galperin, doctora en Lenguas romances de la Universidad de Harvard, profesora en la Universidad Di Tella.

Sobre los adolescentes que lo usan, dice Galperin, hay una cuestión que para otras generaciones no fue tan importante. “Se trata de la libertad con la que viven sus elecciones de género y las elecciones de género de los otros. La cuestión de las diversidades sexuales y el respeto en la lengua, la voluntad de referirse al otro de una manera más precisa repercuten”, agrega. “Me parece que eso va a tener una injerencia importante en la suerte que corra este cambio gramatical”.

¿El lenguaje puede modificar la realidad, ser un instrumento para cambiar una situación de injusticia?

“El lenguaje además de ser una herramienta de uso práctico moldea nuestra percepción del mundo, nos crea un modo de interpretar nuestro entorno. En este caso estamos ante una realidad que ya cambió y no le estamos pidiendo a la lengua que cambie la realidad, sino que se ponga a tono con ese cambio y no siga usando formas gramaticales que ya no son satisfactorias”, responde la especialista.

Esperando a la Academia

Galperin no está de acuerdo con el argumento de que para usar el lenguaje inclusivo en cualquiera de sus formas se deba esperar a que lo acepte la Real Academia. “Me parece irrelevante pensar cuánto falta para que la Academia lo acepte, creo que más que un cambio gramatical estamos viendo ladisconformidad con las formas gramaticales que heredamos. Y frente a eso estamos viendo algunas soluciones, grupos que utilizan un tercer género con distintas formas, la arroba, el desdoblamiento, la “e”, pero ninguna de esas formas todavía se impuso. Falta mucho tiempo. Y las academias van a aceptarlas cuando efectivamente estén establecidas, si es que se establecen”.

“Si el lenguaje inclusivo llega a sistematizarse, la reestructuración va a plantear una tarea enorme porque el género está muy arriba en la jerarquía de reglas de la sintaxis del español que todos tenemos en la cabeza.”

“No se trata de un fenómeno latinoamericano ni hispanoamericano. Sucede en el alemán, en el portugués, en el francés, en el hebreo. Los cambios también tienen lugar en lenguas de países en los que la estructura social -en términos de integración de la mujer o diversidades sexuales- cambió de forma ostensible”, sostiene la especialista.

Según todos los lingüistas, las modificaciones duraderas en la lengua fueron procesos que tomaron siglos. ¿Pero cuál es la influencia que la velocidad de la circulación de la palabra en internet y las redes puede tener en esto?

“Las modificaciones suelen tomar siglos, tienen razón los lingüistas. Pero esto ha ocurrido a una velocidad inaudita. Yo sería muy cauta al decir que si no son lentos los cambios no se van a imponer, porque vivimos en una era de revolución tecnológica. Por lo tanto, estaría abierta a pensar que en ese nuevo contexto, la velocidad y la extensión del fenómeno pueden ser mayores a los que conocimos o estudiamos”, apunta Galperin.

Francisco Arri, especialista en oratoria, semiótica y lingüística de la Universidad del Salvador, va más allá de la necesidad de visibilización cuando habla del lenguaje inclusivo.

“El lenguaje no solo tiene el poder de visibilizar esto sino que a través de él se plantean distintas relaciones de poder. Es muy fuerte la relación entre lenguaje y pensamiento y lenguaje y poder. Y así creo que hay que analizar este fenómeno”, propone.

“En la historia, siempre existieron etapas en las que hubo necesidad de acuñar palabras nuevas para explicar procesos que antes no existían. En la Revolución Francesa, referidas a derechos. En la Revolución Industrial, referidas a técnica y tecnología. Hoy mismo, la revolución digital nos ha conducido a resemantizar algunas palabras. Lo que demuestra esto es que el español está vivo, que circula”, celebra Arri.

Hay una parte de la academia que motoriza este cambio, sobre todo desde el área de las ciencias sociales. Hay otro sector que está en contra. La proposición de Arri, que se siente un testigo afortunado, es pararse fuera de la grieta. “En lugar de enrolarnos en “lenguaje inclusivo sí – lenguaje inclusivo no”, los que hacemos comunicación, los que estamos preocupados por los procesos de asignación de sentido, deberíamos aprovechar para estudiar un fenómeno que no creo que muchas veces se nos dé en la vida”.

Cosas más importantes

La lingüista y feminista Ivonne Bordelois interpreta que hay “claramente una voluntad antiacadémica y sedicente progresista que respalda esta actitud” de promoción del lenguaje inclusivo, aunque encuentra dudas en la implementación.

“Es interesante lo que ocurre, aunque puede sospecharse que ciertas dificultades laterales no dejarán de aparecer. En mi caso, por ejemplo, no me quedan claras las reglas de implementación del todes, en particular con respecto a la extensión con que se aplicarían”, sostiene en una columna publicada recientemente.

De todos modos, como a algunas de las feministas de olas anteriores, la preocupan otros temas y no confía en la fabricación de un lenguaje no espontáneo como modificadora de las relaciones de poder. “A mi modo de ver, temas mucho más trascendentes que el todes deberían concentrar la atención de nuestra sociedad en este momento -educación, separación de Iglesia y Estado, etcétera-. Flaco favor se le hace al feminismo impulsando falsos problemas y falsas teorías pseudolingüísticas al respecto”, sentencia.

Los nuevos libros para chicxs

Sin embargo en el mercado editorial, algo está cambiando lentamente, sobre todo en los libros para chicos y adolescentes. Ana Laura Pérez, directora literaria de Penguin Random House señala el éxito de los libros de Magalí Tajes, una youtuber y standupera, escritos totalmente en lenguaje inclusivo.”Por momentos usa la “e”, por momentos la “x”. Todas aquellas intervenciones que tienen a romper con el binarismo empiezan a llegar a los libros”, informa Ana Laura.

El lenguaje inclusivo empieza a llegar a los libros.
El lenguaje inclusivo empieza a llegar a los libros.

La historia de Mamá Cultiva, el camino del cannabis terapéutico de Valeria Salech también está escrito de ese modo, así como Cómo criar hijxs no machistxs, de Liora Gómez y Ariel Doirfman. Hasta la promoción del material para esa franja etaria no se puede sustraer al uso del genérico inclusivo: “Novelas para chicxs”, se lee.

Es un fenómeno que empieza a llegar a los textos feministas de producción reciente. No a aquellos que se recuperan de hace algunos años, sino a los más actuales. Ahí comienza a aparecer, de manera todavía tímida, esa posición política en términos de lenguaje como expresión.

 

Por Miriam Lewin

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