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Catalina Fuentes: “El político no es consciente de todo el poder de la palabra”

CATALINA FUENTES. Sevilla, 1960. Esta catedrática es una de las pioneras en España en los estudios del discurso político desde el punto de vista lingüístico. Ya analizó la oratoria de Susana Díaz, Pablo Iglesias, los diputados del Parlamento andaluz… Entre sus próximos retos está diseccionar el fenómeno Vox.

 

elmundo.es

-¿Está suficientemente explotado el poder de la palabra como arma política?

-Sí y no. El político es consciente de que la palabra tiene poder y que puede usarla para conseguir sus fines y destruir al contrario, pero los estudios revelan que no todos dominan la compleja virtualidad de cada término. En general prestamos poca atención a todo lo que lleva consigo, los ecos que puede provocar, lo que ocurre cuando se lanza un mensaje de un determinado modo, en un momento concreto, en una sociedad determinada por factores ideológicos, económicos, sociales… y preocupaciones y determinismos que a veces no ha contemplado el político. De ahí los fallos pragmáticos, los errores comunicativos y los malos entendidos en general, en la conversación familiar también.

-En los debates televisivos da la sensación de que los asesores de los políticos están más preocupados por la iluminación, el vestuario o los movimientos de las manos, ¿dónde queda el discurso y los términos que utilizan?

-Esa pregunta me la hago muchas veces y se la planteo a mis alumnos. ¿Es que estudiar el discurso está pasado de moda? No se conoce la pragmática, no se está acostumbrado a analizar los mensajes desde la intención persuasiva que conllevan y de cómo actúa la palabra sobre el entorno y entre ellas, o qué se dice y qué se oculta, cuál es la interpretación del receptor. El político, o nosotros mismos, no somos conscientes de ese poder de la palabra y de cómo podemos dibujar con ella una imagen de nosotros mismos y guiar lo que el otro va a deducir.

-El mensaje de la izquierda no ha llegado a la gente, a tenor del resultado de las elecciones andaluzas del 2-D.

-En los resultados electorales influye mucho el mercado y las circunstancias del mismo: hay factores externos que a veces tienen más poder que el propio mensaje. La ciudadanía puede decidir votar en un sentido u otro, o no votar. A veces el ciudadano no se ha preocupado de recibir los mensajes concretos de los partidos. Los medios de comunicación llenan ese vacío y pueden orientar los resultados. De ahí su poder.

-Susana Díaz tampoco ha convencido al electorado.

-Ha ganado las elecciones, pero con una diferencia poco útil para ella. Además, en cierto sentido, como algún medio ha dicho, Andalucía ha sido un “laboratorio” para las generales. Quizás esto ha influido. Además, claro está, de la historia y los acontecimientos de Cataluña durante este último año. La situación española, como la europea, ha sufrido cambios notables respecto a lo esperable hace un par de años.

-Usted que ha analizado la oratoria de Susana Díaz, ¿cuál es su punto fuerte? ¿Y el débil?

-En cuanto a su discurso, y a lo que hemos analizado de él, su capacidad de réplica y la rapidez en la reacción: utiliza lo que dice el otro para refutar el argumento. Su uso de la emoción, de la cercanía al electorado es un valor positivo para unos pero otros lo consideran negativo o excesivo.

-El discurso de Vox ha conquistado a 396.000 votantes andaluces. ¿Cómo lo definiría?

-Conecta con un sector de la población que exige una actitud más contundente por parte del político, sobre todo ante los acontecimientos de Cataluña. Recoge esas exigencias. Pero esto es una afirmación general. Estudiarlo es mi próxima tarea pendiente. Algunos de mis alumnos están también interesados.

-Todo indica que el próximo presidente de la Junta será Juan Manuel Moreno Bonilla, del PP. ¿Cómo es su discurso?

-Nuestro estudio sobre el discurso parlamentario fue en la etapa en que estaba Juan Ignacio Zoido al frente del PP andaluz. Tenemos que actualizarlo ahora con el nuevo candidato y la nueva realidad.

-Cuenta con un estudio sobre la retórica de los diputados en el Parlamento andaluz. ¿Hay diferencias entre los discursos de las mujeres y los hombres?

-Hay diferencias puntuales, en el uso de ciertos procedimientos. A veces se trata de preferencias individuales, incluso de tics de cada uno de ellos. Hemos revisado el uso de la intensificación, del lenguaje no verbal, del contacto visual, el uso de las pausas, la repetición, los usos léxicos, la coloquialización… pero la conclusión general a la que hemos llegado es que la mujer se incorpora a un ámbito profesional y utiliza el mismo tipo de retórica, de mecanismos. Demuestra que es capaz de desempeñar el mismo rol que un hombre, con la misma eficacia, y deja atrás, con ello, esos estereotipos que la ligaban a “expresiones dubitativas”, “inseguridad”, “uso excesivo de la emoción”. La mujer es tan asertiva y rotunda como el hombre cuando debe serlo, y usa y modula la emoción y la ironía, de igual manera. Demuestra, por tanto, tres cosas: la igualdad en el uso lingüístico, la capacidad profesional e instituye como “discurso profesional” lo que antes era mero inventario de procedimientos.

-¿Qué recursos argumentativos usan más ellos y ellas en el Parlamento?

-La repetición y la acusación constante. Y en tercer lugar, la evasión.

-Usted afirma que los políticos mejoran en los mítines. ¿Por qué?

-Por el contacto directo con el público, porque es más fácil conectar, empatizar. Por el uso del lenguaje coloquial, de la fuerza de la emoción, por la entonación, el uso del ritmo acelerado para provocar el aplauso. En suma, un discurso “a lo Obama”, como dicen algunos, aunque, en realidad, se trata del discurso retórico, como la oratoria clásica enseñaba. Véanse homilías, sermones, publicidad y comunicadores en general. En el mitin hay que recurrir a la puesta en escena. De eso saben mucho los americanos. Es un espectáculo y como tal hay que construirlo.

-Se tiene la sensación de que el nivel de los políticos de generaciones anteriores era muy superior al de los de ahora.

-Bueno, esto es cuestión de gustos. Antes, teníamos grandes políticos que dominaban los procedimientos oratorios clásicos y otros que buscaban el contacto directo. A veces esto se rechazaba como “populista” o discurso de más bajo nivel. Pero también habría que tener en cuenta cuál es el objetivo: en una sociedad democrática se pretende acercar al ciudadano las instituciones. El uso del lenguaje es un arma para ello. La coloquialidad puede ser un instrumento estratégico para conseguirlo. Empleada bien, claro. Otro aspecto es la formación cultural e histórica que sería exigible en un político, como representante de una comunidad.

-Ahora, quizá, están más preocupados por las redes sociales. Mejor un tuit ingenioso que un buen discurso en el Parlamento.

-Exacto. De este modo abren un nuevo ámbito comunicativo, que es el más empleado por el sector más joven de la población. Es bueno adaptarse a los tiempos, aunque también el discurso en internet debe evolucionar.

-Emilio de Llera, durante su etapa como consejero de Susana Díaz, se refirió al Parlamento andaluz como un “un teatrito”.

-Entendámoslo en el buen sentido. Muchas veces el Parlamento, cualquier Parlamento, es una escenificación de una confrontación entre ideologías y grupos, pero los acuerdos ya se han tomado. Por tanto, puede pensarse que se está hablando a la galería. Pero ¿quién forma la galería? ¿Los medios? ¿Al ciudadano qué le llega? Hay un montón de intermediarios.

-¿Cuál es el político de la escena nacional que habla mejor?

-Hay muchos y buenos políticos también, con discursos bien elaborados. Las nuevas generaciones están muy formadas en estas lides: Sánchez, Casado, Rivera están acostumbrados a la oratoria, a la confrontación dialéctica. Utilizan los medios verbales y no verbales, casi mejor estos últimos. Pablo Iglesias conoce muy bien este campo desde el ámbito profesional y, obviamente, sabe emplearlo. Ha construido, además, su estilo. Pero, en general, esas valoraciones son peligrosas de hacer, porque depende de la ideología del que evalúa, de lo que espera en cada momento del político. A todos debíamos pedirles que piensen un poco más en el ciudadano y en la desilusión que siente al ver que sus representantes están muy lejos de su vida cotidiana. Solo se preocupan de conseguir más poder usando cualquier procedimiento. El ciudadano se plantea a veces ¿para qué sirve mi voto? ¿Para que este candidato, este equipo llegue arriba? ¿Y quién me resuelve mis problemas? El alejamiento o la llamada “desafección” de los políticos es un grave síntoma que puede salir caro a medio plazo.

-También habría que hablar de Santiago Abascal. No cuentan con representación en el Congreso de los Diputados, pero en Andalucía han logrado 12 escaños.

-Sí, efectivamente. Es un reto interesante estudiar ahora el discurso de otros parlamentarios abriendo el arco ideológico y mostrando la influencia del color político en la aceptación o no de los discursos. Hay, además, que tener en cuenta la historia cercana de nuestro país para poder tener perspectiva.

-El discurso de lo políticamente correcto lo invade todo. ¿Hay más censura ahora que antes?

-Hay mayor presión, muchas recomendaciones, pero censura es una palabra muy dura. Hay una pretensión de mostrar una sociedad igualitaria en las formas.

-¿El masculino genérico invisibiliza a la mujer?

-Yo soy filóloga y matizaría esta afirmación. Conocer una lengua es encontrar la huella de cada hablante, de las comunidades que la han ido adaptando a sus necesidades, pero también la lengua tiene su dinámica interna. Las posibilidades que la palabra te da son tan infinitas que alterar su funcionamiento por otros motivos no parece adecuado. El gran motor del cambio siempre es el uso del hablante. Si este decide hacerlo, será porque no le sirva el uso actual. El uso del masculino genérico es una posibilidad de una lengua que viene dominada por la economía, el usar el mínimo de formas con el máximo de funciones. Es un sistema que busca la máxima rentabilidad y esta es una de sus mayores virtudes. Es el mismo fundamento de la polisemia. Por otro lado, la invisibilización de la mujer no desaparece con la duplicación. Ojalá fuera así. El riesgo está en contentarnos con un cambio solo formal, que se limite a la duplicación lingüística, pero el fondo, la realidad, no cambie, que siga existiendo la desigualdad, el machismo. Esto sería una gran oportunidad perdida. El orden debería ser el inverso. Si cambia la realidad, la palabra irá de la mano.

-¿El lenguaje es machista?

-Las personas son machistas, el uso lingüístico puede serlo, pero la lengua solo refleja la sociedad que la usa.

-La RAE rechaza el “doble género” y el “lenguaje inclusivo” promovido por ciertos grupos feministas. ¿Qué le parece?

-Es, como le dije antes, una cuestión de comodidad y de economía lingüística. Aparte, es una imposición desde la política sobre la propia naturaleza de la lengua, que parte de un desconocimiento de lo que esta es. A veces se proponen soluciones que son artificiales, forzadas. La duplicación en un discurso largo es totalmente antieconómica, y la persona que la usa tiene que hacer malabares para poder continuarlo manteniendo el procedimiento. La defensa de nuestro medio de comunicación es necesaria, porque es nuestro patrimonio, y también un motor económico. Téngase en cuenta la importancia que tiene la enseñanza de nuestra lengua en el mundo. China la está incluyendo en sus escuelas. Me parecería más interesante luchar por imponer el español también como lengua científica, junto al inglés, ya que el número de hablantes que tiene lo justifica.

-¿Ese lenguaje llegará a la calle?

-Depende de la fuerza de la imposición y de cómo se entienda. En mi caso lo considero poco económico. Hasta ahora se está empleando en el discurso administrativo. Si se usa como marca ideológica, como hacen algunos, puede ser un rasgo de identificación con una idea o un partido.

-El independentismo catalán cuenta con su propia retórica.

-Claro, tienen que defender sus propuestas y construyen estratégicamente sus mensajes. En sentido general, no hacen nada nuevo: crean términos, usan la lengua catalana como signo de identidad, como rechazo al Gobierno central, y al resto de españoles, cargando de contenido negativo una lengua, un medio de comunicación, y recurren a la confrontación, como otros partidos. La cuestión discutible, según para quién, es cuál es la base que legitima las propuestas.

-Los políticos son percibidos por la ciudadanía como el tercer problema del país, según el CIS, por detrás del paro y la corrupción.

-Esto debería hacernos reaccionar y evolucionar.

-Usted ha investigado sobre discursos “corteses y descorteses”. ¿A qué conclusión ha llegado?

-Uf. Necesitaría muchas páginas. Pero en pocas palabras: en la comunicación privada y pública podemos optar por atacar la imagen del contrario (descortesía) o, por el contrario, alabarla (cortesía). ¿Cuándo y por qué? Depende de nuestro objetivo. Si quiero conseguir algo del otro, debemos recurrir a la miel. Si, por el contrario, queremos imponernos sobre el otro o demostrar nuestra autoridad, recurrimos al ataque. Ahora bien, no es todo tan automático: cuando alguien usa un insulto, como “cabrón”, entre amigos, este se convierte en un elemento de empatía y afiliación. En los políticos son esperables las acusaciones de la oposición hacia el grupo en el gobierno. Por ello, su carga descortés decae.

-¿Y qué pasa en los medios de comunicación?

-En los medios, sobre todo en televisión –realities, entrevistas y programas de prensa rosa-, se está dando entrada a usos totalmente descorteses. Se utiliza este rasgo lingüístico como medio para atraer a la audiencia. En el fondo, todo es una estrategia: los participantes se crean una identidad, un avatar, un personaje, con el que presentarse ante los otros y conseguir sus fines. La clave siempre es la estrategia, la argumentación, la persuasión del otro. ¿Manipulación? A veces también. Pero todo esto lo hacemos también cada día todos, en nuestras conversaciones diarias. La palabra es un arma, claro está. Y así la usamos a veces. Pero también para animar, ilusionar, ayudar, conmover… Es nuestro medio de contacto con el otro, la línea que nos une al mundo.

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