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Fernando Vilches: “Habría que estimular la lectura desde pequeños, pero no obligar a leer”

La solución para evitar faltas de ortografía es la lectura

 

eleconomista.es

Fernando Vilches consigue convertir el estudio del español en un divertido viaje por nuestro idioma cuidando los dos aspectos fundamentales del lenguaje: la forma y el fondo. Lleva cuarenta años dedicado a corregir a los “prevaricadores del buen lenguaje” a través de la docencia -tanto escolar como universitaria-. Se dedica a enmendar semanalmente las incorrecciones lingüísticas desde el programa de radio Herrera en COPE, y ahora, ha lanzado el libro “La divertida aventura de las palabras” con Arzalia Ediciones.

¿Cómo ha evolucionado el lenguaje en los medios de comunicación?

Aunque evolucionar significa “desenvolverse o desarrollarse, pasando de un estado a otro” sin que se especifique si el paso es positivo o negativo, y como –por mi edad- yo la palabra “evolución” la asocio a algo positivo, diría más bien que el lenguaje en los medios ha involucionado. De aquellas “Terceras” de ABC o de las columnas de opinión de El País o El Mundo, en donde se leían cuidados artículos escritos por periodistas de excelente pluma (o escritores devenidos en periodistas casuales), hemos pasado a primar las noticias, en realidad, sucesos al estilo del viejo El Caso, a páginas de política nacional o internacional o a crónicas deportivas de donde se puede extraer la conclusión de que están escritas con apresuramiento. Hemos pasado, tal vez por los vertiginosos cambios traídos por las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (las ya manidas TIC) a la corriente que impera en nuestra sociedad del “todo se entiende”, y esto nos ha llevado a descuidar la forma, el continente.

¿Considera que los jóvenes de hoy escriben peor que antes? ¿A qué se debe esto?

Sin duda, y no es culpa de ellos, conste. Como se lee menos, se lee mal, se lee textos sin calidad y sin elaboración, la consecuencia es algo caótica. Leer a los clásicos, escuchar a buenos oradores ya no se lleva y, como mucho, los jóvenes oyen (no me atrevo a decir escuchan) un lenguaje muy pobre y leen los caracteres de los tuits o los mensajes en Instagram y en otras redes sociales.

¿Cree que las nuevas tecnologías influyen en escribir peor el lenguaje?

En mi modesta opinión, sí. No les hemos dado una vertiente cultural adecuada para que ayuden a nuestra juventud a cuidar su forma de expresión. Les hemos dado solo una vertiente social en la que prima la cualidad relacional, no la de contenidos inteligentes que requieran un esfuerzo intelectual de aquellas personas que las usan.

¿Cómo cree que afecta la lectura al correcto uso del lenguaje?

Casi la he contestado antes. Como se lee poco y mal (entiéndaseme, mala comprensión lectora), los resultados a la fuerza son un uso más espurio del lenguaje que hace años, y con esto no quiero recordar aquello tan manriqueño de “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Habría que estimular la lectura desde pequeños, pero no obligar a leer, lo que es muy diferente, tanto para quien se incia, como para que se convierta en un hábito en la vida adulta.

¿Cambiaría algo de la forma en la que se imparte la asignatura de Lengua Castellana en el instituto?

Sí, cambiaría contenidos, pero tanto en la asignatura de Lengua como en la de Literatura españolas. Explicaría de forma distinta para qué sirve la sintaxis: para ordenar las ideas; la morfología, para entender mejor que la madre del español es el latín y el padre el griego; introduciría una semántica plagada de palabras mágicas, terruñeras, castizas, olvidadas, combinándola con neologismos provenientes de esas nuevas tecnologías y de la natural evolución de la sociedad; cambiaría la perspectiva del uso del diccionario, que no es un libro muy gordo (esto lo preguntan muchos alumnos del bachillerato cuando se les manda leer un libro: ¿pero… es muy gordo?), para que lo convirtieran en un compañero inseparable del descubrimiento de la riqueza del español, con la idea de que cuantas más palabras domino, más se amplía mi mentalidad y mi riqueza de aprehensión de la realidad.

¿Cuáles son las faltas de ortografía que más se cometen por la sociedad española?

Depende a los que queramos llamar ortografía, porque yo suelo decir que los signos de puntuación son tan importantes como la buena ortografía. Así, podemos decir que lo peor que podemos encontrarnos es la deficiente puntuación en los textos, pero no solo de los jóvenes, sino en los medios de comunicación por profesionales cualificados y con experiencia. Segundo, y si se me permite incluir la impropiedad como una falta importante en los textos actuales, la enorme cantidad de palabras que usamos sin saber lo que significan. La número uno es “confrontación”, que significa “cotejar”, dos ideas, dos escritos, dos maneras diferentes de pensar, y –fíjense los lectores- un precioso significado que ya está en desuso: “Simpatía, conformidad natural entre personas o cosas”, y que el lenguaje de la política ha transformado violentamente y sin base científica alguna en “enfrentamiento”. Y de estas podría ponerles una legión de ejemplos (pueden encontrar bastantes usos impropios actuales en el libro que acabo de publicar y por el que se me entrevista). Y, por último, el descuido ortográfico es muy variopinto: desde “g” y “j” confundidas, haches perdidas por el camino, los porqués y sus asociados y una cosa que no quiero dejar en el tintero: la ausencia epidémica de tildes.

¿Cómo cree que se puede mejorar en este aspecto?

Volvemos, de nuevo, a lo dicho. A Demóstenes, el mejor orador de Grecia, le preguntaron cuál era la clave para un buen discurso y contestó: “primero, la recitación; segundo, la recitación, y, tercero, la recitación. Pues para lo que se me pregunta, primero, segundo y tercero la lectura y, en cuarto lugar, que vuelvan los dictados al colegio.

Desde su punto de vista, ¿cómo cree que se encuentra el español a nivel internacional?

Con una salud excelente. Fuera se estudia, se valora y se siente como un medio importantísimo para conectarse con otros muchos millones de seres humanos. El fenómeno del español es único en el mundo: se está arrinconado en España (algún día, muchos pedirán cuentas a sus padres o a sus políticos de esta barbaridad) y se estudia como segunda o tercera lengua en muchísimos países del mundo. Las paradojas machadianas del españolito. Está, pues, muy vivo, y, ¡ojo!, es una magnífica inversión económica, aunque algunos no lo vean.

¿Cuál cree que es el aspecto más relevante del libro “La divertida aventura de las palabras”?

Tratar de divertir con su lectura; de enseñar algunas cosas básicas y recordar otras; de recuperar el buen gusto por un uso culto estándar del español; acercarse al español de América, por su colorido, su riqueza y por su pertinencia. Y todo ello con una sonrisa en los labios. Recuperar el amor por nuestro idioma, patrimonio maravilloso que cuenta con el más grande de todos los escritores de todos los tiempos y de todas las lenguas, como es Cervantes, y que hemos de transmitir a nuestros descendientes mejorado y enriquecido.

¿A qué público va dirigido?

A todos aquellos que quieran mejorar un poco su conocimiento del idioma. No es un libro para especialistas, no es un manual de estilo ni una secuencia de reglas o normas académicas. Es iniciar una aventura con un guía enamorado de su idioma desde que tiene uso de razón y que lleva más de cuarenta años tratando de enseñarlo con la vieja máxima clásica: “docere et delectare”, enseñar y deleitar, porque aburrir al respetable es un pecado venial, pero un pecado al fin y al cabo.

 

Por Carmen García

 

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